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sábado, 24 de enero de 2026

La Historia y quienes la escriben (VI): El Revisionismo Histórico Peronista

Esta corriente se desarrolla a partir de la caída del peronismo en 1955 y la revisión de la historia oficial comienza a generar la simpatía general, provocando la popularidad del revisionismo.

Tiene la idea precisa de que la revisión de la historia cumple un papel instrumental primordial en la liberación nacional. Se comienza a distinguir la línea histórica “San Martín – Rosas –Perón”, basada en la analogía de las tres grandes figuras históricas desterradas en el exilio y condenadas por el imperialismo, contra la línea “Mayo-Caseros” proclamada por la Revolución “Libertadora”. José María (Pepe) Rosa y Fermín Chávez aparecen como los dos principales exponentes de esta línea.

Escribe: Dr. A. Gonzalo García Garro


a) José María Rosa (1906-1991):

José María "Pepe" Rosa.
Estudió Derecho y llegó a ser Juez de Instrucción en la ciudad de Santa Fe, pero renunció a la carrera judicial para dedicarse a la investigación histórica. En 1956 se exilió en España tras participar en el levantamiento del General Valle. A su regreso en 1958 participó en la Resistencia Peronista.

Su actividad en este período tiene como marco al Instituto Juan Manuel de Rosas, entidad de la que fue presidente en varias oportunidades. De esta época son sus libros, “Rivadavia y el imperialismo financiero” y “La caída de Rosas”.

Integra la comitiva que acompaña a Perón en su regreso al país en 1972. El gobierno peronista lo designa Embajador en el Paraguay y luego en Grecia, donde lo sorprende el golpe de estado de 1976.

Vuelve al país y funda la revista “Línea” bajo el lema: “La voz de los que no tienen voz”. Esta publicación fue un espacio que aglutinó y referenció a amplios sectores del peronismo durante el último proceso militar.

La Historia Argentina de Rosa.
Para Hernández Arregui la obra de J. M. Rosa “es la expresión más elaborada del revisionismo histórico”. “Su trabajo es interesante porque sin dejar de adherir a las ideas políticas del nacionalismo es un historiador que acepta balancear las tesis opuestas…En cuanto al método, José María Rosa le debe al marxismo más de lo que confiesa”. Y continua “Su análisis económico del periodo posterior a Mayo es sólido y científico” … “Hace girar la historia argentina del siglo XIX y aún del actual alrededor de la figura de Juan Manuel de Rosas. El Restaurador comenzó siendo hombre de la provincia de Buenos Aires para transformarse gradualmente en conductor nacional”.


La obra de José María Rosa, que tanto ha hecho por el esclarecimiento de nuestra historia nacional se encuentra en su colección “Historia Argentina” de 17 tomos, es de consulta obligatoria para todo aquel que quiera tener una visión veraz, refractaria e inteligente de la historia argentina.  

Fue el más agudo y profundo historiador de la Batalla de Caseros. La llamó “la hora del Brasil”. Para él, a Caseros hay que considerarla como una batalla, la final de “la segunda guerra argentina brasileña” como titula al capítulo concerniente a la derrota de la Confederación. Este capítulo de la “Historia Argentina” será la base de uno de los mejores libros del “Pepe” Rosa y de la historiografía argentina: “La caída de Rosas”, trabajado entre los años 1953 y 1958 en los archivos de Buenos Aires, Montevideo y Río de Janeiro en donde desentraña todos los hechos deliberadamente trastocados por la historiografía liberal.

La Cáida de Rosas junto a un tomo
del Perón de Galasso
Fue el gran divulgador del rosismo para las generaciones posteriores a 1955. No solo fue el historiador de referencia, sino también el gran teórico de Rosas, quien analizó no solo al gran caudillo sino a su tiempo histórico, a la política, las relaciones internaciones y la economía de aquella era. 

También fue un hombre de Estado de la Historia. A pedido suyo y por medio de la Ley Nº 20.770 con fecha 16 de noviembre de 1974 -última presidencia de Juan Domingo Perón- se declaró el 20 de noviembre como "Día de la Soberanía Nacional", en conmemoración de la batalla de Vuelta de Obligado. Entre otros conceptos los considerando de la norma expresan: "Por las condiciones en que se diera este enfrentamiento, por la valentía de los compatriotas que participaron en ella y por sus consecuencias, es reconocida como modelo y ejemplo de sacrificio en pos de nuestra argentinidad".


b) Fermín Chávez (1924-2006): 

Entrerriano, nacido en El Pueblito, localidad perteneciente al Departamento Nogoyá. Estudió Humanidades en Córdoba, Filosofía en la Universidad de Buenos Aires y Teología en Cuzco, Perú. 

Fermín Chávez, en su juventud. 
Su primer contacto con el peronismo lo tuvo en 1950, cuando en una peña de jóvenes escritores conoció a Eva Perón, a partir de este encuentro, trabajó en la Secretaría de Salud Pública de la Nación y en la Dirección General de Cultura. Se convierte así en un militante histórico del justicialismo, cercano al círculo de allegados a Evita, fue después del 55 figura y referente de la resistencia peronista.

“Todas las formas de la historia son militantes” así decía Fermín Chávez. Su modo de cuestionar la tradición historiográfica liberal, que afianzó un modelo de país “donde los próceres jamás fueron cuestionados y aparecieron como una suma de monumentos que nunca se enfermaban”, lo convirtió en una figura ineludible del pensamiento nacional y la cultura argentina.

Autor fecundo de más de 40 libros, entre otros sus más conocidos: “Civilización y barbarie”, “Perón y el peronismo en la historia contemporánea”, “Eva Perón, sin mitos”, “Pensamiento Nacional”. Fue además el continuador de la obra de José María Rosa, una vez éste fallecido, en la colección “Historia Argentina”.

El gran libro sobre López Jordán.

Por su condición de entrerriano, vivió la contradicción entre la historia oficial que reivindicaba a Urquiza y la historia del pueblo que simpatizaba con López Jordán. Por eso, uno de sus libros fundamentales fue “Vida y muerte de López Jordán”, editado en 1957 y a través de este libro los argentinos pudieron conocer la estampa de quien fuera uno de los últimos caudillos federales.

En un reportaje comentó: “En la escuela provincial me enseñaban que el héroe era Urquiza y el demonio López Jordán. Sin embargo, en mi familia la versión era la contraria. Mi abuela era de Paysandú y con dos hermanas logró escapar del sitio de 1875. Se fueron a Entre Ríos, como muchas familias de la provincia y contaban una historia distinta. Cuando avanzó el tiempo y me interesé en la historia, en la década del 50, decidir a investigar a los archivos, de allí nació un libro mío muy documentado que es “Vida y muerte de López Jordán” y de esa misma investigación salió más adelante “Vida de Chacho” (Peñaloza). La muerte de Urquiza no fue un asesinato planificado, fue producto de un enfrentamiento que él mismo provocó”.

El Libro de Chávez aborda con
lucidez al verdadero Alberdi.
De estos dos libros se desprende que tanto el Chacho como López Jordán fueron víctimas del odio de Sarmiento hacia el partido federal. Y se infiere también de qué manera Mitre y Sarmiento manipularon la historia para mostrar como forajidos a aquellos líderes genuinos que representaban las masas del interior; identificando a éstos con la barbarie, mientras que el capital extranjero y sus agentes eran la civilización.

Un gran aporte a la formación de la conciencian histórica de los argentinos es el haber encarado un estudio serio, con irrefutable documentación sobre los grandes caudillos del interior, ignorados y distorsionados por la versión oficial de la historia.

Pero tenía una formación profunda y multidisciplinaria, que le permitió escribir sobre diversas temáticas, incluso estudios sociológicos y culturales, literatura, psicología, etc. Su libro "Civilización y Barbarie en la Historia de la Cultura Argentina" es una pieza de lectura ineludible para comprender la grieta y la gran bifurcación del pensamiento y la sociedad argentina. 


jueves, 13 de febrero de 2025

La Historia y quienes la escriben (IV): El revisionismo y los revisionistas, los precursores

Escribe: Dr. A. Gonzalo García Garro

El Revisionismo Histórico nunca fue, ni es hoy, un pensamiento ideológico homogéneo. En él se expresan corrientes políticas contradictorias e incluso antagónicas, no obstante, todas estas tendencias internas coinciden en un punto: la lectura histórica con eje en la resistencia al imperialismo como “potencia disgregadora de lo propio”.

Juan Manuel de Rosas. 

El Dr. Jorge Oscar Sulé, (Académico del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas y reconocido historiador revisionista) publica en el año 2005 una “Carta abierta al Sr. Norberto Galasso”. En el aludido documento entre otras cosas, plasma una clara caracterización del Revisionismo: “Se está en el Revisionismo histórico cuando se han detectado tres factores: 1) El factor externo proyectándose sobre nuestro país. 2) El pueblo que defiende sus patrimonios culturales y materiales encontrando los jefes que lo interpretan. 3) Minorías que con poder económico, político y cultural juegan de espaldas al porvenir argentino, al naipe de la traición y la entrega”.

Personalmente adhiero a esta caracterización del Dr. Sulé y me tomo el atrevimiento de agregar una cuarta: Comprender, aprehender, la figura de Juan Manuel de Rosas como “pivote histórico” (Jauretche). “Rosas fue y es la llave de bóveda de la interpretación de la historia argentina del Siglo XIX (Sulé). Así como la historia argentina del Siglo XX sería imposible de comprender sin la figura de Juan Domingo Perón, Rosas es la bisagra en el Siglo XIX. Sin Rosas, Argentina hubiese sido otra cosa.

A continuación, voy a presentar una clasificación que he elaborado de las diferentes corrientes del Revisionismo Histórico. Tiene una finalidad didáctica y el criterio aplicado es en parte cronológico y considera también los diferentes matices ideológicos. En esta primera parte comienzo con los precursores. 

Los precursores

Esta generación de historiadores revisionistas combatió durante un largo y oscuro período contra el aparato de la historia oficial. No pudieron llegar a organizar una teoría sistemática para enfrentar la historia falsificada por el mitrismo. Estuvieron aislados en un medio adverso, algunos hasta exiliados y todos marginados por el “despotismo turco” al cual se refería Alberdi.

Además de requerir de un valor excepcional para afrontar a toda la maquinaria oficial, coraje incluso para enfrentar todo el “consenso” público que se había planificado desde el aparato cultural del Estado, se necesitó de una gran capacidad investigadora para penetrar en la oscuridad y el ocultamiento organizado. De este grupo mencionaré los dos, en mi opinión, más altos historiadores precursores del revisionismo: Adolfo Saldías y Ernesto Quesada.

a) Adolfo Saldías (1850-1914), es considerado por los historiadores como el primer Revisionista Histórico de la Argentina. Aunque no fue un hombre de un solo libro, quedará en la historia literaria como el historiador de la Confederación, o sea del régimen de gobierno dado al país durante los tiempos de Juan Manuel de Rosas.

Saldías, de firmes convicciones liberales, pertenecía a la llamada generación del 80. Estos jóvenes de los 80 tenían la responsabilidad de constituir la primera generación del liberalismo triunfante en Caseros (1852).

Mitre, que fue su “maestro” y mentor intelectual, ya había producido la historia falsificada, la historia oficial ya estaba en marcha, el gran instrumento para aniquilar la conciencia nacional de los argentinos y hacer de la Patria de la Independencia y de la Restauración, la colonia adiposa de los 80.

La “historia mitrista” consideraba que la época de Rosas no se podía mencionar y menos estudiar. Era necesario negarla, condenarla sin juicio previo: tiranía, sangrienta tiranía y nada más. 

Adolfo Saldías. 
Los legisladores porteños en 1858 al dictar la Ley que declaraba a Rosas reo de lesa Patria debatieron el problema. El diputado Emilio Agrelo expuso con claridad el problema y la posición asumida oficialmente: “No podemos dejar el juicio de Rosas a la historia. ¿Qué dirán las generaciones venideras cuando sepan que el almirante Brown lo sirvió? ¿Que el general San Martín le hizo donación de su espada? ¿Qué grandes y poderosas naciones se inclinaron ante su voluntad? No, señores diputados. Debemos condenar a Rosas, y condenarlo en términos tales que nadie quiera intentar mañana su defensa”. Y así fue...

En esa Argentina fácil por falsificada empezó a actuar el joven Adolfo Saldías, que, en 1874, ya había egresado como abogado de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Su pensamiento ardientemente liberal y su personalidad curiosa e independiente lo llevan a buscar en la historia y en especial en los tiempos de Rosas las claves de la argentinidad, apartándose lenta pero decididamente de las instrucciones de la historia oficial y en especial las de su maestro Bartolomé Mitre.

Poco sabía Saldías de Rosas y su época, solo conocía lo de rigor, la leyenda de “Las Tablas de Sangre”, la novela “Amalia” y las apostillas repetidas de la historia oficial. Empezó entonces a leer colecciones de diarios de la época del Restaurador, panfletos de los unitarios exiliados en Montevideo, documentos y más documentos. Leyó y meditó. Sintió el orgullo y la vergüenza de sentirse argentino. El Dr. Bernardo de Irigoyen, que en la intimidad guardaba respeto y veneración por la figura del Restaurador, lo puso en la pista del archivo de Rosas. Luego de Caseros, el vencido salvó todos sus papeles y marchó con ellos al exilio. Después de su muerte (1877) el archivo quedó en la casa de Manuelita, su hija, en un suburbio de Londres.

Saldías no lo pensó. Se embarcó para Londres y visitó a la hija del Restaurador, ella le dio acceso al archivo que pudo verificar, era completísimo y se encontraba en excelentes condiciones materiales. Largos días pasó en Londres estudiando, escribiendo y copiando el archivo de Rosas. Con ese material escribió y editó en París “La historia de Rosas” (1887) que luego cambió el título por la obra que hoy se conoce con el nombre de “Historia de la Confederación Argentina”.

Mitre, que era su maestro, recibió un ejemplar de su discípulo descarriado y le contestó en una carta en el diario La Nación con una andanada retórica que condenó a Saldías a la marginalidad y al silencio. No obstante, se agotaron las dos primeras ediciones, aunque en público nadie hablaba de la Historia de Rosas ya que el nombre del Restaurador era impronunciable.

La obra de Saldías de mi biblioteca. 

Y como bien dice el refrán, “nadie es profeta en su tierra”, los primeros reconocimientos llegaron del exterior, aquí en Argentina resultaba difícil traspasar la barrera de intereses que impedía conocer o juzgar el pasado. Desde México, Uruguay, Brasil y Francia la obra de Saldías recibe elogios académicos y diferentes reconocimientos por el valor esclarecedor e historiográfico de su obra. Pero es en el Siglo XX, con el revisionismo histórico ya consolidado políticamente, que se reconoce a la figura de Saldías como el pionero de la corriente y se consideró a su obra básica “Historia de la Confederación Argentina” como un clásico de ineludible lectura si se quiere abordar los tiempos de Rosas.

El libro de Saldías empieza de esta manera: “Voy a escribir la historia de la Confederación Argentina, movido por el deseo de trasmitir a quienes quieran recogerlas las investigaciones que he venido haciendo acerca de esa época que no ha sido estudiada todavía, y de la cual no tenemos más ideas que las de represión y de propaganda, que mantenían los partidos políticos que en ella se diseñaron”. Este párrafo nos refiere a lo que reflexionábamos en el principio de estos textos, en cuanto a la política y sus relaciones con la historia. En Saldías vemos como la política lo llevó a la historia y como la historia esclareció su idea política. Era un liberal porteño neto, pero como era un político, anhelaba adquirir conciencia de su posición en la actualidad por el conocimiento del pasado y ciertamente lo logró, no solo para él sino para todas las generaciones de pensadores nacionales que abrevaron en su obra.

b) Ernesto Quesada (1858-1934): La vida y obra de este pensador e historiador argentino siguen esperando el estudio que su trayectoria intelectual se merece. Quesada vivió en Alemania junto con su padre, el diplomático Vicente Gregorio Quesada, parte de su temprana juventud, donde realiza una parte fundamental de su educación formal. A su retorno, en los primeros años de la década del 80, se gradúa de abogado y mantiene una intensa actividad intelectual siendo designado profesor titular de la cátedra de Sociología en la Facultad de Filosofía y Letras.

El opacamiento de su figura se debió tal vez a su formación dentro de un romanticismo nacionalista que revela sus vertientes germánicas, a diferencia, por ejemplo del romanticismo literario de Esteban Etcheverría, de alcurnia francesa.

La colección completa de Ernesto Quesada de mi biblioteca, hecha de distintas ediciones.


Ernesto Quesada intentó revertir con su escepticismo investigativo la demonización liberal del período rosista. Heredó el archivo histórico de su suegro, el general rosista Pacheco, a partir del cual elabora buena parte de su libro que publica en 1898 y al que tituló “La época de Rosas: su verdadero carácter histórico”. Con este texto se rompe con la tradición satanizadora del fenómeno rosista, para concluir pronunciando que: “la leyenda unitaria sobre el rosismo es puro espejismo” y que “juzgar ese período cubriendo un bando con el denso velo de la palabra tiranía y envolviendo al otro en la aureola celeste de la libertad ya no es posible”.

Ernesto Quesada.

Esta curva del pensamiento de Quesada lo llevaría a un destino muy argentino para quienes piensan en clave nacional: terminará sus días autoexiliado en Suiza en su finca que había bautizado irónicamente “El Olvido” y donará por fin, su inmensa biblioteca y todo su archivo al Estado alemán sobre cuyas bases se constituye el “Iberoamerikanisches Institus” de Berlín. Así nuestro país perdió por su sectarismo antirrosista una impresionante masa documental.

Quesada fue y es todavía hoy un “maldito” y un “negado” por el sistema académico oficial e incluso desconocido su talento, tal es así que como comenta Alberto Buela: “Ni que decir si alguna vez se menciona a Ernesto Quesada, el hombre más inteligente de su época, quien es tratado como positivista en lugar de historicista. El pensador que influyó sobre Spengler en el capítulo americano de su famosa obra “La Decadencia de Occidente”. Esto se oculta o se ignora.”

Los trabajos de Ernesto Quesada fueron tan importantes como los de Saldías y en sus obras siempre eruditas no se cansó de enjuiciar la historiografía oficial, poniendo en marcha una corriente historiográfica alternativa sin retorno que continúa hasta nuestros días.


domingo, 2 de febrero de 2025

La Historia y quienes la escriben (III): La Corriente de la “izquierda liberal” o "mitromarxismo"

Juan B. Justo.

“Para la oligarquía, una “intelligentzia” de izquierda divorciada del pueblo no es temible, pues tales intelectuales están inhibidos por la educación para luchar por objetivos nacionales”.

Juan José Hernández Arregui.

 


La izquierda argentina y la Historia

Personalmente considero que los conceptos de “izquierdas y derechas” no tienen hoy el mismo significado que tuvieron décadas atrás en nuestra cultura política. Dichos conceptos proceden de los centros de poder mundial y son manipulables según las circunstancias que quieran explicar. Son esquemas de análisis que suelen eludir el verdadero problema de los países como el nuestro: la cuestión nacional.

Lo que en este trabajo llamo “izquierdas” es solo una expresión didáctica para designar a fuerzas políticas expresadas en partidos (como por ejemplo el Partido Socialista o el Partido Comunista) que fueron antinacionales cuando dieron su versión de la historia argentina en el siglo XX.

Estas “izquierdas”, salvo contadas excepciones, (como veremos más adelante en la llamada Izquierda Nacional) poseen en materia histórica la misma incomprensión que tuvieron hacia los fenómenos políticos contemporáneos a su tiempo. El término “izquierda” es de difícil definición, pero podría decirse que, en términos meramente teóricos, es una política (revolucionaria o pacifica; marxista o liberal) que sostiene la necesidad de transformar el sistema capitalista.

En la práctica, el izquierdismo que nutrió la historiografía aquí abordada fue una conducta que se expresó como oposición a las tendencias intransigentes del pensamiento conservador. Sus diferencias fueron culturales mayoritariamente pero no expresaron, al menos hasta 1955, diferencias sustanciales con los sectores liberales de las élites dominantes en lo económico.

La izquierda fue, en nuestro país, a diferencia de algunos países europeos, no la expresión de movimientos sociales sino de posturas intelectuales, lo social se mueve por otros causes como fue el yrigoyenismo o lo fue y lo es en la actualidad el peronismo. Movimientos sociales ambos hacia los cuales la izquierda demostró, en aquellos días, además de incomprensión, hostilidad.

Es por esta razón que Jauretche trata a la izquierda como “epifenómeno de la oligarquía” ya que no es casualidad la coexistencia que se produce entre los intelectuales de izquierda, la oligarquía y el imperialismo, primero en 1930 para derrocar a Yrigoyen, luego, se repite en la Unión Democrática del 45 y finalmente en la “revolución fusiladora” que derroca al Gobierno de Juan Perón en septiembre del 1955.

Si nos ajustamos a la producción histórica corriente podríamos decir, siguiendo a Arturo Jauretche, que fue “mitromarxismo”, dado que llegaban a las mismas conclusiones que la historia de Mitre pero con términos y razonamientos que supuestamente fundaron en Karl Marx.

Los esquemas teóricos y las categorías analíticas propias del socialismo europeo sólo adornan su relato histórico, en cuyo contenido siempre estuvo presente la viva la concepción de "civilización" (representada por el Buenos Aires) o "barbarie" (encarnada por los caudillos federales).

El mejor ejemplo de esto es el pionero y fundador de esta escuela, Juan Bautista Justo (1885-1928), médico y traductor de "El Capital" de C. Marx, también director del periódico socialista "La Vanguardia". Justo es el principal impulsor del Partido Socialista en Argentina. Pese a reivindicarse como socialista fue un defensor de la moneda sana, el librecambio y la cooperación libre. Por sus influencias de la social democracia alemana y el liberalismo conservador de la clase dominante de nuestro país, Justo concluye compartiendo las tesis liberales en materia histórica. Así, en una conferencia de 1898, reafirma su fe en el credo de Civilización vs. Barbarie y sostiene: "Las montoneras eran el pueblo de la campaña levantado contra los señores de las ciudades... era la población de los campos acorralada y desalojada por la producción capitalista... Los gauchos eran el número y la fuerza y triunfaron. Pero su incapacidad económica y política era completa... Pretendían paralizar el desarrollo económico del país manteniéndolo en un estancamiento imposible... El matiz del fanatismo religioso de que se tiñó en ciertos momentos el movimiento campesino, señala también su sentido retrógrado".

Esta escuela historiográfica ya no tiene vigencia alguna, en la misma medida en que los partidos políticos a los que pertenecían los historiadores, después de sucesivas crisis y diásporas, hoy prácticamente no existen. Esta izquierda extinta nada tiene que ver con la izquierda de hoy.

Fueron muchos quienes hicieron aportes a esta corriente, no obstante, mencionaremos sólo a los referentes más significativos de aquella corriente.

 

José Ingenieros (1877-1925):

Nació en Italia, su verdadero nombre era Giuseppe Ingenieri. Fue médico, psiquiatra, escritor, docente y filósofo. Fundador y miembro del Partido Socialista. Sus obras como “El hombre mediocre” o “Hacia una moral sin dogmas” hicieron escuela en la enseñanza universitaria durante décadas.

José Ingenieros. 

Su personalidad inquieta fue motor de grandes tentativas culturales, las que llevó a cabo con éxito considerable, pero quedó atrapado en los preceptos de su época.

En materia histórica se aferró a un positivismo cientificista de contenido ecléctico para escapar de una sociedad colonial que no comprendía y lo perturbaba. Fue el último intento de positivismo no ortodoxo en Argentina.

Juan José Hernández Arregui y Rodolfo Puiggrós fueron los dos pensadores del campo nacional que estudiaron más en profundidad y críticamente la producción historiográfica de Ingenieros. Al lector que le interese les recomiendo las obras “Evolución de las ideas en la Argentina” de Puiggrós y “Formación de la Conciencia Nacional” de Hernández Arregui.

Rodolfo Puiggrós, en relación al libro “Evolución de las ideas en la Argentina”, apunta”: “La obra de Ingenieros carece de una filosofía coherente y en ella se cosecha marxismo y positivismo, metafísica y realismo ingenuo, irracionalismo nietzscheano y cientificismo, humanismo y racismo, admiración a la revolución proletaria y apología emersoniana del gran hombre, materialismo e idealismo, sin dar una interpretación clara y verdadera de las causas internas de nuestro desarrollo social. Solo queda en pie, como afirmación axiomática que el atraso de estas desventuradas comarcas proviene de la conquista española”.

Sobre el análisis de la obra de Ingenieros, Norberto Galasso realiza una inapelable sentencia: “…se presenta la subordinación al pensamiento histórico dominante, con la utilización de fraseología izquierdista. Así, donde Mitre y López hablan de atraso y barbarie, Ingenieros habla de feudalismo. Donde el mitrismo señala civilización, Ingenieros señala modernizació. Los revolucionarios de Mayo son discípulos de los enciclopedistas, los caudillos, "señores feudales", los unitarios, santsimonianos y Rosas, la restauración”.

 

Alfredo Palacios (1880-1965):  

Fue abogado, legislador, docente, y político con particularidades de líder carismático, adhirió desde su juventud al Partido Socialista. En 1904 fue elegido diputado por la Capital Federal y se convirtió de esa manera en el primer legislador socialista argentino y de América.

Alfredo Palacios.
En relación a la política tuvo en algunos momentos la visión de una especie de socialismo nacional para Argentina, lo que le valió muchos ásperos enfrentamientos dentro de su partido.

Jorge Abelardo Ramos cuando trata la tragedia de esta generación del 900, y al referirse a Palacios expresa: “Eterno Hamlet, le faltó coraje para romper definitivamente con la Casa del Pueblo (sede del P.S.) y ha concluido al servicio de la oligarquía”.


De su producción historiográfica se destaca “Esteban Etchevarria, albacea del pensamiento de Mayo”, donde reivindica la figura de Bernardino Rivadavia como un estadista progresista y visionario por la sanción de la Ley de Enfiteusis, que según la concepción de Palacios sería una aplicación del socialismo agrario de Henry George. Incomprensible, pero no tanto como la situación de que, pese a reivindicarse socialista, fue funcionario y sostén político de la dictadura de Aramburu.

 

Milcíades Peña (1933-1965):

Por último, destaco a la figura de este historiador. Este pensador es tal vez el más importante historiador de la izquierda marxista (no liberal) en la Argentina del Siglo XX. Fue un hombre de militancia trotskista en la fracción que conducía el dirigente Nahuel Moreno.

Milcíades Peña.
Es el miembro de esta corriente con mayor capacidad crítica y rigor científico. Pero, si bien su obra, en general, está, a entender del revisionismo, en coincidencia con el esquema de la historia liberal, aunque desde una óptica marxista, no creo que tenga tanta afinidad con la versión grotescamente falsificada de la historia nacional que hacen los otros referentes abordados. 

Sus trabajos más importantes son: “Antes de mayo. (1500-1810)” que lleva el subtítulo de “Formas sociales del trasplante Español al Nuevo mundo”, trabajo éste realizado entre los años 1955 y 1957 y en el que se estudia la formación y perspectivas de las clases sociales en la historia argentina.

También son relevantes sus obras “El paraíso terrateniente (1819-1850)”. “La era de Mitre”, “De Mitre a Roca. (1870-1885) y “Alberdi, Sarmiento, el 90 (1885-1890). Debido a la prematura muerte del autor en 1965 los textos originales fueron corregidos en el aspecto externo, respetando su contenido, por el escritor Luís Franco.

Yo tengo todas estas obras en mi biblioteca, y si bien no comparto muchas de sus conclusiones, reconozco la utilidad del material y la calidad de su pluma. Incluso para muchos intelectuales del campo nacional tanto Peña como su obra son un aporte "maldito" a la historia popular, y el mismo fue marginado por el pensamiento dominante.  

jueves, 23 de enero de 2025

La Historia y quienes la escriben (II): La corriente historiográfica oficial, liberal o “mitrista”


El majestuoso monumento en homenaje
a Mitre en la Recoleta porteña. 
“En nombre de la libertad y con pretensiones de servirla, nuestros liberales Mitre, Sarmiento y Cia, han establecido un despotismo turco en la historia, en la política abstracta, en la leyenda, en la biografía de los argentinos. Sobre la Revolución de Mayo, sobre la guerra de la independencia, sobre sus guerras, ellos tienen un alcorán, que es de ley aceptar, creer, profesar, so pena de excomunión por el crimen de barbarie y caudillaje”.  Juan Bautista Alberdi.

 


La “Historia Oficial”

De esta manera lúcida y lapidaria, Juan Bautista Alberdi, el más profundo y brillante pensador argentino del siglo XIX caracterizaba lo que luego se llamaría la historia oficial.  

Y se la llama “historia oficial” porque es la que se enseñó desde hace más de cien años en todos los niveles del sistema educativo. Es la que predomina en los medios de comunicación hegemónicos como única verdad indiscutible, hoy con los tiempos libertarios reivindicando a Mitre, Sarmiento, a un Alberdi que nada tiene que ver con la realidad -y que es una construcción imaginaria y políticamente funcional de Milei-, a Julio Argentino Roca, la Generación del 80, etc.

La historia oficial es también la que adornó los discursos protocolares, la omnipresente en la iconografía, en los monumentos, en las estatuas de los próceres levantadas en los espacios públicos, en la denominación de las calles y de los lugares, lo que se llama toponimia. Todos los lugares bellos llevan el nombre de proceres liberales y de origen oligarca. Solo con los gobiernos peronistas, en espacios temporales intermitentes, las calles, edificios, parques, paseos y monumentos rindieron homenaje a figuras históricas del campo nacional y popular.

Esta historia oficial es un subproducto de la “intelligenzia” colonial anglo-francesa del siglo XIX y se encuentra totalmente escindida de la memoria nacional del pueblo argentino que no la aprehende como propia.

Toda la historia oficial se basa “en la exclusión de la sociedad, de los movimientos de las multitudes, y de la realidad económica y geográfica en que se asientan y de la vida cultural propia que representa su continuidad. Historia de héroes y antihéroes, o de hechos separados de la trama histórica” (Jauretche).

La historia oficial, que es una historia mistificada, ha servido y sirve para que los argentinos tengamos una idea irreal del país y de nosotros mismos. Se logró construir la imagen de un país como una especie de ente abstracto o de algo ubicado en el más allá, divorciado por completo del juego de los intereses sociales y las contradicciones económicas tanto externas como internas.

Es un relato político más que historia. La oligarquía argentina, luego de ganar a sangre y fuego las guerras civiles construyó una justificación de si misma y su victoria. Los ricos, los pro ingleses, las élites porteñas, son los buenos. Sus enemigos, fueron salvajes. Ellos son los buenos civilizadores, los federales los bárbaros criminales.

 

Liberal en lo económico pero conservadora en lo político

Se la denomina también “liberal” porque interpreta y valora los acontecimientos desde un enfoque liberal-conservador.

Al decir de Galasso “un liberalismo que hace eje en lo económico con el libre juego del mercado y la apertura al exterior, pero que se vacía del contenido democrático que tuvo la Revolución Francesa y se impregna de una concepción elitista y antipopular”.

 

La historia “mitrista”

Y, por último, se la llama también “mitrista” debido a que, el vencedor de Pavón, Bartolomé Mitre, fue su iniciador. Mitre tiene la paternidad de esta historia "erudita" de corte positivista y, junto con sus continuadores fueron durante más de cien años los celosos custodios de la heurística, la hermenéutica y del Olimpo donde habitan los semidioses por ellos mismos erigidos.

Bartolomé Mitre

El principal representante de la historia oficial fue Mitre. Sólo elegimos aquí a Mitre y otros dos de sus principales exponente para desarrollar estos conceptos.  

a) Bartolomé Mitre (1821-1906), político, militar y escritor. Luego de vencer a Urquiza en la batalla de Pavón fue Presidente de la República (1862-1868).

Durante su presidencia, Argentina, aliada con Brasil y Uruguay, participó en la guerra de la Triple Alianza (1865-1870) en donde fue aniquilada criminalmente la hermana nación paraguaya.

En 1868 fue derrotado en las elecciones presidenciales por Sarmiento; volvió a presentarse como candidato en 1891 pero fracasó. Mitre fue también el fundador del periódico “La Nación”, en 1870, que al decir irónico del poeta Homero Manzi se convierte así en un prócer que “dejó un diario de guardaespaldas”.

Fue un hombre que tuvo inclinaciones por diversas disciplinas. Para sus apologistas, que lo han estudiado desde diferentes ángulos, fue algo así como un genio universal, polifacético y enciclopédico. Poseedor de un portentoso cerebro, fue, según sus admiradores, un genial estratega, poeta, traductor, periodista sagaz, orador, en fin, como un patricio del renacimiento criollo iluminado por Caseros.

Pero en realidad Mitre no era tan “grande”, no era un genio del Renacimiento pero se trataba sí, de una persona de acción, amante la "cultura" y fue un autodidacta que propagó su fiebre de conocimiento en diferentes campos de la actividad intelectual. Entre ellas fue el iniciador de nuestra producción historiográfica, pero, su contribución a la historia tributó a sus propios intereses y necesidades políticas.

 El legado más sólido que dejó Mitre como historiador es la “Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina”, cuyo primer esbozo data de 1857. La edición definitiva se publicó en 1876-1877. En este libro analiza el proceso de crecimiento de la sociedad rioplatense, que conduce lentamente a la Revolución de Mayo y examina las luchas revolucionarias y sus consecuencias.

En “La Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana” (1887-1890) intenta trazar la génesis del ideal ético-político que guió a la Revolución de Mayo. Escribió además obras históricas menores, y, en polémica con López, publicó las “Comprobaciones históricas” (1881-1882), en que defendió sus conclusiones y las exigencias que orientaron su obra.

Con la obra de Mitre comienza a funcionar la desvirtuación del pasado, que luego se convierte en un sistema orgánico destinado a mantener esa falsedad y prolongarla en el tiempo, imponiéndola para el futuro por medio de la prensa y la enseñanza, en la escuela, en la Universidad, generando así una dictadura del pensamiento como señala Alberdi. Lo que hoy llamaríamos “pensamiento único”, reivindicado en este 2025 con virulencia por Milei y su coro de “sentido común” libertario.

 

Vicente Fidel López, el otro

b) Vicente Fidel López (1815-1903) era hijo del Vicente López, el famoso autor del Himno Nacional. Su producción consta fundamentalmente de una “Historia de la República Argentina” en 10 tomos (1883-1893), llena de animación y de color; está trazada con cierto arte narrativo, se puede apreciar además, que su autor vivió personalmente todos los acontecimientos que relata. También escribió el “Manual de Historia Argentina”, que con el tiempo se transformó en un clásico de la enseñanza durante generaciones. 

Vicente Fidel López.
La historiografía oficial, en general, nos proporciona una visión centralista de la historia argentina. En las obras de Vicente Fidel López es más pronunciado aún, ya que su obra, titulada “Historia de la República Argentina”, es vista como una “biografía colectiva de la élite porteña”.

La historia argentina que muestran los manuales de López es la que se ve cuando se mira el pasado desde Buenos Aires, el interior no existe.

Trata de una historia de buenos y malos. De personalidades ejemplares, como Belgrano y San Martín (estos tergiversados y negados en su real dimensión), y de réprobos, como Artigas y los caudillos del interior. En este caso hay una cierta diferencia con Mitre. A lo largo de sus obras, Mitre, va matizando la imagen de los caudillos. Al principio las acusaciones de segregacionismo, localismo y de actitudes antinacionales se extienden a figuras como las de Estanislao López y Francisco Ramírez; sin embargo, en la última versión de la “Historia de Belgrano”, Mitre cambia sus apreciaciones maniqueas sobre los caudillos argentinos. No así Vicente Fidel López. Las imágenes que persisten por muchas décadas en la literatura escolar responde más bien a la inspiración de este último y a las apreciaciones iniciales de la historia de Mitre.

 

Levene, el primer académico de la Historia Oficial

c) Ricardo Levene (1885-1959). Cursó sus estudios universitarios en la Facultad de Derecho de Buenos Aires, a partir de 1901, y se doctoró cinco años después con una tesis sobre Las Leyes Sociológicas. Antes, ya había realizado una traducción de La Historia de la Civilización de J. de Crozals, en dos volúmenes.

En 1911 publicó su primer libro: “Los orígenes de la democracia argentina” -el inicio de una larguísima serie de publicaciones-, y el mismo año ingresó como docente a la Universidad de Buenos Aires.

Desde 1920, y durante tres años, fue Decano de la Facultad de Humanidades de la Universidad de la Plata, donde fundó una revista llamada como la Facultad: “Humanidades”. Por esta época se conoció uno de sus trabajos más difundidos, elaborado durante años de investigación y estudios preliminares: “Ensayo histórico sobre la Revolución de Mayo y Mariano Moreno. Contribución al estudio de los aspectos político, jurídico y económico de la Revolución de 1810. Aparecido en tres tomos en 1920 -el primero se refiere a los antecedentes revolucionarios y las primeras convulsiones coloniales, el segundo está dedicado a los hechos de 1810 y el tercero es un anexo documental.

Ricardo Levene. 
A su vez, para muchos, es en “La anarquía de 1820 y la iniciación de la vida pública de Rosas” (1933), por un lado y en “El proceso histórico de Lavalle a Rosas”, por otro, donde se puede ver al Levene más riguroso y hábil en la investigación del pasado.

En las primeras décadas de este siglo, la Academia Nacional de la Historia era la institución no universitaria más importante de las consagradas a la investigación histórica. Había sido creada en 1938 al oficializarse la antigua Junta de Historia y Numismática Americana (que Levene presidió desde 1927 a 1931). Con la presidencia de Levene, la Academia emprendió la “Historia de la Nación Argentina”, donde participaron más de un centenar de historiadores bajo su dirección y de la que aparecieron diez volúmenes en catorce tomos (entre 1936 y 1950). Su concepto de la historia fue eminentemente jurídico, aferrado al texto legal, de allí el tono frío de sus obras, apegadas siempre a un rígido formalismo impersonal.

 

La historia oficial y el presente

En la actualidad, en la academia, ya prácticamente nadie habla en serio de la historia “mitrista”. Los historiadores oficiales hace ya tiempo que se han rendido ante el revisionismo histórico (en sus distitnas vertientes), tanto en el terreno de la investigación, como en el de la polémica.

Pero esta situación en las universidades no es la misma que en la sociedad, al menos en este 2025. Milei y el gobierno nacional han emprendido una batalla cultural, en la cual la "batalla por la historia" vuelve a tener relevancia.

Javier Milei reivindica seguidamente a Julio Roca. Los
medios nacionales han publicado notas 
refiriendo a "Milei, Roca y la Batalla por la Historia".
Puede ser que en la academia le sea renuente hoy, pero a la Historia Oficial ahora la venden como se podría vender alimento balanceado. Y se vende en base a una permanente reiteración de sus slogans publicitarios por medio de discursos políticos, conferencias de prensa, bajada de línea de medios y voceres de sectores de la derecha que estaban escondidos durante décadas.

Si existen inconcebibles planteos negacionistas respecto a la existencia del genocidio de la última dictadura militar, nadie puede sorprenderse porque se reivindique a Roca y la conquista del desierto o que se celebra la persecución de caudillos federales en el siglo XIX. Y eso se puede dar porque la Historia Oficial vive en el sentido común de los sectores reaccionarios que, con pese a ser pocos, tienen poder para impulsar sus ideas.

La vigencia de las ideas del mitrismo histórico es consecuencia de una irresuelta batalla cultural. Cuando eran gobierno, ni Yrigoyen, ni Perón, dos caudillos nacionales y populares, afrontaron la revisión histórica con la decisión política que demandaba la integración espiritual de los dos movimientos nacionales.

Don Arturo Jauretche, refiriéndose a esta carencia en tono de autocrítica lo expresa claramente: “Comprendo el error porque lo he compartido y sólo después de dos duras experiencias políticas argentinas he percibido la importancia fundamental de esa integración en el plano del pensamiento político nacional”.

La historia oficial, liberal o mitrista ha podido sobrevivir hasta hoy por un simple hecho de poder. Subsiste en la medida que, desde ciertos sectores oligárquicos y del extranjero sostienen los instrumentos de difusión.

Durante el 2001 al 2015 muchos y muchas la dieron por extinta, pero la Historia Oficial es un reservorio ideológico que espera su momento histórico. Hoy, con la batalla cultural de Milei, vuelve a ocupar un lugar relevante en el discurso político.

lunes, 20 de enero de 2025

La Historia y quienes la escriben (I): Corrientes historiográficas en Argentina

La Historia Argentina de José María Rosa
“Para una política realista la realidad está construida de ayer y de mañana; de fines y de medios, de antecedentes y de consecuentes, de causas y de concausas. Véase entonces la importancia política del conocimiento de una historia auténtica; sin ella no es posible el conocimiento del presente, y el desconocimiento del presente lleva implícito la imposibilidad de calcular el futuro, porque el hecho cotidiano es un complejo amasado por el barro de lo que fue y el fluido de lo que será, que no por difuso es inaccesible e inaprensible.”

 Arturo Jauretche.

  


Escribe: Dr. A. Gonzalo García Garro

Historia. Las y los historiadores: Una aproximación crítica al conocimiento de lo histórico.

Todo hecho histórico cuando se lo interpreta, se lo construye como un conocimiento y deja de ser mera información. La historia que vos conoces, es historia si tiene un significado para vos, si no es así, entonces es un dato, o un relato que pronto olvidará tu memoria.

La historia tiene muchas caras y significados que los historiadores e historiadoras y los que la leemos le damos. La historia es personajes, hechos y fechas, pero también las circunstancias en se realizaron esos hechos, sean estos naturales, sociales, económicos, políticos o culturales.

Y todo se integra en un sentido, interpretación o significado para que de ese modo sea historia. Las y los historiadores siempre han ido más allá de una interpretación del hecho histórico y sus circunstancias. Han enmarcado sus interpretaciones en la visión de su tiempo, en una concepción del mundo, en una ideología que tiene que ver con un posible futuro, destino humano, desarrollo, progreso, consecución de principios, valores, ideales, política. Es decir, que en cada libro de historia que leemos está latente una filosofía de la historia y una política de la historia.

La “verdad” histórica no es entonces un problema historiográfico, científico, como tampoco es un tema heurístico (1) o hermenéutico (2). Es una cuestión política. Porque lo que se nos ha presentado y se nos enseña como historia, es una política de la historia, en que ésta es un instrumento de aquella. 

Un ejemplo seguramente te va a aclarar el concepto: Los vencedores de Caseros (1852) y Pavón (1861) a través de su figura más prestigiosa, Bartolomé Mitre, escribieron una historia falsa y desfigurada. Se perseguía esta finalidad: Impedir, a través de la desfiguración del pasado, que los argentinos poseamos la aptitud para concebir y realizar una política nacional. “Se quiso que ignoremos como se construye una nación y como se dificulta su formación auténtica para que ignoremos como se la conduce, como se construye una política con fines nacionales, una política nacional” (Jauretche). 

Concluyendo, Mitre, que ejerció el liderazgo de la clase dominante a partir de Pavón y por varias décadas más, escribió la historia que correspondía a la concepción de la Argentina “granero del mundo”, librecambista, liberal y “civilizada”; la Argentina de los dueños del puerto de Buenos Aires, en suma, la Argentina colonial dependiente del Imperio Británico. 

Quisiera ser claro en esta materia central: El historiador no está en el aire, la historia lo involucra a él. Nadie narra la historia por la historia misma. Como afirma Febvre perspicazmente: “toda historia es elección” y señala: “el historiador no va rondando al azar a través del pasado, como un trapero en busca de sus despojos, sino que parte con un proyecto preciso en la mente, un problema a resolver, una hipótesis de trabajo a verificar…porque describir lo que se ve, todavía pase, pero ver lo que se debe describir, eso sí es difícil”. La Historia, escribir la historia, es ciertamente una elección política y la historia que se escribe es siempre política de la historia en relación a las necesidades del presente que tiene el historiador. 

No hay posturas ingenuas o inocentes en las y los historiadores. Hay elecciones, ineludibles definiciones, deliberaciones políticas, que se hacen desde el presente. Y, estas elecciones políticas que los historiadores realizan, hacen que la historia se nos presente como contradictoria; y sí…, porque el presente, único lugar desde donde la historia puede aprehenderse también lo es. 

Por ejemplo, ahí está Urquiza, Pancho Ramírez y López Jordán… y su enorme protagonismo histórico. ¿Cuántos Urquizas, Ramirez o López Jordanes hay? Hay tantos “Urquizas” “Ramírez o “López Jordanes” como interpretaciones de nuestro pasado histórico, y hay tantas interpretaciones de nuestro pasado histórico, como proyectos políticos en vigencia existen en nuestro presente. 

Es en la hermenéutica (interpretación y articulación de los hechos históricos), el terreno en el cual se juega el compromiso político del historiador y su propia honestidad personal. Ese compromiso político a veces, es manifiesto y en ese caso no es condenable el historiador “parcial o tendencioso”. Sí, en cambio, es tramposo presentar la “verdad histórica” como la única, pretendidamente científica, cuando es interpretada desde una concepción ideológica oculta. 

Mi interpretación de la historia, mi “hermenéutica”; la trabajo desde mi el presente, obviamente también desde mi compromiso político e incluso a partir de mi necesidad: un intento, una pequeña contribución, desde ésta, mi tierra entrerriana a la formación de la conciencia nacional. 

Por otra parte, es significativo subrayar que la vida política latinoamericana y argentina está articulada con su historia a través del uso de lenguajes, nombres y símbolos emblemáticos que nos retrotraen permanentemente a nuestro propio pasado. 

Agrupaciones políticas del campo nacional han levantado banderas y usados nombres ligados a la historia popular, facilitando de esta manera, por lo que contiene de significado el nombre, la rápida comprensión de las razones de la lucha. A título de ejemplo el “Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros” en el Uruguay durante la década del sesenta tomas ese nombre porque eran los “tupas” los partidarios del Inca José Gabriel Condorcanqui, Tupac-Amarú, que entre 1780-1784 se sublevó con más de cien mil indios en el Alto Perú contra la dominación española, abriendo, pese a la derrota, la lucha liberadora de los pueblos americanos. Y “Tupamaros” llamaron también los españoles a los revolucionarios americanos que nos dieron la Patria. Tupamaros eran, según consta en las actas de los realistas, Belgrano, Monteagudo y San Martín entre otros.

En la Argentina, “Montoneros” dispuso tomar su nombre de las raíces profundas de las luchas del pueblo. La guerra montonera fue la forma de lucha espontánea y efectiva de las masas del interior en todo el Cono Sur durante la guerra de la independencia y luego durante el largo enfrentamiento armado contra la política centralista, hambreadora y pro británica de la oligarquía porteña. 

O sino también se puede recordar al llamado “Operativo Dorrego” que en enero de 1973 impulsó el entonces gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Oscar Bidegain, en forma conjunta con el General Carcagno, jefe de las Fuerzas Armadas. En el mencionado operativo trabajaron, codo a codo, oficiales, suboficiales y soldados del Ejército conjuntamente con militantes de la Juventud Peronista de la provincia resolviendo problemas causados por las inundaciones. Y se le denominó Dorrego para reivindicar y sacar del olvido a Manuel Dorrego, popular caudillo bonaerense, nacional, federal, demócrata y patriota hasta los huesos, fusilado por la oligarquía unitaria porteña. 

Viniendo más acá en el tiempo, para que todos y todas recuerden, en su segundo gobierno Cristina Fernández realizó una significativa reivindicación de Juan Manuel de Rosas, el gran maldito de la historia antipopular en la Argentina. En la provincia de Entre Ríos, acompañe a Jorge Busti en una comisión de Homenaje de Francisco Ramírez en ocasión del bicentenario de su fallecimiento creada por el gobierno de Gustavo Bordet. La historia y sus figuras aquí, recuperada desde el federalismo, la soberanía nacional y los proyectos populares, estuvo presente. 

Incluso la invocación a Juan Bautista Alberdi que hace Javier Milei, aunque uno entiende que es una falsificación de la verdad histórica, no deja de tener esa búsqueda de utilizar al pasado para la actualidad política.

Con este texto pretendo que vayas de los hechos a las interpretaciones de los mismos. No sólo leerás mi propia ponencia, que la tengo, sino, las de diversas corrientes históricas que responden a diferentes propósitos políticos. El conocimiento de una pluralidad de interpretaciones te permitirá valorar la historia argentina desde una diversidad de enfoques ideológicos-políticos, que te ayudará a entender mejor tu propia realidad desde la perspectiva del pasado. 

El presente argentino está incumplido. Y este incumplimiento deriva del pasado. Es la resultante de aquellas guerras intestinas, las guerras civiles que desviaron a la nacionalidad de su propio destino. Este incumplimiento deviene del triunfo del Buenos Aires mercantil y financiero con las armas y las políticas de Europa. Ha sido una historia alterada y un destino nacional desviado por las clases dominantes. Para vos, aquí más cerca, esto se expresa entre la continuidad entre Yrigoyenistas y anti personalistas, entre peronismo y anti peronismo, entre el campo nacional y popular y el neoliberalismo, entre la mirada puesta en Latinoamérica o los intereses globalización financiera. 

Para entender el problema, ya lo sabemos, hay que ir a la raíz histórica del mismo, esa es la razón de la búsqueda…pero primero corresponde que vayamos a la Historia e historiadores, ellos son los que escriben la historia.


Las corrientes historiográficas en la Argentina

 

“Diversidad de historias, singularidad de los historiadores; pluralidad de procesos, subjetividad de maneras de escribir y de hacer”.

 

La afirmación del epígrafe elegido pertenece al historiador Antoine Prost, menciona una complejidad de rutas por las que transita la historia, que impide fijar esquemas claros y lineales, pero que -al mismo tiempo- admite diversas lecturas del pasado, capaces de nutrir con inteligencia y sabiduría la ética ciudadana que necesita ser recreada en la Argentina de hoy por cada uno de los sujetos sociales que la habitan.

Se trata de conformar una auténtica dirigencia, capaz de interpretar los problemas de la gente y de rescatar continuidades que permitan recomponer la identidad nacional. Se trata de mostrar en este trabajo que existe una pluralidad de caminos para llegar a la interpretación del pasado. Se trata, en fin, de reflejar la lucha por el poder, que es fundamentalmente una lucha de ideas, de diversidades, una lucha por la palabra y por el relato.

En el tratamiento de la historia argentina se pueden distinguir a grosso modo cinco grandes corrientes historiográficas: “Oficial”, “Liberal de izquierda”, “Revisionista”, “Social” y “Revisionismo Federal-Provinciano”. 

Esta clasificación obviamente no pretende ser exhaustiva y tal vez genere, alguna que otra, polémica entre los especialistas del tema. No obstante, es el único método pedagógico que tengo a mi alcance para ofrecer una sinopsis, una visión más o menos completa del tema a exponer. 

Motiva también este capítulo ofrecerte un panorama de lo que fue y es la historiografía en Argentina. Aspiro incluso a que te sirva como una guía de consulta en donde puedas ubicar, a partir de este esquema, un básico “quién es quién” de los historiadores mas significativos de la historiografía argentina.

jueves, 14 de marzo de 2024

Juan Manuel de Rosas: Combates por la Historia

Juan Manuel de Rosas.

Juan Manuel de Rosas nació en Buenos Aires, el 30 de marzo de 1793, y falleció en Southampton, el 14 de marzo de 1877. Se ha dicho tanto en nuestra historia que considero que cualquier mirada actual de Rosas requiere de aclaraciones imprescindibles, más allá de la toma de postura política e historiográfica que hagamos, para construir un "desde donde" hablamos de Rosas. 


Entiendo, desde mi perspectiva obviamente, que abordar Rosas y la historia, y la forma en que debemos discutir a Rosas hoy, debe partir de las siguientes premisas que considero como irrefutables: 


a) Rosas como construcción política, consecuencia de un "combate por la historia" al cual, aún hoy, sigue sujeto el prócer; 


b) Rosas como el primer gran Estadista Nacional; 


c) Rosas como expresión casi fundacional de lo Nacional en la historia argentina, y; 


d) Rosas como primer gran emergente de lo popular en la política nacional. 


Acá les dejo un breve texto con estas reflexiones.

Escribe: A. Gonzalo García Garro.


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“¡OH Rosas te maldigo! Ni el polvo de tus huesos la América tendrá”. José Mármol.

La misión de los unitarios

Cada vez que recordamos o discutimos sobre Rosas se impone en primer lugar afirmar que el propósito de los emigrados unitarios que regresaron a Buenos Aires después de Caseros y se apoderaron del gobierno fue clarísimo: destruir todo vestigio del régimen rosista. Mintieron, fabularon, denigraron, vilipendiaron a Rosas, a su obra, a sus seguidores, y aún más, buscaron directamente borrarlo de la historia.

Esta maquinación la podemos verificar desde mucho antes de que Rosas fuese vencido en Caseros (1852), en el deseo y la predicción no cumplida de José Mármol, cuando en su poema “A Rosas” de 1843, maldice al “salvaje de las pampas que vomitó el infierno” y repite en dos estrofas distintas que “ni el polvo de tus huesos la América tendrá”. Este texto “poético” contiene una verdadera sentencia política que fue ejecutada prolijamente por el aparato cultural del sistema durante de 120 años. Los restos mortales de Don Juan  Manuel tuvieron que aguardar hasta 1989 para que pudieran descansar en la tierra que lo vio nacer, cumpliéndose así su última voluntad.

Rosas ocuparía durante muchos años el lugar del malvado en la historia oficial. Se enumeraban los crímenes perpetrados por la Mazorca, su negativa a organizar institucionalmente el país, la tiranía, las formas reaccionarias de ejercer el poder con facultades extraordinarias, la mirada estrecha para entender los cambios en el mundo exterior. Acusado de los más horrendos abusos fue durante años un innombrable que se lo mencionaba elípticamente como “el dictador” o “el tirano”.

Ese lugar de “maldito” sobrevive sin embargo en los últimos bolsones culturales de la oligarquía liberal y se derrama todavía a importantes sectores de la sociedad, incluida buena parte de la academia y las universidades. Es natural encontrar aún, de vez en cuando, alguna nota periodística de un indignado Sebrelli o de una aterrada María Sáenz Quesada por la “incomprensible vigencia” de la imagen del Restaurador.

Rosas, hoy

En la actualidad, Juan Manuel de Rosas ocupa un lugar en la historia, no es más un maldito marginal como otrora. En su dimensión popular, está considerablemente vaciado políticamente, como San Martín, como Moreno, pero tiene su territorio en la historia y el aparato cultural del sistema le ha otorgado un discreto lugar. Sus restos fueron repatriados después de una larga lucha y descansan en el panteón familiar del cementerio de la Recoleta. 

Desde 1999 tiene ya su monumento: una estatua ecuestre hecha en bronce del Restaurador se yergue en la ciudad de Buenos Aires en la esquina de Sarmiento y Libertador. Su rostro está impreso en los billetes de 20 pesos (el actual gobierno nacional dispuso que para los nuevos billetes no existan próceres, ilustrando con animales en su lugar, otra polémica para abordar) y en casi todas las ciudades de la Argentina una avenida, una calle o un barrio lleva su nombre. 

Y, por fin, de un tiempo a esta parte los manuales de historia lo mencionan no como un tirano oscuro y sangriento sino como un gobernador de la provincia de Buenos Aires que gobernó con “mano dura” un largo y difícil período.

Ha sido el proceso desde el 2003 al 2015, mediante el gobierno nacional, sobre todo el de Cristina Fernández de Kirchner, quien ha recuperado al mejor Rosas, el antiimperialista y lo ha puesto en el panteón histórico con el feriado nacional del 20 de noviembre, en homenaje la Batalla de la Vuelta de Obligado.

El Rosas de hoy es una victoria del combate por la historia

Pero esta institucionalización de Rosas, este reconocimiento, no fue otorgada por un gracioso favor del aparato cultural, sino que fue el resultado de una lucha política que duró años y que señala entre otras cosas un triunfo del revisionismo histórico sobre la historiografía liberal.

Don Arturo Jaureteche escribió que: “Para comodidad en la exposición y simplificándola de una manera didáctica pudimos considerar la historia oficial como la tesis y el revisionismo como la antítesis”. El revisionismo tuvo la tarea de demoler en una vasta tarea la historia falsificada, oponerse como antítesis a ella. Creo que, faltaría -y es lo que se está gestando hoy cuando renace (como siempre) la polémica histórica-, un tercer movimiento historiográfico, la síntesis superadora, que colocase a Juan Manuel de Rosas en su verdadero lugar en la historia de la Patria. 

Despejado el terreno, desechada la mentira de la historia falsificada (tesis), surge el revisionismo histórico (antitesis) que rescata y valoriza la figura de Rosas. La dinámica de la dialéctica exige la síntesis. La historia oficial ya fue destronada, es preciso ahora objetivarse para una nueva polémica, una nueva interpretación que coloque a Rosas en un lugar ecuánime y objetivo en la historia argentina.

Esta nueva etapa se debe nutrir de la dialéctica histórica tal cual la imaginaba Walter Benjamin, que recupera el relato de los vencidos, porque “encender en el pasado la chispa de la esperanza es un don que sólo se encuentra en aquel historiador que está compenetrado con esto: tampoco los muertos estarán a salvo del enemigo, si éste vence. Y este enemigo no ha cesado de vencer” (Walter Benjamin, Tesis VI en “Sobre el concepto de historia”). 

Eso le pasó a Rosas, sin dudas. Y en la derrota de los proyectos populares, que hay mucho de esto en nuestra historia, está lo que ha sido y puede ser nuestra Nación. Y una nueva mirada a nuestro pasado debe tener eso, recuperar la tradición de los oprimidos, los derrotados, los humillados, los exiliados, se debe nutrir de los malditos, es “cepillar la historia a contrapelo” como la Tesis VII de Benjamin.

Es una historia con perspectiva de futuro y funcional al presente. “Necesitamos de la historia, pero de otra manera de como la necesita el ocioso exquisito en los jardines del saber”, dice el Nietzsche que cita Benjamin, porque “el sujeto el sujeto del conocimiento histórico es la clase oprimida misma”, el pueblo me permito decir, pero “cuando combate”, tal reza la Tesis XII. 

Para eso debe servir la historia. Este debe ser el compromiso de los historiadores y en especial los historiadores y divulgadores históricos del campo nacional que entienden que “La historia es la política del pasado y la política la historia del presente”, como nos enseñó Don Arturo.

Desde dónde partir para hablar de Rosas

Hechas las aclaraciones, en función de esa imprescindible síntesis considero que cualquier mirada del hoy sobre Rosas tiene que partir de la aceptación de estas tres premisas históricas:

A) Rosas Estadista.

La Revolución de Mayo no había dado ningún ESTADISTA, ningún político de envergadura, salvo Moreno que fue una estrella fugaz que logró señalar un rumbo. Alvear, tal vez... había mostrado ciertos dotes, pero su juventud y las circunstancias internacionales lo hicieron fracasar. Dorrego se desmoronó en parte por su falta de ductilidad para adaptarse a las circunstancias y su obra encontró fin en el aberrante crimen del unitario Lavalle. Rivadavia, es justamente todo lo contrario a un político, es más bien la caricatura de un tipo de político, fue un ser alejado de la realidad. Belgrano, enorme en su voluntad, pero infalible en su desacierto. San Martín, se niega a participar en las luchas internas y parte al destierro. Ramírez, Quiroga y López, no pudieron pasar las fronteras del caudillismo local. Artigas, enorme en su integridad, coherente en su lucha y meridiano en claridad ideológica nunca pudo ser el poder real ni imponer la dirección política al conjunto. 

Ninguno había logrado hasta entonces generar un orden nacional, dominar la anarquía, poner un dique a la balcanización. Esta fue la obra de don Juan Manuel de Rosas, quien es a mi juicio el primer estadista de visión nacional que forjó la Revolución de Mayo.

B) Rosas Nacional.

En el área de las relaciones internacionales Rosas supo hacer respetar celosamente la independencia nacional. Fue el estadista custodio de nuestra soberanía en el Siglo XIX. Representa el honor, la unidad y la independencia de la Patria recién nacida.

La historia argentina reconoce un periodo crucial: la resistencia nacional de Rosas y su gobierno a un proyecto colonizador, a una tentativa imperial europea altamente peligrosa. Los episodios diplomáticos y militares de la intervención anglo francesa constituyen por la reacción de Rosas y su pueblo una de las paginas más memorables de nuestra historia. En esa obcecada resistencia y apasionada intransigencia se definió nuestro destino como Nación independiente. En el dilema de ser una factoría extranjera o una Nación soberana Rosas optó por lo segundo, que era el camino del sacrificio y de la lucha pero también el del honor.

Desde la historia oficial durante años se intentó tergiversar el verdadero cariz de la intervención imperialista, pero el revisionismo desenmascaró esta operación señalando con claridad que se trataba de una verdadera operación colonial con intereses económicos concretos. Los cañones de las más grandes potencias europeas apuntaron la Confederación y a pesar de la superioridad militar al final de la guerra la causa nacional terminó invicta y reconocida en todos los países del mundo incluso los enemigos.

C) Rosas Popular.

El pueblo de Buenos Aires, el pueblo auténtico, la gente, no había figurado aún en nuestra historia. Vimos que la gente que se congregó frente al Cabildo el 25 de mayo constituía un pequeño grupo. Las diferentes puebladas y golpes militares consistían en rebeliones o alzamientos minoritarios y sectarios. 

Artigas fue el primero en incorporar el pueblo a la revolución. Pero es Dorrego el que prepara el terreno para la aparición de lo popular en la escena política. Rosas lo continúa y lo profundiza. El nuevo escenario presenta una novedad: Las masas. La plebe de las orillas, los negros, los mulatos, los compadritos, la gente de la campaña, e incluso los indios, todos antes escondidos ahora se exhiben y participan. Esta fuerza política despreciada por los unitarios será la base social que Rosas, caudillo del campo popular, pone en acción en defensa de la Soberanía Nacional.


Pero la batalla sigue


Ningún personaje hispanoamericano, salvo quizás, Bolívar, ha apasionado tanto como Rosas a los pueblos que descendemos de España. Entre nosotros, Rosas es un tema de actualidad desde hace más de 160 años. Se podría afirmar que es el único tema histórico de actualidad permanente. Cientos de libros, miles de ensayos se han escritos sobre Rosas. Algunos trabajos son simplemente apologéticos otros directamente denigratorios. Los menos intentan cierta objetividad. Tantas publicaciones y opiniones manifiestan ciertamente que existe un ansia por conocer la verdad y que la polémica no está concluida.

La polémica no está concluida, es más, es preciso profundizarla y afinarla. Es puntual estudiar, investigar y discutir muchas instituciones, hechos y conceptos políticos de la época de Rosas: la naturaleza del federalismo planteado por Rosas, el sistema político de la Confederación, la relación con las provincias, los alcances de la Ley de Aduanas, los intereses ganaderos de la provincia de Buenos Aires, el carácter autocrático de la conducción de Rosas y mucho más.

La investigación y las cuestiones polémicas están abiertas, pero a mi juicio, desde el previo reconocimiento, de que estamos frente al primer estadista que tuvo la Revolución de Mayo, que le dio a la política de su tiempo, un contenido definitivamente nacional y auténticamente popular.


De todos los temas, ya lo he dicho, creo que una reinterpretación de Caseros, la apertura de un debate en torno a sus causas y consecuencias es una tarea imprescindible, por la relevancia que tienen, por lo incorporado a la cultura popular y la por la trascendencia que le otorgó la historia oficial como hito fundacional de la Nación Argentina.