sábado, 26 de diciembre de 2015

Carlos Astrada, filosofía peronista y las raíces del ser nacional

Carlos Astrada.

El caso de Astrada es, sin dudas, una de las más paradigmáticas operaciones del aparato cultural del sistema destinadas a confinar al ostracismo a los pensadores e intelectuales que no comulgaron con el credo de las clases dominantes. Y fue muy efectiva. Sujeto a un impiadoso y sintomático olvido, Carlos Astrada, uno de los mayores filósofos argentinos, ha permanecido en un cono de sombra del cual es preciso que la política definitivamente lo rescate.


Brillante y original, su obra constituye una referencia ineludible a la hora de trazar el molde de lo que conocemos como pensamiento nacional. Al igual que otros grandes hombres, su cercanía al peronismo –y en particular el rol central que tuvo en el Congreso Nacional de Filosofía de 1949- lo convirtieron en un “maldito” para la academia y la historia oficial.


Argentino de pura sepia, Astrada nació en Córdoba, el 26 de febrero de 1894. Falleció el 23 de diciembre de 1970 en la ciudad de Buenos Aires. Desde su temprana juventud hasta su muerte, la vida de Astrada estuvo sumergida completamente en el mundo de la filosofía y su obra fecunda es uno de los principales aportes de la filosofía al pensamiento nacional.


Escribe: Alejandro Gonzalo García Garro




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“A diferencia de los negadores de lo nacional, Astrada ha buscado el ser nacional para el país. En Astrada la realidad argentina está en profundidad. Y lo que es más, la intuición emocional de la tierra nativa”.
Juan José Hernández Arregui. “La formación de la conciencia nacional”.


Sobre el Primer Congreso Argentino de Filosofía

En el año 1947, por iniciativa del rectorado de la Universidad Nacional de Cuyo, se convocó al “Primer Congreso Argentino de Filosofía, con participación de todos los países hispanohablantes”. El 20 de abril de 1948 el Poder Ejecutivo lo declaró  de interés nacional  y el presidente Perón dispuso que el Congreso pasara a denominarse “Primer Congreso Nacional de Filosofía”.
 
Perón y Evita en el Congreso de Filosofía de Mendoza en 1949.
El Estado puso a disposición de los organizadores todos los recursos para garantizar el éxito de este primer encuentro internacional. El Congreso se celebró en Mendoza entre el miércoles 30 de marzo y el sábado 9 de abril de 1949. El propio Perón intervino pronunciando una conferencia  como cierre durante la sesión de clausura, ceremonia celebrada en el Teatro Independencia de Mendoza en la tarde del sábado 9 de abril de 1949, con la presencia de María Eva Duarte de Perón, todos los Ministros que integraban el Gabinete Nacional, los Rectores de las Universidades argentinas, otras autoridades y los congresistas. Perón ofreció en esa intervención, plena de referencias históricas filosóficas, las principales posiciones ideológicas del justicialismo. Este texto sería difundido posteriormente en forma de libro titulado “La Comunidad Organizada”.

Los años finales de la década del 40 fueron muy ricos para el pensamiento argentino. El gobierno peronista, que logró una democratización social sin precedentes, ofrecía el marco propicio para que se profundicen grandes cuestiones pendientes como el tema de los orígenes y el destino de la nacionalidad argentina.

Perón dando su discurso en el Congreso de Filosofía.
El protagonismo que tuvo Perón en el congreso con su discurso de cierre, aprovechando para presentar la filosofía justicialista al mundo, a lo que se le debe sumar el contexto internacional de la postguerra, le dieron al encuentro un carácter político evidente que fue muy criticado por algunos filósofos y sectores académicos que pretendían una encuentro aséptico y apolítico.

Llegaron (o mandaron ponencias) filósofos destacados como Hans Georg Gadamer discípulo del existencialista Martín Heidegger, el tomista francés Jacques Maritain, Julián Marías, José Vasconcelos, Gabriel Marcel, entre otros reconocidos intelectuales  del mundo. Ese Primer Congreso Nacional de Filosofía fue clave, no sólo por las discusiones filosóficas que se realizaron, sino también porque tuvo, reitero, un fuerte matiz político ya que, dos meses antes de la reunión se había reformado la Constitución Nacional, hacía menos de dos años que había concluido la segunda guerra mundial, la humanidad tomaba nota de los Juicios de Nuremberg, Hiroshima y Nagasaki y se advertían los primeros escarceos de la guerra fría, que dominaría al planeta durante más de cincuenta años .

Carlos Astrada fue el filósofo insignia del primer peronismo y máximo referente del Congreso de Filosofía de 1949.

Sobre Carlos Astrada

Carlos Astrada.
En cuanto a los filósofos argentinos, en esos años el existencialismo europeo que lo expresaban Martín Heidegger y Jean Paul Sartre, entre otros, en Argentina era estudiado y difundido por el filósofo Carlos Astrada. Pero también se manifestaba por esa época otra fuerte corriente de pensamiento en nuestro país que era la filosofía tomista católica encabezada por monseñor Nicolás Octavio Derisi. Excedería los límites de esta nota comentar los contenidos de las conferencias y las polémicas desatadas en los diferentes temas filosóficos tratados. Si entiendo que es imprescindible hacer una referencia mínima en estas líneas a un pensador argentino, que hizo importantes aportes para la comprensión de la argentinidad: Carlos Astrada. 

Si uno atendiera a la simple cronología, a una enumeración de nombres y hechos, el cordobés Carlos Astrada podría aparecer como un pensador agudo pero ecléctico y contradictorio que recorre todo el arco filosófico y político del siglo XX argentino llevado por los aires de la época: heideggeriano en los años 30, peronista en los 40 y tempranos 50, marxista en los 60; hacia el final de su vida maoísta. Mao Tsé Tung lo recibió en China porque el Partido Comunista Chino estaba en conocimiento de la crítica que Astrada le dirigía al PC soviético por su carencia de pensamiento dialéctico.

La biografía que traza Guillermo David en su portentoso ensayo “Carlos Astrada. La filosofía argentina” (2004) lo muestra exactamente al revés: como un intelectual riguroso, por momentos quizá demasiado rígido, para quien la posibilidad de cambiar de perspectiva estaba asociada a la necesidad de mantener su coherencia en la búsqueda de una verdad. Este pensador nacional era un hombre austero, con aspecto bien criollo, con rasgos de nuestros pueblos originarios, que había nacido en Córdoba en 1894 y murió olvidado en Argentina en el año 1970, el 23 de diciembre. En la cátedras de “Pensamiento argentino y latinoamericano”, que se dictan en las facultades argentinas la inclusión de la obra de Carlos Astrada queda a criterio del docente y suele ser muy marginada.

Sujeto a un impiadoso y sintomático olvido, Carlos Astrada, el mayor filosofo argentino, ha permanecido en un cono de sombra del cual es preciso que el pensamiento nacional definitivamente lo rescate. Astrada convocó a diversas tradiciones filosóficas para articularlas en el “Humanismo de la Libertad”. Al anti-humanismo de Heidegger oponía la vertiente de los humanismos occidentales como condición para reformular una nueva imagen del hombre. El ansia que late en la filosofía libertaria de Astrada no es el hombre de la razón, ni el homo economicus del liberalismo, ni el homo faber del pragmatismo sino un hombre centrado en su humanidad como centro de todo valor, rescatado de las alienaciones por la praxis. Este es, en una apretada síntesis, la novedosa propuesta filosófica de Astrada.

El Mito Gaucho

"El Mito Gaucho", de Astada.
El gran aporte de Astrada al pensamiento nacional lo hace en su libro más conocido, “El Mito Gaucho” publicado en 1948. En su obra dice que todo pueblo tiene un destino histórico fundado en un mito, en una “sustancia mítica” como la denomina. Y en nuestro caso es el mito del Martín Fierro. Esto supone un programa de vida, un trabajo a realizar y una misión que cumplir. Para Astrada, la “geopisque” hace del hombre argentino un arquetipo germinal, de un origen que olvidó y que, so pena de traicionar o desertar de si mismo, tiene que retomar para mantener la continuidad y la progresión de su ser. El hombre argentino es el hombre pampeano, es el que nace del mito gaucho plasmado en el poema de José Hernández. “Es un ser de lejanía”, una sombra en fuga y dispersión sobre su total melancolía… Este ser argentino, “no obstante a la vertiginosa y avasallante avalancha forastera”, la inmigración, se reveló tan fuerte que no sucumbió al alud colonizador. Atinó a replegarse, a recluirse, a esperar…

Las clases dirigentes durante generaciones traicionaron nuestro mito fundacional e intentaron remplazarlo por el mito europeo. Y, a pesar de esta transgresión, la oligarquía no pudo extirpar el núcleo nacional de un pueblo que aún espera la realización de su destino histórico. En palabras de Hernández Arregui: “Para Astrada, Martín Fierro es la historia nacional en su pasado, en su presente extraviado y en su futuro inconcluso”.

Filosofía, Cultura y Proyecto Nacional

Y, en ese mismo año, 1948, en que Astrada intentaba encontrar el ser argentino en nuestro máximo poema nacional, otro escritor, Leopoldo Marechal, desde la ficción literaria publicaba “Adán Buenosayres”, obra canónica de la literatura nacional, en la que también incursiona en el problema de la argentinidad, sus orígenes y su destino.

Pero no todo era reflexiones sobre el  “ser nacional” o la “argentinidad” en el mundo de la cultura. Por el contrario, la irrupción del peronismo produjo una verdadera crisis en el mundo de las letras especialmente. Muchos escritores miraban con desprecio a los Marechal, a los Manzi, a los Discépolo que habían decidido ir detrás de un “demagogo” como Perón. Me refiero a los literatos de “Sur”, Victoria Ocampo, Bioy Cásares o el mismo Jorge Luis Borges que para esa época publica “La fiesta del monstruo”, metáfora literariamente irrelevante de la “barbarie peronista”. De hecho es “Muerte y transfiguración de Martín Fierro”, del inconfundible antiperonista Ezequiel Martínez Estrada tal vez la contra obra al planteo de Estrada sobre el Martín Fierro.

Le sugiero, al lector que le interese esta temática en especial, recurrir al ensayo de Abelardo Ramos  “Crisis y resurrección de la literatura argentina” donde con claridad el autor expone, la relación entre literatura y poder político en el marco de un país dependiente. En menor medida también la excelente obra "Imperialismo y Cultura" de Hernández Arregui puede servir.

Para ir cerrando, cabe decir que es cierto que en su última etapa Astrada deja de lado su incondicional apoyo al peronismo y asume una postura más crítica, tanto del peronismo como de distintas figuras de la historia argentina, particularmente Rosas. Pero este giro de su vida no menoscaba sus extraordinarios aportes a la filosofía del campo nacional, ni puede esconder el hecho de que su mayor protagonismo como intelectual lo tuvo con Perón, escribiendo una de las páginas más relevantes de la filosofía en Argentina.

domingo, 13 de diciembre de 2015

Romance al martirio de Dorrego

El fusilamiento del Manuel Dorrego , ordenado por Juan Lavalle el 13 diciembre de 1828, fue tal vez uno de los hechos sangrientos que más secuelas trajo para la vida política argentina. El asesinato de Dorrego desató una guerra civil que durará hasta 1852 y que seguirá luego hasta provocar el aniquilamiento de los caudillos del interior por la "civilizada" Buenos Aires.


Desde Esteban Echeverria, hasta Ernesto Sábato, los intelectuales de las clases dominantes han querido tergiversar este hecho, negando la dimensión política de Dorrego y ocultando la criminalidad de Lavalle.


Desde el lejano asesinato hasta el presente se advierte un intento, una política, de diluir y colectivizar las culpas históricas. El culpable de cada crimen no es quién lo comete y quienes fueron sus cómplices directos, hay que negar la culpa, licuarla. O convertir en víctimas a los victimarios.


El relato que pretende exculpar a Lavalle construye una explicación de las luchas civiles desde una historia "sin buenos ni malos", donde se degollaron unos a otros, donde tanto unos como otros concurrieron como iguales a la construcción del la Argentina actual.


Esto es una trampa del sistema, que impide visualizar y diferenciar los verdaderos proyectos políticos subyacentes, tanto los que promovieron nuestro progreso como los que fueron responsable de nuestro atraso y estancamiento como Nación.


El propio Lavalle apelaba al juicio histórico de su acto. Pues bien, éste señala que, tras el asesinato de Dorrego, crimen que el pueblo ni justificó ni justificará jamás, se impuso la primera tiranía en tierras argentinas e instaló el golpismo militar como método político para consumar la entrega y la enajenación de las riquezas patrimoniales de la Nación. Y esto fue así, aunque muchos hoy lo ignoren, y a pesar de que las clases dominantes hayan negado, mentido y ocultado desde hace casi 190 años. 


"Este crimen horrendo es el más atroz e injusto que se haya cometido en toda la historia de la Patria. No tiene justificación alguna, fusilar al gobernador legal de un Estado que ha sido libremente elegido por sus conciudadanos. Y si ese hombre es nada menos que un soldado de la Independencia, oficial de San Martín y de Belgrano, héroe en el campo de batalla, no solamente es un crimen atroz contra un hombre, lo es contra todo un país y contra toda la civilización", analizaba Juan Perón en  "Breve historia de la problemática argentina."


Escribe: Alejandro Gonzalo García Garro


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Golpe de Estado


No haré un recorrido histórico de los hechos que desencadenaron el fusilamiento de Manuel Dorrego ni del contexto político en el que se desarrollaron, en esta ocasión voy a detenerme en la interpretación y la lectura histórica-política que el aparato cultural del sistema ha realizado de este magnicidio.

Presionado por Inglaterra, sin los factores de poder que lo apoyen, Dorrego tuvo que firmar la paz con el Brasil (luego de ganar la batalla de Ituzaingo) aceptando la mediación inglesa que impuso la independencia de la Banda Oriental. Así nacía la República Oriental del Uruguay en agosto de 1828. Dorrego había sido políticamente derrotado y el estado oriental, ahora "independiente" se convertía en un instrumento geopolítico estratégico en manos de la política británica en el Río de la Plata. Llegaba la hora del contragolpe oligárquico.

La derrota diplomática de la guerra con el Brasil y el descontento de las tropas que regresaban desmoralizadas, fueron utilizados como excusa por los unitarios para conspirar contra el gobernador. Ese era el plan, como lo anticipaba el acérrimo enemigo de Dorrego Julián Segundo de Agüero en su carta a Vicente López: "el ejército volverá al país y entonces veremos si hemos sido vencidos".

Mediante una sucesión de maniobras supervisadas por el Imperio Británico, con el agudo ojo de Lord Ponsomby, la oligarquía porteña desplegó un plan destituyente. El gobernador federal es derrocado, y Lavalle, al frente del ejército, se lanza a la captura del "coronel del pueblo". Fue en la noche del 10 de diciembre cuando Dorrego cae prisionero de las armas unitarias. Lo llevan al campamento central de Lavalle en la localidad de Navarro, allí se desencadenará la última escena de esta tragedia.

Captura y magnicidio


Ahora debemos desentrañar, recurriendo a reconstrucción histórica y a los documentos, si Lavalle fue plenamente conciente del crimen que cometió, y si el mismo fue una decisión política deliberada o no.

Reconstruyendo los hechos desencadenantes, recapitulamos que el 11 de diciembre de 1828 llega la noticia de la captura de Dorrego a Buenos Aires. El 12 tiene lugar el conclave masónico secreto en el cual se ratifica la decisión de fusilar a Dorrego. Los confabulados se movilizan; quieren evitar que Lavalle vacile ante su antiguo camarada de armas. Los "doctores" de Buenos Aires deciden robustecer la decisión del militar amotinado de fusilar al jefe del Partido Federal. Le acosan, le hostigan epistolarmente. Con misivas intrigantes, los hombres salientes de la política porteña gravitan en la decisión del futuro magnicida:

"Después de la sangre que se ha derramado en Navarro, el proceso del que la ha hecho correr, está formado: ésta es la opinión de todos sus amigos de usted; esto será lo que decida de la revolución; sobre todo, si andamos a medias... En fin, usted piense que 200 o más muertos y 500 heridos deben hacer entender a usted cuál es su deber... "Cartas como éstas se rompen, y en circunstancias como las presentes, se dispensan estas confianzas a los que usted sabe que no lo engañan, como su atento amigo y servidor Juan C. Varela". (Carta de Juan Cruz Varela dirigida a Lavalle del 12 de diciembre de 1828.

Salvador María del Carril también le insinúa la necesidad de tomar medidas contundentes contra Dorrego, en carta del 12-12-1828 le expresa: "(...) Ahora bien, general, prescindamos del corazón en este caso (...) Así, considere usted la suerte de Dorrego. Mire usted que este país se fatiga 18 años hace, en revoluciones, sin que una sola haya producido un escarmiento (...) En tal caso, la ley es que una revolución es un juego de azar en el que gana hasta la vida de los vencidos cuando se cree necesario disponer de ella. Haciendo la aplicación de este principio de una evidencia práctica, la cuestión me parece de fácil resolución. Si usted, general, la aborda así, a sangre fría, la decide; si no, yo habré importunado a usted; habré escrito inútilmente, y lo que es más sensible, habrá usted perdido la ocasión de cortar la primera cabeza a la hidra, y no cortará usted las restantes; ¿ entonces, qué gloria puede recogerse en este campo desolado por estas fieras?. Nada queda en la República para un hombre de corazón".

Juan Lavalle se niega a recibir a Dorrego. No hay clemencia, la suerte del gobernador está echada. Dorrego escribe sus últimas cartas... Eran las 2 y media de la tarde en Navarro. Dorrego está preparado para recibir a la muerte, el Padre Castañer, su primo, le dio auxilio religioso. Después, suena la descarga. Dorrego ha sido asesinado.

Parto de la violencia criminal de la oligarquía


El fusilamiento de este mártir nacional será el primer ejemplo cruel de la violencia que el régimen desencadenará permanente y sistemáticamente contra los hombres que intentaron resistir la entrega. Vendrán más: Facundo Quiroga, Martiniano Chilavert, el Chacho Peñaloza, y una incontable lista de perseguidos y asesinados por la oligarquía en nombre de una "revolución libertadora" que como la de Lavalle tenía un solo objetivo: la entrega de la Patria al vasallaje imperialista.

La historia argentina es violenta. Desde el desembarco de los españoles a sangre y fuego hasta los 30.000 desaparecidos; pasando por los genocidios de las últimas montoneras del siglo XIX, los fusilamientos de la Patagonia, la represión de la Semana Trágica, los bombardeos de Plaza de Mayo en 1955, los asesinatos de los basurales de José León Suárez, el fusilamiento del General Valle, la lista es casi interminable... nuestra historia está formada por bloques de terror que han construido un muralla que todavía hoy nos circunda.

Particularmente, el fusilamiento cometido en diciembre de 1828 en la figura del Coronel Manuel Dorrego, a la sazón Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, fue tal vez el hecho sangriento que más consecuencias trajo para la vida política argentina. Desde el primer momento, este asesinato desata una guerra civil que durará hasta 1852 y que seguirá luego, aunque por otros motivos, hasta provocar el aniquilamiento de los caudillos del interior por la "civilizada" Buenos Aires. Una profunda ruptura política fue engendrada por los cuatro disparos que se clavan en el cuerpo de Dorrego.

Lavalle y la comprensión histórica de sus actos


"Incrédulo como soy de la imparcialidad que se atribuye a la posteridad... fragüe el acta de un consejo de guerra para disimular el fusilamiento de Dorrego porque si es necesario envolver la impostura con los pasaportes de la verdad, se embrolla; y si es necesario mentir a la posteridad, se miente y se engaña a los vivos y a los muertos", le aconsejaba Salvador María del Carril a Lavalle en una carta después del fusilamiento de Dorrego.

Haciendo caso omiso de los consejos, luego de la ejecución, Lavalle envía a Buenos Aires el siguiente parte: "Participo al gobierno delegado, que el coronel Don Manuel Dorrego acaba de ser fusilado por mi orden, al frente de los regimientos que componen esta división."

"La historia, el Señor Ministro, juzgará imparcialmente, el coronel Dorrego ha debido o no morir; si al sacrificarlo a la tranquilidad de un pueblo enlutado por él, puedo haber estar poseído de otro sentimiento que el del bien público."

"Quisiera persuadirse el pueblo de Buenos Aires, que la muerte del Coronel Dorrego, es el sacrificio mayor que puedo hacer en su obsequio".

"Saludo al Señor ministro, con toda atención".

"Juan Lavalle"

Como leemos en la misiva, Lavalle tenía plena conciencia de su conducta, del magnicidio cometido y del dolor causado.

La política de la historia


"...Lo que se nos ha presentado como historia es una política de la historia, en que ésta es sólo un instrumento de planes más vastos, destinados precisamente a impedir que la historia, la historia verdadera, contribuya a la formación de una conciencia histórica nacional...", nos enseñaba Arturo Jauretche.

A más de 190 años y siguiendo a Don Arturo, es procedente indagar como el aparato cultural del sistema y la historia oficial falsificó, negó, ocultó y mintió los hechos que tratamos en esta nota.

Lavalle, como lo dice en el parte del fusilamiento, ingenuamente expresa que confía en el juicio de la historia. Como vimos, del Carril, luego vicepresidente de Urquiza, propone mentir y engañar a los vivos y a los muertos. Y así fue. Se mintió u ocultó a través de la consiguiente operación histórica ideológica que ejecutó el aparato cultural del sistema. Hoy, muchos, directamente ignoran lo que pasó y las nefastas consecuencias.

Manuel Dorrego.
¿Dónde colocar a Dorrego?



La historia liberal no puede colocar en el panteón oficial a Dorrego. Primero porque el propio Mitre lo considerada como "el único prócer federal". Segundo, porque no pueden reivindicar un hombre al que mandaron asesinar impunemente. ¿Dónde colocarlo entonces a Dorrego, dónde encaja?

Es preciso olvidar el asesinato, achicar su figura, negar su trascendencia. Así, ha tenido mayor difusión la banal anécdota de su burla a la voz aflautada de Belgrano que sus denuncias contra el ominoso empréstito Baring que comprometía no sólo a Rivadavia, sino también a miembros de la elite porteña. Se lo tacha con el calificativo de "loco", "insubordinado" "conspirador" y se opta por recordarlo como un héroe de las guerras de la independencia más que como el brillante tribuno que criticó audazmente la "aristocracia del dinero".

La "espada sin cabeza"


Ya en el siglo XIX, las plumas de oligarquía eran conscientes de que Lavalle era indefendible. Acusarlo de impulsivo, hombre sin razón, fue la forma de ocultar la criminalidad de sus actos y la matriz antidemocrática de su política. El joven "romántico" Esteban Echevarria, el mismo que antes lo elogiaba, le escribía un poema donde se pretendía dibujar la silueta histórica de Lavalle. Echeverria, disfrazado de Lord Byron local, le coloca el mote de espada sin cabeza en estos versos:

"Todo estaba en su mano y lo ha perdido.
Lavalle es una espada sin cabeza.
Sobre nosotros entre tanto pesa
su prestigio fatal, y obrando inerte
Nos lleva a la derrota y a la muerte"
Lavalle, el precursor de las derrotas.
OH, Lavalle! Lavalle, muy chico era
para echar sobre sí cosas tan grandes”.

Para los jóvenes de la "ciudad de las luces", Lavalle no era un asesino, ni un golpista. Era sólo un hombre "sin luces", cuyo principal error no eran sus atroces crímenes, sino haber sido derrotado. Y con su derrota haber posibilitado el ascenso de Juan Manuel de Rosas.

Negar y olvidar


En su derrotero auto justificatorio, las clases dominantes recurren a cualquier artilugio discursivo. Y, si es posible negar, olvidar que Dorrego fue asesinado por la oligarquía, mejor. En este sentido es revelador leer al historiador neomitrista Félix Luna (recientemente fallecido) que en su libro: "Breve historia de los Argentinos" escribe al respecto: "Lamentablemente (sic) el gobernador de Buenos Aires, Manuel Dorrego, un federal que gozaba de la confianza de los caudillos del interior, fue derrocado por un cuerpo de los antiguos combatientes de la guerra con Brasil, encabezado por Juan Lavalle. Este hecho abrió nuevamente un período de guerra civil, que se dio en dos escenarios: Buenos Aires y el interior." ¿Tan "breve" es esa historia de los argentinos que no hay una línea para referirse al fusilamiento de un gobernador electo por el pueblo? ¿Tan breve es, que no hay espacio para comentar tamaño magnicidio en el que todos reconocen comienzan las desventuras del pueblo argentino?

Es preciso negar y olvidar o sino... ¿Dice algo el Manual del Alumno X sobre la matanza que vino después del fusilamiento de Dorrego? ¿Por qué no? ¿Será que no es "académico" decirlo? ¿Se menciona en los manuales de historia oficial a Juan Cruz Varela que desde "El Pampero" exige que "se deben degollar cuatro mil para mantener quieta esa gaucha canalla"? No, no se lo menciona. La política de la historia oficial es falsificar y negar, total.... En una población que en la campaña de Buenos Aires, escenario de esas atrocidades, no pudo haber superado las 150 mil almas ¿Qué proporción son 4 mil? Hoy, con una población 40 veces superior, hablaríamos de 160 mil desaparecidos, y en solo un año. Pero, claro, no eran más que gente pobre, gauchos, gente sin abogados que los defiendan, condenados a dejar sus osamentas en la pampa, la "canalla" que no se merecía ni ser cristianamente sepultada. Todos los genocidios cometidos por la oligarquía a lo largo de la historia, fueron sistemáticamente negados por la historia oficial. Esa es la verdad, la amarga verdad.

¿Fue un error, un exceso?


¿Pero, cómo explica, cuando no la niega, la historia oficial el fusilamiento de Dorrego? A muchos les han enseñado que el fusilamiento en los campos de Navarro fue un "error" de Lavalle.

Un "lamentable" error. Ese es la infantil razón que esgrime: un error. La historia oficial está repleta de errores de ese tipo.... Un "exceso" dirían 150 años después, para justificar la última dictadura militar.

¿Y con Lavalle qué hacer?


Juan Lavalle creía en el juicio de la historia, y lo invocaba para su criminal proceder. La historiografía oficial, la de la oligarquía y el aparato cultural, absolverá totalmente al ejecutor de Dorrego que se alió a los franceses para invadir su propia patria años más tarde de aquel criminal asesinato.
Juan Lavalle.

Los restos de Lavalle, representante de la oligarquía porteña, fueron repatriados en 1861, después de Pavón, en la época que el Estado de Buenos Aires se encontraba escindido de la Confederación... No es de extrañar que tal repatriación, en ese contexto histórico, fuera simbólicamente una ratificación de poder de la oligarquía portuaria.

Y tampoco es de extrañar que el monumento a Lavalle, que se alzó en la plaza que lleva su nombre en 1887 durante la presidencia de Juárez Celman, se haya levantado en el terreno de lo que era el antiguo solar que pertenecía a la familia Dorrego.

Convertir al victimario en víctima


Y el aparto cultural decide no solamente justificar el magnicidio de Lavalle calificándolo de error, sino que va por más: convierte al victimario en víctima.

La construcción de "Lavalle-Víctima" es una operación cultural que José Pablo Feinman desenmascara en su libro "La sangre derramada": "En el fusilamiento de Dorrego se ha insistido, a lo largo de toda nuestra historia, en ver a dos víctimas: al fusilado y al fusilador. Dorrego muere y es la gran víctima del federalismo. Lavalle no muere pero permanece hundido en una desdicha que, con frecuencia, pareciera ser mayor que la de Dorrego: es la desdicha que genera la culpa. Lavalle ha sido la principal victima de su temperamento, de su pasión descontrolada, de los malos consejos de sus consejeros. Esta imagen -victima, del Lavalle-tragedia ha sido desarrollada por el referente masculino de la nación, Ernesto Sábato, en una trama lateral de su novela "Sobre héroes y tumbas". Convocó, con su infalible efectividad, la adhesión, la emoción y el deslumbramiento de los sectores culturales medios argentinos. En verdad, la vigencia de ese Lavalle se debe en gran medida a las paginas que Sábato le dedicara en esa novela fetiche, deudora kitsch de las filosofías de la tragedia, publicada a comienzos de la década del sesenta".

Cuando se publicó la novela, se produjo además una exitosa obra musical inspirada en el texto y así, la muerte oprobiosa de Manuel Dorrego, gran patriota, tiene hoy menos popularidad que la de su verdugo, Juan Lavalle, cantada épicamente por Ernesto Sábato, a pesar de haber combatido contra su patria como jefe de las fuerzas terrestres del bloqueo francés y haber muerto en un incidente policial oscuro.

El general Lavalle, en la mencionada novela, viene a ser la figura emblemática del héroe romántico. "Una espada sin cabeza", como lo llamó Echeverría: pura pasión, poca razón, mucha contradicción. En la novela, Lavalle simboliza el ser puro manipulado, inimputable y tirado luego a la basura por la minoría ilustrada.

Sábato y la justificación de la oligarquía


No es extraño tampoco que un intelectual como Sábato haya escrito esta historia y de esa manera. Dirigente comunista en su juventud, eterno detractor del peronismo, Sábato fue premiado por la "Libertadora" con la intervención del diario "El mundo" en 1955. Fue uno de los primeros en aportar una interpretación nefasta y gorila del peronismo tras el derrocamiento de su segundo gobierno, la cual apareció publicada bajo el título de "El otro rostro del peronismo" en el año 1956. En este ensayo, Sábato critica ásperamente al peronismo sosteniendo que "el motor de la historia es el resentimiento que, en el caso argentino, se acumula desde el indio, el gaucho, el gringo, el inmigrante y el trabajador moderno, hasta conformar el germen del peronista, el principal resentido y olvidado". Así es el nivel de análisis científico de un ex marxista: el motor de la historia no es la lucha de clases ni las fuerzas de producción sino el resentimiento. En ese libelo, tampoco se priva Sábato de calificar a Perón como nazi, tirano, corrupto y cuanto calificativo infame se le pueda ocurrir al lector.

Su ambigua trayectoria continúa cuando el 19 de mayo de 1976, Jorge Rafael Videla lo invitó, a un almuerzo en la casa rosada al que asistió con un grupo de escritores argentinos, entre los que se encontraban Jorge Luis Borges, Horacio Esteban Ratti y el cura Castellani. Luego del encuentro Sábato declaró a la prensa: "El general Videla me dio una excelente impresión. Se trata de un hombre culto, modesto e inteligente. Me impresionó la amplitud de criterio y la cultura del presidente". Esas elogiosas palabras resuenan en los laberintos de la historia argentina, todavía...

El mismo Sábato, ya mutado en mariposa democrática, sería nuevamente funcional: vendría el juicio a la Junta, los aplausos, el papel de sabio que está más allá del bien y del mal, la Conadep, el "Nunca Más" y su personal contribución: el adefesio ideológico-moral llamado "teoría de los dos Demonios". Ambos contendientes tienen la culpa, guerrilleros y militares, peronista y antiperonistas, unitarios y federales, Lavalle y Dorrego. Es preciso colectivizar la culpa. Las ideologías han muerto. Ni víctimas ni verdugos.

"Sin buenos ni malos"


El relato de la oligarquía que pretende exculpar a Lavalle construye una explicación de las duras y trágicas luchas civiles desde una historia "sin buenos ni malos", donde se degollaron unos a otros, donde tanto unos como otros concurrieron como iguales a la construcción del la Argentina actual. Eso es una trampa del sistema, que nos impide visualizar y diferenciar los verdaderos proyectos políticos subyacentes, tanto los que promovieron nuestro progreso como los que fueron responsable de nuestro atraso y estancamiento como Nación.

Este argumento quiere exculpar a los responsable principales. Es absurdo por donde se lo mire. No tienen la misma responsabilidad un militante de una organización armada de los 70 que la cúpula golpista que cometió un genocidio y entregó la económica nacional. El genocidio del Gaucho o del Indio no se podrá justificar jamás por la supuesta "barbarie" de sus actos aislados. No fueron, ni son, ni somos, todos iguales, ni tenemos las mismas responsabilidades. Lavalle y Dorrego no son las dos caras de una misma moneda; son dos visiones totalmente distintas de país, dos formas antagónicas de concebir la política, la economía, la democracia y el rol del pueblo.

Colectivizar la culpa


Desde el lejano asesinato de Dorrego hasta el presente se advierte un intento, una política, de diluir y colectivizar las culpas históricas. El culpable de cada crimen no es quién lo comete y quienes fueron sus cómplices directos, hay que negar la culpa, licuarla. Esos son los disvalores que rigen en una sociedad ahistórica, sin memoria y moralmente debilitada. El pueblo argentino lleva esta carga amoral en sus espaldas que es preciso removerla, sacudirla definitivamente.

Lavalle, el General Juan Galo de Lavalle, el valeroso héroe de nuestra independencia cometió un crimen, él y sus cómplices deben ser juzgados por la verdad histórica, sin prejuicios y sin leyendas románticas que suavicen el personaje o distorsionen los hechos. El propio Lavalle apelaba al juicio histórico, pues bien, éste señala que, tras el asesinato de Dorrego, crimen que el pueblo ni justificó ni justificará jamás, impuso la primera tiranía en tierras argentinas e instaló el golpismo militar como método político para consumar la entrega y la enajenación de las riquezas patrimoniales de la Nación.

Él no es merecedor ni de la justificación de su crimen ni de la compasión que puede despertar su supuesto arrepentimiento posterior. Pero su proceder me permite establecer un denominador común en todos los golpes de estado: lo llevan adelante soldados, algunos nacionalistas y disfrutan de sus beneficios los liberales, los hombres de negocios que consideran deben de detentar el poder político que han perdido en manos de los sectores populares que tanto desprecian. Esa es la matriz innegable de todos los quiebres institucionales en la historia argentina.

Escribe: Alejandro Gonzalo García Garro.

domingo, 6 de diciembre de 2015

“Felipe Varela viene...”: El interior federal contra Mitre y la Proclama del 6 de diciembre de 1866

El 6 de diciembre de 1866 el caudillo federal Felipe Varela se levantó en armas contra el gobierno de Mitre. En esa ocasión lanza una proclama política que, junto con el Manifiesto que elaborará en 1868, son documentos políticos de enorme relevancia para el pensamiento federal. Varela se diferencia de otros caudillos federales porque tiene una lucidez política para interpretar, evaluar y comunicar los alcances del movimiento. José Pablo Feimann, en su obra más sincera, “Filosofía y nación”, opina que “la proclama del 66 y el Manifiesto del 68, constituyen uno de los más altos momentos del pensamiento argentino”.


En repudio a la política oligárquica de Mitre y en abierta oposición la Guerra de la Triple Infamia, el 6 de diciembre de 1866 Felipe Varela comienza uno de los últimos intentos revolucionarios de las luchas civiles del siglo XIX, uno de los estertores finales del país federal, con un programa de lucha americano, digno y nacional, pero materialmente irrealizable y políticamente impotente.


Escribe: Alejandro Gonzalo García Garro
 

Felipe Varela. Cuadro “El quijote de los caudillos”, de Octavio Calvo.

Contra Mitre y la Guerra de la Triple Infamia

Internamente para Argentina la guerra contra el Paraguay significó la continuación necesaria y lógica de la guerra de la oligarquía mitrista contra el Litoral y el interior del país. La conflagración agudizó todas las contradicciones no resueltas a lo que se le sumó la impopularidad de la misma.

El maestro Fermín Chávez comenta que: “La guerra del Paraguay fue impopular en todas las provincias ya que, gestada en gabinetes y trastiendas, se la consideró una empresa de Buenos Aires; de los porteños y brasileros. Los propios jefes mitristas dejaron testimonios de lo que ocurría, informando que los voluntarios iban al ejercito atados codo con codo”.

El cuadro es grave para la Republica mitrista, la Argentina de 1860 se estaba empezando a parecer a la del 1820. Los federales se alinean políticamente con los paraguayos, son “paraguayistas”, incluso algunos de sus mejores cuadros se alistan en las filas paraguayas como Telmo López, hijo del Brigadier Don Estanislao López, Patriarca de la Confederación. El gauchaje se niega a ir a pelear contra un pueblo hermano del Paraguay. Los “voluntarios” tienen que ser llevados al frente engrillados. Ni el propio Urquiza, que seguía siendo el “jefe” formal del Partido Federal puede garantizar los entrerrianos, que se desbandan en Arroyo Basualdo.

Se forma una corriente de opinión antibelicista. Pensadores y publicistas de la talla de José Hernández, su hermano Rafael, Agustín de Vedia, Miguel Navarro Viola y Carlos Guido y Spano denuncian en panfletos y diarios el crimen de la guerra contra el pueblo hermano del Paraguay. Pero ésta será la hora brillante de Alberdi que, desde Francia, esclarece en innumerables folletos los intereses específicos de la guerra. Deja escritos notables, categóricos, que son devorados por los argentinos de ese tiempo. La oligarquía no perdonará jamás tamaña afrenta. Mitre desde su diario “La Nación” lo llamará “traidor”, “sicario” y “renegado”. Sarmiento con su impune facilidad para alzar calumnias lo denunciará de “estar  a sueldo de Solano López”.

El conocimiento público del “Tratado de la Triple Alianza” y la absurda derrota de Mitre en Curupaitý fueron dos hechos que funcionaron como detonadores e hicieron estallar revueltas en todo el territorio nacional. La montonera vuelve... es  la “hora de los gauchos matreros”.

Motines, sublevaciones, desacatos y chirinadas se suceden por todas partes... Un contingente de riojanos que se dirigían al Paraguay son sublevados por Aurelio Salazar, montonero “histórico”, que decide darle pelea a los porteños en los llanos. Los levantamientos se suceden en San Juan, Mendoza y Córdoba, los gauchos se resisten a seguir su camino hacia el Litoral para luego ser embarcados al Paraguay. Los entrerrianos reunidos por segunda vez, vuelven a desertar ahora en Arroyo Toledo. La deserción en masa del gauchaje testimonia la impopularidad del enfrentamiento.

El centro del conflicto era el noroeste. Se había producido un movimiento federal cuyano, un levantamiento que venía combinado con destacadas figuras que se habían refugiado en Chile y ahora volvían a luchar contra el centralismo porteño, entre ellos viene Felipe Varela.

La Proclama de Felipe Varela

Varela se diferencia de otros caudillos federales porque tiene una lucidez política para interpretar, evaluar y comunicar los alcances del movimiento. Juan Pablo Feimann, en su obra más sincera, “Filosofía y nación”, opina que: “La proclama del 66 y el Manifiesto del 68, constituyen uno de los más altos momentos del pensamiento argentino”. 

En sus Manifiestos, Varela deja expuestos los objetivos políticos de la asonada con claridad, sus conceptos ideológicos, su idea de construcción de una patria soberana liberada de la oligarquía porteña y de los brasileros, denuncia la guerra del Paraguay, proclamaba la lealtad a la Constitución, las autonomías provinciales y requiere una alianza con las provincias del litoral. Pero lo más interesante y definitivo del movimiento político liderado por Felipe Varela fue su americanismo.

En 1868, en Bolivia, hace Varela conocer el texto de su Manifiesto que aparece encabezado con una consigna que resume su proyecto político: ¡Viva la Unión Americana!  Reverdecía la Patria Grande de San Martín y Bolívar, la unidad continental actualizada ahora por el ataque de Francia a México, la agresión española en el Perú y la invasión de EE.UU. a Santo Domingo.

El historiador revisionista José María Rosa en un artículo, “El coronel Felipe Varela y el Paraguay” pinta, con su prosa singular, el siguiente retrato del personaje en cuestión: “Es ahora que hace su aparición en la historia Argentina el coronel Felipe Varela. Alto, enjuto, de mirada penetrante y severa prestancia, Varela conservaba el tipo del antiguo hidalgo castellano, como es común entre los estancieros del noroeste argentino. Pero este catamarqueño se parecía a Don Quijote en algo más que la apariencia física. Era capaz de dejar todo: la estancia, el ama, la sobrina, los consejos prudentes del cura y razonamientos cuerdos del barbero, para echarse al campo con el lanzón en la mano y el yelmo de Mabrino en la cabeza, por una causa que considerase justa. - Aunque fuera una locura”.

Uno de los estertores finales del país federal

Fue lo que hizo en 1866, frisando en los cincuenta años, edad de ensueños y caballerías. Pero a diferencia de su tatarabuelo manchego, el Quijote de los Andes no tendría la sola ayuda de su escudero Sancho en la empresa de abatir endriagos y redimir causas nobles. Todo un pueblo lo seguiría.”

Era un estanciero de Guandacol en La Rioja, aunque catamarqueño nacido en Valle Viejo. Había intervenido como en las guerras iniciales del Chacho, fue ayudante y edecán del General Urquiza, después de Pavón recibió las jinetas de Coronel de la Nación, estuvo en Entre Ríos donde pudo comprobar la impopularidad de la guerra con el Paraguay, y estando en Chile en uno de sus exilios se adhiere a la “Unión Americana”, posiblemente en la filial de Copiapó. Desde Chile y como miembro de la Unión alcanza una visión geopolítica del problema americano. Ha comprendido que “las secciones aisladas de la América serán siempre entidades políticas insignificantes, incapaces de inspirar respeto, en cambio, unidas se bastarán a sí mismas para la defensa de la autonomía e independencia”.

Cuando toma conocimiento del Tratado de la Triple Alianza ordena vender su estancia, compra con lo obtenido dos cañoncitos, algunas pocas armas, desechos del ejercito chileno y se lanza a una de las epopeyas más románticas que tiene la historia argentina. En el comienzo lo acompañan no más de cien hombres y una banda de musiqueros chilenos para amenizar el paso de la cordillera.

Las fuerzas nacionales intentan cerrarle el paso pero les vence en “Nacimiento”. Estamos en diciembre de 1866, la montonera del Varela llega a Jachal, la gente lo recibe con entusiasmo. Los doscientos llegados en diciembre son 4.000 en marzo. La revolución está en marcha.

Los rebeldes derrotan a los ejércitos mitristas en la “Rinconada del Pocito”, en “Portezuelo” y en “Luján”. Toman San Juan y San Luis y amenazan marchar sobre Buenos Aires pero resultan vencidos en “San Ignacio” por las fuerzas traídas del frente paraguayo. Con éste revés y con la derrota de Varela en “Pozo de Bargas”, el levantamiento federal quedó militarmente sofocado. Felipe Varela resiste con los 180 sobrevivientes de “Pozo de Vargas” e intenta una guerra de guerrillas sin resultados, lo persiguen implacablemente tres ejércitos frescos y bien armados venidos del Paraguay.
 
El Coronel Varela toma entonces el camino de Chile, lo siguen muy pocos hombres que van en busca de la protección que da el exilio. Dada la fama del caudillo, el gobierno chileno manda un buque de guerra para desarmar al “ejército”. Se habrán sorprendido cuando encuentran a Varela enfermo de tuberculosis en estado terminal y dos docenas de gauchos harapientos. Les quitan las mulas y los facones y los tienen detenidos un tiempo. Vista su absoluta falta de peligro los sueltan. No obstante Sarmiento, ya en la Presidencia, ordena al cónsul que el caudillo sea vigilado. Varela se instala en Copiapó, donde morirá el 4 de junio de 1870 poco después de terminada la guerra contra el Paraguay. “Muere en la miseria –informará el embajador Félix Frías al gobierno argentino- legando a su familia que vive en Guandacol, La Rioja, sólo sus fatales antecedentes”.

No será ésta la última montonera, como algunos autores la llaman; durante la presidencia de Sarmiento, se verán nuevamente en escena a los gauchos federales sublevarse en Entre Ríos a la orden de López Jordán. El intento revolucionario de Varela es sí uno de los estertores finales del país federal, con un programa de lucha americano, digno y nacional, pero materialmente irrealizable y políticamente impotente. La imposibilidad histórica de ésta lucha la encontramos en la impotencia política de marchar independientemente de Urquiza. Felipe Varela levantaba entre sus consignas la de “Viva al ilustre General, don Justo José de Urquiza”, pero Urquiza ya había defeccionado de la causa nacional, aliado de la oligarquía porteña quería que lo dejasen en paz en su provincia (nuestra Entre Ríos). Había encontrado el negocio de vender vituallas y caballadas al ejército brasilero y dejaba hacer contra el Paraguay y contra la mayoría del país de los argentinos del interior federal que todavía tenían la ingenua esperanza de un Pronunciamiento.

Mitre, frente al pueblo siempre estuvo Mitre

Así llegaba a su fin la Presidencia de Don Bartolomé Mitre, en medio de un cuadro de desastre total: la guerra del Paraguay empantanada sin soluciones a la vista cobrando vidas argentinas, el interior en estado de rebelión y para peor, la ciudad de Buenos Aires víctima de una epidemia de cólera que se atribuía a la infección de las aguas producidas por los cadáveres tirados a los ríos Paraguay y Paraná. Ante semejante cuadro Mitre no podrá imponer su sucesor Elizalde que era catalogado como “el candidato del imperio” por los contrarios a la guerra. Lo sucederá Sarmiento, su opositor, pero aliado estratégico de la oligarquía porteña en la construcción de la República Liberal y civilizadora.

Después de tan rotundo fracaso político y militar era de suponer que Don Bartolo se retirara a escribir su versión de la historia argentina y preparar su propia beatificación, pero, no fue así. Había nacido en 1821 y en 1868 cuando le entrega la presidencia a Sarmiento era un hombre que no llegaba a los cincuenta años. En 1874 será candidato a Presidente pero Avellaneda le ganará las elecciones. Mitre denunciará cínicamente fraude y se sublevará contra las autoridades elegidas. Participará ambiguamente en la revolución del 90. A principios del siglo XX será Senador. Mitre intervino decisiva y directamente durante más de 40 años en la vida política argentina a través de dos medios: el prestigio ganado en la burguesía porteña que lo idolatraba y su diario “La Nación”.

Fue sin duda alguna un protagonista innegable de su tiempo, nada se hacía en los ámbitos liberales - conservadores sin consultarlo previamente, fue un persistente formador de opinión. Don Bartolo, el que se reservaba la última palabra, falleció a los 84 años, el 19 de enero de 1906. Su diario, al igual que su fundador sigue en la actualidad formando opinión y pretende todavía, dar la última palabra... a veces lo logra.

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Proclama de Felipe Varela  (diciembre 1866)

Fuente: Contratiempo, Revista de pensamiento y cultura, año 2, Nº 4.

“¡Argentinos! El hermoso y brillante pabellón que San Martín, Alvear y Urquiza llevaron altivamente en cien combates, haciéndolo tremolar con toda gloria en las tres más grandes epopeyas que nuestra patria atravesó incólume, ha sido vilmente enlodado por el general Mitre, gobernador de Buenos Aires.
”La más bella y perfecta Carta Constitucional democrática, republicana, federal, que los valientes entrerrianos dieron a costa de su sangre preciosa, venciendo en Caseros al centralismo odioso de los espurios hijos de la culta Buenos Aires, ha sido violada y mutilada desde el año sesenta y uno hasta hoy, por Mitre y su círculo de esbirros.
”El pabellón de Mayo, que radiante de gloria flameó victorioso desde los Andes hasta Ayacucho y que en la desgraciada jornada de Pavón cayó fatalmente en las ineptas y febrinas manos del caudillo Mitre —orgullosa autonomía porteña del partido rebelde—, ha sido cobardemente arrastrado por los fangales de Estero-Bellaco, Tuyutí, Curuzú y Curupaytí.
”Nuestra Nación, tan feliz en antecedentes, tan grande en poder, tan rica en porvenir, tan engalanada en glorias, ha sido humillada como una esclava, quedando empeñada en más de cien millones de pesos fuertes y comprometido su alto nombre a la vez que sus grandes destinos por el bárbaro capricho de aquel mismo porteño que, después de la derrota de Cepeda, lacrimando juró respetarla.
”Compatriotas: Desde que aquél usurpó el Gobierno de la Nación, el monopolio de los tesoros públicos y la absorción de las rentas provinciales vinieron a ser el patrimonio de los porteños, condenando al provinciano a cederles hasta el pan que reservara para sus hijos. Ser porteño es ser ciudadano exclusivista, y ser provinciano es ser mendigo sin patria, sin libertad, sin derechos. Esta es la política del gobierno de Mitre.
”Tal es el odio que aquellos fratricidas tienen a los provincianos que muchos de nuestros pueblos han sido desolados, saqueados y guillotinados por los puñales de los degolladores de oficio, Sarmiento, Sandes, Paunero, Campos, Irrazábal y otros varios oficiales dignos de Mitre.
”Empero, basta de víctimas inmoladas al capricho de mandones sin ley, sin corazón y sin conciencia. Cincuenta mil víctimas hermanas, sacrificadas sin causa justificable, dan testimonio flagrante de la triste e insoportable situación que atravesamos y que es tiempo ya de contener.
”¡Valientes Entrerrianos! Vuestros hermanos de causa en las demás provincias os saludan en marcha al campo de la gloria, donde os esperan. Vuestro ilustre jefe y compañero de armas, el magnánimo Capitán General Urquiza, os acompañará y bajo sus órdenes venceremos todos, una vez más, a los enemigos de la causa nacional.
”A él y a vosotros obliga concluir la grande obra que principiasteis en Caseros, de cuya memorable jornada surgió nuestra redención política consignada en las páginas de nuestra hermosa Constitución, que en aquel campo de honor escribisteis con vuestra sangre.
”¡Argentinos, todos! ¡Llegó el día de mejor porvenir para la Patria! A vosotros cumple ahora el noble esfuerzo de levantar del suelo ensangrentado el pabellón de Belgrano para enarbolarlo gloriosamente sobre las cabezas de nuestros liberticidas enemigos.
”Compatriotas: ¡A las armas!... ¡Es el grito que se arranca del corazón de todos los buenos argentinos!
”¡Abajo los infractores de la ley! ¡Abajo los traidores a la Patria! ¡Abajo los mercaderes de cruces en la Uruguayana, a precio de oro, de lágrimas y de sangre Argentina y Oriental!
”¡Atrás los usurpadores de las rentas y derechos de las provincias en beneficio de un pueblo vano, déspota e indolente!
”¡Soldados federales! Nuestro programa es la práctica estricta de la Constitución jurada, el orden común, la paz y la amistad con el Paraguay y la unión con las demás Repúblicas Americanas. ¡Ay de aquel que infrinja este programa!

sábado, 28 de noviembre de 2015

Posmodernidad en el discurso político del PRO

Estimad@s: Cómo no podía ser de otro modo, el tema de la hora es Macri, el PRO y el resultado de las elecciones presidenciales. Pero quería aprovechar la ocasión para mirar estos hechos desde otro ángulo y compartirles un breve ensayo sobre sociología y teoría política que escribí hace tiempo. Por las dudas aclaro, soy más peronista que nunca, quédense tranquilos los cumpas jaja; pero me parece oportuno reflexionar sobre algunos temas como los partidos políticos en la actualidad, el modelo de representación, las preferencias de los ciudadanos y las campañas electorales. Ha pasado mucha agua bajo el puente desde el 2001 y es necesario repensar la sociedad y el sistema de partidos en estos términos, mucho más para los que somos militantes. Disparar reflexiones sin la necesidad de compartir conclusiones es siempre un comienzo. 


Jamie Durán Barba junto a Mauricio Macri.
Aquí hago un análisis comparativo del discurso político del PRO, retratado mediante conceptos de Jaime Durán Barba, cotejado con teorías de la posmodernidad elaboradas por los sociólogos Beck, Beck-Gernsheim, Lash y Luhmann, entre otros. En el ensayo concluyo que el discurso político del PRO tiene marcadas analogías con las conclusiones de los sociólogos abordados, encontrando marcados parentescos conceptuales con la "Teoría de la Individualización" de Beck y Beck-Gernsheim y la "Sociología del Posmodernismo" de Lash, lo que lo inscribirían dentro de lo que, en forma simplificada, se conoce como sociología posmoderna. Considero además que este hecho es una innovación teórica y política sin precedentes en Argentina. Lo particular de este ensayo es que lo escribí en el 2011, cuando estaba cursando Teoría Social Contemporánea en la Maestría de Ciencias Sociales de la UNL, donde vislumbraba que Macri podía ser el candidato a presidente de la oposición en el 2015. Luego lo presenté y diserté en el Congreso de Ciencias Políticas de la UNL, en el 2012 (http://www.fhuc.unl.edu.ar/materiales_congresos/ciencia%20politica_2012/paginas/eje_2.html). Además se lo envié a mi amigo Domingo Rondina quien lo posteó en su excelente blog (http://www.domingorondina.com.ar/2012/08/posmodernidad-tan-pro.html).


Las ideas de libertad, autonomía política o individualización, al menos la reelaboración de dichos conceptos, fueron los puntos más llamativos del estudio. Recuerdo que en ese momento, abril de 2012, le envié el ensayo a Jaime Durán Barba, quien me comentó que por esos días estaba preparando un texto sobre autoritarismo y democracia en la sociedad post moderna, lo que confirma la centralidad de la libertad individual y política en la construcción del discurso político del PRO. 

Jaime Durán Barba, junto a Marcos Peña y Mauricio Macri.

Queda abierto al debate si el discurso político posmoderno es una vuelta o remake del viejo liberalismo o neoliberalismo o si, por el contrario, refleja y absorbe en buena medida los profundos cambios que han ocurrido en la sociedad argentina en las últimas décadas donde estalló por los aires el viejo sistema de partidos y el modelo de representación política parece estar en una metamorfosis. La elección de Macri como presidente es un punto desde el cual comenzar a mirar esto.


Escribe: Alejandro Gonzalo García Garro



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Posmodernidad en el discurso político del PRO*


1. Introducción

El debate en torno a la condición moderna de la sociedad es el eje de la primera unidad del programa de la materia. Modernidad, posmodernidad, modernidad reflexiva o radicalizada, la esencia de los conceptos, su aceptación o rechazo, su dinámica y elementos, etc., desde la perspectiva de los textos Marshall Berman, Ulrich Beck y Elisabeth Beck-Gernsheim, Anthony Giddens, Scott Lash y Niklas Luhmann, los autores del material bibliográfico propuesto.

Este “paper” pretende retratar algunas postales del discurso político del Partido Propuesta Republicana (PRO) ([1]) que conduce el actual Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Ing. Mauricio Macri, explicadas a través del material propuesto, buscando establecer los parentescos conceptuales y las similitudes teóricas del PRO con las ideas y textos desarrolladas en la cátedra, especialmente las ideas de los Beck, Lash y, en menor medida, Giddens, Luhmann y Berman.

Para retratar fragmentos del discurso político del PRO recurrí al análisis y lectura de entrevistas y notas del consultor político de Macri, Jaime Durán Barba ([2]). De ellas, he extraído y elaborado una matriz de ideas recurrentes. La presencia del debate en torno a la condición moderna/posmoderna de la sociedad argentina y su presencia en el discurso político del PRO será reflejado en orden a una serie de temas, tomando como base los textos de la cátedra y recurriendo para su ilustración a las opiniones y teorías de Durán Barba. No hice un análisis sobre las estrategias de campaña del PRO, ni del marketing político, mensajes o slogans utilizados. Lo que busqué es extraer la concepción de la sociedad que está de trasfondo en el discurso y las ideas políticas del PRO ([3]).

2. Durán Barba y el Pro porteño, ¿política y sociedad posmoderna?

La elección de Jaime Durán Barba como sujeto portador y reproductor del discurso político del PRO es deliberada. Primero porque nada refleja mejor un debate en torno a las posmodernidad en la política que la figura de un consultor, un profesional dedicado al estudio de los comportamientos sociales del electorado, sus preferencias, la comunicación política, etc.

Las estrategias electorales y las campañas políticas son hoy el marco de debate y construcción de las ideas políticas por antonomasia y allí, sin ser candidato, Durán Barba adquiere una centralidad que no goza casi ningún otro dirigente del PRO por fuera de Macri.

También es cierto que Durán Barba constituye la voz “más política” de los referentes del PRO, quienes prácticamente no poseen definiciones ideológicas y teóricas. Más allá de su simpleza, que hace que muchos piensen que es un parlanchín, bonachón, un “tanto chanta” ([4]), lo cierto es que el ecuatoriano Durán Barba es un hombre instruido, con un dilatado currículum laboral y académico en distintos países.

Independientemente de compartir o no sus ideas políticas, sus cuatro títulos universitarios –doctorado en Derecho, maestría en Sociología, licenciatura en Filosofía Escolástica y doctorado en Historia- lo convierten en un excelente objeto de análisis para buscar las esencias del pensamiento político desde una perspectiva de las Ciencias Sociales y la Sociología. El lenguaje y los conceptos utilizados por Durán Barba son muy parecidos a los utilizados en los textos. De hecho, es muy posible que alguna vez los haya leído.

Durán Barba no tiene dudas que hoy vivimos en una sociedad posmoderna, y que esta condición incide notablemente en la política. Cuando le preguntan ¿Qué influencia concreta tiene la posmodernidad en la política actual?”, sin medias tintas responde:

“Total. Cuando hice mis estudios de Filosofía en la Universidad de Cuyo (Mendoza) vivíamos la agonía del viejo paradigma y creíamos en el general Perón y en las marchas de los muchachos peronistas. Era la última parte de los viejos caudillos, de la política de la voz. Ya la TV empezaba a impactar y el rock a cambiar la mente de la gente. Pero ahora la sociedad cambió totalmente, la posmodernidad es un hecho, la revolución de las comunicaciones ha sido descomunal, Internet ha sido la última gran explosión de esa revolución y, desde luego, los celulares. Si se hace política y no se entiende que los jóvenes admiran a los hackers y no a los guerrilleros, no hay posibilidad de hacer política”. ( [5]).

Sin dudas, esta afirmación es un rasgo distintivo del PRO. Prescindiendo de juicios de valor, descriptivamente se puede afirmar que ninguna otra fuerza política, ni dirigente de relevancia, afirma en forma tan categórica esto: estamos en la posmodernidad. Algo que, prima facia, parece un ataque contra los tradicionales partidos políticos.

Como veremos, esta condición no es sólo la expresión de un asesor de campaña, es en parte la lectura de la sociedad que hace el PRO que se vio reflejada en las campaña de Macri, donde la ruptura con lo que se considera una tradicional forma de hacer política, al menos en lo que a la comunicación y mensajes se refiere, se hizo más patente que nunca en la política argentina ([6]).

3. Modernidad/posmodernidad política en Beck, Berman, Giddens, Lash y Luhmann.

La polémica en relación a la condición moderna de la sociedad consiste en determinar si en algunas sociedades contemporáneas, en especial las de los países desarrollados, las sociedades hoy han entrado en una nueva etapa donde su organización social se estructura mediante parámetros, instituciones y reglas que niegan o superan las construidas por la modernidad -entendida en forma simplificada como la sociedad emergente de los procesos políticos europeos del siglo XVII, resaltados con las grandes revoluciones del siglo XVIII, el nacimiento de los Estados nacionales y el desarrollo mundial del capitalismo ([7]), entrando así en lo que se denominaría posmodernidad, comprendida como superación de esta vieja forma de organización social.

O si por el contrario, podemos sostener que estos cambios, variaciones, nuevas condiciones, emergentes de nuevos actores y desafíos, etc., que envuelven a la sociedad contemporánea constituyen manifestaciones peculiares pero propias de la misma modernidad, que si bien arman un nuevo paisaje social, lo hacen desde la lógica y racionalidad de la propia modernidad, sin salir del modelo de la sociedad por ella construido.

Los sociólogos no suscriben pacíficamente a la idea de que la sociedad contemporánea es posmoderna. Es más, con matices y contrapuntos, casi todos los autores estudiados niegan la existencia de la posmodernidad, al menos como condición de la sociedad contemporánea.

Haré un resumen de las diferentes concepciones que hacen los autores sobre la condición moderna, vinculándolo con la tesis de Durán Barba a modo de introducirnos en el tema concreto:

Ulrich Beck / Elisabeth Beck-Gernsheim: Los Beck perciben cambios en la sociedad contemporánea, pero no conciben una ruptura conceptual de tal dimensión como para pensar en una sociedad posmoderna. Para ellos a la primera modernidad, o “simple modernidad” le sigue el despliegue de una “segunda modernidad” o “modernidad reflexiva”.

Esta situación es fruto de un crecimiento del rol de individuo en la construcción de las reglas sociales, como consecuencia natural de la primera modernidad. Lo define como individualismo institucionalizado y lo describen como el hecho por el cual las “instituciones cardinales de la sociedad moderna están (ahora) orientadas al individuo y no al grupo” ([8]). Esta es la característica estructural distintiva de la segunda modernidad.

Sostiene Scott Lash sobre la teoría de los Beck: “En la primera modernidad, el individuo estaba constituido en consonancia con una serie de roles dentro de una variedad de instituciones. En la actualidad, estas instituciones están en crisis, y muchas funciones que en otro tiempo tenían lugar en la interfaz institución e individuo están teniendo lugar actualmente de manera más intensa y más próxima al individuo” ([9]). 

Esta crisis de las instituciones tradicionales de la sociedad moderna las convierte en “zombis” según el concepto de Beck. Esto refiere a su situación, cruzada por su origen, vinculado a la primera modernidad, y su tránsito a una sociedad signada por la individualización. Para Beck, la familia, el barrio, las clases sociales, la propia Democracia y, en buena medida la política obviamente, son categorías zombis, que pretenden regular con parámetros de una vieja sociedad la realidad de la nueva, “estamos viviendo con categorías que están muertas y vivas al mismo tiempo” ([10]).

Beck añade otros elementos para explicar los cambios en la sociedad. La idea del “Riesgo”, como consecuencia de la complejización del mundo moderno, las depredación del medio ambiente y el desarrollo tecnológico también tienen un lugar destacado. Del mismo modo, la globalización hace su aporte para Beck.

Las ideas de los Beck abren las puertas al diagnóstico de Durán Barba. El concepto de categoría “zombi” y la individualización son marcos conceptuales en los cuales pueden operar con total normalidad las ideas del consultor del PRO, como veremos más adelante.

Marshall Berman: Para Berman, la modernidad se entiende a través de la comprensión de la relación dialéctica entre modernización -avances científicos, desarrollos tecnológicos y cambios sociales- y modernismo -Ideas, valores y visiones que pretenden “darle a los hombres el poder de abrirse paso a través de la vorágine de la modernización” ([11]).

Berman divide a la modernidad en tres etapas: a) primera fase, desde comienzos del siglo XVI hasta finales del XVII; b) segunda fase, desde la gran ola revolucionaria de 1790 hasta el siglo XX; c) tercera fase: desde comienzos del siglo XX al presente. Sobre el modernismo de la tercera fase, Berman comienza planteando que el “pensamiento acerca de la modernidad parece haber llegado a un punto de estancamiento y regresión”. 

Berman niega la existencia de la posmodernidad, y cuestionando todas las teorías negativas y las denominadas posmodernistas de la tercera fase, plantea la necesidad de resucitar el modernismo dinámico y dialéctico del siglo XIX para las necesidades del presente. No concibe una nueva sociedad, cimentada en otras instituciones. Es un “apologista” de la modernidad. Aquí, las ideas de Durán Barba no entrarían.

Anthony Giddens: “En vez de estar entrando en un periodo de postmodernidad, nos estamos trasladando a uno en que las consecuencias de la modernidad se están radicalizando y universalizando como nunca” ([12]), afirma Giddens. No se trata de posmodernidad, sino de “Modernidad Radicalizada” para el sociólogo inglés.

Es la propia dinámica de la modernidad la que lleva a su radicalización. Su dinamismo deriva de la separación del tiempo y de lo que denominamos espacio. La relación y combinación de tiempo y espacio, su separación, trae cambios importantes en la sociedad y sus instituciones tradicionales ([13]). A este elemento debe sumársele el carácter reflexivo de la modernidad, que acarrea un constante ordenamiento y reordenamiento de las relaciones e instituciones sociales en función de la incorporación de nuevos conocimientos –permanentemente incorporados- que inciden decisivamente en las acciones de los individuos y grupos sociales.

A la par de lo mencionado, la “mundialización”, el desarrollo del capitalismo y el industrialismo cambian relaciones e instituciones de la sociedad moderna. En la lectura de las transformaciones producidas en las clases o movimientos sociales que hace Giddens, se pueden trazar algunos paralelos con los planteos de Durán Barba.

Scott Lash: “El posmodernismo no es una condición ni, como si formara parte de un tejido junto con el pos industrialismo, un tipo de sociedad en el sentido en que la gente habla de la sociedad industrial o de la sociedad capitalista o de la sociedad moderna. Pienso en cambio, que el posmodernismo está confinado al ámbito de la cultura” ([14]), argumenta Lash en las primeras páginas de “Sociología del Posmodernismo”, adoptando el término pero dándole una acepción más específica. Para Lash, el posmodernismo es estrictamente cultural, un “paradigma cultural”.
Los paradigmas culturales son para el autor “regimenes de significación” que producen objetos culturales, operando como una economía cultural.

Esta especial condición de la cultura trae cambios radicales en la sociedad. Reconvertida bajo una lógica económica, devenida en una industria, la cultura pierde su diferenciación con lo social, que constituyó su rasgo distintivo en la modernidad clásica.

Este proceso se retroalimenta con el rol central de las nuevas tecnologías de la comunicación e información, la globalización y la economía posindustrial, impactando en la sociedad moderna cuestionando y redefiniendo instituciones. En “Crítica de la Información”, Lash define estos fenómenos como el emergente de “una cultura tecnológica”. La política, el rol del individuo, los partidos o las clases sociales son drásticamente reconfiguradas. Sin dudas, en Lash encontramos muchas ideas que parecen tener un parecido de familia con el discurso de Durán Barba.

Niklas Luhmann: Luhmann vuelve directamente a los presupuestos del conocimiento sociológico y plantea que no se puede siquiera hablar de modernidad o posmodernidad sin un correcto abordaje epistemológico que de cuenta de los grandes cambios operados, que hacen a la sociedad moderna un gran sistema social compuesto por cada vez más subsistemas sociales, sin jerarquías establecidas, ni contornos y límites claros, en lo que Luhmann describe como un proceso “diferenciación social”.

En sus ensayos ([15]) deja claro la necesidad de contemplar estas particularidades de los sistemas sociales, desplegando una correcta epistemología, poniendo énfasis en la necesidad de desarrollar la observación de segundo grado, que consistiría en la toma de distancia de la visión propia de un subsistema social sobre la totalidad del sistema. En este complejo escenario, el análisis racional coexiste con interpretaciones que lindan con lo místico, dejando abierta a puerta a la posibilidad de conceptuar como paradójica a la observación y a la mismísima modernidad.

Para Luhmann, “Una teoría que asuma estas consideraciones puede ser una teoría de la sociedad, pero entonces tiene que anclarse en el sistema científico y conformarse con ser sólo teoría de la sociedad. Producirá una comprensión constructivista de la realidad que tendrá cuenta la circunstancia de que el observador de primer grado no tiene que vérselas con construcciones, sino con objetos. Ya no reconocerá ninguna representación vinculante, sino que se encontrará a si misma -no sólo a las otras- en un mundo constituido de manera policontextural. Tendrá que hacer, cuanto más refleje su propia contextura, el doloroso sacrificio del autodesinterés, compensado por la certeza incluida de que también hay otros puntos de partida para la racionalidad y la observación de segundo grado”([16]).

Los planteos de Duran Barba ni siquiera se vislumbran en la agenda de Luhmann, ya que no sortean los prólogos necesarios para obtener los datos y lecturas que el ideólogo posmoderno del PRO afirma.

A modo de resumen: De todos los autores leídos, son los Beck y Lash los que incorporan en la teoría la existencia y la realización de profundos cambios en la sociedad moderna. Lash directamente habla de cultura posmodernista.

Estos autores son también los más recientes, sus libros fueron publicados en momentos donde los cambios sociales y el avance tecnológico eran más perceptibles. Sin embargo, la polémica está presente en todos los autores, y similitudes y analogías se pueden trazar.

Ahora analizaré algunas ideas de los textos y las cotejaré con conceptos de Durán Barba.

4. Las clases sociales

Nadie puede negar el carácter central de las clases sociales en la política moderna. En buena medida la segunda fue un reflejo de la primera categoría. También es cierto que cualquier observador puede afirmar sin temor a equivocarse que el PRO es una expresión política casi sin alusiones a la clase obrera. Su perfil está más cerca de un concepto pro patronal que de cualquier expresión política de algún sector de los trabajadores. De hecho es la expresión más cercana a una política de la “burguesía” en este país. Pero la Ciudad Autónoma de Buenos Aires no se compone de un 60% de empresarios o pequeños burgueses, por lo que su política no se puede expresar por una identificación de clase.

Puede ser así al punto de que Durán Barba no cree en las clases sociales, al menos en los términos que la sociedad moderna las conoció. Ya no se ordena la política en función de la dicotomía burguesía/ proletariado, trabajadores/patronal. Hay muchas clases, con diversos intereses, que cambian, mutan, se reconfiguran permanentemente.

“Los contenidos de la política tienden a ser más efímeros y deben ser recreados todo el tiempo. Por eso es un gran desafío para los partidos sobrevivir. Importan menos las clases sociales que esa odiosa palabra yanqui que llamamos target. ¿Y el target qué es? Es un grupo que se forma provisionalmente, en torno a un tema, y que mañana desaparece. La sociedad a la que le habla un político es una cantidad de grupos sociales específicos, con necesidades específicas, a los que hay que saber plantearles mensajes específicos.” ([17])

Su lectura lo lleva al punto de descreer hasta de la propia representatividad del peronismo en la clase obrera: “Este peronismo, y más en la última época, con la conducción de Cristina Fernández, ya no tiene al movimiento obrero como un eje vertebrador”. 

Ulrich Beck sostiene que el concepto de clase social está hoy cuestionado –es una de las categorías zombis que vimos recientemente-, todas las instituciones que presuponen un moldeado colectivo de la conducta individual hoy están en crisis. Es el individuo institucionalizado el que busca sus propias clases e instituciones que lo representen. “Con el declive de la clase y de los grupos de estatus, el individuo debe convertirse en el agente de su propia identidad. El individuo, no su clase social, se convierte en la unidad de reproducción de lo social en su propio mundo vital.” ([18])

Giddens sostiene que la modernidad asocia la política, por la fuerte influencia del capitalismo y el industrialismo, al movimiento obrero. Considera que hoy, una “preocupación obsesiva por el movimiento obrero” ([19]) puede conspirar contra la construcción de una política emancipatoria, ya que ignora las distintas fuerzas implicadas en la modernidad que se articulan y operan como “movimientos sociales”.

Para Lash, la cultura posmoderna corroe las identidades colectivas, y así los agrupamientos en torno a clases y su operatividad en la política pierden relevancia. Es determinante en este proceso la gran reducción numérica de la clase obrera en la economía pos industrial. Lash apunta que “la decadencia de la identidad colectiva se registra, por ejemplo, en la (cada vez menor) identificación con el Partido Laborista, con los sindicatos, con una mentalidad de nosotros versus ellos” ([20]).

5. Partidos políticos

Este concepto viene atado al de clases sociales. Para Durán Barba desde hace una década en casi toda América Latina existe una crisis de los partidos políticos. “Con pocas excepciones, los viejos partidos han entrado en una etapa de virtual extinción o de transformación tan profunda que en muy poco se parecen a los partidos de los ochenta” ([21]).

El consultor del PRO destaca que el suyo es “un partido muy joven, sin tradiciones, sin anquilosamiento en los viejos paradigmas”. La experiencia parece ser muy fiel a su relato. Durán Barba está convencido de que las nuevas tecnologías y los cambios en la sociedad hicieron desaparecer la militancia partidaria tradicional:

“Los partidos contemporáneos no nacen de la militancia de pueblo en pueblo, y de comité a comité. Los jóvenes actuales en vez de estar en las unidades básicas navegan en la red”.([22])

El PRO plantea la ruptura con el partido político de masas de la era industrial, que era el reflejo de la división de la sociedad en clases que se gestó a mediados del siglo XX en Argentina, donde las estructuras colectivas y la uniformidad cultural moldeaban al individuo.

Beck, partiendo desde la individualización de la segunda modernidad, lee la actualidad de los partidos políticos con una mirada casi idéntica:

“Todas las viejas concepciones de la clase y de la política presuponían (en la primera modernidad) que el individuo y la individualización eran una falsa idea básica que tenía que superarse para poder reconstruir identidades colectivas, organizar la vida política y representar al individuo en la democracia política. Yo creo que esto es un gran error. Es necesario más bien lo contrario. Los partidos políticos tienen en nuestro tiempo que reconocer la individualización, y no como algo que superar, sino como nueva forma de democratización cultural y de autoconciencia de la sociedad. Una nueva forma de sociedad en la que la política se relaciona con la libertad individual y con las libertades y derechos políticos de los grupos en la vida cotidiana. Si los partidos políticos no consiguen comprender esta situación sino que se empeñan en volver la vista a una colectividad o clase dadas, no serán capaces de comprender las fuerzas e ideas políticas de esta sociedad” ([23]).

Para Durán Barba los partidos ahora se dirigen al individuo, se convierten en estructuras más flexibles y locales que habitan en una sociedad que reniega de su representación: “Hay que discutir mucho, pensar mucho y acometer una tarea extraña, que es formar un partido posmoderno en una época en que los partidos solamente se están disolviendo.”([24])

Y Lash piensa lo mismo. La cultura posmoderna produce la “desintegración de lo social” y trae una declinación pronunciada de los partidos políticos: “La declinación de las instituciones implica un lugar menos importante para organizaciones como el partido político e instituciones como la Iglesia, y un mayor lugar para formas menos permanentes y más intensas de relaciones sociales”. Para Lash, los movimientos políticos contemporáneos tienen que ser favorables a agrupamientos “de menor escala, más locales y con lazos afectivos más intensos”. ([25])

6. Individuo, discurso y representación política

Las reconfiguraciones de las instituciones centrales en las que se erigió la modernidad política conllevan un giro de dos órdenes: Primero, en las preferencias políticas de los ciudadanos, hoy (para Durán Barba) librados de los relatos colectivos y de los objetivos de las instituciones colectivizantes, ahora conducidos por sus deseos, inquietudes personales y los objetivos y normas que cada individuo se impone. Y en segundo orden, y como consecuencia de esto, debería existir una necesaria adecuación del discurso político de los partidos a esta nueva etapa de la individualidad política.

Durán Barba describe a este nuevo individuo políticamente posmoderno y lo incorpora como dato de análisis. Los votantes que piensa el PRO ahora:

“Lo que quieren es que lo político se ponga al servicio de su vida, de su hedonismo, de su placer. No quieren dar la vida por un ideal. Su ideal es que su vida sea hermosa. Cambiamos de la lucha por la revolución a lo que se llama la búsqueda de La aventura a la vuelta de la esquina (N. de R: título del libro de Pascal Bruckner y Alain Finkielkraut). Del marxismo viejo a una perspectiva anarquista. Finalmente, es más interesante tener una aventura a la vuelta de la esquina que cambiar el mundo. Esa es la postura actual. La juventud que yo viví pensaba lo inverso, o al menos lo decíamos, de hecho no nos movimos”. ([26])

Lash también registra la fuerza demoledora de la individualización y la correlativa salida de los individuos de las estructuras de representación política tradicionales, abandonando los objetivos y relatos colectivos. Y va mucho más allá, señalando una ruptura con la propia identidad de la clase obrera. Desarrollando una idea de Samuel Beer, Lash grafica las relaciones entre la cultura posmoderna y la ruptura con las organizaciones de los trabajadores en Inglaterra. Citando a Beer manifiesta que “el ethos anti-autoritario de la cultura pop incitaba a los trabajadores no sólo a cuestionar la autoridad de los empleadores y del Estado burocrático, sino a oponerse a las jerarquías dentro de los sindicatos, del Partido Laborista y de la propia comunidad obrera”. ([27])

Para el PRO, los porteños decididamente “no están para morir por una ideología”, ni “siguiendo algún caudillo”. No hay Sierra Maestra, ni se que quiere “tomar el cielo por asalto”. El ciudadano posmoderno del PRO “quiere vivir bien y defiende más sus intereses que los intereses políticos”, colectivamente entendidos.

Esta nueva ética ciudadana es retrata por Beck. Es una “subpolítica, que es a menudo muy local y concreta y que los políticos no aprecian porque no conocen los sistemas nerviosos culturales de estas culturas individualizadas” ([28]). Beck describe un sujeto político joven, es el responsable de convertir a la política en una categoría zombi. 

Llamativamente, Beck se refiere a esta condición como “antipolítica”, entendida como metamorfosis de la politicidad de la primera modernidad. Antipolítica es la crítica común que se le hace a los discursos del PRO, entendidos como desideologizados. Pero Beck lo analiza así:

“Esta variante occidental de la antipolítica abre la oportunidad de disfrutar de la propia vida, complementándola con una preocupación autoorganizada por los demás liberada de las grandes instituciones. Está organizada alrededor de la comida, el cuerpo, la sexualidad, la identidad y defiende la libertad política de estas culturas contra la intervención desde fuera. Si miramos de cerca estas culturas, lo que parece apolítico se convierte en politizado”. ([29])

Ahora, para Durán Barba el político debe ir en busca del voto del ciudadano, despojado de la seguridad que le garantizaba una doctrina política y un partido. No importa la construcción de la propuesta racional, el rol del estadista que pensaba una política para y por el pueblo no tiene cabida.

Hoy lo que importa es la efectiva elaboración de un mensaje que represente este complejo mosaico de intereses individuales que compone el universo electoral, porque “si quiere conseguir votos, el político tiene que dejar su ego de lado y pensar más en qué necesita la gente común”. ([30])

7. Imagen vs. relato

El último eslabón de la cadena de cambios en la política lo constituye el mensaje político en sí mismo, entendido como la forma de comunicarse entre el político y el ciudadano.

Como vimos, buena parte de la teoría de Scott Lash se centra en la explicación de la cultura posmoderna como la creación de una economía cultural. En ella, se produce un cambio sustancial en la forma de comunicación, particularmente en la relación entre el significante (ej: un sonido, imagen, una palabra); el significado (un concepto); y el referente (un objeto de la vida real con el que están vinculados el significante y el significado). A esta relación Lash la denomina “modo específico de significación”.

La desdiferenciación de la cultura posmoderna basada en el desarrollo explosivo de las nuevas tecnologías de la comunicación e información trastocan el equilibrio que la modernidad había dado a esta relación. Se construye un orden de mercantilización de las relaciones sociales centrado en la imagen, en la inmediatez y en la falta de reflexión. “La cultura se convierte en tecnología” ([31]) dice Lash, citando a Heidegger.

El discurso racional-argumentativo de la política moderna no tiene cabida en este orden cultural global, sus tiempos y sus procedimientos no son compatibles con las computadoras, la TV y el avance de la lógica de mercado en la cultura. Lash argumenta:

“El cambio cultural no comprende ideas claras y distintas, elecciones racionales o actos de habla legitimados por el discurso, sino un arsenal de símbolos, a veces vacíos, a veces afectivamente cargados, que a menudo actúan en el nivel del inconsciente o, a lo sumo, de un preconsciente de supuestos de fondo tácitos en un horizonte implícito…. Esto es, el desarrollo cultural se guía menos por el lenguaje de la identidad, la diferencia, el silogismo, la causa  y la sustancia, y más por el lenguaje retórico de la metáfora, la metonimia, sinécdoque y el oximoron. ([32]).

Mientras la política moderna se desplaza en el terreno del pensamiento racional, los programas, las estrategias, las elecciones racionales; la cultura posmoderna no puede hablar ese idioma, “la cultura no actúa en ese nivel. Sus símbolos proveen las imágenes de los sueños, los mitos implícitos de las identidades comunitarias y nacionales, el horizonte no enunciado de las acciones, los hábitos y las tecnologías tácitas de los cuerpos”. ([33])

Las similitudes aquí también son llamativas. Cuando le preguntan a Durán Barba sobre el rol de palabra y el discurso en la política, en relación a su nuevo estereotipo de votante, responde:

“Antes la política se hacía con palabras que comunicaban ideas. Y hoy, cada vez más, se hace con imágenes que comunican sentimientos”. ([34])

Interrogado sobre como sería el perfil de un candidato ideal, responde:

“El de Macri. Alguien relativamente joven, fuera de los esquemas tradicionales. Que transmita sentimientos con imágenes y no ideas con palabras”. ([35])

En la política posmoderna del PRO se puede afirmar que muchas veces “no importa lo que dice, lo que importa es la imagen”. ([36])

8. Buenos Aires, ¿ciudad global?

La ciudad de Buenos Aires tiene ciertas particularidades que sin dudas contribuyeron al desarrollo del PRO. No es lugar para analizar el comportamiento electoral de la capital de la Nación, pero no se puede dejar de señalar que el PRO electoralmente es apenas algo más que una fuerza porteña. Con lo mucho y poco que eso implica.

Tanto en lo político, como en la cultura o el deporte, Buenos Aires expresa otra cosa que el resto del país. Esta particularidad social es perfectamente comprendida por Durán Barba. El consultor de PRO, analizando la última victoria de Macri sobre Filmus manifestó:

La idea de que la Ciudad “debe integrarse” al país tiene el rechazo del setenta por ciento de los porteños, que pretenden una Ciudad más autónoma. El porteño no se siente tan parecido a los demás argentinos. Se siente especial”. ([37]).

Scott Lash, cuando analiza la cultura posmoderna, afirma que la el sustrato donde se apoya y al cual refleja este nuevo paradigma cultural tiene una representación global, pero con anclajes locales bien diferenciados. La cultura posmoderna es una cultura de élites masificada, los patrones de reproducción cultural de las clases más acomodadas de la sociedad se mercantilizan y se universalizan, pero lo hacen a través de puertos concretos y no como una red. Ya no será el Estado nacional el campo de la nueva cultura, pero tampoco es la globalización como un todo lineal el marco operacional de la desdiferenciación posmoderna de Lash.

“La consecuencia es el surgimiento de una élite global, cuyo punto de identificación es la élite global de otras ciudades semejantes. Así, en las industrias de la cultura global, la élite de San Pablo tiene más en común con sus pares de Tokio, Nueva York, Londres, París, Milán y Los Ángeles que con sus compatriotas brasileños” ([38]). Si este análisis se aplica a San Pablo, ¿qué decir de Buenos Aires? Una ciudad más culta, informatizada, desarrollada en todos sus índices, con una histórica tradición cosmopolita. “No hay nada que se parezca a Buenos Aires”, afirma Durán Barba.

Desde la mirada de Lash se puede justificar un comportamiento social acorde a los parámetros posmodernos en Buenos Aires, que en cualquier otra ciudad del país. Allí radica para Durán Barba buena parte la singularidad política de “La reina del Plata”.

9. Familia y rol de la Mujer

La familia está en crisis, al menos su concepto tradicional. Y esto también tiene implicancias en la política, en la conformación de las clases sociales, etc. Muchas de las definiciones y categorías del pensamiento político moderno se fundan en un ideal de familia, pensada como un hogar con un amo, varón, que dirige la casa. “¿Pero alguien se ha preguntado qué es realmente una familia en nuestros días?, se interroga Beck y responde “Nadie puede decir realmente lo que es en nuestros días un hogar o una familia, ni en términos económicos, ni sociales ([39]).

Para los Beck, la esencia de los cambios se centra en la progresiva igualdad entre hombres y mujeres.

“La tensión en la vida familiar se debe hoy a que la igualdad entre hombres y mujeres no puede crearse en una estructura familiar institucionalizada que presuponía la desigualdad…. Al tomar decisiones, la gente toma conciencia de los contrastes en las condiciones de los hombres y las mujeres. Ante la falta de soluciones institucionales, la gente está teniendo que aprender a negociar las relaciones sobre la base de la igualdad. Esto está transformando lo que entendemos por familia”. ([40])

Durán Barba repite esta idea y señala las consecuencias políticas de la misma. La democratización de la sociedad es la consecuencia última de este proceso, que a la vez marca el declive de un tipo de liderazgo.

“Aprendemos a obedecer en la familia, aprendemos las normas del juego de la autoridad en la familia, y la familia antigua fue una familia machista en la que había un padre omnipotente, una mujer secundaria e hijos que eran súbditos sin ningún derecho. Los niños creíamos que nuestros padres eran sabios y poderosos. A ese esquema de socialización en el poder corresponden el general Perón, el doctor José María Velasco Ibarra, el general Lázaro Cárdenas, todos ellos generales, doctores, lejanos, míticos y sobrenaturales. Hoy nos socializamos de otra manera en la familia. Vino una revolución sexual, las mujeres se incorporaron al proceso productivo de mil maneras. Eso tuvo otra serie de consecuencias, pero la principal fue que los niños se criaron en una familia democrática en la que madre y padre comparten poder, en la que los niños dicen, mi nieto me lo dice: “Tenemos poder”. ([41])

La política posmoderna del PRO presupone un alto componente de femeneidad. Los hombres en buena medida tendrán que incorporar una cuota de femeneidad para “tener éxito en la vida y en la política”.

Cuando le preguntaron si la condición de mujer ayudada a la candidatura de Cristina F. de Kirchner, Barba respondió: “El hecho de ser mujer, ahora en Latinoamérica, da unos bonos”. Macri tuvo dos candidatas a vice jefe de Gobierno mujeres, Gabriela Michetti y María Eugenia Vidal.

10. La revolución del rock

Cierta especificidad de la cultura posmoderna también contribuye a la desestabilización de los valores políticos tradicionales. El ejemplo del rock es llamativamente utilizado tanto por Lash como por Durán Barba. Para Scott Lash, siguiendo a Bernice Martin, a partir de la década de 1950 en Inglaterra, el crecimiento económico de sectores juveniles fue acompañado por la amplia difusión de la cultura popular, especialmente el rock, “cuya trasgresión de las normas convencionales es mucho más flagrante que la de la cultura popular anterior” ([42]).

Este fenómeno produjo una crisis de identidad en la clase obrera y en los valores políticos tradicionales, por la naturaleza contestataria y crítica del rock y su difusión masiva, imponiendo un nuevo norte político y un diferente sistema de valores, más anclado en lo individual, pero al mismo tiempo activamente rechazando la imposición de patrones colectivos.

Para Durán Barba, el rock también transformó la política contemporánea. Pero fue una “Revolución que tiene que ver con mayor libertad y donde el placer es el norte de la sociedad”. Desde su óptica, el rock también conspira contra los valores tradicionales de la sociedad moderna y si bien conserva su naturaleza contracultural, de despega de los grandes relatos políticos de la modernidad:

“El rock fue la gran herramienta de comunicación del cambio que se genera en los 70 y fue lo que masificó la protesta de la cual los políticos no se dieron cuenta. A la larga, lo que a nivel mundial hace Black Sabbath o lo que hace Charly García remueve los valores de la sociedad tradicional. Miles de jóvenes fuimos a conciertos de rock en todo el mundo, sentimos el impacto de estas nuevas visiones, que eran las otras revoluciones de los 60, que no eran revoluciones socialistas”. ([43])

11. El futuro: ¿pobreza, desigualdad y pesimismo?

Todos los autores estudiados debaten sobre los distintos peligros que afrontaría la sociedad. Muchos hacen especial énfasis en temas puntuales. Beck hace hincapié en el riesgo ambiental, Giddens en la guerra nuclear, Berman en el estancamiento cultural del modernismo, Lash en la peligrosa preponderancia de los medios tecnológicos.

Pero quiero en este punto referirme específicamente a la pobreza y la desigualdad -que también están presente en todos los autores-, como forma de abordar un tema más vigente en la agenda política del PRO y de la Argentina contemporánea.

Se podría afirmar que no hay muchas razones para ser optimista sobre este punto de acuerdo a la lectura de los autores. Para Giddens, “los movimientos `más allá´ de la modernidad se producen en un sistema global caracterizado por las grandes desigualdades de riqueza y poder”([44]). Igual que Giddens, todos los autores se muestran, al menos, escépticos a la hora hacer un pronóstico acerca de las posibilidades reales de combatir la pobreza y las desigualdades que tiene la sociedad contemporánea.

Beck resalta que los efectos de la modernidad reflexiva sobre la política pueden contribuir a consolidar las desigualdades sociales.

“A causa de la individualización, existe una falta de organización política de los pobres. El capitalismo sin clases no significa menos desigualdad en el futuro, sino todo lo contrario… Crea circunstancias institucionales en las que los individuos se ven lejos de sus seguridades tradicionales, mientras que, al mismo tiempo, pierden el acceso a los derechos básicos y a los recursos de la modernidad”. ([45])

Una de las críticas principales que se le hace al PRO es la supuesta falta de preocupación sobre la pobreza, la distribución de la riqueza y la igualdad social. Es etiquetada por su oposición como una ideología de derecha, conservadora, más proclive al status quo que al cambio social.

Durán Barba elabora una respuesta peculiar sobre el tema. Para el consultor del PRO la problemática de la pobreza y la desigualdad no tiene solución. Desarrolla una explicación de corte subjetivista, donde la pobreza y la desigualdad tienen que ver con la imposibilidad de satisfacer los deseos personales y no con las iniquidades materiales. En una entrevista desarrolla su teoría ([46]):

Durán Barba: La pregunta es: ¿qué es la pobreza? En esto también aplico el pensamiento budista. Cuando el buda original, Siddhartha Gautama, habló sobre las cuatro verdades, la segunda noble verdad es: “Tú sufres en la vida porque anhelas lo que no tienes”. Si no anhelas lo que no tienes, no sufres. Y cada vez hay más cosas que anhelar: el mundo se ha desatado. Las cosas que un joven de 18 años puede anhelar son muchísimas más que hace 30 años. Y cada día asoman más artefactos.
Periodista: ¿Cada generación es, proporcionalmente, más pobre que la anterior porque anhela más?
Durán Barba: Y porque tiene más. Cuando yo era estudiante y venía con mi novia hace 36 años, me bastaba comer una milanesa napolitana en El Palacio de la Papa Frita y comprar una camisa Ridgard’s, sentía que había llegado al paraíso. Cuando mi hijo viene a Buenos Aires, no se conforma con eso.
Periodista: Proyectado al futuro, ¿qué solución tiene?
Durán Barba: No tiene solución. Es la naturaleza humana, seguiremos así.

Esta respuesta posiblemente no dejará satisfecho a 8 de 10 personas que la lean. De hecho, políticamente, no la comparto. Pero no quiere decir que no sea una idea presente en muchos de los sociólogos contemporáneos que teorizan sobre el futuro de la sociedad. No la explicación en sí misma de Durán Barba, sino la dificultad de luchar contra la pobreza. Ninguno de los autores dibuja con entusiasmo el tránsito hacia una sociedad donde reine la justicia social.

Con frialdad y simpleza, Niklas Luhmann asume la posibilidad real de que la pobreza y la exclusión social no puedan resolverse. En un texto llamado “Globalization or World Society?: How to conceive of modern society”, Luhmann manifiesta:

“El peor escenario imaginable podría ser que la sociedad del siglo XXI tendrá que aceptar el meta código de inclusión/exclusión. Y esto podría significar que algunos seres humanos serán personas y otras sólo individuos, que algunos están incluidos en los sistemas funcionales (con o sin éxito personal), y otros son excluidos de estos sistemas, convirtiéndose en cuerpos que tratan sólo de sobrevivir hasta el día siguiente; que algunos están emancipados como personas y los demás están emancipados sólo como cuerpos; que la preocupación y el abandono se convierten en algo diferente a lo largo de esta frontera; que ese estrecho acoplamiento de las exclusiones y los acoplamientos sueltos de inclusiones van a diferenciar el destino y fortuna y que esas dos formas de integración va a competir: la integración negativa de las exclusiones y la integración positiva de inclusiones ([47])

12. Conclusión

La política posmoderna del PRO encuentra en la teoría de la Individualización de Ulrich Beck y Elisabeth Beck-Gernsheim y en la “Sociología del Posmodernismo” de Scott Lash fundamentos sólidos y afines, que parecen casi copiados. Creo que de la articulación de los dos esquemas se puede trazar una radiografía muy aproximada al marco sociológico donde despliega la política Durán Barba.

Dejando de lado los juicios de valor, el PRO es el primer partido político que se define como posmoderno. No sólo recurre a técnicas y estrategias comunicacionales posmodernas, sino que describe y opera en función en una sociedad concebida como distinta de la que presuponen, al menos en términos programáticos y teóricos, el resto de los partidos políticos nacionales.

Posiblemente esto puede tener un anclaje en la especificidad de la ciudad de Buenos Aires, pero las ideas de Durán Barba señalan un camino irreversible, al menos en muchas de las caracterizaciones que hace de la sociedad contemporánea. Como rasgo de la modernidad, el tiempo tiene la palabra. Y pronto sabremos si la política posmoderna del PRO llegó para quedarse, o si por el contrario es sólo una moda pasajera, con lo efímero y posmoderno que el concepto implica.

En el medio, y siendo más importante, podremos vislumbrar hacia donde va la sociedad también.


   
* Por Alejandro Gonzalo García Garro




[1] Aunque pueda resultar innecesario e inútil, aclaro que la elección del PRO sólo tiene que ver con la elaboración del trabajo y el estudio de Teoría Social II. No comparto sus ideas políticas, no tengo militancia en este partido, ni los he votado nunca. Pese a esto, he tratado en este trabajo de ser lo más objetivo posible, evitando anteponer concepciones políticas personales al análisis y desarrollo del tema. Espero que se haya logrado.
[2] Preferí analizar entrevistas y notas en los medios periodísticos y no los libros y ensayos de Durán Barba. Lo hice con al finalidad de buscar un pensamiento más espontáneo, acorde la praxis política. Leí más de 20 entrevistas y notas (150 páginas aprox), que van desde el 2001 al presente.
[3] No abordaré la distinción tradicional de la posmodernidad política retratada por Lyotard, que plantea el fin de los grandes relatos y que tiene su correlato en la discusión sobre el fin de izquierdas y derechas. Como dije, centraré el análisis en conceptos sociológicos. Pero a modo de saldar la cuestión y encuadrar en lo posmoderno al pensamiento del PRO, reproduzco el fragmento de una nota Durán Barba.
Periodista: ¿Cómo juegan en esto las ideologías? Durán Barba: “Veamos el tema desde la gente. Hemos encuestado reiteradamente en la Argentina: `¿Usted prefiere que el próximo presidente sea de izquierda, de derecha o no le interesa el tema?´ Normalmente, en la Argentina hay un 9/10 por ciento que quiere un gobierno de izquierda, un 6/8 por ciento que quiere que sea de derecha y un 80 por ciento que dice que le importa un rábano el tema”.
[4] Caracterización que hace el propio Durán Barba de si mismo. Citado en diario “Hoy” de la ciudad de Quito, Ecuador. Noviembre de 2005.
[5] Entrevista del Diario Perfil. Domingo 01 de Julio, año II Nº 0185.
[6] En una nota de Terra Magazine, “Jaime Durán Barba: la política entendida como marketing” (hecha en Ecuador, el 06 de julio de 2007), el consultor del PRO expresaba sobre la campaña de Macri: “Es la primera campaña enteramente posmoderna que se hace en América Latina. Elementos nuevos: nunca una manifestación, ni un solo discurso, ni una concentración, ni una sola caravana. El elector común ocupando el centro de la escena”.
[7] “Consecuencias de la Modernidad”, de Anthony Giddens.

[8] “La Individualización. El individualismo institucionalizado y sus consecuencias sociales y políticas”. De Ulrich Beck y Elisabeth Beck – Gernsheim.
[9] Prefacio de Scott Lash. “La Individualización a la manera no lineal”, en “La Individualización. El individualismo institucionalizado y sus consecuencias sociales y políticas”. De Ulrich Beck y Elisabeth Beck – Gernsheim.
[10] Categorías Zombis. Entrevista a Ulrich Beck, en “La Individualización. El individualismo institucionalizado y sus consecuencias sociales y políticas”. De Ulrich Beck y Elisabeth Beck – Gernsheim.
[11] “Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de la modernidad”, de Marshall Berman.
[12] “Consecuencias de la Modernidad”, de Anthony Giddens.
[13] Giddens, en “Consecuencias de la Modernidad”, analiza extendidamente los cambios en la concepción del tiempo y el espacio. Explica los mecanismos de “desanclaje” de las sociedades modernas y como la propia modernidad reconstruye la relación con el tiempo y el espacio a través de enormes distancias, donde la noción de fiabilidad cobra importancia. La misma sería la certeza que transmíteme determinadas señales simbólicas, relaciones personales y en especial los sistemas expertos –altamente tecnológicos- que son los que permiten el desarrollo normal de la vida en un mundo global e inmediato donde se trastocaron las concepciones tradicionales de tiempo y espacio.
[14] “Sociología del Posmodernismo”, de Scott Lash.
[15] “La Modernidad de la Sociedad Moderna” y “Racionalidad Europea”, ambos parte del libro “Observaciones de la modernidad. Racionalidad y contingencia en la sociedad moderna”, de Niklas Luhmann.
[16] “Racionalidad Europea”, en “Observaciones de la modernidad. Racionalidad y contingencia en la sociedad moderna”, de Niklas Luhmann.
[17] Nota publicada por el diario “Clarín” en el año 2002, bajo el titulo: “El problema es que la gente ya no quiere ser representada”.
[18] “La Individualización. El individualismo institucionalizado y sus consecuencias sociales y políticas”. De Ulrich Beck y Elisabeth Beck – Gernsheim.
[19] “Consecuencias de la Modernidad”, de Anthony Giddens.
[20] “Sociología del Posmodernismo”, de Scott Lash.
[21] Nota “10 pasos para alcanzar el poder”, de Jaime Durán Barba. Publicada el 17 de febrero de 2007.
[22] Entrevista Revista “Debate”. Julio 2011.
[23] “La Individualización. El individualismo institucionalizado y sus consecuencias sociales y políticas”. De Ulrich Beck y Elisabeth Beck – Gernsheim.
[24] Entrevista Diario Perfil. 17 de julio de 2011.
[25] “Crítica de la Información”, de Scott Lash.
[26] Entrevista del Diario Perfil. 1 de Julio, año II Nº 0185.
[27] “Crítica de la Información”, de Scott Lash.
[28] “La Individualización. El individualismo institucionalizado y sus consecuencias sociales y políticas”. De Ulrich Beck y Elisabeth Beck – Gernsheim.
[29] “La Individualización. El individualismo institucionalizado y sus consecuencias sociales y políticas”. De Ulrich Beck y Elisabeth Beck – Gernsheim.
[30] Entrevista Diario La Nación, domingo 6 de febrero de 2011.
[31] “Crítica de la Información”, de Scott Lash.
[32] Ibíd.
[33] Ibíd.
[34] Entrevista Revista Newsweek. 7 de octubre de 2009.
[35] Entrevista del Diario Perfil. Julio de 2007.
[36] Durán Barba desarrolla con una contundencia implacable este argumento. En un artículo explica: “Es que la revolución tecnológica y en las comunicaciones está arrasando con todos los moldes tradicionales y esto cambió también a la política. Aquí hubo un salto descomunal en el que la gente llegó a convencerse de que la realidad es lo que está en la pantalla. En técnicas de campaña electoral, una publicidad de radio debe ser un estímulo auditivo para producir imágenes de televisión en la mente de la audiencia. Si no, no funciona. ¿Cómo evaluamos una intervención de televisión de un candidato? Le quitamos el volumen y analizamos ahí si es que la imagen que transmite es la que se busca. No importa lo que dice, lo que importa es la imagen. Según los estudios, en el mensaje a través de la televisión las palabras son apenas entre el 10 y el 12%. El resto se divide más o menos en mitades, en las que lo que cuenta es cómo están los ojos, la cara, la ropa, cómo se manejan las manos, qué hay en el entorno, si hay o no iluminación, compañía o soledad. Eso da cuatro veces más mensaje que todas las palabras dichas en un debate. La gente va a ver sus ojos, y ahí es donde va a creerle o no. ¿Creerle qué? No importa. No importa lo que diga, la cuestión es si es creíble o no. Y entonces, si en la víspera el candidato se ha pasado preparando el debate y estudiando estadísticas para ganarle a su adversario, va a la televisión con ojeras, cansado, y perdió el debate, por inteligentísimo que sea y por más buenas ideas que tenga. Nunca ocultar las manos, nunca mover los ojos para un lado y el rostro para el otro. Y más aún, puede hacer todo correctamente y aún así, el candidato aparece y la gente dice: "El tipo miente". Funcionan otros códigos de mensaje, y sólo testeando muy bien puede uno comprender el porqué de una percepción y, eventualmente, ayudar a cambiarla”.
[37] Entrevista Revista “Debate”. Julio 2011.
[38] “Crítica de la Información”, de Scott Lash.
[39] “La Individualización. El individualismo institucionalizado y sus consecuencias sociales y políticas”. De Ulrich Beck y Elisabeth Beck – Gernsheim.
[40] “La Individualización. El individualismo institucionalizado y sus consecuencias sociales y políticas”. De Ulrich Beck y Elisabeth Beck – Gernsheim.
Cabe indicar aquí que Giddens otorga a los movimientos feministas un rol relevante dentro de los movimientos sociales y políticos de la modernidad radicalizada, pero sin vincularlo con la crisis de la familia.
[41] Entrevista del Diario Perfil. Julio de 2007.
[42] “Crítica de la Información”, de Scott Lash.
[43] Entrevista del Diario Perfil. Julio de 2007.
[44] “Consecuencias de la Modernidad”, de Anthony Giddens.
[45] “La Individualización. El individualismo institucionalizado y sus consecuencias sociales y políticas”. De Ulrich Beck y Elisabeth Beck – Gernsheim.
[46] Entrevista del Diario Perfil. Domingo 01 de Julio, año II Nº 0185.
[47] La idea la extraigo de un texto en inglés. La cita completa de Niklas Luhmann es la siguiente: “The worst imaginable scenario might be that the society of the next century will have to accept the metacode of inclusion/exclusion. And this would mean that some human beings will be persons and others only individuals; that some are included into function systems for (successful or unsuccessful) careers and others are excluded from these systems, remaining bodies that try to survive the next day; that some are emancipated as persons and others are emancipated as bodies; that concern and neglect become differentiated along this boundary; that tight coupling of exclusions and loose couplings of inclusions differentiate fate and fortune: and that two forms of integration will compete: the negative integration of exclusions and the positive integration of inclusions”.