sábado, 25 de marzo de 2017

Breves apuntes para una historia del Peronismo. Capítulo IV: “El Luche y Vuelve”

“La juventud tiene su lucha, que es derribar a las oligarquías entregadoras, a los conductores que desorientan y a los intereses extraños que nos explotan… No es posible quedarse a contemplar el ombligo de ayer y no ver el cordón umbilical que aparece a medida que todos los días nace una nueva Argentina a través de los jóvenes... No se lamenten los viejos de que los recién venidos ocupen los primeros puestos de la fila; porque siempre es así: se gana con los nuevos”.
Arturo Jauretche.


Escribe: Alejandro Gonzalo García Garro. 


Clase media y peronismo

En el subtitulo de este capítulo pretendemos hacer referencia a la reincorporación de las clases medias al movimiento nacional. Nos vamos a permitir profundizar este concepto: el peronismo del 45 al 55 no fue solamente un movimiento para los trabajadores, para los pobres y desheredados, fue también un movimiento para la clase media argentina.

La clase media, a través de los programas de educación, del fomento de la industria, de la creación de nuevas oportunidades de empleo, trabajo y producción había despertado también el ascenso y la movilidad social, la clase media se sentía interpretada por el peronismo y votaba el peronismo. Cuando acontece la mencionada ruptura del bloque histórico y caída del peronismo en el 55, la clase media, en parte ideológicamente frágil y vulnerable (como teorizara genialmente Jauretche), queda alineada con los sectores más duros de la oligarquía y vuelve a encuadrarse en los partidos políticos convencionales.

Pero la resistencia peronista, los años de democracia con proscripción y fraude posibilitaron otra vuelta de tuerca a la historia. Y así se dio una de las más grandes paradojas de la historia argentina: los hijos de esa clase media gorila y antiperonista a fines de los 60 encuentran en el peronismo su bandera de lucha y en el retorno de Perón su causa política.


Renovación doctrinaria

El peronismo, por su lado, pudo contener esa vuelta de los sectores medios a su seno debido a que no es un movimiento pasivo e inerte sino que siempre fue un movimiento vivo que supo recoger las grandes tendencias de la historia.

La Revolución Cubana, la presencia del Che en Latinoamérica, la lucha de Argelia y los pueblos africanos contra el colonialismo, los movimientos socialistas en el mundo, el mayo de París, las agitaciones en las universidades norteamericanas, la guerra de Vietnam, los nuevos movimientos sociales de los jóvenes… Todo eso también repercutió y fuertemente, porque no podía ser de otra manera en un movimiento de raíz popular como el peronismo.

Y, frente a la aparición de nuevas corrientes ideológicas en el mundo el peronismo tampoco se sitió ajeno a ello. En parte este torrente ideológico y social fue absorbido, pero tal proceso fue siempre con beneficio de inventario. Porque el peronismo tuvo y tiene esa enorme capacidad de asumir los cambios, pero sin perder las raíces, ni la identidad doctrinaria, así lo ha hecho en los casi 72 años de vida que tiene. Las raíces e identidad del peronismo fueron conservadas tanto cuando eran amenazadas por la derecha fascista como por la izquierda extranjerizante y pudo superar, a veces hasta dolorosamente, todos sus conflictos internos.

Los días del “luche y vuelve” eran los tiempos de la “Actualización Política y Doctrinaría para la toma del Poder” que hizo Juan Perón.


El rol de la juventud

La proscripción de Perón galvanizó la Resistencia e instaló una realidad que, con otras formas, se pone de manifiesto incluso en nuestros días: no se puede detentar el poder real sin la participación del peronismo.

Después del Cordobazo (1969) que limó el poder del primer jefe del régimen militar, Juan Carlos Onganía, las nuevas generaciones reclamaban el retorno de Perón para implantar el "socialismo nacional". Fueron los años de la masividad de la Juventud Peronista y del “Luche y Vuelve”. Estos sectores habían generado en el país el clima de resistencia y jaqueó al régimen militar que posibilitó la vuelta del General. Esa juventud que Perón llamó maravillosa, contenía a esa generación de jóvenes que se reincorporaban a la lucha por la liberación nacional.


El otro 17

El 17 de noviembre de 1972 se produjo uno de los hechos más trascendentes en la historia política argentina del siglo veinte: el regreso de Juan Domingo Perón tras 17 años de exilio. El acontecimiento es recordado como el "Día de la Militancia".

Perón volvió al país como fruto de uno de los procesos de mayor movilización popular de la historia argentina, en masividad y amplitud metodológica, para romper la estrategia de continuidad del "partido militar" y sus aliados civiles. Fueron años de lucha, de resistencia sacrificada en que la militancia peronista puso lo mejor de sí misma, tras un grito y una consigna: “Perón Vuelve”.

Transcribimos a continuación un texto del periodista Juan Salinas en donde recuerda su participación activa ese 17 de noviembre de 1972:

“La dictadura, repentinamente conciente del atolladero en que se había metido, en que venía metiéndose desde el principio, declinó todas sus pretensiones a cambio de una sola condición: que el general condenara aunque fuera una sola vez la lucha armada insurgente. Ya no le quedaba más que apelar a la solidaridad entre militares. Y fue inútil.
En memoria de aquellos días el Viejo dijo lo más poético que nunca escuché caer de su boca ladina y mordaz: “Ellos creían que yo era de ellos. Pero yo era de nosotros”. No hay modo de describir el 17: llovió todo el tiempo. La dictadura sacó 25.000 soldados a la calle e innumerables policías para formar un enorme cerco alrededor de Ezeiza.
Nos desparramaron a fuerza de gases y balas de goma, hablo de la columna que yo integraba, a menos de mil metros de Liniers. En medio de la represión, una viejita cantaba “a la pelotita, a la pelotita, que Perón está cerquita”. Nos reagrupamos y nos volvieron a desparramar media docena de veces, hasta un poco más allá del Puente 12. El resto fue un empecinado avanzar a solas, contra la cortina de agua, las nubes de gas lacrimógeno, los estampidos inciertos y el barro.
A las once, un vecino de una casilla de una villa que nunca sabré ni siquiera en qué partido del conurbano estaba, me llamó agitando una botella de Colón rosado:
  ¡Aflojá, pibe, que ya llegó! Así que brindamos, él y su familia, yo y cuatro o cinco compañeros de otros barrios. El vino estaba picado, porque el tipo lo había guardado desde el ’64. Corrían rumores de que un batallón de infantes de marina se había sublevado.
Estábamos rodeados por tantos milicos y tanques, y teníamos tal euforia, que un batallón nos parecía poco y nos desconcertó el rumor, que trajo otro vecino, de que se habían sublevado a favor nuestro. Es decir del Viejo. Había llegado. Lo habíamos traído. A pulso.”


El fin de ciclo

El viejo Líder había podido retornar a su Patria y su vuelta no fue una concesión del régimen militar de turno, sino el resultado de la larga lucha del pueblo.

Perón decide quedarse un tiempo en Argentina, se aloja en una residencia en la calle Gaspar Campos en Vicente López, donde concurren multitudes desde todos los rincones del país a saludarlo. Mantiene contactos con todas las fuerzas políticas, sindicales, empresariales y de la juventud.

En el país, Perón terminó el armado del frente civil que forzaría la salida democrática, para lo cual llegó a fundirse en el famoso abrazo con un antiguo enemigo, el jefe radical Ricardo Balbín. Y, montado en esa acumulación de poder social, pudo preparar el camino del regreso al poder del que había sido desalojado por las armas en 1955.

Lanusse hizo un último intento y volvió a proscribir a Perón que se quedó pocos meses en el país. Pero su suerte estaba echada y la consigna “Cámpora al gobierno, Perón al poder”, se materializó en las urnas. La “Resistencia Peronista” había terminado.

Breves apuntes para una historia del Peronismo. Capítulo III: Golpe gorila del 55: Oligarquía y Resistencia Peronista


“Desalojemos de nuestra inteligencia la idea de la facilidad. No es tarea fácil la que hemos acometido, Pero no es tarea ingrata. Luchar por un alto fin es el goce mayor que se ofrece a la perspectiva del hombre. Luchar es, en cierta manera, sinónimo de vivir: Se lucha con la gleba para extraer un puñado de trigo. Se lucha con el mar para transportar de un extremo a otro del planeta mercaderías y ansiedades. Se lucha con la pluma. Se lucha con la espada. El que no lucha, se estanca, como el agua. El que se estanca se pudre”
Raúl Scalabrini Ortiz.


Escribe: Alejandro Gonzalo García Garro. 



La caída del peronismo

Tras su apogeo y de ejercer el poder entre los años 1945 y 1955 se da un quiebre en el eje de poder sobre el cual se sustentó el peronismo. Como consecuencia de esto, ese mismo año se produce el golpe militar de septiembre del 55, el más grosero golpe a la voluntad popular en nuestra historia.

El peronismo cae porque se desarticula la coalición que lo había sostenido (es lo que se denomina, para la sociología política, como “la ruptura del bloque histórico” según los términos de Gramsci), por uno de esos avatares de la historia esa fuerza en coalición que ejerció el poder durante 10 años se desarticula.

Hay muchas razones para explicar este proceso, pero no hay un consenso total sobre cual fue la verdadera razón de la ruptura, si el conflicto con la Iglesia, si la presión de los intereses internacionales (sobre todo los norteamericanos y británicos), o la crisis económica. Seguramente no existe una causa excluyente sino concausas que llevaron a dicho final. Pero todas ellas encuentran el eje en la intención concreta de poner fin al peronismo como experiencia política, económica y social que dignificaba a las grandes mayorías populares.

El Golpe del 55

El 16 de septiembre de 1955 se produce el golpe contra el gobierno constitucional de Juan Perón. Los jefes militares del levantamiento, autodenominado la "Revolución Libertadora” asumen el mando.

Los partidos políticos de la vieja argentina festejaban en las calles. El Comité Nacional de la UCR brindó su apoyo al gobierno militar explicitando textualmente que "la revolución triunfante por el sacrificio de soldados, marinos, aviadores y civiles unidos por su patriotismo y amor a la libertad, abre una gran esperanza". Incluso radicales como Roque Carranza, Carlos Alconada Aramburú, y en Entre Ríos, Sergio Montiel, resultaron ser relevantes conspiradores, comandos civiles y luego funcionarios de la “Libertadora”.

Odio de clases

Aquí nos permitiremos abrir un paréntesis –en el desarrollo del capítulo- para avanzar en la explicación de una idea que consideramos fundamental en la comprensión de la historia de las luchas populares y su relación con las violaciones a los derechos humanos: El odio político.

La irrupción del peronismo en la historia de la Argentina moderna significó el momento en que comienza a gestarse el mayor odio político que jamás haya vivido la Argentina, sólo comparable al odio unitario a los federales en el siglo XIX. La caída del peronismo abrió la etapa de la manifestación abierta y desenfrenada de ese odio que dio nacimiento a la persecución política institucionalizada. Un odio político que aún perdura en algunos sectores de la sociedad, pese a los años que han pasado.

Era, es, odio de clase, odio éste que se manifestó desde 1955 hasta 1983 con golpes de estado sangrientos y persecutorios, que cometieron las más flagrantes violaciones a los derechos humanos de nuestra historia. Se manifestaba en particular contra el peronismo, contra lo que representaba y reivindicaba y también contra los propios peronistas.

Ya antes, este odio se manifestó con el criminal bombardeo a Plaza de Mayo. Fue la masacre del 16 de junio del 55, que por la forma y el nivel de la violencia ejercida marcó una bisagra en las prácticas represivas del poder oligárquico en la Argentina contemporánea. El ametrallamiento y el bombardeo sobre la población civil indefensa dieron nacimiento a un nuevo capítulo de la violencia institucional. Aquí se inicia el Terrorismo de Estado, que los sectores reaccionarios y antidemocráticos pondrán en marcha en forma sistemática para la resolución de los conflictos políticos. Aquel día murieron más de 300 personas.

Pero aquel bombardeo era sólo el comienzo. El 9 de junio de 1956 un grupo de militares peronistas, comandados por Juan José Valle y con apoyo de algunos dirigentes gremiales, protagonizó un frágil y fugaz levantamiento armado. El gobierno no dudó en reprimir la sublevación y ordenó fusilar a los jefes militares y a varios civiles. No sólo fueron fusilados militares, también hombres indefensos, sin acusación ni juicio, fueron asesinados en los basurales de León Suárez en forma clandestina.

El odio hacia el peronismo no sólo se daba en el Ejército y la Marina que hicieron el golpe, los partidos políticos que integraban la Junta Consultiva (todos) apoyaron y felicitaron los fusilamientos. Una frase tristemente célebre de aquellas horas la dijo el dirigente socialista Américo Ghioldi: “Se acabó la leche de la clemencia”.

Las ejecuciones de militares en los cuarteles fueron, por supuesto, tan bárbaras, ilegales y arbitrarias como las de civiles en el basural. Para parar la barbarie, el 12 de junio se entrega el general Valle, a cambio de que cese la matanza. Lo fusilan esa misma noche. Suman en total 27 ejecuciones en menos de 72 horas en seis lugares diferentes. Todas ellas están calificadas por el artículo 18 de la Constitución Nacional, vigente en ese momento que dice: "Queda abolida para siempre la pena de muerte por motivos políticos".

Dentro de las crónicas negras de la barbarie oligárquica podemos mencionar también, sólo por traer a colación los hechos más salientes, a Frondizi y el Plan Conintes y la posterior desaparición de Felipe Vallese. De apenas 22 años, Vallese, fue el primer detenido-desaparecido de la historia moderna. El 23 de agosto de 1962, en pleno gobierno títere de José María Guido, tras el golpe militar que había derrocado en marzo de ese año al presidente Arturo Frondizi, el entonces militante de la Juventud Peronista fue secuestrado por la policía de la provincia de Buenos Aires. Vallese nunca fue liberado; tampoco apareció su cuerpo. Se supone, casi con certeza, que murió en una sesión de tortura.

Otro hecho de esta criminal dimensión tuvo lugar el 22 de agosto de 1972, cuando la dictadura de Lanusse asesinó a sangre fría a 16 militantes pertenecientes a las organizaciones FAR, ERP y Montoneros, detenidos en la base naval de la ciudad de Trelew. La “Masacre de Trelew”, como entró en la historia, fue el primer esbozo de lo que luego sería la metodología de la dictadura de Videla: el asesinato a sangre fría de prisioneros desarmados.

La profundidad y trascendencia del peronismo

Cuando cayó Perón muchos de los actores políticos de aquella argentina pensaron que el peronismo era un fenómeno pasajero en la vida política de la patria, que desaparecería y que el pueblo lo olvidaría. Muchos lo creyeron, pensaron, que Juan Perón y su obra eran un producto histórico transitorio que pronto pasaría al olvido.

Consciente de las adversidades que enfrentaba nuestro movimiento la oligarquía creía que podía terminar para siempre el peronismo. Y así obró, se le aplicó todo el rigor de la legislación, no se podía mencionar el nombre de Perón, no se podía cantar la marcha, no se podía decir que uno era peronista, eso era riesgo de ir a la cárcel. Eso fue el nefasto Decreto 4161. La represión fue dura y sangrienta. Ya mencionamos algunas de las atrocidades cometidas por el poder oligárquico que buscaba una revancha histórica.

La Resistencia Peronista

¿Y cómo respondió el Movimiento Peronista a toda esta política de represión, muerte y persecución implementada por la oligarquía nuevamente en el poder?  El peronismo respondió a través de la Resistencia, generó así un movimiento de resistencia popular que duró 18 años, 18 años de proscripción, de exilio, de heroísmo y martirio. Y, puso en evidencia que, el peronismo no era un movimiento de temporada, transitorio, cuasi anecdótico. No era un simple partido electoral con tinte folklórico, que giraba y dependía de un hombre y que moriría por sus propias limitaciones políticas y biológicas. Era un movimiento nacional que había echado raíces, que tenía una profunda identidad enterrada en lo más profundo de la argentinidad y que la abonaba con la sangre de sus caídos.

Creemos que esa fue la hora más gloriosa del peronismo. Con la Resistencia Peronista surge el hecho místico y heroico del peronismo, sin partido, sin dirigentes, en el mismo estado que la gesta espontánea del 45.

La Resistencia surgió rápida y espontáneamente en las bases populares indignadas por el derrocamiento del presidente legitimo de todos los argentinos, Juan Perón, y surgió cuando sus dirigentes estaban presos, exiliados o escondidos. Esa reacción no tiene precedentes en el país. Yrigoyen también fue un líder popular pero su caída no generó, ni cerca, nada parecido.

La Resistencia surgió sin argumentos teóricos y sin esperar ayudas o ideas extranjeras. El peronismo comprendió que el odio concentrado del privilegio revanchista unió a todos, todos los partidos opositores del momento (igual que en el 45) apoyaron la mal llamada Revolución Libertadora que usurpaba el poder, toda la oposición, desde la extrema derecha a la extrema izquierda se pusieron en fila contra los humildes, ultrajando la memoria de sus símbolos más queridos, asesinando, torturando trabajadores, despojando de sus bienes a las organizaciones sindicales y de los derechos sociales a todos los trabajadores.

Había que hacer lo mismo pero en las antípodas ideológicas: unir a todos los sectores populares que se oponían al régimen. La Resistencia Peronista ganó cotidianamente las batallas en las calles, en cada rincón del país. Fue intransigente, durante 18 años conservó su espíritu inclaudicable y combatiente, que siguió apelando a sus raíces y logró finalmente, superar la larga noche de su exilio para poder volver al poder en 1973.
Desde 1955 a 1973, huelga, conflicto, plan de lucha, eran palabras familiares para los militantes de la época. El sindicato era el ambiente de los peronistas de la resistencia, la guarida natural, era el campamento donde se refugiaba ese gran ejército. Los dirigentes sindicales eran figuras habituales, y en las luchas sindicales, los peronistas inevitable y naturalmente tomaban siempre partido.

En el sindicato se guardaban los carteles, el engrudo, los bombos. Allí se hacían las reuniones clandestinas, allí se escuchaba el último casette de Perón, llegado de Madrid. El sindicato era, además, el templo de los militantes: lo presidía el retrato del líder y de Evita.

Los míticos militantes de la resistencia

Por el desmantelamiento de las estructuras del entonces Partido Peronista y en reemplazo de los ex funcionarios que estaban presos, perseguidos o que se “borraron” en 1955, surge una combativa legión de dirigentes, fundamentalmente obreros, y una nueva generación de jóvenes militantes dispuestos a dar la lucha contra el gobierno de los gorilas oligárquicos.  

Es la primera oleada de la JP, jóvenes que, a temprana edad, emergen para inventar la Juventud Peronista, asumiendo una conducta donde unían un sentido ético de lo social a un sentimiento heroico de la vida. De esa oleada de resistencia surgen dirigentes juveniles como Gustavo Rearte, Envar El Kadri, Susana Valle (hija del General fusilado), Carlos Caride, Jorge Rulli, Dardo Cabo, Héctor Spina, los Lisazo, Felipe Vallese, y otros hombres y mujeres del pueblo. Eran personas que derrochaban un aura romántica, propia de los fundadores de un nuevo tiempo, forjada al calor del prestigio que sus valientes conductas generaban. Con ellos se inicia la saga gigantesca por el retorno del General Perón, que culmina muchísimos años más tarde con el “Luche y Vuelve” y constituye el embrión y origen de la “gloriosa” JP de los 70.

El peronismo en la oposición

El retorno de Perón se debió en gran medida al infatigable acecho del peronismo a la dictadura. La exclusión política del peronismo, produjo un proceso que cambiará el perfil del justicialismo. A partir de 1955 el peronismo aglutinó, representó y canalizó a todas las rebeldías y críticas contra el sistema social y político, crecientemente ineficaz y en el cual era el único actor político apartado.  

El espectro político peronista se tornó muy amplio y variado. El activismo peronista opositor realizó sus intentos por la vía del levantamiento cívico-militar, acciones de resistencia por métodos encubiertos, “trabajo a tristeza”, sabotajes, colocación de explosivos, paros gremiales, atentados, ataques con bombas "Molotov”.

Además, participaba, aunque estaba proscrito, en las elecciones apoyando a otros candidatos en contra de los representantes civiles de la dictadura militar de turno. El peronismo en la oposición fue una fuerza incontrolable que derribó todos los muros que le ponían en frente en su marcha hacia el retorno del líder.

El régimen gorila retenía el poder, pero la presencia del peronismo que lo hostigaba, lo combatía y lo acechaba, le impidió hacerlo funcionar plácidamente. Era lo que se llamaba el “empate hegemónico”.

La conducción de Perón

Otra cuestión fundamental para comprender como el peronismo sobrevivió a tantos años de persecuciones y proscripciones fue la capacidad política excepcional de Juan Perón. La habilidad conductora de nuestro Líder, consistió en incluir dentro de su Movimiento a todos los que criticaban al sistema político-social.

Perón combinaba todas las formas de lucha y todos los sectores y expresiones políticas, las aprovechó a todos y todas, porque no confundió jamás a la táctica con la estrategia, ni a los objetivos inmediatos con los  objetivos fundamentales. Lector como nadie de los tiempos de la historia siempre supo como canalizar el descontento y los ánimos del pueblo en una dirección coincidente con los objetivos políticos a corto, mediano y largo plazo.

Cooke: padre de la Resistencia
En este capítulo hemos elegido como textos de valor histórico para la lectura y la reflexión, dos cartas instructivas de Perón desde el exilio: la primera fechada el 1 de diciembre de 1955 dirigida al conjunto del Movimiento y la segunda dirigida a Cooke fechada en 1957.

John William Cooke fue uno de los dirigentes peronistas más lúcido e intransigente. Diputado peronista en 1946, cuando tenía 25 años. Luego de 1955 fue representante y delegado oficial de Perón en la Argentina y principal líder de la resistencia peronista entre 1955 y 1959. Cooke consideraba que el peronismo era un movimiento de liberación nacional que debía conducir una revolución social en la Argentina. Siempre crítico y siempre Leal a su líder y al pueblo peronista muere en 1968.

Esperamos que la lectura de estas dos cartas ayude en la comprensión del espíritu fundamentalmente popular e intransigente de la Resistencia.

1) Carta de Perón desde el exilio fechada el 1º de diciembre de 1955:
“La disolución del Partido Peronista por decreto de la dictadura no debe dar lugar a la dispersión de nuestras fuerzas. Es necesario seguir con nuestras organizaciones. Tanto las mujeres como los hombres peronistas deben seguir reuniéndose para mantener el partido.  Cada casa de un peronista será en adelante una unidad básica del partido. La Confederación General del Trabajo y sus sindicatos, atropellados por la dictadura, deben proceder en forma similar. Yo sigo siendo el jefe de las fuerzas peronistas y nadie puede invocar mi representación. Si hay elecciones sin el peronismo, todo buen peronista debe abstenerse de votar. Ésta es mi orden desde el exilio.”

2) Carta de Perón a Cooke.

“El sabotaje, el boicot a las compras y al consumo, el derroche de agua, las destrucciones de las líneas telefónicas y telegráficas, las perturbaciones de todo orden, las huelgas, los paros, las protestas tumultuosas, los panfletos, los rumores de todo tipo, la baja producción y el desgano, la desobediencia civil, la violación de las leyes y decretos, el no pago de los impuestos, el sabotaje a la administración pública, solapada e insidiosa, etc., son recursos que bien ejecutados pueden arrojar en pocos días a cualquier gobierno...  Yo creo que la eficacia de los pequeños métodos es temible... Por eso creo que la resistencia no ha sido bien llevada, porque la gente se ve más atraída por las bombas y los incendios, que son efectivos si no se olvidan las otras cosas quizá más pequeñas, pero que ejecutadas en millones de partes resultan mayores y más efectivas que hacer volar un puente o incendiar una fábrica...” (Juan Perón, 1957).

Breves apuntes para una historia del Peronismo. Capítulo II: La obra del gobierno peronista (1945-1955)


“Yo sé que dentro de muchos años, cuando los argentinos se dejen acariciar por el recuerdo, llegarán a estos años de nuestra vida y dirán: Entonces éramos más felices, Perón estaba con nosotros”.
 Evita.

Escribe: Alejandro Gonzalo García Garro. 


“Éramos más felices”

Luego del 17 de Octubre llegaron las elecciones del 24 de febrero de 1946 y el reencuentro del líder con el pueblo. A partir de allí se edificó la herramienta para lograr la independencia, la justicia y el bienestar, las leyes laborales que protegían al obrero y al peón de campo, una Patria que abogaba por la unidad latinoamericana, retomando de esta manera la senda de San Martín, Bolívar y Artigas.

Con el peronismo, millones de argentinos conquistaron derechos sociales perdurables como vacaciones pagas, derecho a la educación y la salud gratuita y extendida, viviendas económicas, etc. La profecía de Evita se hizo realidad, como pueblo “éramos más felices, Perón estaba con nosotros”.

Las mentiras del neoliberalismo: Crecimiento vs. Distribución

Esta etapa, la del primer peronismo (1946-1955), suele abrir una discusión sobre el los resultados económicos y sociales concretos de las políticas implementadas. Ciertos datos y enfoques para su análisis son de los más polémicos cuando se juzga la obra del primer peronismo.

La primera cuestión es algo que se suele repetir o escribir con frecuencia. El advenimiento del peronismo fundió la economía nacional, la Argentina después de un pasado dorado, floreciente y próspero, que llega hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial (1945) entró en una larga crisis económica, de estancamiento y atraso. El motivo: querer distribuir apresuradamente el ingreso y gastar los recursos en políticas sociales activas. Conforme a esta perspectiva durante el peronismo el país no creció y eso es lo que llevó a la caída del ´55.

Esta es la interpretación que todavía se hace, la podemos escuchar de algunos “analistas”, politicólogos o economistas, del neoliberalismo. Había que optar entre distribuir o producir. El peronismo optó por la distribución, se olvidó de la producción. Eso dicen.

Pero vamos a los números, las cifras muestran otra cosa; las series estadísticas señalan que la época de mayor crecimiento que tuvo la Argentina en el siglo XX fue la época del ´45 al ´55. La tasa del producto bruto per cápita creció mucho más, bastante más, de lo que había crecido en los años anteriores.

Si tomamos el proceso de crecimiento del producto bruto per cápita del período de 1900-1929, “la época de oro” según sus apologistas, de ese pasado que nos había llevado a ocupar uno de los primeros lugares en el mundo, según dice la leyenda, se creció al 1,49%.  En la época peronista se creció al 1,73%. Algunos dirán que no es mucha la diferencia, pero sin dudas elimina la zoncera, en el alcance que le da Jauretche, de que el peronismo destruyó la economía.

La economía creció a un ritmo superior al histórico, al de la época de la oligarquía, y produciendo una fenomenal distribución del ingreso. Se creció distribuyendo de una manera mucho más igualitaria la renta de los argentinos.

La Justicia Social

En el año ´45 cuando el peronismo llega al poder, casi el 60% de la de renta nacional iba a los capitalistas, no existían las políticas sociales activas y casi toda la industria en desarrollo estaba bajo el control de empresas extranjeras.

El peronismo alcanzó el nivel de empleo más alto de la historia —sólo había un 2% de desocupación entre 1946 y 1952— y la participación de los trabajadores en la riqueza que alcanzaba al 55% del Producto Bruto Interno, fue la más alta del capitalismo occidental de la posguerra. El progreso industrial, el crecimiento del mercado interno, la reorganización de todas las funciones modernas del Estado, produjeron resultados formidables.

La Justicia Social, bandera revolucionaria de nuestro Movimiento, tuvo en Evita a su máxima luchadora, siendo ella todo amor y rebeldía por el bienestar de los desprotegidos, la que se concretó en una acción efectiva, cotidiana, permanente, de entrega y servicio, para consolidar y profundizar la revolución peronista, construyendo una sociedad más justa, donde el trabajo del pueblo sirviera a este y no a minorías privilegiadas ni a los intereses extranjeros que desangran nuestra Patria.

Se avanzó en obras de infraestructura social como hospitales y centros de salud; en la educación, a través de la creación de más escuelas, universidades nacionales, la creación de la universidad obrera y las escuelas técnicas; más todas las iniciativas sociales de la Fundación Evita.

La infinidad de hechos y obras concretas en beneficio de los sectores más desposeídos marcó la memoria colectiva del pueblo argentino de manera imborrable. Y toda la obra del peronismo no se hizo a costa de destruir la “riqueza”, sino a través del crecimiento económico y el desarrollo con justicia social. Como vimos, Argentina creció a una tasa superior a aquellas que ya existían, cuando no había procesos de redistribución del ingreso.

En síntesis, había razones para decir que “éramos más felices”. Fueron días felices, lo fueron, y de verdad. Fue, al fin y al cabo la construcción del Estado Bienestar y la consagración definitiva de los derechos sociales, en el marco histórico de la construcción de una Patria Justa, Libre y Soberana.

Números concretos

Juan José Hernandez Arregui (1913-1974) es, tal vez, uno de los pensadores y ensayistas más profundos del campo nacional. Tuvo una ambiciosa producción destinada a revisar el pensamiento y la cultura nacional. En uno de los capítulos de su libro “La Formación de la Conciencia Nacional”, obra fundamental del pensamiento popular, ensaya una síntesis sobre la obra del peronismo, de “los tiempos felices”, que a continuación dejamos para la consideración del lector:

“1) Nacionalización de la economía, créditos para la industria, plena ocupación y altos salarios.
2) La renta nacional aumento en 1954 con relación a 1943 en un 55 %. El país se capitalizó como en ninguna época de su historia. La deuda pública disminuyó con relación a la renta nacional, del 67 % al 57 % en 1955.
3) La casi inexistente dependencia de los mercados extranjeros, otorgo mayor libertad para comerciar con otros países, particularmente con la órbita comunista.
4) Creación de la Central Única de Trabajadores, y participación de la CGT en el poder político a través del parlamento, etc.
5) Crecimiento del mercado interno nacional y correlativo de la industria. El valor de la producción industrial con relación a la agropecuaria pasó a primer término con la respectiva incidencia en la renta nacional (24.800 millones contra 22.000 millones).
6) Poderosas centrales hidroeléctricas, plantas siderúrgicas, etc., fueron construidas en San Nicolás, Río Turbio, Nihuil (represa); diques, gasoductos, refinerías de petróleo, usinas eléctricas, altos hornos de Zapla, etc.
7) Pasaron al Patrimonio de la Nación, ferrocarriles, teléfonos, gas, servicios públicos, etc.
8) Entre 1948 y 1949, los chacareros arrendatarios se hicieron propietarios de un millón de hectáreas y este proceso continuó en los años posteriores.
9) El analfabetismo se redujo al 3 %.
10) La Marina Mercante paso a ser de las primeras del mundo.
11) Se dignificó a todos los trabajadores, mediante contratos de trabajo, leyes de previsión social, jubilaciones y pensiones para todos los argentinos, cooperativas, jubilaciones, escuelas técnicas, etc.
12) Se construyeron 500.000 viviendas con capacidad para cerca de 5 millones de personas.
13) Se repatrío la deuda externa. 1.000 millones de dólares iban al exterior por pagos de diferentes servicios, es decir 6.000 millones de pesos moneda de entonces, siendo la recaudación anual del gobierno de 10.000 millones. Los argentinos trabajaban para los extranjeros.
14) Se construyeron 76.000 obras públicas.”

jueves, 23 de febrero de 2017

Breves apuntes para una historia del Peronismo. Capítulo I: "El 17 de Octubre"

El 17 de Octubre




“Presentía que la historia estaba pasando junto a nosotros y nos acariciaba suavemente como la brisa fresca del río. Lo que yo había soñado e intuido durante muchos años estaba allí presente, corpóreo, tenso, multifacetado, pero único en el espíritu conjunto... El espíritu de la tierra estaba presente como nunca creí verlo”.

Raúl Scalabrini Ortiz.


Escribe: Alejandro Gonzalo García Garro. 


Significado de la gesta

Hemos elegido la gesta popular del 17 de octubre como el hecho histórico más relevante y significativo del periodo fundacional o pre-peronista.

Juan Perón y el peronismo, fueron producto de un momento histórico. Las consecuencias económicas y políticas de la segunda guerra mundial, la lucha por su independencia de los pueblos dependientes, colonizados y sometidos, al igual que las fuerzas sociales que despertaban en la Argentina, se combinaron con la crisis del modelo económico liberal agro-exportador oligárquico, para crear una encrucijada en la cual el Movimiento Nacional tomará forma bajo la dirección de un Líder, cuyo genio consistía en interpretar, comprender y encarnar lo que el pueblo necesitaba y quería.

Toda esta historia nace aquel 17 de Octubre de 1945.

La Argentina previa al peronismo

A mediados de la década del 40, llegaba a su fin la llamada "década infame", signada por el fraude, los negociados y el descrédito de los partidos políticos.

En esta época, a pesar del aislamiento producido por la Segunda Guerra Mundial, se había alentado el crecimiento industrial basado en la sustitución de importaciones. En el seno de la sociedad, surgió una poderosa clase trabajadora, como resultado del desarrollo económico y de las migraciones internas del campo a las grandes ciudades.

En 1943 el Grupo de Oficiales Unidos (GOU) deponen al gobierno civil y, un tiempo después, asume, el entonces Coronel Perón, como Secretario de Trabajo y Previsión Social.

Perón generó, desde allí, las condiciones para expresar los anhelos del pueblo y darle cohesión y contenido diferenciado a un movimiento de trabajadores. Para ello, impulsó el movimiento sindical, promulgó nuevas leyes sociales, reformó las existentes y creó nuevos sindicatos. Alcanzó prestigio y apoyo entre los sectores obreros.

Pero los cambios sociales inaugurados no eran suficientes. Hacía falta conquistar el poder, asumir el gobierno y controlar los resortes del Estado; y lograrlo por medios democráticos, para consolidar la revolución y legitimarla. Y por sobre todo se debía derrotar a los intereses de la oligarquía, el imperialismo y toda la vieja política de entonces que se oponía abiertamente a esa nueva argentina que estaba naciendo.

El hecho maldito del país burgués

Según crecía el poder de Perón, aumentaban sus enemigos entre las Fuerzas Armadas. El equilibrio de fuerzas dentro del Ejército se quebró desfavorablemente al entonces Coronel Perón, éste renunció, fue detenido y la oligarquía se disponía a retomar el control del poder. Los enemigos de Perón no pensaban rendirse ni entregarle el poder al pueblo. Fue entonces cuando la historia de nuestra patria encontró su bisagra.

El 17 de octubre se produjo un movimiento absolutamente espontáneo que desbordó a los dirigentes y que le dio al peronismo un sentido místico que perdura hasta hoy, más de siete décadas después. El dirigente político, peronista o no peronista, que no tenga en cuenta éste factor no entenderá nunca lo que es el peronismo, ni entenderá nunca lo que es la historia política y el futuro político de los argentinos.

Los dirigentes que gestaron el 17 de octubre eran laboristas, radicales, nacionalistas, forjistas, socialistas, católicos militantes e incluso comunistas y anarquistas. Era un movimiento emergente sin cuadros políticos propios ni militantes, sin estructura partidaria, sin la disciplina ni el oficio propio de los políticos experimentados. Era solamente el carisma, la conexión mágica, inexplicable para los hombres cultos de la oligarquía, que unía, al entonces Coronel Perón con el Pueblo, lo que hizo que se pudiera, de la nada, constituir en un partido político electoral que triunfara en las elecciones.

Y, frente a la figura de Perón, contra lo que su figura expresaba, se alinearon todas las fuerzas tradicionales y convencionales de la República de entonces. Todos los partidos políticos tradicionales, todas las organizaciones empresariales, todas las universidades, toda la prensa; todos bajo la dirección de la embajada norteamericana.

No había dudas: el poder “real” no estaba con Perón… he ahí el significado político del 17 de Octubre, en este punto radica su identidad y su trascendencia histórica.

Y en esta génesis, en esta característica fundacional de nuestro movimiento, como fenómeno antagónico al poder oligárquico, al “establishment” de aquel momento, encontramos también el significado real de la definición del peronismo como “el hecho maldito del país burgués” que tan brillantemente esbozara John Wlliam Cooke en uno de sus escritos.

Lealtad de los humildes

Todos los años, el 17 de octubre, el Justicialismo festeja no sólo el Día de la Lealtad Peronista, (reencuentro del Líder con su pueblo), sino, además, el momento histórico que marcó un punto de inflexión en la historia política, social y cultural de toda una Nación.

Aquella recordada fecha de 1945 nos traslada a los momentos en que la gente común, el "populacho", los "cabecitas negras",” los descamisados”, se hicieron oír por primera vez en la historia argentina. Marca, por primera vez la presencia del Pueblo de la Nación la historia argentina del Siglo XX.

El 17 de octubre no es una fecha cualquiera. Significa el hecho más importante de nuestra Argentina democrática contemporánea. A partir del 17, se inicia una historia distinta en Argentina, una historia que ya no podrá nunca más evitar la participación del Pueblo en la construcción política de la Nación. 

No sólo se festeja el nacimiento de un movimiento, inclusivo, abarcativo, universal, no dogmático, ni sectario ni excluyente; se festeja también el arribo del Pueblo a la Plaza de Mayo, para hacerse escuchar, clamar por su líder y expresar su repudio a un sistema político-económico-social.

Es el día donde se construye un lazo político y emocional inquebrantable entre el peronismo y los más humildes, una lealtad que ha soportado más de 70 años y que hoy lo sigue convirtiendo en la única fuerza política y social con potencial revolucionario en nuestra patria.

Relatos de aquel día: La Patria sublevada

Se han escrito miles y miles de páginas sobre esta gesta del Pueblo, hemos elegido dos textos para este cuaderno. El primero de ellos es un escrito de Raúl Scalabrini Ortiz, que considero como el más representativo de los testimonios históricos escritos al respecto.

Este documento que presentamos aquí al lector, además de tener un intrínseco valor histórico posee además un alto valor literario e incluso poético y consideramos que, su lectura reflexiva es realmente ineludible:

“Es increíble y hasta admirable el poder de persuasión y de ejecución de nuestra oligarquía. En el mes de octubre de 1945, el coronel Perón fue destituido y encarcelado.  El país azorado se enteraba de que el asesor de la formación del nuevo gabinete era el doctor Federico Pinedo, personaje a quien no puede calificarse sino con la ignominia de su propio nombre. El Ministerio de Obras Públicas había sido ofrecido al ingeniero Atanasio Iturbe, director de los Ferrocarriles británicos, que optó por esconderse detrás de un personero. El Ministerio de Hacienda sería ocupado por el doctor Alberto Hueyo, gestor del Banco Central y presidente de  la  Cade,  entidad financiera que tiene una capacidad de corrupción de muchos kilovatios.

"La oligarquía vitalizada reflorecía en todos los resquicios de la vida argentina. Los judas disfrazados de caballeros asomaban sus fisonomías blanduzcas de hongos de antesala y extendían sus manos pringadas de avaricia y de falsía. Todo parecía perdido y terminado. Los hombres adictos al coronel Perón estaban presos o fugitivos. El pueblo permanecía quieto en una resignación sin brío, muy semejante a una agonía.

"Con la resonancia de un anatema sacudía mi memoria el recurso de las frases con que hace muchos años nos estigmatizó al escritor Kasimir Edschmidt. "Nada es durable en este continente, había escrito. Cuando tienen dictaduras, quieren democracias. Cuando tienen democracia, buscan dictaduras. Los pueblos trabajan para imponerse un orden, articularse, organizarse y configurarse, pero, en definitiva, vuelven a combatir. No pueden soportar a nadie sobre ellos. Si hubieran tenido un Cristo o un Napoleón, lo hubieran aniquilado".

"Pasaban los días y la inacción aletargada y sin sobresaltos parecía justificar a los escépticos de siempre. El desaliento húmedo y rastrero caía sobre nosotros como un ahogo de pesadilla. Los incrédulos se jactaban de su acierto. Ellos habían dicho que la política de apoyo al humilde estaba destinada al fracaso, porque nuestro pueblo era de suyo cicatero, desagradecido y rutinario. La inconmovible confianza en las fuerzas espirituales del pueblo de mi tierra que me había sostenido en todo el transcurso de mi vida, se disgregaba ante el rudo empellón de la realidad.

"Pensaba con honda tristeza en esas cosas en esa tarde del 17 de octubre de 1945. El sol caía a plomo cuando las primeras columnas de obreros comenzaron a llegar. Venían con su traje de fajina, porque acudían directamente de sus fábricas y talleres. No era esa muchedumbre un poco envarada que los domingos invade los parques de diversiones con hábito de burgués barato. Frente a mis ojos desfilaban rostros atezados, brazos membrudos, torsos fornidos, con las greñas al aire y las vestiduras escasas cubiertas de pingües, de restos de breas, grasas y aceites. Llegaban cantando y vociferando, unidos en la impetración de un solo nombre: Perón. Era la muchedumbre más heteróclita que la imaginación puede concebir.

"Los rastros de sus orígenes se traslucían en sus fisonomías. El descendiente de meridionales europeos, iba junto al rubio de trazos nórdicos y el trigueño de pelo duro en que la sangre de un indio lejano sobrevivía aún. El río cuando crece bajo el empuje del sudeste disgrega su enorme masa de agua en finos hilos fluidos que van cubriendo los bajios y cilancos con meandros improvisados sobre la arena en una acción tan minúscula que es ridícula y desdeñable para el no avezado que ignora que es el anticipo de la inundación. Así avanzaba aquella muchedumbre en hilos de entusiasmos que arribaban por la Avenida de Mayo, por Balcarce, por la Diagonal.

"Un pujante palpitar sacudía la entraña de la ciudad. Un hálito áspero crecía en densas vaharadas, mientras las multitudes continuaban llegando. Venían de las usinas de Puerto Nuevo, de los talleres de la Chacarita y Villa Crespo, de las manufacturas de San Martín y Vicente López, de las fundiciones y acerías del Riachuelo, de las hilanderías de Barracas. Brotaban de los pantanos de Gerli y Avellaneda o descendían de las Lomas de Zamora. Hermanados en el mismo grito y en la misma fe iban el peón de campo de Cañuelas y el tornero de precisión, el fundidor mecánico de automóviles, la hilandera y el peón. Era el subsuelo de la patria sublevado. Era el cimiento básico de  la Nación que asomaba, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del terremoto. Era el substrato de nueva idiosincrasia y de nuestras posibilidades colectivas allí presente en su primordialidad sin reatos y sin disimulos. Era el de nadie y el sin nada en una multiplicidad casi infinita de gamas y matices humanos, aglutinados por el mismo estremecimiento y el mismo impulso, sostenidos por una misma verdad que una sola palabra traducía: Perón."
  
Igualmente, destaco un texto Leopoldo Marechal (extraído del libro: “La Jornada del 17 de octubre”, compilado por Fermín Chávez). Lo hago también  por su poesía, su profundidad política y su enorme comprensión del proceso social entonces en marcha. Lo comparto a continuación:

“Era muy de mañana, y yo acababa de ponerle a mi mujer una inyección de morfina (sus dolores lo hacían necesario cada tres horas). El coronel Perón había sido traído ya desde Martín García. Mi domicilio era este mismo departamento de calle Rivadavia. De pronto me llegó desde el Oeste un rumor como de multitudes que avanzaban gritando y cantando por la calle Rivadavia: el rumor fue creciendo y agigantándose, hasta que reconocí primero la música de una canción popular y, enseguida, su letra”:

"Yo te daré/
te daré, Patria hermosa,/
te daré una cosa,/
una cosa que empieza con P/
Perooón".
Y aquel "Perón" resonaba periódicamente como un cañonazo.

Me vestí apresuradamente, bajé a la calle y me uní a la multitud que avanzaba rumbo a la Plaza de Mayo. Vi, reconocí, y amé los miles de rostros que la integraban no había rencor en ellos, sino la alegría de salir a la visibilidad en reclamo de su líder. Era la Argentina "invisible" que algunos habían anunciado literariamente, sin conocer ni amar sus millones de caras concretas, y que no bien las conocieron les dieron la espalda. Desde aquellas horas me hice peronista”.

Breves apuntes para una historia del Peronismo. Introducción e índice



Introducción

 “Muchacho, el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria”.
 Leopoldo Marechal.


Escribe: Alejandro Gonzalo García Garro


Es imposible intentar resumir la riquísima historia del peronismo en tan breve espacio. Desde 1945, hasta hoy, en estos últimos 71 años, el peronismo de un modo u otro, ha modelado la vida de los argentinos. Escribir la crónica del peronismo es escribir en buena medida, al fin y al cabo, la historia de los argentinos, la historia de la Argentina moderna.

Para cualquier argentino ya entrado en años, peronista o no, el movimiento justicialista no se le presenta como algo extraño, al contrario, cualquier ciudadano conoce a grandes rasgos la vida y obra de Perón y Evita, el significado de los 18 años de exilio del Líder, la profanación del cadáver de Eva Perón, los retornos de Perón a la Patria, las elecciones del 73 con el FREJULI, el gobierno de Cámpora, la muerte de Perón en 1974, el golpe militar del 76, los desaparecidos y el terror. Puede ser que los más jóvenes no lo sientan tan cercano ni conocido, pero en términos generales podríamos afirmar que el pueblo conoce empíricamente lo que fue el peronismo, y quienes no lo experimentaron lo saben por el constante ejercicio de memoria política que hace el PJ y los sucesivos y recientes gobiernos peronistas.

En fin, toda la historia argentina de los últimos 70 años está teñida de peronismo. El pueblo argentino en su totalidad ha sido protagonista y testigo de las luchas y los anhelos de nuestro movimiento. Por esta razón, porque entendemos que es conocida por todos, especialmente por los militantes, es que no escribiremos una crónica histórica del peronismo cargada de datos y fechas. Sólo trataremos algunos hechos y procesos históricos, aquellos que consideramos más relevantes y significativos en la crónica histórica del peronismo. Aquellos hechos que, por su trascendencia indiscutible conformaron y conforman la identidad política de nuestro movimiento. Los hechos que constituyeron al peronismo como el movimiento político transformador de la Argentina contemporánea. La fuerza política del trabajo, la producción y la Justicia social, la que expresó la contención y representación social de los humildes, de los que más sufren, de los desamparados.



El peronismo atravesó las vicisitudes más variadas que puede sufrir un movimiento político. Fue una fuerza política que nació de una manera revolucionaria, espontánea y casi inesperada y que después de gobernar 10 años cae abrupta y violentamente ….Y así transitó más de 70 años la vida política argentina, con vaivenes notorios, derrotado y victorioso, unido y quebrado, en la vida pública y en la clandestinidad, con Perón vivo y con el Jefe muerto, con sus mártires y con sus traiciones, con sus muertos y con sus “vivos” … hasta llegar a nuestro presente, en la segunda década del Siglo XXI, gobernando la provincia, afuera del poder en la Nación y nuestra ciudad, pero con la certeza que sus verdades que le dieron vida son acompañadas por la mayoría del pueblo argentino.

Queremos en estos apuntes entonces recordar y reflexionar sobre algunos hechos relevantes en la historia del peronismo y homenajear en este trabajo también a toda la militancia peronista que dejó su vida en la lucha por la construcción de una Patria más justa, libre y soberana, una Patria verdadera para todos.

Esta es la intro del apunte y acá les dejo el índice por capítulo del resto del apunte, con los correspondientes links. 

Capítulo I: "El 17 de Octubre" 
http://diariocontralegem.blogspot.com.ar/2017/02/breves-apuntes-para-una-historia-del_23.html 

Capítulo II: La obra del gobierno peronista (1945-1955) 
http://diariocontralegem.blogspot.com.ar/2017/03/breves-apuntes-para-una-historia-del.html

Capítulo III: Golpe gorila del 55: Oligarquía y Resistencia Peronista
http://diariocontralegem.blogspot.com.ar/2017/03/breves-apuntes-para-una-historia-del_25.html

Capítulo IV: “El Luche y Vuelve”
http://diariocontralegem.blogspot.com.ar/2017/03/breves-apuntes-para-una-historia-del_37.html

Capítulo V: De Cámpora al Golpe del 76
http://diariocontralegem.blogspot.com.ar/2017/03/breves-apuntes-para-una-historia-del_24.html

Capítulo VI: El golpe del 76. Genocidio y Neoliberalismo
http://diariocontralegem.blogspot.com.ar/2017/03/breves-apuntes-para-una-historia-del_78.html

Capítulo VII: La Renovación: La mayoría perdida y la recuperada. (1983-1987)
http://diariocontralegem.blogspot.com.ar/2017/03/breves-apuntes-para-una-historia-del_68.html

Conclusiones y Reflexiones finales
http://diariocontralegem.blogspot.com.ar/2017/03/breves-apuntes-para-una-historia-del_34.html