sábado, 25 de marzo de 2017

Breves apuntes para una historia del Peronismo. Capítulo VI: El golpe del 76. Genocidio y Neoliberalismo


El golpe del 24 de marzo de 1976, que destituye a Isabel Perón, entendemos que se hubiese producido de cualquier manera, aunque hubiese estado sentado en el sillón de Rivadavia cualquier otro presidente.


El golpe fue ejecutado en contra de la herencia histórica, política y social de lo que el peronismo expresaba, atacándolo en todas sus dimensiones: la cultural, la institucional, la política e individualmente. Fue pensado en función del molde agro exportador de fines del siglo XIX que, dados los cambios internacionales, derivó en el programa financiero y desindustrializador: el modelo neoliberal.


El Proceso de Reorganización Nacional aspiraba a poner fin al "Estado de Bienestar" fundado por Juan Perón y al Proyecto Nacional concebido por el justicialismo en la década del 40, sin reparar en costos como el lamentable estado la convivencia democrática, la economía, la sociedad y las instituciones de nuestro país. El golpe del 76 fue decisivo para la inserción del país en el molde globalizador; justificado con el pretexto de la lucha mundial contra el comunismo. Pero ni el golpe tuvo su origen en el "peligro subversivo", ni la violencia aplicada fue para "la pacificación y el orden".


La implantación del modelo neoliberal a través de un gobierno dependiente y de un régimen de terror masivo, se combinaba con la necesidad de poner fin a una experiencia social y política de pleno empleo y la existencia de una legislación laboral y políticas sociales que no se correspondía con los intereses de las empresas trasnacionales ni los grupos económicos oligárquicos locales. Aspiraba a poner fin a una experiencia social, política y económica que iba en contra de los intereses de los poderosos del planeta y que hizo feliz, como nunca en su historia, a nuestro pueblo. Perón afirmaba que su único heredero era el pueblo. Con Perón muerto, lo que se pretendía ahora era destruir la herencia y matar al heredero.


El General Ibérico Saint Jean, Gobernador de facto de la Provincia de Buenos Aires, en mayo de 1977 decía: "Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después... a sus simpatizantes, enseguida... a aquellos que permanecen indiferentes, y finalmente mataremos a los tímidos".


No hubo "errores" ni "excesos", sino un plan de genocidio deliberado, y contradictoriamente a lo que surge de la leyenda de la "guerra sucia", no fueron muchos los que actuaron en la lucha armada.


En la Argentina no hubo, ni cerca, 30.000 guerrilleros. La cantidad la inventaron quienes querían justificar 30.000 muertes. Hubo sí, 30.000 luchadores sociales desaparecidos, barridos por la represión, de todos los sectores políticos revolucionarios. La inmensa mayoría de las víctimas fueron jóvenes, la mayoría fueron cuadros y militantes de la clase trabajadora, la inmensa mayoría fueron peronistas.


Lamentable e inexplicablemente aún se escuchan voces que defienden la dictadura, pero la historia, ya sin discusión seria posible, nos muestra que, de la larga lista de mártires y héroes de la causa nacional, es aquella Juventud de los 60 y 70 la que, a 44 años del golpe, debe ser recordada como paradigma y ejemplo. Llena de energía, de rebeldía e inconformismo social, esta generación política, encabezada por la “Gloriosa JP” de los 70 fue la generación del compromiso desinteresado por una sociedad mejor, más honesta, más justa.


Una generación que participó políticamente, persiguió una revolución para la Argentina, se sacrificó, militó y pavimentó con su sangre el camino para cambiar un país dependiente, sometido económica y culturalmente, evidentemente injusto en la distribución de la riqueza y el poder.


Como parte de una justa reparación histórica, en nuestro país hoy son casi 1000 los condenados por delitos de lesa humanidad. Pero aún falta mucho más.


¡Por Memoria, Verdad y Justicia! ¡Nunca Más!



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“Una vez más, los humildes están solos en la defensa de la dignidad y los intereses nacionales. Pero siempre ha sido así. La historia enseña que cuando la traición oligárquica abre las puertas a la voracidad del imperialismo, la tierra opone el coraje de sus hijos y la Patria se enciende en holocaustos gloriosos y fecundos. Esta generación esta dispuesta a cumplir con el sacrificio que demandan de ella una tradición inmaculada y una esperanza inextinguible.




Lo hemos hecho antes. Lo estamos haciendo. Lo haremos cuantas veces sea necesario. No toleraremos que una minoría apátrida, que ha reducido a las Fuerzas Armadas al innoble papel de carceleras del pueblo, continué defendiendo enconadamente intereses extranacionales y de clase desde posiciones usurpadas a su amparo”.
John William Cooke.


Escribe: Alejandro Gonzalo García Garro

La comprensión y el conocimiento de esta etapa histórica del justicialismo y de la patria es de fundamental importancia, ya que sus consecuencias políticas, económicas, sociales y culturales todavía siguen afectando y condicionando a todos los argentinos. Las relaciones de fuerzas allí constituidas siguen marcando la agenda pública argentina y estableciendo los límites de acción del propio peronismo y el sistema política en su conjunto.

Es por todo esto la extensión y la amplitud con la cual hemos abordado el proceso histórico que comienza con el Golpe de Estado del 24 de Marzo de 1976, desarrollando ideas y conceptos que trascienden al peronismo.

Hay que matar al heredero

El golpe de marzo del 76, que destituye a Isabe Perónl, entendemos que se hubiese producido de cualquier manera, aunque hubiese estado sentado en el sillón de Rivadavia cualquier otro presidente.
El golpe fue ejecutado en contra de la herencia histórica, política y social de lo que el peronismo expresaba, atacando todas sus dimensiones: la cultural, la institucional, política e individualmente. Fue pensado en función del molde agro exportador de fines del siglo XIX que, dados los cambios internacionales, derivó en el programa financiero y desindustrializador: el modelo neoliberal.

El Proceso de Reorganización Nacional aspiraba a poner fin al "Estado de Bienestar" fundado por Juan Perón y al Proyecto Nacional concebido por el justicialismo en la década del 40, sin reparar en costos como el lamentable estado la convivencia democrática, la economía, la sociedad y las instituciones de nuestro país. El golpe del 76 fue decisivo para la inserción del país en el molde globalizador; justificado con el pretexto de la lucha mundial contra el comunismo. Pero ni el golpe tuvo su origen en el "peligro subversivo", ni la violencia aplicada fue para "la pacificación y el orden".

La implantación del modelo neoliberal a través de un gobierno dependiente y de un régimen de terror masivo, se combinaba con la necesidad de poner fin a una experiencia social y política de pleno empleo y la existencia de una legislación laboral y políticas sociales que no se correspondía con los intereses de las empresas trasnacionales ni los grupos económicos oligárquicos locales. Aspiraba a poner fin a una experiencia social, política y económica que iba en contra de los intereses de los poderosos del planeta y que hizo feliz, como nunca en su historia, a nuestro pueblo. 

Perón siempre nos enseñó que su único heredero era el pueblo. Con el general muerto, lo que pretendía ahora la oligarquía y el imperialismo era destruir la herencia y matar al heredero.


Destrucción Institucional

Una política semejante, sólo pudo imponerse destruyendo a las organizaciones que sostenían los intereses del pueblo y persiguiendo a todos los que lucharan por la soberanía nacional y la justicia social, prohibiendo los partidos, interviniendo sindicatos, amordazando a la prensa, a la cultura, a los disidentes e implantando el terror más salvaje que ha conocido la Argentina.

Desde el plano institucional, los jerarcas del Proceso Militar ejercieron la suma del poder público con el predominio de las Fuerzas Armadas por sobre las demás instituciones del gobierno. Así:

-Fueron depuestos la presidente, los gobernadores y los jueces.

-Fueron disueltos: el Congreso Nacional, las legislaturas provinciales y los consejos deliberantes.

-Se prohibió la actividad política estudiantil y de los partidos.

-La UIA, la CGE, la CGT y los sindicatos más importantes fueron intervenidos, sus fondos eliminados; y las actividades relacionadas con las huelgas y las negociaciones colectivas laborales, declaradas ilegales.

Plan sistemático de genocidio

La dictadura había logrado desarticular las instituciones que contenían las bases del proyecto fundado por el peronismo en la década de los 40, pero estas medidas no tenían la fuerza suficiente para consolidar el nuevo modelo sino se eliminaba totalmente la oposición social al régimen.

Para ello, el golpe militar destruyó el tejido social de la argentina, desarticulando las fuerzas populares de la sociedad civil. Represión invisible hecha de nocturnidad y silencio cómplice, de miedos y de ausencias.

Los militares implementaron un plan genocida de magnitudes nunca vistas en Latinoamérica. Fue la dictadura que más se mantuvo, la que tomó las decisiones más intolerantes y crueles, de modo absoluto y arbitrario. Y fue la más perversa.

Los métodos que la dictadura puso en práctica para eliminar la oposición política tomaron por sorpresa a todos, dada su brutalidad:

- Guarniciones y regimientos devenidos en campos de concentración, en centros de detención ilegales, en los cuales jamás accedió un abogado, juez o un observador internacional.

- Centros de tortura y unidades especiales, militares y policiales, cuya función era secuestrar, interrogar, torturar y matar.

- Eran prácticas habituales de tortura la picana, la violación, el asesinato o se los "desaparecía", arrojándolos vivos, adormecidos con drogas, desde aviones en vuelo al Río de la Plata o al mar.

- Y se apropiaron también, de los bebés de los disidentes, criados con identidades falsas.

- El "derecho al botín" concedido a los represores ilegales expandió el robo y la corrupción a niveles que antes no se habían conocido en el país.

Esta vez no fueron solamente los peronistas, también se sumaron otras corrientes y tendencias políticas, militantes de otra extracción también pagaron con su vida ser parte de esa Resistencia. Nuevamente entonces el exilio, las catacumbas, la proscripción, la cárcel, la muerte y los desaparecidos.

Reflexiones sobre la violencia

Mucho se ha hablado del las organizaciones revolucionarias de la década del 70. Se las ha demonizado o reivindicado ciegamente. En relación a esto nos parece importante, mas allá de la posición que tomemos sobre la lucha armada, enmarcar la discusión dentro de unos parámetros políticamente más objetivos, dejando de lado los maniqueísmos y las generalizaciones inapropiadas que muchas veces son funcionales a discursos que aspiran a justificar la dictadura.

El punto de partida debe ser que todo análisis de la violencia política de los 70 debe partir del conocimiento de que toda una generación nació a la política bajo la violencia antipopular y la vivió continuamente.  Los bombardeos al pueblo el 16 de junio de 1955 en Plaza de Mayo, el sangriento Golpe de septiembre de 1955; las persecuciones y encarcelamientos, el castigo al movimiento del General Valle y los fusilamientos de peronistas en los basurales de José León Suárez; el secuestro y la desaparición de Vallese, el plan represivo Conintes que llenó las cárceles de peronistas, el exilio y la proscripción de Perón, los asesinatos de Mussi, Méndez, Retamal, Bello, Cabral, el Cordobazo, los fusilamientos de revolucionarios en la cárcel de Trelew, etc., etc., formaron la experiencia y la conciencia de muchos jóvenes de esa época.

La rebeldía a esta opresión asumió, numerosas veces, formas violentas. A muchos le pareció justo responder a la violencia "de arriba", del poder, con la violencia "de abajo", la violencia popular.

La resistencia peronista, las luchas obreras contra el Conintes, el Cordobazo, Rosariazo, Correntinazo, etc., fueron momentos gloriosos en las batallas de los sectores populares argentinas, que asumieron las formas que le imponían las circunstancias.

El pensamiento "pacifista", especialmente de un sector del radicalismo (quien fue cómplice de todas las dictaduras del siglo XX), margina injustamente a mártires que lucharon por la justicia social con los medios y en las condiciones que les permitía el sistema, cuando los caminos de la democracia real estaban cerrados. Por lo menos para la mayoría peronista.

Para muchos, la lucha violenta cesó con el retorno del General Perón a la Patria, cuando el peronismo llegó al gobierno en 1973. Muchos otros siguieron avalando el uso de la fuerza y algunos pocos la ejercieron: otorgaron una centralidad injustificada a la violencia y equivocaron los medios tal vez.

Luego, con Perón muerto, con las torturas, los secuestros y muertes en aumento por el accionar del Terrorismo de Estado, algunos más se sumaron, en especial los más jóvenes. Para entonces los límites se volvieron borrosos y las posibilidades de optar o desistir fueron más difíciles. Para muchos fue la lucha o el exilio.

Esta circunstancia le sirvió a los represores genocidas para incluir a toda una generación que propugnaba cambios en la sociedad como los sospechosos de ser guerrilleros. Y actuaron como sostenía el dictador Videla: "Si es preciso en la Argentina deberán morir todas las personas que sean necesarias para lograr la seguridad del país".

No hubo errores ni excesos…

El General Ibérico Saint Jean, Gobernador de facto la Provincia de Buenos Aires, en mayo de 1977 decía: "Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después... a sus simpatizantes, enseguida... a aquellos que permanecen indiferentes, y finalmente mataremos a los tímidos".

No hubo "errores" ni "excesos", sino un plan de genocidio deliberado, y contradictoriamente a lo que surge de la leyenda de la "guerra sucia", no fueron muchos los que actuaron en la lucha armada.

En la Argentina no hubo, ni cerca, 30.000 guerrilleros. La cantidad la inventaron quienes querían justificar 30.000 muertes. Hubo sí, 30.000 luchadores sociales desaparecidos, barridos por la represión, de todos los sectores políticos revolucionarios. La inmensa mayoría de las víctimas fueron jóvenes, la mayoría fueron cuadros y militantes de la clase trabajadora, la inmensa mayoría fueron peronistas.

Mártires y héroes del peronismo

Algunas veces, lamentablemente aún, se escuchan discursos altisonantes, cargados de ofensas y calificativos despectivos sobre los desaparecidos y los muertos de la última dictadura. Más triste nos parecen cuando los mismos salen de la boca de personas que se auto denominan “peronistas”.

A pesar de cosas como estas, la historia, ya sin discusión seria posible, nos muestra que, de la larga lista de mártires y héroes de la causa nacional, es esa Juventud la que, ante un nuevo aniversario del golpe genocida, debe ser recordada como paradigma y ejemplo. Llena de energía, de rebeldía e inconformismo social, esta generación política, encabezada por la “Gloriosa JP” de los 70 fue la generación del compromiso desinteresado por una sociedad mejor, más honesta, más justa.

Una generación que participó políticamente, persiguió una revolución para la Argentina, se sacrificó, militó y pavimentó con su sangre el camino para cambiar un país dependiente, sometido económica y culturalmente, evidentemente injusto en la distribución de la riqueza y el poder.

También hay que decir que así como la JP fue una referencia saliente, no fueron los únicos. Junto a ellos corresponde el mismo homenaje a los trabajadores de base, delegados gremiales comprometidos y dirigentes sindicales combativos, al igual que militantes de otros espacios del peronismo que expresaban organizaciones activas y numerosas, que también cuentan con muertos y desaparecidos entre sus filas. Igualmente, también integran la larga lista de detenidos - desaparecidos militantes, argentinos y argentinas de otras expresiones políticas populares y revolucionarias, al igual que victimas del horror genocida que nada tenían que ver con la resistencia a la dictadura.

Derrumbe Militar y Peronismo

El régimen militar se hunde por su propia torpeza, criminalidad y las consecuencias de sus políticas antipopulares. La principal razón inmediata y desencadenante sin dudas fue la Guerra de Malvinas. También fueron los paros de la CGT, la resistencia política dentro de organizaciones sociales y la lucha de las organizaciones de los Derechos Humanos las que aportaron lo suyo.

El peronismo no es tan fatuo de creer que el solo volteó al régimen militar, no, pero si recordar, como ya dijimos, que si se repasan la lista de los muertos y desaparecidos en esa etapa, encontraremos una inmensa cantidad de trabajadores, delegados de fábrica, sindicalistas, militantes sociales, dirigentes estudiantiles y barriales que eran parte del movimiento peronista. Todo el movimiento peronista fue considerado indiscriminadamente como un blanco de la represión ejercida por el Terrorismo de Estado.

Como anécdota recordamos a Saúl Ubaldini y su accionar, que como Secretario General de la Central Obrera, se destacó como emblema de la reorganización del peronismo y movilizó una serie de huelgas en repudio al régimen militar.

Asimismo, encabezó procesiones al santuario de San Cayetano en Liniers por “Paz, Pan y Trabajo”, en abierta oposición a la desindustrialización del país, y que fue detenido junto con más de mil manifestantes el 30 de marzo de 1982, en una movilización en Plaza de Mayo.

La presentación de Bittel

Es oportuno hoy también recordar a Deolindo Felipe Bittel, un representante o dirigente afín a un sector del peronismo que reiteradamente sufre ataques, muchas veces injustos, especialmente de los sectores de la izquierda gorila, en relación a los hechos acaecidos en aquellos días.

Este hombre pudo manejar y conducir el peronismo durante los años de la dictadura militar y reclamar, en plena época de muertos y desaparecidos, por los Derechos Humanos, atreviéndose a firmar en 1979 - en su carácter de vicepresidente primero a cargo de la presidencia del PJ - el único documento que un partido político emitió abogando por los detenidos en forma clandestina e ilegal.

Y hemos elegido justamente fragmentos de este documento entregado por Bittel en 1979 a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA para publicar en estos apuntes referentes a esta etapa. En el documento se podrá, fácilmente advertir el compromiso que peronismo, en este caso institucionalmente, mantuvo en la lucha por los Derechos Humanos durante la última dictadura militar. El título de la misma fue: “El justicialismo denuncia la violación de los derechos humanos", y en sus párrafos más salientes dice: 

“El Justicialismo, desde 1946, representa a la gran mayoría del pueblo argentino, sin que nada ni nadie hasta la fecha haya desvirtuado esta aseveración tantas veces confirmada como cuantas veces nuestro pueblo logró ser protagonista de la historia de la Patria a través de la consulta electoral...

No hemos de abundar en la descripción de nuestro movimiento político y de sus banderas. Pero cabe señalar que desde 1946 hasta la fecha en el Justicialismo se traducen las legítimas aspiraciones espirituales y materiales del hombre argentino.…

Nuestro concepto de Justicia Social, la idea de una sociedad igualitaria, ha afectado y continúa afectando el privilegio.… 

Nuestro concepto de la Independencia Económica, el manejo de nuestros recursos en función de los intereses nacionales, ha lesionado y lesiona el privilegio.….

Nuestro concepto de Soberanía Política, de que nadie puede subrogar al pueblo, también ha afectado y afecta al privilegio.…

Por todo esto, los beneficiarios de la actual situación, son y serán nuestros implacables adversarios. Y sostenemos que quienes se aferran al privilegio no encontrarán otra manera de mantenerlo sino solo mediante la violación sistemática de los derechos humanos.…

Los hombres del Justicialismo, los que ejercieron la primera magistratura de  la Nación  los que integraron el Poder Legislativo los magistrados y funcionarios del Poder Judicial de la Nación, los dirigentes políticos y sindicales, los docentes, las mujeres y la juventud, han sido el blanco de una indiscriminada represión. Y están los otros hacedores y fundamento de nuestro accionar y de nuestra historia: el obrero silencioso, el estudiante, el profesional, el empresario, en fin, los que trabajan con esperanza y creyeron y creen que la Patria es un techo generoso que puede cobijar a todos. Tal vez esta creencia sea el delito que le asignan al pueblo.… 

No podemos aceptar que la lucha contra una minoría terrorista – de la que también hemos sido víctimas – se la quiera transformar en una excusa para implantar el terrorismo del Estado. “Dentro de la ley todo, fuera de la ley nada”, decía nuestro líder, el teniente general Juan Domingo Perón. Este concepto es el que ha regido nuestro gobierno y es el que exigimos se ponga en inmediata vigencia, porque no puede haber Doctrina de la Seguridad Nacional que esté por encima de la ley que debe amparar por igual a todos los ciudadanos. Aceptar cualquier otro criterio significaría transformar a la persona humana en simple objeto de los delirios represivos de las minorías... 

Nosotros, hombres del Justicialismo, no hemos de permanecer impasibles, no hemos de hacer de nuestro silencio una conducta. Sentimos un imperativo, producto de nuestras convicciones y de nuestra larga y dura militancia en la causa de la Patria. En consecuencia, el dolor de una madre es nuestro dolor; el dolor de un hijo es también nuestro; el obrero al que le falta el pan y no permiten decir lo que le falta, se hará voz en nuestras voces. Y esto nos compromete a asumir el dolor de aquellos que padecen la cárcel, a través de “actas”, “decretos” o “bandos” en las prisiones, embajadas, domicilios y confinamientos; y de los que padecen – y son millones – este exilio interior de la represión, el silencio y el hambre...

Hacer ese mundo mas justo significa, entre otras cosas (…) que no haya injusticia y desigualdad en la impartición de la justicia; que no haya nadie sin amparo de la ley y que la ley ampare a todos por igual; que no prevalezca la fuerza sobre la verdad y el derecho, sino la verdad y el derecho sobre la fuerza; y que no prevalezca jamás lo económico ni lo político sobre lo humano…

Por ello, el Justicialismo DENUNCIA:… la muerte y/o desaparición de miles de ciudadanos, lo que insólitamente se pretende justificar con la presunción de fallecimiento, que no significa otra cosa más que el reconocimiento de quienes se han atrevido o se atreven a levantar su voz y que han llevado o llevarán como “pena” desde un silencio impuesto, hasta la muerte”.


Walsh y la cuestión económica 

El otro texto que hemos elegido para interpretar este periodo histórico es la Carta abierta de Rodolfo Walsh a la Junta Militar (1977). Rodolfo Walsh nació en Río Negro en 1927 y fue asesinado en Buenos Aires en 1977 por un Grupo de Tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Fue escritor, periodista, traductor y autor teatral. Fundó en Cuba la agencia de noticias Prensa Latina, en 1959 y en 1976 creó la Agencia Clandestina de Noticias (ANCLA).

Esta Carta Abierta a la Junta Militar de Rodolfo Walsh es, ciertamente, un texto histórico. Ampliamente conocida, instamos a los compañeros y compañeras que aún no la hayan leído a que la lean. Su lectura y estudio es una tarea militante para todo ciudadano argentino. 

En función de este resumen y para una mejor comprensión del Golpe de 1976 transcribimos unos fragmentos de esa carta que consideramos esclarecedores:

"En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada".

"En un año, la dictadura:

-Ha reducido el salario real de los trabajadores al 40% y disminuido su participación en el ingreso nacional del 50% al 30% del PBI.

-Se ha elevado de 6 a 18 horas la jornada de labor que necesita un obrero para pagar la canasta familiar, llevando la desocupación al doble, prometiendo aumentarla con 300.000 nuevos despidos, retrotraído las relaciones de producción a los comienzos de la era industrial.

-El consumo de alimentos ha disminuido el 40%, el de ropa más del 50%, el de medicinas ha desaparecido prácticamente en las capas populares.

-Hay zonas del Gran Buenos Aires donde la mortalidad infantil superaba el 30%, cifra que nos iguala con Rhodesia, Dahomey o las Guayanas; enfermedades como la diarrea estival, las parasitosis y hasta la rabia en que las cifras trepaban hacia marcas mundiales o las superan.

-El descenso del producto bruto era del 3%, la deuda exterior alcanza a 600 dólares por habitante, la inflación anual al 400%, un aumento del circulante que en solo una semana de diciembre llegó al 9%.

-Dictada por el Fondo Monetario Internacional según una receta que se aplica indistintamente al Zaire o a Chile, a Uruguay o Indonesia, la política económica de esa Junta sólo reconocía como beneficiarios a la vieja oligarquía ganadera, la nueva oligarquía especuladora financiera y un grupo selecto de monopolios internacionales encabezados por la ITT, la Esso, las automotrices, la U.S.Steel y la Siemens".


Breves apuntes para una historia del Peronismo. Capítulo V: De Cámpora al Golpe del 76

“La idea estratégica de unir, organizar y dividir al pueblo por el empleo de la lucha armada, renunciando o despreciando la actividad que permita establecer un mínimo de vanguardia o, lo que es lo mismo, de organización política, constituye imponerse desde el comienzo una limitación suicida para el propio desarrollo, bajo la amenaza de ser aislado y derrotado en la intención”.
Gustavo Rearte.

“Entre la sangre y el tiempo, prefiero el tiempo”.
Juan Perón.

Escribe: Alejandro Gonzalo García Garro. 

Tiempos acelerados

Refiriéndose a esta etapa histórica, el escritor Martín Caparrós escribió una vez: el futuro era la justificación de todo lo que hacíamos pero muchos teníamos la confusa sensación de que viviríamos para siempre en un presente continuo, hecho de continuas marchas, contramarchas, enfrentamientos, treguas, maniobras y triunfos”.

Y seguramente fue así para muchísimos militantes, porque esta etapa del peronismo, que va desde 1973 hasta el Golpe Militar del 76 se caracteriza por la increíble cantidad de hechos que se suceden ininterrumpida y rápidamente, dando la sensación, de que la política estaba “acelerada”.

Por esta razón a continuación haremos una crónica que contiene los hechos y las lecturas más relevantes, de carácter político e institucional que marcaron esos tres vertiginosos años de la historia Argentina.

“Cámpora al gobierno, Perón al Poder”

El 11 de Marzo de 1973 gana las elecciones por amplio margen la fórmula Cámpora – Solano Lima. Cámpora asume la presidencia el día 25 de mayo de 1973 en el marco de una gran manifestación popular que impide el desfile protocolar de las Fuerzas Armadas. “Cámpora al gobierno, Perón al Poder” marcó el cambio favorable en las relaciones de fuerzas existente en el país, que se había gestado durante largos años de opresión y resistencia, devolviéndole el poder al pueblo, para sostener la política peronista bajo la consigna "Liberación o Dependencia".

La Junta Militar se retira abucheada por la multitud. A la asunción del gobierno asisten como invitados líderes latinoamericanos de la talla de Salvador Allende y el Presidente de Cuba, Osvaldo Dorticós. Aquella gesta representó el porvenir, por eso la juventud fue la vanguardia. Interpretó la fuerza incontenible de nuestro pueblo, por eso Perón fue la guía.

Representativas del momento histórico fueron las palabras de Cámpora, en el cierre de su campaña electoral, quien en su último discurso dijo: “...somos un Movimiento con raigambre y con futuro, pensamos en esa niñez maravillosa. Queremos entregarle una patria altiva, grande, digna y justa. Esa señal de victoria será entregada en las urnas. Que nadie se oponga al triunfo del Pueblo”.

Ezeiza y los enfrentamientos dentro del peronismo

Ya en el Gobierno, Cámpora y su comitiva viajan a España para acompañar a Perón en su regreso definitivo al país.    

Una muchedumbre nunca vista se congrega en Ezeiza para recibir al General: era el 20 de Junio de 1973. Se producen enfrentamientos armados entre distintas fracciones, con muertos y heridos. El peronismo tenía una interna irresuelta, si así lo podemos definir, que en definitiva sólo fue funcional a los enemigos del pueblo.

Sobre los motivos reales de lo sucedido aquel 20 de junio y del proceso interno desatado dentro del peronismo se han escrito muchas líneas de tinta y demasiadas teorías. ¿Habrá sido por protagonismo, por visiones políticas distintas, por la inexperiencia y la incomprensión de los tiempos políticos, por el accionar criminal de sectores de la denominada derecha peronista, para evitar el comienzo de la ejecución de un plan sistemático que se puso de manifiesto en el golpe del 76, por espacios de poder, etc.?

Son todas cuestiones aún sujetas a polémicas y encendías discusiones pero que, en definitiva, consideramos inoportuno traer a colación en este breve relato del peronismo.

Concluimos esto no sin antes aclarar que para la lectura actual de un militante peronista sólo debe quedar la enseñanza que a las violentas divisiones internas de los movimientos populares las sufre siempre el pueblo y son el camino a las peores tragedias colectivas.

Perón vuelve al gobierno

Después de toda una historia de desencuentros, Juan Perón vuelve, para no irse más, a la patria. Era un hombre que venía del otro extremo del océano, él mismo decía que venía “con el corazón abierto a una sensibilidad patriótica que sólo la larga ausencia y la distancia pueden avivar hasta su punto más álgido”.

Como si fuera una mera formalidad Cámpora y Solano Lima firman sus renuncias como gobernantes diciendo: "Devolvemos a Perón el mandato que nos dio el 11 de Marzo". Debe asumir el gobierno R. Lastiri (yerno de el ex comisario López Rega), presidente de la Cámara de Diputados.

Se convoca a elecciones, en cumplimiento de la acefalia presidencial, el 23 de septiembre, las que gana ampliamente por el 61,85%. El porcentaje de votos más aplastante a favor de un candidato presidencial en la historia democrática argentina. La fórmula era Perón – Maria Estela de Perón, su esposa. Asume su tercera presidencia el 12 de Octubre de 1973.

La Tercera presidencia

Durante el año que estuvo a cargo de la presidencia, su política económica, al igual que en el primer peronismo apostó a la obra pública como estrategia para combatir el desempleo. Fiel a su concepción de la Tercera Posición que no aceptaba imposiciones del imperialismo firmó tratados y convenios con la Unión Soviética, Cuba, China, España, Hungría.  

Lanza el Plan Trienal de Gobierno, un gran proyecto de expansión nacional que aspira al crecimiento económico y el desarrollo industrial. En ésta época se aumentan los salarios y se reduce la deuda externa y la dependencia con los sectores del capital internacional.

En cuanto a su política dentro del propio movimiento peronista buscó fortalecer la doctrina del Justicialismo. Para ello implementó los "Cursos de Doctrina Justicialista". Consideraba que era la etapa dogmática de la Revolución Peronista.

El peronismo y la revolución en paz

Todas las lecturas políticas que se realizan sobre esta etapa histórica hacen hincapié en las distintas visiones sobre la estrategia política general para la coyuntura. De que modo se podía conciliar la revolución peronista con la situación continental y las presiones de la oligarquía y los Estados Unidos era la cuestión que dividió al movimiento en visiones que, en gran medida, devinieron en antagónicas. 

Las condiciones políticas, en especial la situación en Latinoamérica distaban mucho de ser lo que eran al principio de la década de los 70. Del mismo modo, la profundidad y dimensión de la contraofensiva imperialista en el continente alcanzaban una magnitud nunca vista en nuestra historia.

Como encarar, desde nuestro movimiento, las enormes amenazas fue el gran tema irresuelto de aquella etapa histórica, porque ninguna de las posibles soluciones, tras la muerte de Perón, pudo estar a la altura de las necesidades de nuestro pueblo.

Una anécdota histórica del mismísimo Perón, escrita por Ricardo Brizuela, sintetiza y explica la visión de nuestro Líder sobre los días que sobrevendrían a su muerte y como los mismos debían enfrentarse: “...El general Domingo Perón se había reunido con dirigentes de organizaciones de la Juventud Peronista con los que dialogó. Durante el encuentro, el viejo líder dejó entrever muy claramente cuál era la tendencia para los gobiernos de América Latina y, al mismo tiempo, desnudaba las características del propio drama argentino. Perón dijo: “Hay algunos que se apuran y no comprenden que hay que andar con cuidado. Los otros días me encontré con unos muchachos que me dijeron que hay que hacer esto, y esto otro; y yo les dije: “ustedes quieren hacer igual que Allende en Chile, y miren cómo le va a Allende...” ¡Hay que andar con calma! ...¡Cuidado con eso! Porque la reacción interna, y apoyada desde afuera, es sumamente poderosa... Y aquí todavía hay tipos que están mirando por debajo de las rejas de los cuarteles para ver cuándo pueden salir. Y a ese intento hay que oponerle un poder político muy cohesionado y sólido. De manera de evitar caer de nuevo en todo lo que hemos pasado en estos dieciocho años. De modo que este rabo está por desollarse todavía. No nos hagamos ilusiones: ya demasiado se ha hecho hasta alcanzar esto. Cualquier otro modo quien sabe si nos hubiese podido salvar de la misma manera que nos ha salvado este. Los ingredientes de la revolución son siempre dos: sangre y tiempo; si se emplea mucho tiempo se ahorra sangre. Pero siempre es una lucha. Nosotros preferimos usar el tiempo, no gastar sangre inútilmente”.

El adiós al líder

Un gran problema se avecinaba a los argentinos: la salud y la existencia misma del líder. Perón se hallaba debilitado, ya no tenía fuerzas para continuar en el gobierno por lo que el 29 de Junio de 1974, delegó el poder en la Vicepresidenta.  

Los Comandantes Generales de las tres Armas afirman su respaldo a los preceptos constitucionales y las normas legales en vigencia. Los mismos sostienen todos los partidos políticos con representación parlamentaria.

El 1º de julio del mismo año, Perón muere en la Residencia de Olivos, tenía 78 años. Asume la Presidencia su esposa, Vicepresidenta de la Nación, María Estela Martínez de Perón, que todos conocerán como "Isabelita".

Enemigo al acecho

Más que motivados por la muerte de Perón, las presiones de los sectores golpistas de la oligarquía no cesaban, muchas veces encontrando facilitada su labor por las divisiones internas del movimiento que servían de excusa perfecta para avanzar en la escalera represiva.

No por casualidad, en aquellos días también suben los precios de combustibles, (crisis energética mundial) las tarifas de electricidad, gas, transporte y comienza el desabastecimiento, sube también el costo de vida en general. Naturalmente, se deprecian los salarios.

Esto, sumado a una serie de hechos políticos violentos comienza a crear un clima conflictivo en el país. Cabe señalar que gran parte de las organizaciones armadas que habían resistido la dictadura militar no se decidían a deponer las armas y sumarse al gobierno democrático. Sectores de la sociedad civil comenzaban a militarizarse. En el aspecto social se respiraba un clima revolucionario, que estaba encarnado en la misma Juventud Peronista, ya bajo la conducción de Montoneros y las distintas organizaciones revolucionarias.

Prólogo al Golpe Genocida

Sin Perón, no había nadie con pudiera conducir a las fuerzas en pugna dentro del movimiento. Tras su muerte se precipitaron todos los problemas contenidos por su sola presencia. Su mujer poco y nada podía hacer, para peor, detrás de su débil figura se acrecentaba la sombra del siniestro José López Rega, jefe de la criminal Triple A (Alianza Anticomunista Argentina). Poco durará Isabelita en el Poder.

Desde la muerte de nuestro líder, en junio de 1974, su viuda gobernó en un clima de violencia generado, en parte, por las luchas internas de propio peronismo pero capitalizado por quienes apostaban al golpe militar por venir.

A la par de la acción de las organizaciones armadas aumentó el terrorismo paraestatal de la Triple A. Para peor, comenzó el llamado Operativo Independencia del Ejercito Argentino en los montes tucumanos para combatir la guerrilla; estalla el llamado "Rodrigazo" (impuestazo y devaluación), aumenta la cotización del dólar, aumentan los combustibles, los transportes. Un panorama negro.

La CGT realiza paros repudiando la política económica. Se produce una crisis militar, y considerando débil a la presidenta de la Nación, se sublevan efectivos de la Fuerza Aérea de Morón, produciéndose enfrentamientos armados que dejan como saldo decenas de muertos.

El 24 de Marzo de 1976, Isabelita es detenida por orden de la Junta de Comandantes Generales de las Fuerzas Armadas iniciando así el llamado "Proceso de Reorganización Nacional". Y de esta manera el peronismo junto con amplios sectores del pueblo argentino entrará en esa larga noche de horror hasta la recuperación de la Democracia en 1983.

El último mensaje de Perón

Como texto de lectura y reflexión para esta etapa hemos elegido un documento del General Perón: “El modelo Argentino para el proyecto nacional”

El Modelo Argentino para el Proyecto Nacional es la obra póstuma de Juan Domingo Perón. Escrita en 1974, en los meses previos a su desaparición física, sintetiza, por lo tanto la última actualización de su pensamiento y de su doctrina. Este Modelo Argentino nos muestra la lucidez del Líder en lo que es considerado uno de sus mejores escritos políticos y doctrinarios. Tal vez este documento, este largo documento, podría decirse, es la herencia política de Perón.

Hemos seleccionado para este apunte algunos párrafos que muestran su visión del mundo, anticipando el fenómeno que hoy se denomina globalización, su idea de Patria Grande en una Latinoamérica integrada, sus inquietudes por el tema ecológico y los recursos naturales, como así también el concepto de “Democracia Social”. Este “Modelo Argentino para el proyecto nacional”, fue leído por el General Perón ante el Congreso de la Nación el día 1 de mayo de 1974:

“Se percibe ya con firmeza que la sociedad mundial se orienta hacia un Universalismo que, a pocas décadas del presente, nos puede conducir a formas integradas, tanto en el orden económico como en el político.
La integración social del hombre en la tierra será un proceso paralelo, par lo cual es necesaria una firme y efectiva unión de todos los trabajadores del mundo, dada por el hecho de serlo y por lo que ellos representan en la vida de los pueblos.
La integración económica podrá realizarse cuando los imperialismos tomen debida conciencia de que han entrado en una nueva etapa de su accionar histórico, y que servirán mejor al mundo en su conjunto y a ellos mismos, en la medida en que contribuyan a concebir y accionar a la sociedad mundial como un sistema, cuyo único objetivo resida en lograr la realización del hombre en plenitud, dentro de esa sociedad mundial.
La integración política brindará el margen de seguridad necesario para el cumplimiento de las metas sociales, económicas, científico-tecnológicas y de medio ambiente, al servicio de la sociedad mundial.
El itinerario es inexorable y tenemos que prepararnos para recorrerlo. Y aunque ello parezca contradictorio, tal evento nos exige desarrollar desde ya un profundo nacionalismo cultural como única manera de fortificar el ser nacional, para preservarlo con individualidad propia en las etapas que se avecinan.
El mundo en su conjunto no podrá constituir un sistema, sin que a su vez estén integrados los países en procesos paralelos. Mientras se realice el proceso universalista, existen dos únicas alternativas para nuestros países: neocolonialismo o liberación.
La pertinacia en levantar fronteras ideológicas no hace sino demorar el proceso y aumentar el costo de construcción de la sociedad mundial.
Para construir la sociedad mundial, la etapa del continentalismo configura una transición necesaria. Los países han de unirse progresivamente sobre la base de la vecindad geográfica y sin imperialismos locales y pequeños. Esta es la concepción de la Argentina para Latinoamérica: justa, abierta, generosa, y sobre todas las cosas, sincera.
A niveles nacionales, nadie puede realizarse en un país que no se realiza. De la misma manera, a nivel continental, ningún país podrá realizarse en un continente que no se realice. Latinoamérica es de los latinoamericanos. Tenemos una historia tras de nosotros. La historia del futuro no nos perdonaría el haber dejado de ser fieles a ella.”
La lucha por la liberación es, en gran medida, lucha también por los Recursos naturales y la preservación ecológica, y en ella estamos empeñados. Los pueblos del Tercer Mundo albergan las grandes reservas de materias primas, particularmente las agotables. Pasó la época en que podían tomarse riquezas por la fuerza, con el argumento de la lucha política entre países o entre ideologías.

El modelo Argentino precisa la naturaleza de la democracia a la cual aspiramos, concibiendo a  nuestra Argentina como una democracia plena de justicia social. Y en consecuencia, concibe al Gobierno con la forma representativa, republicana, federal y social. Social por su forma de ser, por sus objetivos y por su estilo de funcionamiento.”

Breves apuntes para una historia del Peronismo. Capítulo IV: “El Luche y Vuelve”

“La juventud tiene su lucha, que es derribar a las oligarquías entregadoras, a los conductores que desorientan y a los intereses extraños que nos explotan… No es posible quedarse a contemplar el ombligo de ayer y no ver el cordón umbilical que aparece a medida que todos los días nace una nueva Argentina a través de los jóvenes... No se lamenten los viejos de que los recién venidos ocupen los primeros puestos de la fila; porque siempre es así: se gana con los nuevos”.
Arturo Jauretche.


Escribe: Alejandro Gonzalo García Garro. 


Clase media y peronismo

En el subtitulo de este capítulo pretendemos hacer referencia a la reincorporación de las clases medias al movimiento nacional. Nos vamos a permitir profundizar este concepto: el peronismo del 45 al 55 no fue solamente un movimiento para los trabajadores, para los pobres y desheredados, fue también un movimiento para la clase media argentina.

La clase media, a través de los programas de educación, del fomento de la industria, de la creación de nuevas oportunidades de empleo, trabajo y producción había despertado también el ascenso y la movilidad social, la clase media se sentía interpretada por el peronismo y votaba el peronismo. Cuando acontece la mencionada ruptura del bloque histórico y caída del peronismo en el 55, la clase media, en parte ideológicamente frágil y vulnerable (como teorizara genialmente Jauretche), queda alineada con los sectores más duros de la oligarquía y vuelve a encuadrarse en los partidos políticos convencionales.

Pero la resistencia peronista, los años de democracia con proscripción y fraude posibilitaron otra vuelta de tuerca a la historia. Y así se dio una de las más grandes paradojas de la historia argentina: los hijos de esa clase media gorila y antiperonista a fines de los 60 encuentran en el peronismo su bandera de lucha y en el retorno de Perón su causa política.


Renovación doctrinaria

El peronismo, por su lado, pudo contener esa vuelta de los sectores medios a su seno debido a que no es un movimiento pasivo e inerte sino que siempre fue un movimiento vivo que supo recoger las grandes tendencias de la historia.

La Revolución Cubana, la presencia del Che en Latinoamérica, la lucha de Argelia y los pueblos africanos contra el colonialismo, los movimientos socialistas en el mundo, el mayo de París, las agitaciones en las universidades norteamericanas, la guerra de Vietnam, los nuevos movimientos sociales de los jóvenes… Todo eso también repercutió y fuertemente, porque no podía ser de otra manera en un movimiento de raíz popular como el peronismo.

Y, frente a la aparición de nuevas corrientes ideológicas en el mundo el peronismo tampoco se sitió ajeno a ello. En parte este torrente ideológico y social fue absorbido, pero tal proceso fue siempre con beneficio de inventario. Porque el peronismo tuvo y tiene esa enorme capacidad de asumir los cambios, pero sin perder las raíces, ni la identidad doctrinaria, así lo ha hecho en los casi 72 años de vida que tiene. Las raíces e identidad del peronismo fueron conservadas tanto cuando eran amenazadas por la derecha fascista como por la izquierda extranjerizante y pudo superar, a veces hasta dolorosamente, todos sus conflictos internos.

Los días del “luche y vuelve” eran los tiempos de la “Actualización Política y Doctrinaría para la toma del Poder” que hizo Juan Perón.


El rol de la juventud

La proscripción de Perón galvanizó la Resistencia e instaló una realidad que, con otras formas, se pone de manifiesto incluso en nuestros días: no se puede detentar el poder real sin la participación del peronismo.

Después del Cordobazo (1969) que limó el poder del primer jefe del régimen militar, Juan Carlos Onganía, las nuevas generaciones reclamaban el retorno de Perón para implantar el "socialismo nacional". Fueron los años de la masividad de la Juventud Peronista y del “Luche y Vuelve”. Estos sectores habían generado en el país el clima de resistencia y jaqueó al régimen militar que posibilitó la vuelta del General. Esa juventud que Perón llamó maravillosa, contenía a esa generación de jóvenes que se reincorporaban a la lucha por la liberación nacional.


El otro 17

El 17 de noviembre de 1972 se produjo uno de los hechos más trascendentes en la historia política argentina del siglo veinte: el regreso de Juan Domingo Perón tras 17 años de exilio. El acontecimiento es recordado como el "Día de la Militancia".

Perón volvió al país como fruto de uno de los procesos de mayor movilización popular de la historia argentina, en masividad y amplitud metodológica, para romper la estrategia de continuidad del "partido militar" y sus aliados civiles. Fueron años de lucha, de resistencia sacrificada en que la militancia peronista puso lo mejor de sí misma, tras un grito y una consigna: “Perón Vuelve”.

Transcribimos a continuación un texto del periodista Juan Salinas en donde recuerda su participación activa ese 17 de noviembre de 1972:

“La dictadura, repentinamente conciente del atolladero en que se había metido, en que venía metiéndose desde el principio, declinó todas sus pretensiones a cambio de una sola condición: que el general condenara aunque fuera una sola vez la lucha armada insurgente. Ya no le quedaba más que apelar a la solidaridad entre militares. Y fue inútil.
En memoria de aquellos días el Viejo dijo lo más poético que nunca escuché caer de su boca ladina y mordaz: “Ellos creían que yo era de ellos. Pero yo era de nosotros”. No hay modo de describir el 17: llovió todo el tiempo. La dictadura sacó 25.000 soldados a la calle e innumerables policías para formar un enorme cerco alrededor de Ezeiza.
Nos desparramaron a fuerza de gases y balas de goma, hablo de la columna que yo integraba, a menos de mil metros de Liniers. En medio de la represión, una viejita cantaba “a la pelotita, a la pelotita, que Perón está cerquita”. Nos reagrupamos y nos volvieron a desparramar media docena de veces, hasta un poco más allá del Puente 12. El resto fue un empecinado avanzar a solas, contra la cortina de agua, las nubes de gas lacrimógeno, los estampidos inciertos y el barro.
A las once, un vecino de una casilla de una villa que nunca sabré ni siquiera en qué partido del conurbano estaba, me llamó agitando una botella de Colón rosado:
  ¡Aflojá, pibe, que ya llegó! Así que brindamos, él y su familia, yo y cuatro o cinco compañeros de otros barrios. El vino estaba picado, porque el tipo lo había guardado desde el ’64. Corrían rumores de que un batallón de infantes de marina se había sublevado.
Estábamos rodeados por tantos milicos y tanques, y teníamos tal euforia, que un batallón nos parecía poco y nos desconcertó el rumor, que trajo otro vecino, de que se habían sublevado a favor nuestro. Es decir del Viejo. Había llegado. Lo habíamos traído. A pulso.”


El fin de ciclo

El viejo Líder había podido retornar a su Patria y su vuelta no fue una concesión del régimen militar de turno, sino el resultado de la larga lucha del pueblo.

Perón decide quedarse un tiempo en Argentina, se aloja en una residencia en la calle Gaspar Campos en Vicente López, donde concurren multitudes desde todos los rincones del país a saludarlo. Mantiene contactos con todas las fuerzas políticas, sindicales, empresariales y de la juventud.

En el país, Perón terminó el armado del frente civil que forzaría la salida democrática, para lo cual llegó a fundirse en el famoso abrazo con un antiguo enemigo, el jefe radical Ricardo Balbín. Y, montado en esa acumulación de poder social, pudo preparar el camino del regreso al poder del que había sido desalojado por las armas en 1955.

Lanusse hizo un último intento y volvió a proscribir a Perón que se quedó pocos meses en el país. Pero su suerte estaba echada y la consigna “Cámpora al gobierno, Perón al poder”, se materializó en las urnas. La “Resistencia Peronista” había terminado.

Breves apuntes para una historia del Peronismo. Capítulo III: Golpe gorila del 55: Oligarquía y Resistencia Peronista


“Desalojemos de nuestra inteligencia la idea de la facilidad. No es tarea fácil la que hemos acometido, Pero no es tarea ingrata. Luchar por un alto fin es el goce mayor que se ofrece a la perspectiva del hombre. Luchar es, en cierta manera, sinónimo de vivir: Se lucha con la gleba para extraer un puñado de trigo. Se lucha con el mar para transportar de un extremo a otro del planeta mercaderías y ansiedades. Se lucha con la pluma. Se lucha con la espada. El que no lucha, se estanca, como el agua. El que se estanca se pudre”
Raúl Scalabrini Ortiz.


Escribe: Alejandro Gonzalo García Garro. 



La caída del peronismo

Tras su apogeo y de ejercer el poder entre los años 1945 y 1955 se da un quiebre en el eje de poder sobre el cual se sustentó el peronismo. Como consecuencia de esto, ese mismo año se produce el golpe militar de septiembre del 55, el más grosero golpe a la voluntad popular en nuestra historia.

El peronismo cae porque se desarticula la coalición que lo había sostenido (es lo que se denomina, para la sociología política, como “la ruptura del bloque histórico” según los términos de Gramsci), por uno de esos avatares de la historia esa fuerza en coalición que ejerció el poder durante 10 años se desarticula.

Hay muchas razones para explicar este proceso, pero no hay un consenso total sobre cual fue la verdadera razón de la ruptura, si el conflicto con la Iglesia, si la presión de los intereses internacionales (sobre todo los norteamericanos y británicos), o la crisis económica. Seguramente no existe una causa excluyente sino concausas que llevaron a dicho final. Pero todas ellas encuentran el eje en la intención concreta de poner fin al peronismo como experiencia política, económica y social que dignificaba a las grandes mayorías populares.

El Golpe del 55

El 16 de septiembre de 1955 se produce el golpe contra el gobierno constitucional de Juan Perón. Los jefes militares del levantamiento, autodenominado la "Revolución Libertadora” asumen el mando.

Los partidos políticos de la vieja argentina festejaban en las calles. El Comité Nacional de la UCR brindó su apoyo al gobierno militar explicitando textualmente que "la revolución triunfante por el sacrificio de soldados, marinos, aviadores y civiles unidos por su patriotismo y amor a la libertad, abre una gran esperanza". Incluso radicales como Roque Carranza, Carlos Alconada Aramburú, y en Entre Ríos, Sergio Montiel, resultaron ser relevantes conspiradores, comandos civiles y luego funcionarios de la “Libertadora”.

Odio de clases

Aquí nos permitiremos abrir un paréntesis –en el desarrollo del capítulo- para avanzar en la explicación de una idea que consideramos fundamental en la comprensión de la historia de las luchas populares y su relación con las violaciones a los derechos humanos: El odio político.

La irrupción del peronismo en la historia de la Argentina moderna significó el momento en que comienza a gestarse el mayor odio político que jamás haya vivido la Argentina, sólo comparable al odio unitario a los federales en el siglo XIX. La caída del peronismo abrió la etapa de la manifestación abierta y desenfrenada de ese odio que dio nacimiento a la persecución política institucionalizada. Un odio político que aún perdura en algunos sectores de la sociedad, pese a los años que han pasado.

Era, es, odio de clase, odio éste que se manifestó desde 1955 hasta 1983 con golpes de estado sangrientos y persecutorios, que cometieron las más flagrantes violaciones a los derechos humanos de nuestra historia. Se manifestaba en particular contra el peronismo, contra lo que representaba y reivindicaba y también contra los propios peronistas.

Ya antes, este odio se manifestó con el criminal bombardeo a Plaza de Mayo. Fue la masacre del 16 de junio del 55, que por la forma y el nivel de la violencia ejercida marcó una bisagra en las prácticas represivas del poder oligárquico en la Argentina contemporánea. El ametrallamiento y el bombardeo sobre la población civil indefensa dieron nacimiento a un nuevo capítulo de la violencia institucional. Aquí se inicia el Terrorismo de Estado, que los sectores reaccionarios y antidemocráticos pondrán en marcha en forma sistemática para la resolución de los conflictos políticos. Aquel día murieron más de 300 personas.

Pero aquel bombardeo era sólo el comienzo. El 9 de junio de 1956 un grupo de militares peronistas, comandados por Juan José Valle y con apoyo de algunos dirigentes gremiales, protagonizó un frágil y fugaz levantamiento armado. El gobierno no dudó en reprimir la sublevación y ordenó fusilar a los jefes militares y a varios civiles. No sólo fueron fusilados militares, también hombres indefensos, sin acusación ni juicio, fueron asesinados en los basurales de León Suárez en forma clandestina.

El odio hacia el peronismo no sólo se daba en el Ejército y la Marina que hicieron el golpe, los partidos políticos que integraban la Junta Consultiva (todos) apoyaron y felicitaron los fusilamientos. Una frase tristemente célebre de aquellas horas la dijo el dirigente socialista Américo Ghioldi: “Se acabó la leche de la clemencia”.

Las ejecuciones de militares en los cuarteles fueron, por supuesto, tan bárbaras, ilegales y arbitrarias como las de civiles en el basural. Para parar la barbarie, el 12 de junio se entrega el general Valle, a cambio de que cese la matanza. Lo fusilan esa misma noche. Suman en total 27 ejecuciones en menos de 72 horas en seis lugares diferentes. Todas ellas están calificadas por el artículo 18 de la Constitución Nacional, vigente en ese momento que dice: "Queda abolida para siempre la pena de muerte por motivos políticos".

Dentro de las crónicas negras de la barbarie oligárquica podemos mencionar también, sólo por traer a colación los hechos más salientes, a Frondizi y el Plan Conintes y la posterior desaparición de Felipe Vallese. De apenas 22 años, Vallese, fue el primer detenido-desaparecido de la historia moderna. El 23 de agosto de 1962, en pleno gobierno títere de José María Guido, tras el golpe militar que había derrocado en marzo de ese año al presidente Arturo Frondizi, el entonces militante de la Juventud Peronista fue secuestrado por la policía de la provincia de Buenos Aires. Vallese nunca fue liberado; tampoco apareció su cuerpo. Se supone, casi con certeza, que murió en una sesión de tortura.

Otro hecho de esta criminal dimensión tuvo lugar el 22 de agosto de 1972, cuando la dictadura de Lanusse asesinó a sangre fría a 16 militantes pertenecientes a las organizaciones FAR, ERP y Montoneros, detenidos en la base naval de la ciudad de Trelew. La “Masacre de Trelew”, como entró en la historia, fue el primer esbozo de lo que luego sería la metodología de la dictadura de Videla: el asesinato a sangre fría de prisioneros desarmados.

La profundidad y trascendencia del peronismo

Cuando cayó Perón muchos de los actores políticos de aquella argentina pensaron que el peronismo era un fenómeno pasajero en la vida política de la patria, que desaparecería y que el pueblo lo olvidaría. Muchos lo creyeron, pensaron, que Juan Perón y su obra eran un producto histórico transitorio que pronto pasaría al olvido.

Consciente de las adversidades que enfrentaba nuestro movimiento la oligarquía creía que podía terminar para siempre el peronismo. Y así obró, se le aplicó todo el rigor de la legislación, no se podía mencionar el nombre de Perón, no se podía cantar la marcha, no se podía decir que uno era peronista, eso era riesgo de ir a la cárcel. Eso fue el nefasto Decreto 4161. La represión fue dura y sangrienta. Ya mencionamos algunas de las atrocidades cometidas por el poder oligárquico que buscaba una revancha histórica.

La Resistencia Peronista

¿Y cómo respondió el Movimiento Peronista a toda esta política de represión, muerte y persecución implementada por la oligarquía nuevamente en el poder?  El peronismo respondió a través de la Resistencia, generó así un movimiento de resistencia popular que duró 18 años, 18 años de proscripción, de exilio, de heroísmo y martirio. Y, puso en evidencia que, el peronismo no era un movimiento de temporada, transitorio, cuasi anecdótico. No era un simple partido electoral con tinte folklórico, que giraba y dependía de un hombre y que moriría por sus propias limitaciones políticas y biológicas. Era un movimiento nacional que había echado raíces, que tenía una profunda identidad enterrada en lo más profundo de la argentinidad y que la abonaba con la sangre de sus caídos.

Creemos que esa fue la hora más gloriosa del peronismo. Con la Resistencia Peronista surge el hecho místico y heroico del peronismo, sin partido, sin dirigentes, en el mismo estado que la gesta espontánea del 45.

La Resistencia surgió rápida y espontáneamente en las bases populares indignadas por el derrocamiento del presidente legitimo de todos los argentinos, Juan Perón, y surgió cuando sus dirigentes estaban presos, exiliados o escondidos. Esa reacción no tiene precedentes en el país. Yrigoyen también fue un líder popular pero su caída no generó, ni cerca, nada parecido.

La Resistencia surgió sin argumentos teóricos y sin esperar ayudas o ideas extranjeras. El peronismo comprendió que el odio concentrado del privilegio revanchista unió a todos, todos los partidos opositores del momento (igual que en el 45) apoyaron la mal llamada Revolución Libertadora que usurpaba el poder, toda la oposición, desde la extrema derecha a la extrema izquierda se pusieron en fila contra los humildes, ultrajando la memoria de sus símbolos más queridos, asesinando, torturando trabajadores, despojando de sus bienes a las organizaciones sindicales y de los derechos sociales a todos los trabajadores.

Había que hacer lo mismo pero en las antípodas ideológicas: unir a todos los sectores populares que se oponían al régimen. La Resistencia Peronista ganó cotidianamente las batallas en las calles, en cada rincón del país. Fue intransigente, durante 18 años conservó su espíritu inclaudicable y combatiente, que siguió apelando a sus raíces y logró finalmente, superar la larga noche de su exilio para poder volver al poder en 1973.
Desde 1955 a 1973, huelga, conflicto, plan de lucha, eran palabras familiares para los militantes de la época. El sindicato era el ambiente de los peronistas de la resistencia, la guarida natural, era el campamento donde se refugiaba ese gran ejército. Los dirigentes sindicales eran figuras habituales, y en las luchas sindicales, los peronistas inevitable y naturalmente tomaban siempre partido.

En el sindicato se guardaban los carteles, el engrudo, los bombos. Allí se hacían las reuniones clandestinas, allí se escuchaba el último casette de Perón, llegado de Madrid. El sindicato era, además, el templo de los militantes: lo presidía el retrato del líder y de Evita.

Los míticos militantes de la resistencia

Por el desmantelamiento de las estructuras del entonces Partido Peronista y en reemplazo de los ex funcionarios que estaban presos, perseguidos o que se “borraron” en 1955, surge una combativa legión de dirigentes, fundamentalmente obreros, y una nueva generación de jóvenes militantes dispuestos a dar la lucha contra el gobierno de los gorilas oligárquicos.  

Es la primera oleada de la JP, jóvenes que, a temprana edad, emergen para inventar la Juventud Peronista, asumiendo una conducta donde unían un sentido ético de lo social a un sentimiento heroico de la vida. De esa oleada de resistencia surgen dirigentes juveniles como Gustavo Rearte, Envar El Kadri, Susana Valle (hija del General fusilado), Carlos Caride, Jorge Rulli, Dardo Cabo, Héctor Spina, los Lisazo, Felipe Vallese, y otros hombres y mujeres del pueblo. Eran personas que derrochaban un aura romántica, propia de los fundadores de un nuevo tiempo, forjada al calor del prestigio que sus valientes conductas generaban. Con ellos se inicia la saga gigantesca por el retorno del General Perón, que culmina muchísimos años más tarde con el “Luche y Vuelve” y constituye el embrión y origen de la “gloriosa” JP de los 70.

El peronismo en la oposición

El retorno de Perón se debió en gran medida al infatigable acecho del peronismo a la dictadura. La exclusión política del peronismo, produjo un proceso que cambiará el perfil del justicialismo. A partir de 1955 el peronismo aglutinó, representó y canalizó a todas las rebeldías y críticas contra el sistema social y político, crecientemente ineficaz y en el cual era el único actor político apartado.  

El espectro político peronista se tornó muy amplio y variado. El activismo peronista opositor realizó sus intentos por la vía del levantamiento cívico-militar, acciones de resistencia por métodos encubiertos, “trabajo a tristeza”, sabotajes, colocación de explosivos, paros gremiales, atentados, ataques con bombas "Molotov”.

Además, participaba, aunque estaba proscrito, en las elecciones apoyando a otros candidatos en contra de los representantes civiles de la dictadura militar de turno. El peronismo en la oposición fue una fuerza incontrolable que derribó todos los muros que le ponían en frente en su marcha hacia el retorno del líder.

El régimen gorila retenía el poder, pero la presencia del peronismo que lo hostigaba, lo combatía y lo acechaba, le impidió hacerlo funcionar plácidamente. Era lo que se llamaba el “empate hegemónico”.

La conducción de Perón

Otra cuestión fundamental para comprender como el peronismo sobrevivió a tantos años de persecuciones y proscripciones fue la capacidad política excepcional de Juan Perón. La habilidad conductora de nuestro Líder, consistió en incluir dentro de su Movimiento a todos los que criticaban al sistema político-social.

Perón combinaba todas las formas de lucha y todos los sectores y expresiones políticas, las aprovechó a todos y todas, porque no confundió jamás a la táctica con la estrategia, ni a los objetivos inmediatos con los  objetivos fundamentales. Lector como nadie de los tiempos de la historia siempre supo como canalizar el descontento y los ánimos del pueblo en una dirección coincidente con los objetivos políticos a corto, mediano y largo plazo.

Cooke: padre de la Resistencia
En este capítulo hemos elegido como textos de valor histórico para la lectura y la reflexión, dos cartas instructivas de Perón desde el exilio: la primera fechada el 1 de diciembre de 1955 dirigida al conjunto del Movimiento y la segunda dirigida a Cooke fechada en 1957.

John William Cooke fue uno de los dirigentes peronistas más lúcido e intransigente. Diputado peronista en 1946, cuando tenía 25 años. Luego de 1955 fue representante y delegado oficial de Perón en la Argentina y principal líder de la resistencia peronista entre 1955 y 1959. Cooke consideraba que el peronismo era un movimiento de liberación nacional que debía conducir una revolución social en la Argentina. Siempre crítico y siempre Leal a su líder y al pueblo peronista muere en 1968.

Esperamos que la lectura de estas dos cartas ayude en la comprensión del espíritu fundamentalmente popular e intransigente de la Resistencia.

1) Carta de Perón desde el exilio fechada el 1º de diciembre de 1955:
“La disolución del Partido Peronista por decreto de la dictadura no debe dar lugar a la dispersión de nuestras fuerzas. Es necesario seguir con nuestras organizaciones. Tanto las mujeres como los hombres peronistas deben seguir reuniéndose para mantener el partido.  Cada casa de un peronista será en adelante una unidad básica del partido. La Confederación General del Trabajo y sus sindicatos, atropellados por la dictadura, deben proceder en forma similar. Yo sigo siendo el jefe de las fuerzas peronistas y nadie puede invocar mi representación. Si hay elecciones sin el peronismo, todo buen peronista debe abstenerse de votar. Ésta es mi orden desde el exilio.”

2) Carta de Perón a Cooke.

“El sabotaje, el boicot a las compras y al consumo, el derroche de agua, las destrucciones de las líneas telefónicas y telegráficas, las perturbaciones de todo orden, las huelgas, los paros, las protestas tumultuosas, los panfletos, los rumores de todo tipo, la baja producción y el desgano, la desobediencia civil, la violación de las leyes y decretos, el no pago de los impuestos, el sabotaje a la administración pública, solapada e insidiosa, etc., son recursos que bien ejecutados pueden arrojar en pocos días a cualquier gobierno...  Yo creo que la eficacia de los pequeños métodos es temible... Por eso creo que la resistencia no ha sido bien llevada, porque la gente se ve más atraída por las bombas y los incendios, que son efectivos si no se olvidan las otras cosas quizá más pequeñas, pero que ejecutadas en millones de partes resultan mayores y más efectivas que hacer volar un puente o incendiar una fábrica...” (Juan Perón, 1957).

Breves apuntes para una historia del Peronismo. Capítulo II: La obra del gobierno peronista (1945-1955)


“Yo sé que dentro de muchos años, cuando los argentinos se dejen acariciar por el recuerdo, llegarán a estos años de nuestra vida y dirán: Entonces éramos más felices, Perón estaba con nosotros”.
 Evita.

Escribe: Alejandro Gonzalo García Garro. 


“Éramos más felices”

Luego del 17 de Octubre llegaron las elecciones del 24 de febrero de 1946 y el reencuentro del líder con el pueblo. A partir de allí se edificó la herramienta para lograr la independencia, la justicia y el bienestar, las leyes laborales que protegían al obrero y al peón de campo, una Patria que abogaba por la unidad latinoamericana, retomando de esta manera la senda de San Martín, Bolívar y Artigas.

Con el peronismo, millones de argentinos conquistaron derechos sociales perdurables como vacaciones pagas, derecho a la educación y la salud gratuita y extendida, viviendas económicas, etc. La profecía de Evita se hizo realidad, como pueblo “éramos más felices, Perón estaba con nosotros”.

Las mentiras del neoliberalismo: Crecimiento vs. Distribución

Esta etapa, la del primer peronismo (1946-1955), suele abrir una discusión sobre el los resultados económicos y sociales concretos de las políticas implementadas. Ciertos datos y enfoques para su análisis son de los más polémicos cuando se juzga la obra del primer peronismo.

La primera cuestión es algo que se suele repetir o escribir con frecuencia. El advenimiento del peronismo fundió la economía nacional, la Argentina después de un pasado dorado, floreciente y próspero, que llega hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial (1945) entró en una larga crisis económica, de estancamiento y atraso. El motivo: querer distribuir apresuradamente el ingreso y gastar los recursos en políticas sociales activas. Conforme a esta perspectiva durante el peronismo el país no creció y eso es lo que llevó a la caída del ´55.

Esta es la interpretación que todavía se hace, la podemos escuchar de algunos “analistas”, politicólogos o economistas, del neoliberalismo. Había que optar entre distribuir o producir. El peronismo optó por la distribución, se olvidó de la producción. Eso dicen.

Pero vamos a los números, las cifras muestran otra cosa; las series estadísticas señalan que la época de mayor crecimiento que tuvo la Argentina en el siglo XX fue la época del ´45 al ´55. La tasa del producto bruto per cápita creció mucho más, bastante más, de lo que había crecido en los años anteriores.

Si tomamos el proceso de crecimiento del producto bruto per cápita del período de 1900-1929, “la época de oro” según sus apologistas, de ese pasado que nos había llevado a ocupar uno de los primeros lugares en el mundo, según dice la leyenda, se creció al 1,49%.  En la época peronista se creció al 1,73%. Algunos dirán que no es mucha la diferencia, pero sin dudas elimina la zoncera, en el alcance que le da Jauretche, de que el peronismo destruyó la economía.

La economía creció a un ritmo superior al histórico, al de la época de la oligarquía, y produciendo una fenomenal distribución del ingreso. Se creció distribuyendo de una manera mucho más igualitaria la renta de los argentinos.

La Justicia Social

En el año ´45 cuando el peronismo llega al poder, casi el 60% de la de renta nacional iba a los capitalistas, no existían las políticas sociales activas y casi toda la industria en desarrollo estaba bajo el control de empresas extranjeras.

El peronismo alcanzó el nivel de empleo más alto de la historia —sólo había un 2% de desocupación entre 1946 y 1952— y la participación de los trabajadores en la riqueza que alcanzaba al 55% del Producto Bruto Interno, fue la más alta del capitalismo occidental de la posguerra. El progreso industrial, el crecimiento del mercado interno, la reorganización de todas las funciones modernas del Estado, produjeron resultados formidables.

La Justicia Social, bandera revolucionaria de nuestro Movimiento, tuvo en Evita a su máxima luchadora, siendo ella todo amor y rebeldía por el bienestar de los desprotegidos, la que se concretó en una acción efectiva, cotidiana, permanente, de entrega y servicio, para consolidar y profundizar la revolución peronista, construyendo una sociedad más justa, donde el trabajo del pueblo sirviera a este y no a minorías privilegiadas ni a los intereses extranjeros que desangran nuestra Patria.

Se avanzó en obras de infraestructura social como hospitales y centros de salud; en la educación, a través de la creación de más escuelas, universidades nacionales, la creación de la universidad obrera y las escuelas técnicas; más todas las iniciativas sociales de la Fundación Evita.

La infinidad de hechos y obras concretas en beneficio de los sectores más desposeídos marcó la memoria colectiva del pueblo argentino de manera imborrable. Y toda la obra del peronismo no se hizo a costa de destruir la “riqueza”, sino a través del crecimiento económico y el desarrollo con justicia social. Como vimos, Argentina creció a una tasa superior a aquellas que ya existían, cuando no había procesos de redistribución del ingreso.

En síntesis, había razones para decir que “éramos más felices”. Fueron días felices, lo fueron, y de verdad. Fue, al fin y al cabo la construcción del Estado Bienestar y la consagración definitiva de los derechos sociales, en el marco histórico de la construcción de una Patria Justa, Libre y Soberana.

Números concretos

Juan José Hernandez Arregui (1913-1974) es, tal vez, uno de los pensadores y ensayistas más profundos del campo nacional. Tuvo una ambiciosa producción destinada a revisar el pensamiento y la cultura nacional. En uno de los capítulos de su libro “La Formación de la Conciencia Nacional”, obra fundamental del pensamiento popular, ensaya una síntesis sobre la obra del peronismo, de “los tiempos felices”, que a continuación dejamos para la consideración del lector:

“1) Nacionalización de la economía, créditos para la industria, plena ocupación y altos salarios.
2) La renta nacional aumento en 1954 con relación a 1943 en un 55 %. El país se capitalizó como en ninguna época de su historia. La deuda pública disminuyó con relación a la renta nacional, del 67 % al 57 % en 1955.
3) La casi inexistente dependencia de los mercados extranjeros, otorgo mayor libertad para comerciar con otros países, particularmente con la órbita comunista.
4) Creación de la Central Única de Trabajadores, y participación de la CGT en el poder político a través del parlamento, etc.
5) Crecimiento del mercado interno nacional y correlativo de la industria. El valor de la producción industrial con relación a la agropecuaria pasó a primer término con la respectiva incidencia en la renta nacional (24.800 millones contra 22.000 millones).
6) Poderosas centrales hidroeléctricas, plantas siderúrgicas, etc., fueron construidas en San Nicolás, Río Turbio, Nihuil (represa); diques, gasoductos, refinerías de petróleo, usinas eléctricas, altos hornos de Zapla, etc.
7) Pasaron al Patrimonio de la Nación, ferrocarriles, teléfonos, gas, servicios públicos, etc.
8) Entre 1948 y 1949, los chacareros arrendatarios se hicieron propietarios de un millón de hectáreas y este proceso continuó en los años posteriores.
9) El analfabetismo se redujo al 3 %.
10) La Marina Mercante paso a ser de las primeras del mundo.
11) Se dignificó a todos los trabajadores, mediante contratos de trabajo, leyes de previsión social, jubilaciones y pensiones para todos los argentinos, cooperativas, jubilaciones, escuelas técnicas, etc.
12) Se construyeron 500.000 viviendas con capacidad para cerca de 5 millones de personas.
13) Se repatrío la deuda externa. 1.000 millones de dólares iban al exterior por pagos de diferentes servicios, es decir 6.000 millones de pesos moneda de entonces, siendo la recaudación anual del gobierno de 10.000 millones. Los argentinos trabajaban para los extranjeros.
14) Se construyeron 76.000 obras públicas.”