sábado, 23 de mayo de 2026

¡Hasta siempre compañero Ernesto Jauretche!

Con Ernesto Jauretche -Tarragó Ros 
foto del medio- en la Cátedra de los Libertadores
de América en la Secretaría de Cultura de la Nación.
Hoy falleció Ernesto Jauretche. Despedir a Ernesto no es solo decirle adiós a un militante y un pensador lúcido y original. Es también recordar a un pedazo vivo de nuestra propia historia militante, a un compañero de esos imprescindibles del Pensamiento Nacional. Su partida a los 86 años deja el alma golpeada en estos tiempos duros en donde lo heroico se desvanece en la repetición de lo grotesco o lo sin sentido.

Se fue, pero nos queda la certeza de que sus semillas germinaron en quienes lo conocimos políticamente.

Ernesto fue de esas personas especiales que, en cada charla extensa, siempre te dejaban una idea o una anécdota que nunca te ibas a olvidar. Antes de conocerlo, había leído su libro “No dejés que te la cuenten: violencia y política en los 70”, y tuve luego el honor de desmenuzarlo en largas charlas en su departamento de Buenos Aires.


Era un militante generoso, de esos que no guardan el conocimiento bajo llave. Me sugería lecturas con precisión de artesano y me honraba con la confianza de enviarme sus análisis de coyuntura antes de publicarlos en los medios, permitiéndome habitar su pensamiento en la trinchera misma de la idea.

Siempre sentí que la atención y el cariño que nos brindaba a los más jóvenes nacían de una convicción profunda para él, creo que estaba convencido de que la Juventud Peronista -y la militancia de la Resistencia- trascendían su propia vida. Su militancia encontraba un sentido vital e histórico en el acto de trasvasar esas vivencias a las nuevas generaciones; un vínculo que en mi caso se hacía carne porque conocía a mi padre desde los años 60 y 70, fortaleciendo esa idea de sentirlo como un verdadero eslabón histórico entre las generaciones y las luchas que forjaron nuestra identidad y las batallas de hoy.

Escucharlo era una lección de mística peronista. Sus anécdotas sobre su tío Arturo, sobre el "Gordo" Cooke, sobre Scalabrini Ortiz y tantos héroes y mártires de la Resistencia, tenían una humanidad que no se encuentra en los libros de texto. Ernesto rescataba siempre esas citas heterodoxas de Gramsci, Bertolt Brecht y el Che, recordándonos que el peronismo es un movimiento universal que se piensa desde la periferia con audacia intelectual.

Con Ernesto en el PJ de Entre Ríos en 2008.
En la mesa, Faustino Schiavoni, José Carlos Halle,
José Cáceres, Gustavo Osuna, Cristobal Vairetti y yo
.  

Pero Ernesto no era un hombre de gestos dóciles ni de palabras acomodaticias. Jamás conoció la obsecuencia. Fue una voz siempre crítica, de una honestidad intelectual que a veces incomodaba, porque no le importaba quedar bien con los poderosos de turno ni buscaba el refugio de un cargo público. Su único compromiso era con la verdad y con el Pueblo; su prestigio no nacía de un nombramiento, sino de su coherencia inquebrantable.

Nuestro vinculo político se selló en el territorio y en la palabra compartida:

En el salón del HCD en Paraná. Ernesto Jauretche
con Julio Solanas, el "Gallego" Esparza y quien escribe.

- Su primera visita a Paraná fue en el 2003, en plena campaña electoral contra el montielismo. Desde la Juventud Peronista (JP) y la Juventud Universitaria Peronista (JUP) organizamos aquella charla sobre la vigencia del pensamiento de Don Arturo, a la que asistieron el entonces candidato a intendente Julio Solanas y el querido exintendente Juan Carlos "Gallego" Esparza.

- En 2008, desde mi lugar en el Consejo Provincial del PJ de Entre Ríos, tuve el honor de traerlo a Paraná para que nos iluminara con la historia de la Resistencia Peronista.

- En 2010, me brindó uno de los orgullos más grandes de mi costado historiador al invitarme a disertar en la Cátedra de los Libertadores de América, donde hablamos de Federalismo y de la figura de Artigas bajo el cielo del Pensamiento Latinoamericano en la Secretaría de Cultura de la Nación. Ese mismo día nos acompañó Antonio Tarragó Ros.

Ernesto vivió como pensaba y militó como escribía, encarnando esa definición suya que es un mandamiento para todo aquel que sienta la causa del pueblo: “El militante” existe únicamente cuando con su acción completa la identidad histórica, la obligación con el presente y la esperanza de un pueblo. Se corporiza solamente cuando las mayorías (obvio, siempre pobres) marchan hacia su destino. Y, entonces, desaparece como personaje. Es uno más… No hay de él posible definición singular. El militante sólo puede ser explicado como existencia plural, generosa, hermanada, amistosa, fraternal. El barrio, la UB, la organización civil, lo conoce como uno más, aunque circunstancialmente lidera… Lo convocan exclusivamente las grandes gestas, pero como actor anónimo y, a la postre, decisivo… Laborioso actor del presente y autor del futuro, humildemente, aunque a veces apenas aparezca en su omnipresencia: según la ocasión, como soldado, como organizador, como intelectual, como dirigente social, como creativo, en tanto hombre o mujer en su integridad productiva en el sublime papel de reproducir militantes cómplices para la eterna lucha de la humanidad por la libertad, la justicia y la paz. Pero de ningún modo solo. Nunca independiente de su contexto. Jamás pensado como individuo… El militante individual, como persona, como líder, como dirigente, como sujeto individual político, no existe sin la maquinaria mediática: es un invento de la política liberal. El militante sólo es tal en sacrificio personal, solidaridad, entrega y servicio social; integra el breve batallón argentino del ejército universal de los trabajadores y los pobres, la masa organizada y consciente que en todo el planeta lucha por la justicia social. La militancia es un héroe colectivo…".

Gracias, Ernesto, por las charlas, por la coherencia y por compartir con otros toda tu vida militante. El mejor homenaje que se tue puede hacer es seguir intentando construir la historia con la verdad y la justicia social como bandera.

¡Hasta siempre compañero Ernesto! ¡Hasta la Victoria!