jueves, 23 de febrero de 2017

Breves apuntes para una historia del Peronismo. Capítulo I: "El 17 de Octubre"

El 17 de Octubre




“Presentía que la historia estaba pasando junto a nosotros y nos acariciaba suavemente como la brisa fresca del río. Lo que yo había soñado e intuido durante muchos años estaba allí presente, corpóreo, tenso, multifacetado, pero único en el espíritu conjunto... El espíritu de la tierra estaba presente como nunca creí verlo”.

Raúl Scalabrini Ortiz.


Escribe: Alejandro Gonzalo García Garro. 


Significado de la gesta

Hemos elegido la gesta popular del 17 de octubre como el hecho histórico más relevante y significativo del periodo fundacional o pre-peronista.

Juan Perón y el peronismo, fueron producto de un momento histórico. Las consecuencias económicas y políticas de la segunda guerra mundial, la lucha por su independencia de los pueblos dependientes, colonizados y sometidos, al igual que las fuerzas sociales que despertaban en la Argentina, se combinaron con la crisis del modelo económico liberal agro-exportador oligárquico, para crear una encrucijada en la cual el Movimiento Nacional tomará forma bajo la dirección de un Líder, cuyo genio consistía en interpretar, comprender y encarnar lo que el pueblo necesitaba y quería.

Toda esta historia nace aquel 17 de Octubre de 1945.

La Argentina previa al peronismo

A mediados de la década del 40, llegaba a su fin la llamada "década infame", signada por el fraude, los negociados y el descrédito de los partidos políticos.

En esta época, a pesar del aislamiento producido por la Segunda Guerra Mundial, se había alentado el crecimiento industrial basado en la sustitución de importaciones. En el seno de la sociedad, surgió una poderosa clase trabajadora, como resultado del desarrollo económico y de las migraciones internas del campo a las grandes ciudades.

En 1943 el Grupo de Oficiales Unidos (GOU) deponen al gobierno civil y, un tiempo después, asume, el entonces Coronel Perón, como Secretario de Trabajo y Previsión Social.

Perón generó, desde allí, las condiciones para expresar los anhelos del pueblo y darle cohesión y contenido diferenciado a un movimiento de trabajadores. Para ello, impulsó el movimiento sindical, promulgó nuevas leyes sociales, reformó las existentes y creó nuevos sindicatos. Alcanzó prestigio y apoyo entre los sectores obreros.

Pero los cambios sociales inaugurados no eran suficientes. Hacía falta conquistar el poder, asumir el gobierno y controlar los resortes del Estado; y lograrlo por medios democráticos, para consolidar la revolución y legitimarla. Y por sobre todo se debía derrotar a los intereses de la oligarquía, el imperialismo y toda la vieja política de entonces que se oponía abiertamente a esa nueva argentina que estaba naciendo.

El hecho maldito del país burgués

Según crecía el poder de Perón, aumentaban sus enemigos entre las Fuerzas Armadas. El equilibrio de fuerzas dentro del Ejército se quebró desfavorablemente al entonces Coronel Perón, éste renunció, fue detenido y la oligarquía se disponía a retomar el control del poder. Los enemigos de Perón no pensaban rendirse ni entregarle el poder al pueblo. Fue entonces cuando la historia de nuestra patria encontró su bisagra.

El 17 de octubre se produjo un movimiento absolutamente espontáneo que desbordó a los dirigentes y que le dio al peronismo un sentido místico que perdura hasta hoy, más de siete décadas después. El dirigente político, peronista o no peronista, que no tenga en cuenta éste factor no entenderá nunca lo que es el peronismo, ni entenderá nunca lo que es la historia política y el futuro político de los argentinos.

Los dirigentes que gestaron el 17 de octubre eran laboristas, radicales, nacionalistas, forjistas, socialistas, católicos militantes e incluso comunistas y anarquistas. Era un movimiento emergente sin cuadros políticos propios ni militantes, sin estructura partidaria, sin la disciplina ni el oficio propio de los políticos experimentados. Era solamente el carisma, la conexión mágica, inexplicable para los hombres cultos de la oligarquía, que unía, al entonces Coronel Perón con el Pueblo, lo que hizo que se pudiera, de la nada, constituir en un partido político electoral que triunfara en las elecciones.

Y, frente a la figura de Perón, contra lo que su figura expresaba, se alinearon todas las fuerzas tradicionales y convencionales de la República de entonces. Todos los partidos políticos tradicionales, todas las organizaciones empresariales, todas las universidades, toda la prensa; todos bajo la dirección de la embajada norteamericana.

No había dudas: el poder “real” no estaba con Perón… he ahí el significado político del 17 de Octubre, en este punto radica su identidad y su trascendencia histórica.

Y en esta génesis, en esta característica fundacional de nuestro movimiento, como fenómeno antagónico al poder oligárquico, al “establishment” de aquel momento, encontramos también el significado real de la definición del peronismo como “el hecho maldito del país burgués” que tan brillantemente esbozara John Wlliam Cooke en uno de sus escritos.

Lealtad de los humildes

Todos los años, el 17 de octubre, el Justicialismo festeja no sólo el Día de la Lealtad Peronista, (reencuentro del Líder con su pueblo), sino, además, el momento histórico que marcó un punto de inflexión en la historia política, social y cultural de toda una Nación.

Aquella recordada fecha de 1945 nos traslada a los momentos en que la gente común, el "populacho", los "cabecitas negras",” los descamisados”, se hicieron oír por primera vez en la historia argentina. Marca, por primera vez la presencia del Pueblo de la Nación la historia argentina del Siglo XX.

El 17 de octubre no es una fecha cualquiera. Significa el hecho más importante de nuestra Argentina democrática contemporánea. A partir del 17, se inicia una historia distinta en Argentina, una historia que ya no podrá nunca más evitar la participación del Pueblo en la construcción política de la Nación. 

No sólo se festeja el nacimiento de un movimiento, inclusivo, abarcativo, universal, no dogmático, ni sectario ni excluyente; se festeja también el arribo del Pueblo a la Plaza de Mayo, para hacerse escuchar, clamar por su líder y expresar su repudio a un sistema político-económico-social.

Es el día donde se construye un lazo político y emocional inquebrantable entre el peronismo y los más humildes, una lealtad que ha soportado más de 70 años y que hoy lo sigue convirtiendo en la única fuerza política y social con potencial revolucionario en nuestra patria.

Relatos de aquel día: La Patria sublevada

Se han escrito miles y miles de páginas sobre esta gesta del Pueblo, hemos elegido dos textos para este cuaderno. El primero de ellos es un escrito de Raúl Scalabrini Ortiz, que considero como el más representativo de los testimonios históricos escritos al respecto.

Este documento que presentamos aquí al lector, además de tener un intrínseco valor histórico posee además un alto valor literario e incluso poético y consideramos que, su lectura reflexiva es realmente ineludible:

“Es increíble y hasta admirable el poder de persuasión y de ejecución de nuestra oligarquía. En el mes de octubre de 1945, el coronel Perón fue destituido y encarcelado.  El país azorado se enteraba de que el asesor de la formación del nuevo gabinete era el doctor Federico Pinedo, personaje a quien no puede calificarse sino con la ignominia de su propio nombre. El Ministerio de Obras Públicas había sido ofrecido al ingeniero Atanasio Iturbe, director de los Ferrocarriles británicos, que optó por esconderse detrás de un personero. El Ministerio de Hacienda sería ocupado por el doctor Alberto Hueyo, gestor del Banco Central y presidente de  la  Cade,  entidad financiera que tiene una capacidad de corrupción de muchos kilovatios.

"La oligarquía vitalizada reflorecía en todos los resquicios de la vida argentina. Los judas disfrazados de caballeros asomaban sus fisonomías blanduzcas de hongos de antesala y extendían sus manos pringadas de avaricia y de falsía. Todo parecía perdido y terminado. Los hombres adictos al coronel Perón estaban presos o fugitivos. El pueblo permanecía quieto en una resignación sin brío, muy semejante a una agonía.

"Con la resonancia de un anatema sacudía mi memoria el recurso de las frases con que hace muchos años nos estigmatizó al escritor Kasimir Edschmidt. "Nada es durable en este continente, había escrito. Cuando tienen dictaduras, quieren democracias. Cuando tienen democracia, buscan dictaduras. Los pueblos trabajan para imponerse un orden, articularse, organizarse y configurarse, pero, en definitiva, vuelven a combatir. No pueden soportar a nadie sobre ellos. Si hubieran tenido un Cristo o un Napoleón, lo hubieran aniquilado".

"Pasaban los días y la inacción aletargada y sin sobresaltos parecía justificar a los escépticos de siempre. El desaliento húmedo y rastrero caía sobre nosotros como un ahogo de pesadilla. Los incrédulos se jactaban de su acierto. Ellos habían dicho que la política de apoyo al humilde estaba destinada al fracaso, porque nuestro pueblo era de suyo cicatero, desagradecido y rutinario. La inconmovible confianza en las fuerzas espirituales del pueblo de mi tierra que me había sostenido en todo el transcurso de mi vida, se disgregaba ante el rudo empellón de la realidad.

"Pensaba con honda tristeza en esas cosas en esa tarde del 17 de octubre de 1945. El sol caía a plomo cuando las primeras columnas de obreros comenzaron a llegar. Venían con su traje de fajina, porque acudían directamente de sus fábricas y talleres. No era esa muchedumbre un poco envarada que los domingos invade los parques de diversiones con hábito de burgués barato. Frente a mis ojos desfilaban rostros atezados, brazos membrudos, torsos fornidos, con las greñas al aire y las vestiduras escasas cubiertas de pingües, de restos de breas, grasas y aceites. Llegaban cantando y vociferando, unidos en la impetración de un solo nombre: Perón. Era la muchedumbre más heteróclita que la imaginación puede concebir.

"Los rastros de sus orígenes se traslucían en sus fisonomías. El descendiente de meridionales europeos, iba junto al rubio de trazos nórdicos y el trigueño de pelo duro en que la sangre de un indio lejano sobrevivía aún. El río cuando crece bajo el empuje del sudeste disgrega su enorme masa de agua en finos hilos fluidos que van cubriendo los bajios y cilancos con meandros improvisados sobre la arena en una acción tan minúscula que es ridícula y desdeñable para el no avezado que ignora que es el anticipo de la inundación. Así avanzaba aquella muchedumbre en hilos de entusiasmos que arribaban por la Avenida de Mayo, por Balcarce, por la Diagonal.

"Un pujante palpitar sacudía la entraña de la ciudad. Un hálito áspero crecía en densas vaharadas, mientras las multitudes continuaban llegando. Venían de las usinas de Puerto Nuevo, de los talleres de la Chacarita y Villa Crespo, de las manufacturas de San Martín y Vicente López, de las fundiciones y acerías del Riachuelo, de las hilanderías de Barracas. Brotaban de los pantanos de Gerli y Avellaneda o descendían de las Lomas de Zamora. Hermanados en el mismo grito y en la misma fe iban el peón de campo de Cañuelas y el tornero de precisión, el fundidor mecánico de automóviles, la hilandera y el peón. Era el subsuelo de la patria sublevado. Era el cimiento básico de  la Nación que asomaba, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del terremoto. Era el substrato de nueva idiosincrasia y de nuestras posibilidades colectivas allí presente en su primordialidad sin reatos y sin disimulos. Era el de nadie y el sin nada en una multiplicidad casi infinita de gamas y matices humanos, aglutinados por el mismo estremecimiento y el mismo impulso, sostenidos por una misma verdad que una sola palabra traducía: Perón."
  
Igualmente, destaco un texto Leopoldo Marechal (extraído del libro: “La Jornada del 17 de octubre”, compilado por Fermín Chávez). Lo hago también  por su poesía, su profundidad política y su enorme comprensión del proceso social entonces en marcha. Lo comparto a continuación:

“Era muy de mañana, y yo acababa de ponerle a mi mujer una inyección de morfina (sus dolores lo hacían necesario cada tres horas). El coronel Perón había sido traído ya desde Martín García. Mi domicilio era este mismo departamento de calle Rivadavia. De pronto me llegó desde el Oeste un rumor como de multitudes que avanzaban gritando y cantando por la calle Rivadavia: el rumor fue creciendo y agigantándose, hasta que reconocí primero la música de una canción popular y, enseguida, su letra”:

"Yo te daré/
te daré, Patria hermosa,/
te daré una cosa,/
una cosa que empieza con P/
Perooón".
Y aquel "Perón" resonaba periódicamente como un cañonazo.

Me vestí apresuradamente, bajé a la calle y me uní a la multitud que avanzaba rumbo a la Plaza de Mayo. Vi, reconocí, y amé los miles de rostros que la integraban no había rencor en ellos, sino la alegría de salir a la visibilidad en reclamo de su líder. Era la Argentina "invisible" que algunos habían anunciado literariamente, sin conocer ni amar sus millones de caras concretas, y que no bien las conocieron les dieron la espalda. Desde aquellas horas me hice peronista”.

Breves apuntes para una historia del Peronismo. Introducción e índice



Introducción

 “Muchacho, el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria”.
 Leopoldo Marechal.


Escribe: Alejandro Gonzalo García Garro


Es imposible intentar resumir la riquísima historia del peronismo en tan breve espacio. Desde 1945, hasta hoy, en estos últimos 71 años, el peronismo de un modo u otro, ha modelado la vida de los argentinos. Escribir la crónica del peronismo es escribir en buena medida, al fin y al cabo, la historia de los argentinos, la historia de la Argentina moderna.

Para cualquier argentino ya entrado en años, peronista o no, el movimiento justicialista no se le presenta como algo extraño, al contrario, cualquier ciudadano conoce a grandes rasgos la vida y obra de Perón y Evita, el significado de los 18 años de exilio del Líder, la profanación del cadáver de Eva Perón, los retornos de Perón a la Patria, las elecciones del 73 con el FREJULI, el gobierno de Cámpora, la muerte de Perón en 1974, el golpe militar del 76, los desaparecidos y el terror. Puede ser que los más jóvenes no lo sientan tan cercano ni conocido, pero en términos generales podríamos afirmar que el pueblo conoce empíricamente lo que fue el peronismo, y quienes no lo experimentaron lo saben por el constante ejercicio de memoria política que hace el PJ y los sucesivos y recientes gobiernos peronistas.

En fin, toda la historia argentina de los últimos 70 años está teñida de peronismo. El pueblo argentino en su totalidad ha sido protagonista y testigo de las luchas y los anhelos de nuestro movimiento. Por esta razón, porque entendemos que es conocida por todos, especialmente por los militantes, es que no escribiremos una crónica histórica del peronismo cargada de datos y fechas. Sólo trataremos algunos hechos y procesos históricos, aquellos que consideramos más relevantes y significativos en la crónica histórica del peronismo. Aquellos hechos que, por su trascendencia indiscutible conformaron y conforman la identidad política de nuestro movimiento. Los hechos que constituyeron al peronismo como el movimiento político transformador de la Argentina contemporánea. La fuerza política del trabajo, la producción y la Justicia social, la que expresó la contención y representación social de los humildes, de los que más sufren, de los desamparados.



El peronismo atravesó las vicisitudes más variadas que puede sufrir un movimiento político. Fue una fuerza política que nació de una manera revolucionaria, espontánea y casi inesperada y que después de gobernar 10 años cae abrupta y violentamente ….Y así transitó más de 70 años la vida política argentina, con vaivenes notorios, derrotado y victorioso, unido y quebrado, en la vida pública y en la clandestinidad, con Perón vivo y con el Jefe muerto, con sus mártires y con sus traiciones, con sus muertos y con sus “vivos” … hasta llegar a nuestro presente, en la segunda década del Siglo XXI, gobernando la provincia, afuera del poder en la Nación y nuestra ciudad, pero con la certeza que sus verdades que le dieron vida son acompañadas por la mayoría del pueblo argentino.

Queremos en estos apuntes entonces recordar y reflexionar sobre algunos hechos relevantes en la historia del peronismo y homenajear en este trabajo también a toda la militancia peronista que dejó su vida en la lucha por la construcción de una Patria más justa, libre y soberana, una Patria verdadera para todos.

Esta es la intro del apunte y acá les dejo el índice por capítulo del resto del apunte, con los correspondientes links. 

Capítulo I: "El 17 de Octubre" 
http://diariocontralegem.blogspot.com.ar/2017/02/breves-apuntes-para-una-historia-del_23.html 

Capítulo II: La obra del gobierno peronista (1945-1955) 
http://diariocontralegem.blogspot.com.ar/2017/03/breves-apuntes-para-una-historia-del.html

Capítulo III: Golpe gorila del 55: Oligarquía y Resistencia Peronista
http://diariocontralegem.blogspot.com.ar/2017/03/breves-apuntes-para-una-historia-del_25.html

Capítulo IV: “El Luche y Vuelve”
http://diariocontralegem.blogspot.com.ar/2017/03/breves-apuntes-para-una-historia-del_37.html

Capítulo V: De Cámpora al Golpe del 76
http://diariocontralegem.blogspot.com.ar/2017/03/breves-apuntes-para-una-historia-del_24.html

Capítulo VI: El golpe del 76. Genocidio y Neoliberalismo
http://diariocontralegem.blogspot.com.ar/2017/03/breves-apuntes-para-una-historia-del_78.html

Capítulo VII: La Renovación: La mayoría perdida y la recuperada. (1983-1987)
http://diariocontralegem.blogspot.com.ar/2017/03/breves-apuntes-para-una-historia-del_68.html

Conclusiones y Reflexiones finales
http://diariocontralegem.blogspot.com.ar/2017/03/breves-apuntes-para-una-historia-del_34.html

lunes, 23 de enero de 2017

La leyenda negra de la “historia oficial” sobre Rosas: Prensa, propaganda y terror político


La unidad del país estaba en peligro. Ahora bien, como lo dice Hegel en su folleto sobre la Constitución alemana de 1802, los hechos necesarios para procurar una unificación no son jamás hijos de la reflexión, sino de la violencia. Los alemanes de principios de siglo, como los argentinos de la época de Rosas, sólo conocían el aislamiento...”.
Julio Irazusta. “Ensayo sobre Rosas y la suma del poder”.


La “campaña” contra Rosas
Casi nada quedó por decir en contra de Rosas. Ni siquiera se libró de los tendenciosos análisis cuasi científicos del médico Ramos Mejía que en su alucinación positivista llegó a escribir “Hasta en la forma de su cabeza había condiciones orgánicas que favorecían la producción de su imbecilidad moral” (“Rosas y su tiempo”, 1907). 

Nuestra historia oficial hizo de Rosas y su tiempo una leyenda negra. El partido unitario se encargó, durante los 25 años del régimen rosista, de inundar la prensa internacional con historias sobre la tiranía sangrienta, el déspota y sus bufones, la crueldad de su mujer doña Encarnación Ezcurra, las supuestas perversidades de Rosas, los sangrientos degüellos de la Mazorca, el caso de Camila O´Gorman y otras “atrocidades varias” cometidas por el Restaurador. Los unitarios, desde el exilio, en su mayoría gente “ilustrada”, utilizaron ésta arma con tesón e inteligencia. Luego de Caseros, cuando los emigrados retornaron al país, lo hicieron con sus espíritus cargados de odios y resentimientos contra el gobierno de Rosas y, continuaron explotando la leyenda de la tiranía para ejercer una verdadera tiranía, infinitamente peor. 

Dueños del gobierno y de los medios de prensa repitieron sistemáticamente la leyenda de los horrores del tirano hasta convertirla casi en una historia, haciendo que las nuevas generaciones se educaran en los colegios aprendiendo en libros que repetían como cosa cierta lo que la prensa partidaria de la época publicaba.

Sobre la violencia en la época de Rosas
No cabe duda que Rosas procedió con violencia contra sus enemigos políticos. Una violencia que mirada desde nuestro presente no se podría justificar. Pero es imperativo evaluar y calificar la violencia del régimen rosista en su momento histórico concreto, comprenderla en el marco de la cultura y las costumbres de la sociedad en esa época; en fin, advertir que las circunstancias en que Rosas inició su gobierno no eran excepcionales en nuestro país, sino en todo el mundo occidental.

Veamos... ¿Cómo se encontraba la civilizada Europa a principios de 1830? ¿En que consistía la acción y los métodos políticos en el mundo occidental? ¿Cómo resolvían los conflictos sociales y económicos los actores en pugna? ¿Funcionaban las instituciones? ¿Cómo?:

“En casi toda la extensión de Europa la regla era un orden policial, bajo el cual se perseguía como criminales a quienes más tarde se aclamaría como libertadores. Las ejecuciones sangrientas eran la respuesta de cada conato de insurrección y las mazmorras estaban llenas de prisioneros. En ese panorama general de revolución y guerra civil no había quedado incólume ni la insular Inglaterra, cuna de libertades, que había debido aplastar pocos años antes a sangre y fuego la agitación provocada por la reforma electoral”.
“Por lo que hace a España, la guerra entre liberales y tradicionalistas había recrudecido a raíz de la segunda intentona del infante don Carlos, iniciada a mediados de 1834, con igual ferocidad por ambos bandos, matanzas de frailes y ejecución sistemática de los prisioneros, como si cada partido buscase la garantía de su triunfo en el exterminio del contrario. Estas noticias llenaban las gacetas de Buenos Aires durante los meses en que se preparó el advenimiento de Rosas al poder”.

De esta manera revela Ernesto Palacio que, la agitación existente en el Río de la Plata era, en alguna medida, un reflejo de la situación contemporánea de Europa. Es necesario entonces concluir que no era Argentina en ese tiempo un país especialmente violento o “bárbaro” o al menos lo era en la misma medida de los países europeos.

En lo que se refiere a los orígenes de la violencia desatada en nuestro país durante el periodo de Rosas, encuentro que, nada puede ser más esclarecedor que la mirada que Ernesto Quesada tiene sobre la cuestión:

El tremendo error político del atentatorio derrocamiento del gobierno del virtuoso Las Heras, para lanzarnos en la aventura presidencial de Rivadavia, la cruel falta del motín contra el gobierno de Dorrego y el fusilamiento de éste: tal ha sido el punto de partida de todos nuestros males.
“La tiranía de Rosas con todos sus excesos vino de ahí: las luchas que siguieron fueron sin cuartel; las pasiones no conocían frenos. No puede condenarse a Rosas como si fuese un aborto del infierno, o un aerolito caído sin precedentes en este país: la época que gobernó tuvo su culpa completa en todo ello, y la oposición unitaria, tan culpable ante la historia por su ineptitud y sus crímenes anteriores, no puede pretender patente limpia. Aparte de su alianza inmoral con los enemigos extranjeros, no puede quejarse de haber sido perseguida “igni et ferro”; no sólo ella llevaba la lucha de la misma manera, sino que la primera había proclamado ese horrendo sistema.”

¿Quiénes inventaron la historia y porqué?
Volvamos ahora a la construcción de la leyenda sobre la sangrienta tiranía de Rosas. ¿Quiénes inventaron la historia y porqué? ¿A quién iba dirigida la historia? ¿Qué público leía esta farsa y que magnitud internacional tuvo?

En cuanto a las dimensiones internacionales de la leyenda y la popularidad lograda por Don Juan Manuel leemos:

“Simón Bolívar no ocupó tanto el mundo con su nombre como el actual gobernador de Buenos Aires. El nombre de Washington es adorado en el mundo, pero no más conocido que el de Rosas. Los Estados Unidos a pesar de su celebridad, no tiene un hombre público más conocido que Rosas. Se habla de él popularmente, de un cabo al otro en América sin haber hecho tanto como Cristóbal Colón. Se lo conoce en el interior de Europa... no hay lugar en el mundo donde o sea conocido su nombre porque no hay uno donde no llegue la prensa que hace diez años repite su nombre. ¿Qué orador ¿ qué escritor célebre del siglo XIX no lo ha nombrado, no ha hablado de él muchas veces?...Dentro de poco será un héroe de romance... La República Argentina ha avanzado en celebridad  y nombradía... El “Times” de Londres, primer papel en el mundo, se ha ocupado quinientas veces de Rosas no importa en qué sentido. “La Revista de los dos Mundos”, “El constitucional”, “La Prensa”, “El diario de los Debates”, y todos los periódicos de París se ocupan del Plata desde hace ocho años con tanta frecuencia como de un estado europeo... El oro argentino es el primero que se haya empleado para comprar escritores extranjeros, en Europa y este continente, con el fin de que se ocupen de Rosas. No hay prensa mas conocida en toda América del Sud que la de Buenos Aires. Rosas ha dado tanta atención a su prensa como a sus ejércitos”.

Estas asombrosas cavilaciones pertenecen nada menos que a Juan Bautista Alberdi, que desde su exilio chileno en 1847 las exponía en una de sus correspondencias. En esta carta hasta parecería que envidiara la popularidad que el Restaurador tenía en el mundo lograda a través de la prensa.

Rosas y la prensa
Analizando el texto de Alberdi advertimos que contiene tres afirmaciones muy importantes para comprender este proceso: a) Rosas tiene una inmensa popularidad en el mundo; b) los escritores y periodistas extranjeros eran comprados con oro argentino; y c) a Rosas “la guerra de medios” no le resultaba indiferente, por el contrario: le otorgaba tanta “atención como a sus ejércitos”.

Una edición de las "Tablas de Sangre" de mi biblioteca.
La inmensa popularidad a la que Alberdi se refiere Rosas la logró no solamente a través de diarios o periódicos sino también por medio de innumerables pasquines, folletos, libelos y panfletos que se escribían en el mundo tanto en su contra como a su favor: Con la firma de “A British Resident of Montevideo” (Residentes Británicos de Montevideo) se publicó un folleto con el nombre de “Rosas y algunas de las atrocidades de su dictadura” que halló una gran difusión en los ambientes piadosos del Londres victoriano. El libelo presentaba a Don Juan Manuel como un heresiarca sacrílego que colocaba en los altares de las iglesias sus propios retratos para ser adorado por sus fieles, perseguía a la religión, asesinaba a los curas, violaba a las monjas, había hecho exterminar a su esposa y vivía amancebado con su propia hija. También se publicaron innumerables panfletos firmados por un tal Andrés Pfeil inspirados en las tristemente célebres “Tablas de Sangre” ([1]). Incluso una novela, “La nueva Troya” ([2]),escrita por el afamadísimo Alejandro Dumas, se ocupaba de narrar la sangrienta tiranía de Don Juan Manuel.


La Nueva Troya, del gran Alejandro Dumas, otro libro de mi biblioteca. La primera edición fue publicada en 1850, simultáneamente en francés, italiano y castellano. Es un panfleto de la causa unitaria y de la independencia oriental, maniqueo a rabiar pero sumamente entretenido. La genialidad literaria de Dumas está intacta. Entre otras cosas, la fantasía de Dumas, alimentada por el dinero cobrado, narraba las “extravagancias” de Rosas acrecentando la leyenda negra del Restaurador. Debo reconocer que leer este libro fue una decepción personal, ya que de pequeño era fanático de la obra de Dumas. Cosas de la conciencia histórica, vieron...
Pero Rosas, que según Alberdi atendía a la prensa “como a sus ejércitos”, consciente de la importancia de la misma, la convirtió en un arma, en uno de sus instrumentos preferidos en la guerra de propaganda política en la que estaba empeñado. Arma su propio esquema de prensa que tiene como eje una publicación oficial: “Archivo americano y espíritu de la prensa en el mundo”.

El “Archivo” funcionaba como una agencia estatal de noticias, publicado en inglés, francés y castellano, reproducía los artículos favorables de la prensa argentina y extranjera hacia Rosas y publicaba los principales decretos, leyes y debates parlamentarios. El editor responsable era Pedro de Angelis que escribía, con su incisiva prosa, artículos y editoriales que el Restaurador supervisaba meticulosamente. Se distribuían 2000 ejemplares en forma gratuita. Eran enviados a los principales periódicos americanos y europeos, gobiernos, personalidades destacadas, escritores, intelectuales y formadores de opinión de los países hispanoamericanos, Brasil, Estados Unidos, Francia, España e Inglaterra. De esta manera, un segmento importante de la opinión pública mundial, especialmente la prensa socializante, republicana, liberal y con cierta simpatía por los movimientos independentistas de las ex colonias españolas obtenía noticias y material para comentar y publicar sobre lo que ocurría en el Río de la Plata.

Asimismo, encontró Rosas en el escritor francés Emilio Giradin ([3]) un ferviente defensor de la confederación. El escritor y publicista hacia “rosismo” porque entendía que, las simpatías del gran público estaban con Rosas al cual lo representaba como un gaucho envuelto en su poncho punzó que osaba desafiar a las potencias más grandes del mundo. “Un héroe de romance” como apunta la carta de Alberdi. Una figura pasional, casi bárbara que era la preferida en esos tiempos en que el romanticismo se mostraba como un significativo movimiento literario y cultural. Por supuesto que Giradin, periodista de gran talento pero definitivamente comercial, aceptaba subvenciones de la delegación argentina y el asesoramiento de Manuel de Sarratea, a cargo de la embajada, ex dictatorial, sumado entonces incondicionalmente a la causa de Don Juan Manuel.

El caso de Camila O’ Gorman
Pero, más allá de la popularidad de Rosas y la guerra de medios en que estaba empeñado, hubo dos muertes trágicas, donde Don Juan Manuel no sólo se adjudicó la autoría, sino que se jactaba de su responsabilidad, de haberlas ordenado cumpliendo estrictamente con los mandatos de la ley. Es el caso de Camila O’ Gorman y su amante, el sacerdote tucumano, padre Udalisdao Gutiérrez. Rosas estrictamente aplicó la normativa vigente. En ese tiempo, la ley eclesiástica, que dominaba prácticamente a la ley civil, condenaba con pena de muerte la unión sacrílega entre un sacerdote y una mujer.

Camila O´ Gorman.
Y este caso, previsto por la norma penal, encuadró en los hechos, por cuanto Camila y el sacerdote se convirtieron en amantes confesos cuando se dan a la fuga. Más aún, Miguel O’ Gorman, padre de Camila, suplicó a Rosas que hiciera fusilar a su hija, como única manera de redimir lo que él consideraba una conducta vergonzosa.

Ahora bien, la historia dejó una duda. Durante su cautiverio, Camila aducía estar embarazada. De haber sido cierto esto, el fusilamiento debió postergarse hasta que tuviera la criatura, lo contrario implicaría matar a un inocente que se hallaba en el vientre materno. Pero ese embarazo nunca fue probado. Pudo haber sido una actitud desesperada de quien estaba a punto de morir o un invento posterior de la literatura que es lo más probable, buscando darle más colorido dramático a esta honda tragedia. En fin... otro hecho histórico cuya verdad nunca se sabrá.

No obstante, se puede afirmar que el tratamiento del caso, la impronta dramática del mismo y su politización debilitó la popularidad de Rosas ya que la ejecución de Camila provocó una gran movida de pasquines, novelones tendenciosos que especulaban con la tragedia para hacer aparecer como un monstruo al jefe de la Confederación.

Terror político y violencia en su contexto

Pero aquí deseo ser claro para evitar confusiones. Sin duda desde nuestro presente el caso de Camila O’ Gorman, por ejemplo, colisiona con cualquier idea mínima de Justicia propia del sentido común, resulta indefendible o imposible de justificar. Muchas de las acciones que ejecutó Rosas, analizadas puntualmente, lo convertirían en un gobernante autoritario, y sus actos mirados desde el presente serían delitos y violaciones de derechos. Pero, igualmente, las acciones emprendidas por los unitarios hoy serían crímenes de Lesa Humanidad. Pero, aquí, otra vez, lo que debemos hacer es contextualizar el hecho para comprender su sentido histórico concreto. Contextualizar implica comprender, analizar, estudiar, pero no siempre justificar, ni mucho menos celebrar o festejar la violencia. Deseo que quede claro. Este texto no pretende reivindicar algún hecho de violencia política del gobierno de Rosas, sólo pretende analizar la violencia política en su contexto y real dimensión. 

Entonces, no se duda que Rosas haya utilizado el terror político y la violencia contra los enemigos de su régimen. Pero es necesario es encuadrar esa violencia en el estado de la sociedad argentina en ese tiempo, haciendo abstracción de la leyenda negra impuesta por la historia oficial.

Unos y otros hicieron uso de los mismos medios, cometieron los mismos abusos, usaron las mismas armas. Cada uno ponía fuera de la ley a su adversario y empleaba para ello todas las armas permitidas y prohibidas.

Lo que hay que recordar es el mensaje de la historia: con la Confederación en guerra contra Francia desde 1838, bloqueado el puerto de Buenos Aires, parte de su territorio en poder del enemigo, con las arcas del estado agotadas, el partido unitario se ofreció como aliado al extranjero contra su propia Patria, firmó pactos y convenios de antemano comprometiéndose a otorgarle al extranjero determinadas concesiones una vez que se apoderara del gobierno. Esta alianza con el enemigo extranjero fue una política permanente del partido unitario, y fue la última coalición, realizada con Brasil, la que condujo al partido unitario hasta las lomas de Caseros. Todo esto sin mencionar las matanzas crueles, “dragonadas” ([4]), con las que trazaron su ascenso y consolidación en el poder durante todo el siglo XIX.


Los vencedores de Caseros adueñados del aparato cultural, imprimieron una profunda desfiguración en nuestra historia haciendo de Rosas un monstruo, ávido de sangre y sediento de exterminio. Demonizaron la violencia rosista mientras nada dijeron de la violencia unitaria. Durante generaciones se mantuvo despierto el odio a su figura, en la medida que la misma personificó la voluntad de resistencia nacional a las potencias extranjeras.






[1] “Tablas de Sangre”, es un escrito, un verdadero pasquín, elaborado por un ex rosista exiliado en Montevideo: Rivera Indarte. Por escribirlas recibió en pago de la casa inglesa Lafone de un penique por muerto. Así y todo no pudo reunir más de 480 muertos en los 20 años de dictadura. La casa Lafone (concesionaria del puerto de Montevideo) pagó a Rivera a razón de un penique el cadáver pero el escritor enunció nombres repetidos y hasta NN, y pretendió incluir 22.500 muertos en las guerras civiles desde 1829 en adelante que fueron objetados por la contaduría de la casa Lafone y sólo pudo cobrar por 480. Y si de la cantidad de víctimas se trata, agreguemos estas cifras, más que categóricas: “Desde junio de 1862 hasta igual mes de 1868 (en que Mitre entrega el gobierno a Sarmiento), han ocurrido en las provincias ciento diecisiete revoluciones, habiendo muerto en noventa y un combates, cuatro mil setecientos veintiocho ciudadanos. En los 20 años de Rosas, Rivera Indarte en sus” Tablas de Sangre”, a pesar de haber cobrado un penique por muerto, (pagado por la firma que administraba el puerto de Montevideo) computa solo 480 muertos (el 10 %)” (José Luis Busaniche, “Historia Argentina”).

[2] “La nueva Troya” fue el titulo elegido por el  escritor Alejandro Dumas (1802-1870) conocido por sus famosas novelas “Los tres mosqueteros” y “El conde de Montecristo” para narrar en forma épica el sitio de Montevideo llevado adelante por las fuerzas del General Oribe aliado a la Confederación. En su momento, el librito tuvo una enorme resonancia política en varios países –los diarios rosistas tronaban contra “el mercenario que cobró 5000 francos”, pero después fue profundamente olvidado. “La Nueva Troya” fue publicado en 1850, simultáneamente en francés, italiano y castellano. Es un panfleto de la causa unitaria y de la independencia oriental, maniqueo a rabiar pero sumamente entretenido. Entre otras cosas, la fantasía de Dumas, alimentada por el dinero cobrado, narraba las “extravagancias” de Rosas acrecentando la leyenda negra del Restaurador.

[3] Emilio Giradin (1806-1881), fue un periodista y político francés. Fundador del cotidiano parisino “La Presse”. Redujo el precio del diario a 10 céntimos para multiplicar los lectores cuando las otras publicaciones costaban 25 céntimos. Esta rebaja en el precio logró que el diario tuviese una gran tirada. Los sectores populares leían “La Presse” y admiraban la gesta romántica de Rosas en el Río de la Plata al mismo tiempo que los lectores burgueses hojeaban en “Le Constitusionel” (propiedad de Thiers) las crueldades de Juan Manuel inspiradas en “Las Tableas de Sangre”.

[4] La feroz represión a la causa federal encuentra sus antecedentes más directos en los tiempos rivadavianos cuando uno de los ministros, Agüero, se atrevió sin eufemismos a expresar: “haremos la unidad a palos” y expresa una continuidad, una línea histórica (liberal-unitaria-portuaria) que tiene sus orígenes en Rivadavia y encuentra su máxima expresión con Mitre. El concepto genocida de eliminar de las tierras argentinas al gaucho se lo recordará Sarmiento a Mitre en una de sus cartas más tristemente famosas, fechada tres días después de Pavón: “No trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos”. Esta fue, sin dudas, la filosofía criminal con la que se movieron impunemente durante más de diez años los herederos de Rivadavia, triunfadores de Pavón.

Nuestro querido maestro y comprovinciano Fermín Chávez calificó a éstas campañas genocidas con el nombre de “dragonadas”. El historiador rescata este concepto en su obra “Historia del país de los argentinos” titulando al capitulo XXIX  “Dragonadas del liberalismo”. Considero que la exhumación de este sustantivo por parte del maestro ha sido acertada. La Dragonada (del francés Dragonnade y Dragoon, cuerpo militar) fue el nombre con el que se conoció a la política de represión y abusos aplicada por las tropas del Rey contra la población de religión protestante durante el siglo XVII en Francia, como fue la famosa noche de San Bartolomé en que fueron asesinados miles de hugonotes. La práctica fue retomada tiempo después con la misión de convertir a las comunidades protestantes por la fuerza. (“Haremos la unidad a palos”). Las campañas se caracterizaban por su violencia refinada en las torturas y la impiedad de sus ejecutores.

martes, 3 de enero de 2017

Las “revoluciones radicales”: Pomar en Corrientes y el alzamiento de los hermanos Kennedy en Entre Ríos

La lucha armada no es un componente extraño en la historia del radicalismo. Es más, la Unión Cívica, antecedente inmediato de la posterior Unión Cívica Radical (U.C.R), se origina como la expresión política de un movimiento armado: la Revolución del Parque de 1890. Luego le sucedieron las insurrecciones de 1893, 1895 y la de 1905, todas ellas en tiempos de abstención e intransigencia. Tiempos del Tribuno del Pueblo, Leandro Alem y su sobrino el entonces comisario de Balvanera, Don Hipólito Yrigoyen.


Más acá en el tiempo, en la década del 30 del siglo XX, ya pasados 40 años de la Revolución del Parque, el presidente depuesto Yrigoyen se encuentra prisionero; la dictadura filofascista de Uriburu persigue a los dirigentes yrigoyenistas; Alvear dialoga con los hombres del régimen  y, algunos radicales, comienzan con la “tradicional” actividad conspiratoria. Hubo decenas de estas “revoluciones radicales”. Desde pequeños conatos policiales en las provincias hasta verdaderos alzamientos militares. 
Motines, sublevaciones armadas, “chirinadas”, algunos fueron alzamientos exclusivamente militares y otros de civiles que en “patriadas” se armaban precariamente en nombre  de la causa radical. Ocurrieron en casi todas las provincias pero, sin duda alguna, fue el Litoral la región donde más se propagaron. 


Aquí abordaremos a dos hechos en particular que están muy ligados a Entre Ríos. El primero de ellos es “La revolución de Corrientes” conducida por el teniente coronel Gregorio Pomar producida el 20 de julio de 1931, en la que falleciera quien fuera el padre del ex gobernador de Entre Ríos, Sergio Montiel. La otra es el alzamiento de los hermanos Kennedy en La Paz, Entre Ríos, ocurrido el 3 de enero de 1932. 


Están son crónicas de cuando la UCR era la expresión nacional y popular más revolucionaria de la política argentina.

 

Escribe: Alejandro Gonzalo García Garro


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“Hasta que un día el paisano
acabe con este infierno
y haciendo suyo el gobierno
con sólo esta ley se rija:
es pa'todos la cobija
o es pa'todos el invierno.”
Arturo Jauretche. “Paso de los Libres” ([1])


1. De conatos armados, asonadas militares y civiles

La lucha armada no es un componente extraño en la historia del radicalismo. Es más, la Unión Cívica, antecedente inmediato de la posterior U.C.R, se origina como la expresión política de un movimiento armado: la Revolución del Parque de 1890. Luego le sucedieron las insurrecciones de 1893, 1895 y la de 1905, todas ellas en tiempos de abstención e intransigencia. Tiempos del Tribuno del Pueblo, Leandro Alem y su sobrino el entonces comisario de Balvanera, Don Hipólito Yrigoyen.

Estamos en la década del 30 del siglo XX. Han pasado 40 años de la Revolución del Parque, el radicalismo fue gobierno desde la sanción de la  Ley Sáenz Peña. No ha perdido una elección presidencial pero ahora, se encuentra nuevamente en el llano. El presidente depuesto Yrigoyen se encuentra prisionero; la dictadura filofascista de Uriburu persigue a los dirigentes yrigoyenistas; Alvear dialoga con los hombres del régimen  y, algunos radicales, comienzan con la “tradicional” actividad conspiratoria.

Así, con el radicalismo excluido se produjeron entre los años 1931 y 1933 una serie de sublevaciones militares dirigidas contra el gobierno dictatorial de Uriburu algunas y otras contra el fraudulento gobierno de Justo. Surgieron las denominadas “Revoluciones Radicales”, todas contra un régimen ilegítimo en su concepción y corrupto en su proceder. De ellas se ha dicho “que fueron todas derrotas militares y triunfos morales”. Y es cierto, todas fueron militarmente vencidas; pero revelaron, en la oscuridad de la noche de la década infame, una luz de compromiso con la soberanía popular avasallada por el régimen. Forman parte de la memoria histórica del pueblo que no las olvidará y las repetirá, en gestas futuras, como una forma de resistencia a la opresión oligárquica.

Hubo decenas de estas “revoluciones radicales”. Desde pequeños conatos policiales en las provincias hasta verdaderos alzamientos militares. Motines, sublevaciones armadas, “chirinadas”, algunos fueron alzamientos exclusivamente militares y otros de civiles que en “patriadas” se armaban precariamente en nombre  de la causa radical. Ocurrieron en casi todas las provincias pero sin duda alguna, fue el Litoral la región donde más se propagaron.

Por razones obvias es imposible el tratamiento de todas las “revoluciones radicales”, no obstante ahondaremos las que tuvieron por su magnitud más trascendencia histórica: La revolución de Corrientes conducida por el teniente coronel Gregorio Pomar producida el 20 de julio de 1931. El alzamiento de los hermanos Kennedy en el norte de Entre Ríos, ocurrido en enero de 1932. Y la conocida como la Revolución de Paso de los Libres, Corrientes, a fines de 1933, siendo Justo el presidente. De estas tres, a las dos primeras las trataremos aquí.

El “régimen”, ahora militarizado, respondió a estos alzamientos populares con inusitada crueldad. Movilizaciones de tropas, persecuciones, fusilamientos realizados en el lugar de detención previa pantomima de juicio sumario, detenciones en masa, cárcel para la mayoría y tortura. Según Abelardo Ramos fue el Ministro del Interior Sánchez Sorondo el instigador de las torturas a los dirigentes radicales encarcelados. Los tormentos fueron ejecutados por el Comisario de Investigaciones de la Sección “Orden Político y Social”, Leopoldo “Polo” Lugones, hijo del ilustre poeta, ([2]) que en esos momentos, de alucinado militarismo, practicaba esgrima en el Círculo Militar mientras aguardaba  la “hora de la espada”.

El fracaso electoral del gobierno en la provincia de Buenos Aires había dado alas a la oposición. La revolución septembrina ya estaba desgastada y para algunos militares de raigambre radical estaban dadas las condiciones para organizar una rebelión armada que depusiera el gobierno de facto y llamase a elecciones controladas por la Corte Suprema que asumiría el gobierno en forma provisional.

2. Pomar y la revolución de Corrientes

Desde el mes de mayo un grupo de oficiales conspiraban un levantamiento del ejército para deponer al dictador Uriburu. Entre estos militares se encontraban los tenientes coroneles Francisco Bosch, Atilio Cattáneo, Regino Lezcano y varios más. El referente del alzamiento era el Teniente Coronel Gregorio Pomar, de insobornable lealtad hacia la U.C.R y su líder. “Soy Edecán de Yrigoyen y leal al gobierno depuesto”, le diría a Uriburu, cuando éste se hizo cargo.

Gregorio Pomar.
El alzamiento fue pospuesto en varias oportunidades por desinteligencias internas de los conspiradores hasta que Pomar, en una decisión intrépida comienza las operaciones. Pomar estaba destinado en la 3ª división con asiento en Paraná y tenía muchas vinculaciones con el Regimiento 9 de Corrientes en donde se presenta la mañana del día 20 de julio. Hace formar la tropa y lee una proclama con los objetivos de la revolución: entregar el gobierno al presidente de la Corte para que llame a elecciones, y el retorno del ejército a sus funciones profesionales.

Con la tropa formada marchó a la ciudad y desalojó de la casa de gobierno al interventor. Mandó a llamar a los dirigentes más relevantes del partido liberal y autonomista correntinos para explicarles los fines revolucionarios y telegrafió al presidente provisional Uriburu y su Ministro de Guerra para informarles del pronunciamiento. Mientras tanto el mayor Álvarez Pereyra se apoderaba de la capital del Chaco, Resistencia, a la espera de órdenes pertinentes.

Todo marchaba relativamente bien hasta el momento, se había plegado la mayoría de los oficiales de la  unidad. Sólo el comandante, teniente coronel Lino H. Montiel quiso resistir y fue muerto. No quiso entregar el regimiento y sacó armas; el propio Pomar debió ultimarlo.

Sobre el hecho, naturalmente no existe unanimidad historiográfica, pero la versión más difundida relata que Pomar interceptó a Montiel en el "Cuarto de la Bandera", acompañado de dos oficiales: el teniente primero Villafañe y el teniente Hugo De Rosa. "Tengo que hablarle. Su regimiento está sublevado", le dijo  Pomar, de acuerdo a lo publicado en el libro "El levantamiento del 20 de julio de 1931", de los autores Jorge Raúl y Jorge Oscar Ezcurra. Montiel lo invitó a pasar al despacho, donde se produjo una fuerte discusión, presenciada por los oficiales. Montiel le pegó un fuerte golpe de puño a Pomar en el hombro izquierdo. El jefe de la revolución cayó contra la puerta de vidrio de una vitrina y se lastimó la mano. Cuando Montiel intentaba sacar su pistola reglamentaria, Pomar extrajo su revólver y le efectuó un disparo que dio en la cabeza de Montiel quien murió a los pocos minutos. El muerto en el incidente, Teniente Coronel Lino H. Montiel, que se negó a sublevar su regimiento en contra del gobierno de facto de Uriburu que había derrocado a Yrigoyen, era el padre del Sergio Alberto Montiel quien fuera dos veces gobernador de la Provincia de Entre Ríos por la Unión Cívica Radical (1983 – 1987 y 1999 – 2003).

Pomar queda a la expectativa en Corrientes, espera que se comiencen a sublevar las unidades comprometidas en la revolución hasta que comprende que ha sido engañado, solamente cuenta con Álvarez Pereyra en poder de la ciudad de Resistencia. Al otro día, 21 de julio, el golpe ya  había fracasado y el gobierno enviaba tropas para reprimir la sublevación. Pomar acompañado de un teniente, quince suboficiales y más de cien soldados se embarcó en una balsa de servicio y se refugió en el Paraguay.

¿Qué había ocurrido? La clave para comprender el frustrado alzamiento la encontramos en la intervención de Justo. La revolución fue impulsada por éste y muchas de las unidades comprometidas eran conducidas por hombres que respondían a él. Cuando trascendió el rumor de la posibilidad de que se convocaran a elecciones presidenciales Justo suspende su participación en el alzamiento y deja que los conjurados sigan adelante con el intento. El único beneficiado de la maniobra será Justo que utilizará el conato como argumento para obligar al gobierno a llamar a elecciones y afianzar su imagen de “militar presidenciable”.

Las consecuencias de la intentona revolucionaria fueron diversas pero todas favorecían a Justo. Uriburu queda cautivo de una camarilla militar que responde a Justo y le impone la candidatura de éste. Justo pasa a ser “el candidato militar” de los uniformados y esto, es de suma importancia en este momento histórico en que el ejército se había conformado en un factor de poder. Pero Justo, si bien necesitaba el apoyo militar, requería ineludiblemente del apoyo civil para darle a su candidatura un tinte democrático como lo exigían los aliados locales de la oligarquía probritánica. Aparecen entonces sus contactos largamente trabajados dentro del partido conservador que comienzan a operar  su candidatura.

Después de la fallida asonada en Corrientes la dictadura inventa un “plan terrorista”. Fabulan un acuerdo entre yrigoyenistas y “ácratas” (anarquistas) en que estos últimos darían apoyo al alzamiento “levantando masas de populacho cuyo objetivo primordial hubiera sido el saqueo y el pillaje”. Algunos importantes dirigentes radicales, Alvear incluido, se exiliaron en Río de Janeiro por exigencia del gobierno. Los comités radicales fueron allanados y se calcula que se arrestaron a más de 2000 afiliados.

El plan de Justo está en marcha. Su objetivo es acotar el radicalismo lo más que se pueda. Con el radicalismo excluido de los futuros comicios, su llegada a la presidencia sería un simple paseo.

3. Elecciones presidenciales e insurgencia popular en Entre Ríos

“Es la restauración. Todo régimen tiene su restauración”.
Hipólito Yrigoyen. Comentarios verbales sobre el gobierno de Justo.

El General Uriburu, jefe del malogrado ensayo fascista ha comprendido que está sólo y rodeado de militares justistas que lo condicionan. Uriburu tenía profundas diferencias con Justo y nunca lo hubiese avalado como candidato de su propio gobierno, pero las circunstancias y una enfermedad que lo comienza a doblegar lo obligan a llamar a elecciones presidenciales y limpiarle el camino a Justo a pesar suyo. El “pobre General”, así lo llama curiosamente Ernesto Palacio que se compadece de su suerte, se asemeja en su soledad al “coronel que no tiene quién le escriba”  del realismo mágico de García Márquez. Un personaje estrafalario que deseaba que Lisandro  de la Torre, su querido y admirado amigo, fuese presidente de la República. Esta aspiración del dictador nos muestra cabalmente su incomprensión del componente ideológico en la política. Lisandro de la Torre, a pesar de sus propias contradicciones, por una cuestión principista, no aceptó la propuesta de Uriburu de ser el candidato de una dictadura decadente.

El Gobierno Provisional, forzado por los militares y civiles llama a elecciones. Se desvanecían  así los sueños fascistas que se concretarían luego de la reforma constitucional; volvían los políticos. Pero…la chusma yrigoyenista no debía de ninguna manera retornar al poder…Esto lo garantizaba toda la gama de la partidocracia pseudoliberal y reaccionaria. Es decir la mayoría de la dirigencia política, salvo los yrigoyenistas refugiados en la U.C.R bajo la conducción ambigua y vacilante de  Alvear.

El radicalismo antipersonalista es el primero que sale al ruedo levantando la candidatura del General Justo. Lo acompañaría en la vicepresidencia José Nicolás Matienzo.

Las fuerzas conservadoras de todo el país, que tenían un poderoso caudal electoral, se agruparon en un nuevo partido al que llamaron “Demócrata Nacional”. También proclamaron la candidatura del general Justo pero, aspiraba acompañarlo en la vicepresidencia un ex gobernador cordobés: Julio Argentino Roca, hijo del general homónimo, dos veces presidente de los argentinos, conquistador del desierto y socio fundador junto con Mitre de lo que Yrigoyen llama “el régimen”. 

El ala izquierda del régimen, el Partido Socialista Independiente, se suma a la candidatura del general Justo. No presentan candidato a vicepresidente comprometiéndose a votar, en el Congreso, a quien tuviese más sufragios.

Los demócratas nacionales (conservadores), conjuntamente con los radicales antipersonalistas y los socialistas independientes integraron un frente electoral que designaron con el nombre de “Concordancia”.

El partido Demócrata Progresista y el Partido Socialista también conformaron una coalición electoral bajo el nombre de “Alianza Civil”…que supongo con ese nombre querían marcar la ausencia de uniformados ya que ambos partidos por razones de tipo doctrinarias eran formalmente  antimilitaristas.

Falta que se organice y se lance  el partido “dueño de los votos” es decir el radicalismo. El “viejo” desde su cautiverio insular a media voz ordena: “concurran”, convencido de que su partido  puede ganar las elecciones y así salvar la causa y bloquearle el camino a los hombres del régimen que nuevamente quieren adueñarse del poder. Se reúne la Convención Nacional del partido y después de algunas especulaciones se decide por la fórmula Alvear–Güemes. Sin duda una fórmula que le daría el triunfo nuevamente al partido.

Pero el gobierno provisional por acuerdo de ministros vetó la fórmula declarando que ambos ciudadanos estaban inhabilitados para figurar como candidatos en las elecciones convocadas. El fundamento de la inhabilitación de Alvear se basaba en que no había trascurrido el intervalo de un periodo intermedio que la Constitución entonces vigente exigía para la reelección; y en cuanto al vice se lo excluía por hallarse comprendido entre las sanciones que un decreto presidencial establecía para quienes hubiesen participado en cualquier forma con “el régimen depuesto” y Güemes era, un notable yrigoyenista. Si no hubiese sido de ésta forma hubieran impedido de cualquier manera que el radicalismo participara de la elección. La intención no era otra que excluir al radicalismo del comicio. Así lo entendió la Convención Radical nuevamente reunida y decretó la vuelta a la abstención electoral en toda la República.

El 8 de noviembre de 1931 se consumó el sainete electoral. El escenario montado era similar al anterior de la Ley Sáenz Peña. La calidad institucional de la Argentina retrocedía 20 años. El fraude esta vez alcanzó alturas del grotesco. No solo estaba excluido del comicio el partido mayoritario sino que toda la batería de trampas y fullerías se puso en práctica: secuestro de individuos y de documentos electorales, presión directa de las policías bravas sobre los votantes, expulsión de fiscales, supresión del cuarto oscuro, bandas armadas supervisando el acto electoral y el típico vuelco de padrones constituyeron la norma en toda la República.

Bajo circunstancias tan “beneficiosas” el binomio Justo –Roca (“La concordancia”) logró 606.526 votos y 487.955 para De la Torre-Repetto. Se renovaron las dos ramas del Órgano Legislativo y todos los gobiernos de provincia, que se repartieron entre demócratas nacionales (conservadores) y antipersonalistas. La excepción fue Santa Fe, donde en el sur era muy fuerte el partido Demócrata Progresista, agrupación mayoritaria de la Alianza Civil que pudo imponer su candidato a  gobernador.

4. El alzamiento de los hermanos Kennedy

Las autoridades electas asumirían el 20 de febrero según lo dispuso el gobierno provisional, aniversario de la batalla de Salta. Faltaban casi cuatro meses para que se consagrara el fraude y la reacción del radicalismo no se hizo esperar. Por un lado objetó de todas las maneras posibles la legitimidad de los comicios y en otro frente, a principios de enero de 1932 se produjo un nuevo estallido revolucionario.

Los hermanos Kennedy, Roberto, Mario y Eduardo.
Esta vez la asonada tenía una composición cívica- militar. La rebelión tenía dos frentes: uno en la ciudad de La Paz, norte de la Provincia de Entre Ríos, encabezado por los hermanos Kennedy y el otro en Concordia, que liderado nuevamente por el coronel Pomar había cruzado el río desde el Uruguay donde se mantenía exiliado.

El alzamiento en la ciudad de La Paz, que entonces era un importante puerto, tuvo los ribetes de una empresa quijotesca. En la madrugada del 3 de enero, los hermanos Kennedy, Roberto, Mario y Eduardo, los tres de comprometida filiación yrigoyenista, se habían apoderado de la jefatura policial, ocupando la oficina del telégrafo nacional cuyas líneas cortaron de inmediato. El entonces gobernador de nuestra provincia, Luis Etchevehere, que envió tropas policiales a reprimir el intento desde Paraná, mantuvo un diálogo telegráfico con Mario Kennedy, al que intimó a la rendición, asegurándole que el resto del país estaba tranquilo y que la revolución había fracasado en todos los puntos excepto en La Paz.

No obstante a las declaraciones del dictador, en pocas horas, la ciudad había sido tomada por sólo 16 revolucionarios, aunque luego, ante el éxito inicial del movimiento, hasta 5000 hombres a caballo de los alrededores se ofrecieron a participar en la intentona. El número de posibles combatientes nos muestra la base popular que tenía la revuelta. Pero era inútil la cantidad de hombres dispuestos ya que no había armas suficientes para todos. Se contaba solamente con cien armas largas.


El éxito inicial de la rebelión se disipó pronto cuando se comprobó que el intento de Concordia, dirigido el teniente coronel Gregorio Pomar, eterno gestor de todas las frustradas revoluciones radicales de aquella época, había fracasado sin empezar…

El gobierno nacional no se hace esperar para iniciar la represión y envía a la provincia además de varias unidades del ejército, siete aviones para perseguir y ultimar a los revolucionarios. Los hermanos Kennedy emprendieron una novelesca fuga por quebrachales y pantanos, esquivando a las numerosas partidas enviadas en su búsqueda y evitando ser vistos por los aviones que los buscaban para ametrallarlos. Fueron al Sur, luego al Norte, marchando con Eduardo Kennedy con su pie dislocado, pasando a Corrientes y cruzando a nado el Guayquiraró con una sola mano (con la otra sostenían armas y municiones) y con fingida calma, para evitar el ataque de los yacarés que abundaban en el lugar. Luego vendría el cruce del Uruguay y el obligado exilio que duraría hasta fines de la década del treinta. Se dice que anduvo Héctor Roberto Chavero  más conocido como Atahualpa Yupanqui por la zona, con guitarra y fusil, alentando esta acción revolucionaria y popular que hace recordar aquellos alzamientos de Artigas a principios del Siglo XIX contra el poder central.

Pero la patriada de los hermanos Kennedy no alcanzó, como tampoco sirvieron las quejas de los radicales y el malestar general de la población que repudiaba la estafa  electoral. El día 20 de febrero del año 1932 llegó y el fraude quedó consolidado cuando el general Uriburu le entregó en un acto solemne la banda presidencial a otro general: Justo. Para completar la mascarada el primero vestía uniforme militar de gala, el otro lucía de civil. El General Agustín P. Justo, para afirmar la “civilidad” de su gobierno, pidió que se suspendiera el desfile militar que se había dispuesto en su honor… La Nación Argentina estaba entrando aceleradamente a la década infame, drama argentino en el cuál,  el General Agustín P. Justo, tendría un rol sobresaliente.

Los hermanos Kennedy sufrieron el peso de la cultura dominante y fueron ignorados por la historia oficial provincial y de su propio pueblo. Marcelo Faure, historiador entrerriano y autor de la obra ““Los Kennedy de La Paz” resaltó en ocasión de la presentación de su libro reivindicatorio de la gesta que: “es un homenaje que ellos se merecían, porque en el discurso oficial de La Paz los habían negado... Con la edición de este libro recuperamos parte de la historia negada… es un aporte para la ciudad de La Paz y un aporte para la Identidad Entrerriana”, ya que “la historia de esta gente tiene que ver con la historia de Entre Ríos”. “Los hermanos Kennedy pudieron fusionar lo que fue la cultura popular con al cultura letrada o culta, ser un nexo entre los dos estratos sociales” analizó Faure.




[1] Arturo Jauretche (1901-1974), a mi entender, el más importante pensador del campo nacional, participó en 1933 en el alzamiento denominado “Paso de los Libres”, otro de los hitos de las revoluciones radicales. Tras la derrota de la rebelión fue encarcelado. En prisión escribió su versión de los hechos en forma de poema gauchesco en la mejor tradición martinfierrista. Al poema lo tituló “Paso de los Libres” y se publicó por primera vez en el año 1934 con prólogo de Jorge Luis Borges de quién lo separarían luego profundas disidencias en cuestiones políticas y fundamentalmente, por la pertinaz militancia de Borges en contra de las grandes mayorías argentinas.

[2] La vida de Leopoldo Lugones (1876-1938) es conocida. Anarquista y luego socialista de joven, férreo nacionalista después y protofascista antidemocrático al final de sus días, fue reconocido desde principios del siglo XX en Buenos Aires como poeta, orador y polemista. El poeta tuvo un hijo, “Polo” o “Polito” Lugones (1897-1971), cuya vida es menos conocida y más oscura que la de su padre. Se sabe, en concreto, que durante la presidencia de Alvear fue director del Reformatorio de Menores de Olivera. Que entonces fue procesado por el delito de corrupción y violación de menores y que cuando iba a ser condenado a diez años de reclusión, el presidente Yrigoyen lo salvó cediendo ante un pedido de Lugones padre. De rodillas, éste le habría implorado que consiguiera su absolución por "el honor de la familia". Su suerte mejoraría tras el golpe de Uriburu, que a modo de reparación  le hizo pagar los sueldos que dejó de percibir cuando, antes de comenzar el proceso, se lo exoneró del cargo público que detentaba.

Uriburu lo nombra además comisario inspector de la Policía, en la misma repartición en la que figuraba su prontuario, que lo calificaba de "pederasta" y "sádico conocido". Ya instalado en su nuevo cargo, Polo Lugones implementó, en el sótano de la vieja penitenciaría de la calle Las Heras una sala de interrogatorios y torturas. Hecho que ha sido documentado en distintas investigaciones sobre el tema, entre ellas, en “Breve Historia de la tortura en la Argentina”, de Marcelo M. Benítez. Y profundizando este sórdido asunto Carlos Giménez en su libro “El martirologio argentino”, denuncia que  Lugones utilizó elementos de tormento "con el refinamiento que le dan la aplicación de la electricidad, la mecánica y los modernos inventos”. (El autor, que fue una de las víctimas de “Polo”,  se refiere a la picana eléctrica que habría inventado el propio Lugones).

“Polo” Lugones, como su padre, también se suicidó. Tuvo dos hijas, “Pirí” y “Babú”. La menor de ellas, Pirí, se incorpora a las luchas populares de los setenta a través de “Montoneros”. El 24 de diciembre de 1978 fue detenida en un departamento de Barrio Norte. Se supo que la torturaron y que estuvo al menos en tres centros de detención clandestinos. Continúa desaparecida y con su martirio se cerró el ciclo trágico de tres generaciones de una familia argentina signada por la tragedia. En el 2004 se publica el libro "Los Lugones, una tragedia argentina" que evoca, con testimonios y ficciones, la desgraciada saga familiar de Leopoldo, poeta genial y controvertido ensayista, su hijo Polo, comisario y torturador, y Pirí, la hija de éste, militante montonera desaparecida en 1978. La historia contiene textos de David Viñas, Daniel Divinsky y Carlos Giménez.