sábado, 28 de agosto de 2021

El otro Alberdi, el feroz crítico del “despotismo turco” de “Mitre, Sarmiento y Cía.”

Juan Bautista Alberdi.

Juan Bautista Alberdi fue uno de los más profundos y brillantes pensadores argentinos del siglo XIX. Pero, al igual que muchas figuras salientes de nuestra historia, su obra y pensamiento ha sido falsificado, reducido a la conveniencia de quienes monopolizaron, luego de las guerras civiles, el aparato cultural del sistema, y lo hicieron durante casi un siglo.


Se difunde la idea de un Alberdi liberal, antirrosista, un apologista de la Constitución, enamorado del modelo norteamericano y promotor de la inmigración europea. Pero esta es una lectura sesgada de Alberdi, una mirada muy ínfima y tendenciosa de su obra. Esta operación reductora fue pergeñada por los herederos de sus principales enemigos, Mitre y Sarmiento, y se limita a reducir a Alberdi a su militancia antirrosista y en su pensamiento jurídico a lo escrito en “Las Bases” y “El Crimen de la Guerra”. Así, se construyó una línea imaginaria de pensamiento donde Alberdi es el precursor o antecedente de Mitre, Sarmiento, Roca y toda la oligarquía argentina que emergió como clase dominante luego de la caída de Rosas y la derrota de Urquiza en Pavón. Pero esto es otra falsedad histórica más.


Alberdi fue el primero que refutó la idea fuerza de los vencedores de las guerras civiles, fue el primer intelectual que desnudó la fragilidad y la falsedad del esquema “civilización o barbarie”, con sus críticas concretas a Sarmiento y Mitre, siendo, además, un gran defensor de los caudillos federales.


El Día de la Abogacía, conmemorado el 29 de agosto con motivo del nacimiento de Alberdi, es de esas celebraciones que contribuyen a confundir más que a aclarar quien fue Alberdi, que dicho sea de paso jamás ejerció la profesión de abogado en Argentina. Se elige este día porque se considera a Alberdi el gran mentor de la Constitución de 1853 (cuestión que no fue así), pero se olvida decir que Urquiza, Mitre y Sarmiento fueron los principales violadores de la misma, al igual que se termina sobre dimensionando la relevancia que el propio Alberdi le otorgaba al proceso constitucional formal.


El maestro Fermín Chávez, en su libro "Civilización y Barbarie en la Historia de la Cultura Argentina" (de lectura ineludible), sostiene que quien se tome la tarea de leer las Obras Completas y los Escritos Póstumos de Alberdi (tarea fundamental leer esto) va tomar nota de que cerca del 80% de sus escritos son decididamente anti sarmientistas y anti mitristas. Alberdi siempre tomó postura desde una mirada más realista del proceso histórico y sociológico que atravesaba nuestro país. Desde un liberalismo real, democrático y modernizante, Alberdi polemizó con Urquiza, Sarmiento, Mitre y Cía, y de sus escritos emergen la lectura más clara del proceso de desenlace de las guerras civiles y la irrupción de la Argentina del Partido Unitario devenido en Liberal.


Su inteligencia sin comparación, al igual que la independencia de criterios con la que siempre se comportó, lo hicieron el mejor observador posible. Fue un doble exiliado. Primero fue un joven que no quiso vivir el derrotero de las guerras civiles en los tiempos de Juan Manuel de Rosas y luego fue un desterrado político de Mitre y Sarmiento, quienes jamás le perdonaron que, como referente intelectual de su generación, denunciara la barbarie de sus políticas.


Este Alberdi, el auténticamente liberal y democrático, enemigo manifiesto de Mitre y Sarmiento, es el que se debe recuperar. Fue el primer revisionista histórico y el más claro interprete de la segunda mitad del siglo XIX.


Luego del exilio al cual lo empujaban los “liberales” argentinos que derrocaron a Rosas, ya cuando Mitre y Sarmiento estaban en decadencia política, Alberdi retorno brevemente al país en 1879 (para luego volver al exilio y morir en París). Cuando vino, en la Facultad de Derecho de Buenos Aires pronunció una conferencia: “La omnipotencia del Estado es la negación de la libertad individual”. Eso era Alberdi, un furioso crítico del autoritarismo y los falsos apóstoles de la libertad en nuestro país.


Pd: Igualmente, ¡feliz día a las abogadas, abogados y toda la abogacía!


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Escribe: Alejandro Gonzalo García Garro.


1. Pero… ¿qué decía Alberdi sobre el liberalismo, Mitre y Sarmiento? (... y ya lo recordó Domingo Rondina: http://www.domingorondina.com.ar/2010/10/alberdi-sobre-el-autentico-liberalismo.html) Esto:

“Los liberales argentinos son amantes platónicos de una deidad que no han visto, ni conocen. Ser libre, para ellos no consiste en gobernarse a sí mismos, sino en gobernar a los otros. La posesión del gobierno: he ahí toda su libertad. El monopolio del gobierno: he ahí todo su liberalismo. A fuerza de tomar y amar el gobierno como libertad, no quieren dividirlo, y en toda la participación de él dada a los otros ven un adulterio”.

“La libertad de los otros, dicen ellos, es el despotismo; el gobierno es nuestro poder, es la verdadera libertad… Así, esos liberales toman con un candor angelical por libertad lo que no es en realidad sino el despotismo: es decir, la libertad del otro sustituida por la nuestra”.

“El liberalismo, como hábito de respetar el disentimiento de los otros ejercido en nuestra contra, es cosa que no cabe en la cabeza de un liberal argentino. El disidente, es enemigo: la disidencia de opinión, es guerra, hostilidad, que autoriza la represión y la muerte”. (Juan Bautista Alberdi, Escritos Póstumos, Tomo X).

 

2. ¿Era Alberdi un fanático de la Constitución? El liberalismo de Mitre y Sarmiento, que no nacía en las fuentes sino en las conclusiones, creció clamando por una Constitución, pero desentendiéndose del contenido de la misma o si esta se cumplía. Era “la manía” de pretender resolver todo mediante constituciones, leyes, decretos... el fetichismo de la Constitución. Contrario sensu -y mal que le pese a los colegas que le gusta recordar a Alberdi cada 29 de agosto-, el padre fundador dudaba del poder civilizatorio de una Constitución por si sola. Así lo dejaba claro:

"La constitución, es decir, la libertad, la autoridad, no se escriben, se hacen; no se decretan, se forman, se hacen por educación. No se hacen en el Congreso; se hacen en la casa, en el hogar. No viven en el papel; viven en el hombre" (Escritos Póstumos, Tomo VII).

"Dar leyes y decretos es manía sudamericana. Y darlos para innovar lo nuevo, más frecuente que para lo viejo. Viene del error de creer que una ley escrita cambia las cosas. Si así fuera, la obra de civilizar una nación se reduciría a darle un código, es decir, a unos pocos meses de trabajo. Pero la civilización no se decreta. Por haber sancionado constituciones republicanas ¿tenéis la verdad de la república? No, ciertamente: tenéis la república escrita, no la república práctica" (Juan Bautista Alberdi, Escritos Póstumos, Tomo IX).

"Promulgad hoy el código más perfecto; mañana veréis siempre en pie el mal que deseáis remediar. Es que el mal no está en lo escrito, está en lo práctico, en lo real, en los hechos, en las cosas y personas, tales como son en nuestra América de hoy (...). Yo ensayaría un programa de gobierno, sin dar una sola ley, un solo decreto nuevo; y nada más que con poner en vigencia lo que existe" (Juan Bautista Alberdi, Escritos Póstumos, Tomo IX).

Hay aquí otro punto para desmitificar. La historiografía oficial argentina, utilizando el prestigio de Alberdi, construyó la leyenda de que por su obra “Las Bases”, era el "padre" de la Constitución Nacional. Pero a fuerza de verdad, casi todo el texto constitucional sancionado en 1853 fue redactado por Benjamín Gorostiaga, siendo inexistente e incomprobable la atribuida autoría intelectual de Alberdi sobre la carta magna.

En defensa del pensamiento de Alberdi, viene al caso recordar que lo que hizo Gorostiaga no fue, ni muy original, y menos aún una labor de producción intelectual “nacional”. La Constitución de 1853 tenía 107 artículos. Según los estudios más puntillosos de la misma, se habrían copiado de la Constitución de los Estados Unidos de América cerca de 60 artículos, los que fueron reproducidos casi literalmente en el texto de 1853. 

Benjamín Gorostiaga fue también presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación y entre sus excentricidades intelectuales extranjerizantes impuso en el superior tribunal nacional el criterio según el cual la jurisprudencia argentina era desplazada por la aplicación de los fallos de la Corte Suprema de los Estados Unidos. Este si era un jurista del liberalismo de Mitre y Sarmiento.

 

3. ¿Y qué decía Alberdi de Sarmiento? Esto... muy, pero muy, claro:

“Detesta la sangre cuando no es él quien la derrama; aborrece los golpes de Estado, cuando no los da él mismo: No se matan las ideas, dice él, cuando son las suyas; pero es un Troppman para las ideas de los otros. La libertad de prensa es su ídolo, a condición de que no se use en criticar sus libros –agrega- porque degenera en crimen de lesa patria”.

“El Papa puede no ser infalible; pero es torpeza negar la infalibilidad de Sarmiento”

“Su liberalismo (el de Sarmiento) habría atado una cadena al pie del que escribe estas líneas, por el crimen de haber criticado sus libros. El quiere la instrucción del pueblo, a condición de que se instruya en sus libros y lo admire; pues si la instrucción ha de servir para encontrarlos defectuosos, vale más la barbarie de los indios, para la civilización de Sarmiento” (Juan Bautista Alberdi, Escritos Póstumos, Tomo XI).

Como dijimos, Alberdi fue el primer refutador de Sarmiento, el primero que desenmascaró la zoncera de Civilización o Barbarie. Para Alberdi, Mitre y Sarmiento interpretaron el “liberalismo” como una forma de eliminar gauchos y enemigos políticos para hacer camino allanado hacia una patria mercantil al servicio del capital británico. Con agudeza e ingenio, luego de vivir nuestra patria los azotes violatorios de los DDHH de la represión del gobierno del maestro sanjuanino, Alberdi le decía a Sarmiento:

“Tenga cuidado el señor Sarmiento, en vista los ejemplos célebres que acaban de probar ante el mundo aterrorizado, que se puede ser bárbaro sin dejar de ser instruido; y que hay una barbarie letrada mil veces más desastrosa para la civilización verdadera, que la de todos los salvajes de América desierta” (Alberdi, Obras Completas, tomo VII, pág. 156).

 


4. Y sobre Mitre, ¿Qué pensaba don Juan Bautista? Lo mismo que de Sarmiento. Vemos:

“El primer inconveniente que hallamos al general Mitre para ser jefe de un partido liberal es que no entiende con precisión lo que es la libertad… La mejor prueba de que el general Mitre ignora la libertad es que la equivoca con el odio, en los que la ejercen contra él. Un hombre de libertad no se pone jamás en posición de razonar de este modo virtualmente favorito del general Mitre: ´¿No es de mi opinión? Luego me odia. ¿Me contradice, me critica? Luego es mi enemigo. ¿Me hace oposición? Luego me hostiliza ¿Me resiste? Luego me provoca, me declara la guerra, me da derecho a exterminarlo”.

“Imposible es que la libertad pueda existir un solo instante, donde sus iniciadores ignoran, en la práctica de su vida pública, que el disentimiento, la crítica, la contradicción, la oposición, el debate, el ataque legitimo, son la libertad misma, traducida a las necesidades de la vida práctica” (Juan Bautista Alberdi, Escritos Póstumos, Tomo XI).

5. Decíamos que Alberdi era el primer historiador revisionista en nuestro país. Muy claro tenía Alberdi que Mitre, como parte de la clase dirigente, estaba construyendo un relato del pasado funcional a su presente, una versión de la historia que licuara sus crímenes aberrantes e hiciera un relato falseado que se ajustase como traje a medida de sus intereses.

Tan claro era Alberdi cuando hablaba de Historia que Don Arturo Jauretche en el primer momento de su célebre “Política Nacional y Revisionismo Histórico” se limitó a citarlo en su prólogo para resumir lo que quería explicarnos. Esto decía Alberdi sobre la Historia, Mitre, Sarmiento y Cía:

“En nombre de la libertad y con pretensiones de servirla, nuestros liberales Mitre, Sarmiento y Cía., han establecido un despotismo turco en la historia, en la política abstracta, en la leyenda, en la biografía de los argentinos. Sobre la Revolución de Mayo, sobre la guerra de la independencia, sobre sus batallas, sobre sus guerras ellos tienen un Alcorán, que es ley aceptar, creer, profesar, so pena de excomunión por el crimen de barbarie o caudillaje. Belgrano no es el Belgrano que Dios hizo; el verdadero y autentico Belgrano es el Belgrano hecho y compuesto por Mitre. El San Martín de Sarmiento es el auténtico, el genuino y verdadero San Martín, no el que resulta de sus propios hechos registrados en la historia. La historia no es un patrimonio común de todo el mundo. No todos tienen el derecho de contarla o escribirla al menos que no sea conforme a los tipos históricos grabados por los liberales oficiales. Sus textos son un código de verdad histórica; refutarlos es violar la ley, invertir el orden público: es un crimen de estado; y el disidente un profano, un criminal”.

“De la historia, de su lectura, han deducido una política que es su fabricación. Según ella, la majestad del pueblo no reside en la mayoría nacional, sino en el pueblo de la ciudad en que les conviene residir, como la más rica y confortable” (Juan Bautista Alberdi, Escritos Póstumos, Tomo X).

6. La Guerra del Paraguay fue, tal vez, la más estruendosa y pública de las disidencias de Alberdi con el Mitrismo. Fue también la que mas irritó a la oligarquía dominante y gobernante también. En 1865 acontece en el Río de la Plata lo que sin duda fue una tragedia latinoamericana. La guerra del Paraguay significó la gran bisagra de la segunda parte del siglo XIX y consumó la victoria definitiva del liberalismo autoritario en todo el continente.

Para Alberdi, la Guerra del Paraguay se comprendía en el plano político argentino de la siguiente forma: “La cuestión del Paraguay, no es más que una faz de la cuestión interior argentina… que jamás hubiese llegado a existir si Mitre hubiese estado por la unión argentina con verdad con que la quiere Alberdi... (Alberdi, Escritos Póstumos, Tomo XI, pág. 395).

Alberdi describe que la gran cuestión interna de la argentina es la relación política entre la oligarquía porteña y el interior federal y se remonta a 1810/1816 y la independencia y así explica la situación del interior federal: “…La independencia, ha consistido para ellos en dejar de ser colonos de España para serlo de Buenos Aires. La libertad ha sido, para ellos, un cambio de esclavitud y de amo: han sido libres dentro de la cárcel. Sólo Francia y Artigas (¡quien lo dijera!) han sido la excepción a esta regla, y ahí el odio implacable que Buenos Aires les profesa… El partido nacional o unitario de Buenos Aires es el que ha arruinado la unidad nacional, para crear el localismo de Buenos Aires. Es siempre uno de los partidos locales de Buenos Aires que, viéndose excluido del gobierno de esa provincia, por la ley o por la fuerza, busca el poder que no tiene en la provincia, fuera de la provincia, es decir, en la nación, y como a título de nacional es supremo y superior al de la provincia, en él encuentra el partido local que le consigue un medio legal para colocarse en lo mas alto del partido rival, poseedor a la sazón del gobierno provincial…” (Alberdi, Escritos Póstumos, Tomo IX, págs. 332 y 298).

Alberdi narra con crudeza que la finalidad de la Guerra del Paraguay era, entre otros, solucionar las internas y los conflictos políticos del puerto de Bs. As, tanto para imponerse a las últimas resistencias del interior federal como para primar por sobre los intereses de clase subalterna que hostigaban su liderazgo desde el territorio bonaerense. En esta lógica se lee el diseño federal de la Constitución Nacional y la capitalización de Buenos Aires posterior.

La guerra infame y fratricida era en parte una estrategia para lograr la consolidación del partido liberal en el país con la continuidad de Mitre-Sarmiento-Avellaneda. Y lo explicita: “…Para gobernar a la República Argentina vencida, sometida, enemiga, la alianza del Brasil era una parte esencial de la organización Mitre-Sarmiento, para dar a esa alianza de gobierno interior un pretexto internacional, la guerra al Estado Oriental y al Paraguay vienen a ser una necesidad de política interior, para justificar una guerra contra el mejor gobierno que haya tenido la República Oriental y el más ilustrado que haya tenido el Paraguay, era necesario encontrar abominables y monstruosos esos dos gobiernos, y López y Berro han sido víctimas de la lógica del crimen de sus adversarios…” (Alberdi, E. P., Tomo IX; pág. 456)

Rodolfo Ortega Peña y Eduardo Luis Duhalde, en el estudio preliminar de una reedición del libro de David Peña, “Alberdi, los Mitristas y la Guerra de la Triple Alianza”, recuerdan que el odio de Sarmiento contra Alberdi por sus catilinarias contra la Guerra del Paraguay lo llevó a denunciarlo públicamente por “traición a la patria” después de muerto Alberdi, negando deliberadamente el derecho a defensa ante su injuriosa y falsa acusación. Allí concluyen Ortega Peña y Duhalde, “…Pero, ¿por qué tanta bajeza? Es que la traición sarmientina, no sólo fue vil a titulo personal. Su traición lo fue para nuestra nacionalidad, a la unidad americana, por la que luchaban el Paraguay y las montoneras argentinas. Esta fue la verdadera traición condenada por los pueblos de América… Y en tanto Alberdi se levantara para condenar la agresión imperialista contra el Paraguay y la Argentina misma, la oligarquía no podría perdonárselo jamás. Era uno de los suyos, que denunciaba la infamia… Sobre él debía caer la lápida de “La Nación”, el pétreo silencia mitrista…”. Cualquier parecido con el presente, no es pura coincidencia.

7. Conclusiones: Ese mismo despotismo turco que presagiaba Alberdi fue el que lo confinó al lugar de liberal fanático, antirrosista y abogado defensor de la Constitución y el orden capitalista. Pero ese es un falso Alberdi, un invento del aparato cultural del liberalismo argentino.

Este Alberdi, el otro, del que sólo vimos un somero pantallazo aquí nos revela su pensamiento político real. Conocer este Alberdi hace que sólo por verdadera ignorancia o decidida mala fe se pueda seguir asociando a Alberdi con el liberalismo de Mitre y Sarmiento y el orden jurídico y político que ellos construyeron luego de Caseros y Pavón. Alberdi no era el intelectual liberal triunfante de las guerras civiles que emergió como clase dominante en la Argentina durante la segunda mitad del siglo XIX. Nunca fue eso.

Hay otro Alberdi, el real, el feroz crítico del Despotismo Turco” de “Mitre, Sarmiento y Cía. A ese reivindicamos hoy.

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