sábado, 3 de febrero de 2024

Juan Perón, el revisionismo histórico y la Batalla de Caseros


Introducción

La Batalla de Caseros es el gran tema de la historia entrerriana y uno de los pilares de la historia "oficial" argentina. Abordarlo nunca es sencillo, ya que el debate se enciende rápidamente. Las argumentaciones deben ser claras, fundadas, por lo que son extensas casi siempre. Pero, aun así, se suele caer en posturas tan antagónicas como apasionadas.


He escrito anteriormente sobre Caseros, pero en esta oportunidad quiero centrarme en forma puntual en la visión que tenía Juan Perón, nutrida por el revisionismo histórico, sobre Caseros, Rosas y Urquiza. 

Para explicar este punto concreto voy a recurrir a una serie de textos que grafican el pensamiento histórico de Juan Perón, respecto a Rosas, Urquiza y Caseros, en distintas etapas de su vida, y a unos hechos puntuales que contribuyen a la explicación.


Escribe: Dr. A. Gonzalo García Garro


La carta del joven oficial militar con sentido histórico nacionalista  

Ya en forma temprana, en la juventud de un militar de carrera, Perón se refiere a Rosas con conceptos elogiosos. Sacando a relucir un profundo sentido nacionalista, en una carta a su padre, fechada el 26/11/1918, Perón expresa: “...Francia e Inglaterra siempre conspiraron contra nuestro comercio y nuestro adelanto...En 1845 llegó a Buenos Aires la abrumadora intervención anglo-francesa; se libró el combate de Obligado, que no es un episodio insignificante de la Historia argentina, sino glorioso porque en él se luchó por la eterna argentinización del Río de la Plata por el cual luchaban Francia e Inglaterra por política brasilera encarnada en el diplomático Vizconde de Abrantes. Rosas, con ser tirano, fue el más grande argentino de esos años y el mejor diplomático de su época...Fue gobernante experto y él siempre sintió un gran odio por Inglaterra porque esta siempre conspiró contra nuestro gran río, ese grato recuerdo tenemos de Rosas que fue el único gobernante desde 1810 hasta 1915 que no cedió ante nadie, ni a la Gran Bretaña y Francia juntas...Rosas antes que todo fue un patriota...”.


En la misiva, la que tomó del gran libro de Perón de Norberto Galasso, ya se visualiza con claridad una lectura nacionalista de la historia del por entonces joven oficial, propia de las corrientes revisionistas que estaban aún naciendo en esos días. Su perspectiva geopolítica es antibritánica y anti brasileña, tesis que sistematizará décadas después en forma brillante José María Rosa en su imprescindible obra “La caída de Rosas”.

 

Sobre el primer peronismo y la política de la historia


Urquiza y Rosas.

Quienes buscan ejemplos de un Perón que reivindique Caseros, o que sea proclive a la historia oficial y su panteón de próceres, suelen argumentar invocando el hecho de que, en ocasión de la nacionalización de los ferrocarriles en 1948, todas las líneas, incluso las que no eran británicas fueron rebautizadas. Y allí Mitre, Roca, Sarmiento y Urquiza tuvieron una línea. Igual que Belgrano y San Martín. En esta lectura, algunos historiadores liberales se “entusiasman” al punto de afirmar que Perón era mitrista, lo cual es falso y sólo basta con leer pasajes como la carta del apartado anterior para reconocer que no es cierto.

Desde el revisionismo, esta decisión tiene varias interpretaciones. La más utilizada es que Perón, por una cuestión pragmática, entendía que dar batallas culturales contra la historia oficial era innecesario en ese momento, dado que demasiados frentes de lucha estaban abiertos con una revolución política que estaba cambiando las relaciones de fuerza y enfrentando los poderes fácticos del país. “Para que meterme con los muertos si demasiados problemas tengo con los vivos” sería la síntesis de esta postura. Rescatan el hecho de Perón era un gran conocedor de la historia, profesor de Historia Militar en el Escuela Superior de Guerra y colaborador en investigaciones históricas por lo que una toma de postura en la nomenclatura y la toponimia no se le pudo pasar por alto.

Otra lectura revisionista argumenta que Perón era un tanto indiferente al revisionismo como herramienta política, con el que simpatizaba por su esencia nacionalista pero no lo asumía como versión institucional de nuestro pasado. Sostiene que Perón fue formado en una educación liberal que en términos historiográficos hacía propia la historia de Mitre, al igual que el Ejército en donde se formó posteriormente. Entienden que la adhesión de Perón al revisionismo histórico se fortaleció y se hizo postura política oficial recién con el golpe de Estado de 1955, cuando en el exilio y la lejanía del poder experimentó los mismos avatares existenciales que San Martín y Rosas, lo que forzó una interpretación más profunda de la historia argentina.

Pero el peronismo ya mostraba claras señales de abrazar al revisionismo y reivindicar a Rosas durante su primer periodo. En el curso del año 1954 se comenzó a dar forma a la Organización Popular por la Repatriación de los restos de Rosas, que estaba integrada en su Consejo Plenario por figuras tales como John William Cooke, José María Rosa, Ernesto Palacio, Carlos Ibarguren, Manuel Gálvez y Fermín Chávez, entre otros.

Libros de Galasso y Rosa
Libros de Norberto Galasso y José María Rosa, el último una joya de mi 
 biblioteca, edición publicada en España en 1958.

Cooke, por abordar sólo un ejemplo, como peronista militante, tenía plena conciencia del valor del conocimiento del pasado histórico para la comprensión del presente. En uno de sus deslumbrantes discursos en la Cámara de Diputados, en ocasión de un homenaje al historiador Saldías, denunció a la historia oficial, reivindicó a Rosas y puso en entredicho a Caseros pos su significado político, cultural e histórico: “Nuestra historia Señor Presidente, fue maliciosamente deformada por el grupo dirigente que, después de la caída de Rosas, se encaramó en los comandos económicos, políticos y sociales. Ella no ha sido falseada sin motivos; ya que la oligarquía argentina ha sido muy cuidadosa. Cada vez que conquistó el poder, ya sea en la época de la oligarquía del puerto de Buenos Aires, la oligarquía iluminista directorial, ya sea después del 53, una vez que tuvo en sus manos los medios de dirigir al país, no descuidó el comando conceptual, el dominio de las ideas. Al mismo tiempo que consumaba la tremenda entrega económica del país, de la que recién ahora estamos saliendo, consumó la entrega conceptual ligándonos a una serie de dogmas que han constituido uno de los eslabones más pesados de la cadena del yugo extranjero.”

 

El golpe del 55 y la línea Mayo- Caseros- Septiembre  

Transcurría el año 1956, y el golpe de Estado que derrocó a Juan Perón, autodenominado “Revolución Libertadora”, se proponía derogar la Constitución de 1949. Las razones que adujo el propio presidente de facto Pedro Eugenio Aramburu tenían que ver con el programa económico y social trazado por la Carta Magna del ‘49 y la incorporación plena de los derechos sociales al catálogo constitucional.

De ese libro son las declaraciones de Aramburu.

Días antes del aniversario del pronunciamiento de Urquiza, la dictadura de Aramburu, Rojas y cía. dictó la famosa “Proclama del 27 de abril”, una aberración constitucional por la cual un gobierno de facto derogaba una Constitución legítimamente sancionada y plebiscitada democráticamente por la mayoría de los argentinos. El 1º de Mayo de 1956 la dictadura, desde la emblemática plaza Ramírez de la ciudad entrerriana de Concepción del Uruguay -el mismo lugar donde Justo José de Urquiza realizó el Pronunciamiento contra Rosas 105 años antes-, leyó la Proclama y anunció definitivamente al pueblo argentino la derogación de la Constitución de 1949. En el acto Aramburu rindió homenaje a Justo de José de Urquiza.

Elogiando el espíritu del pronunciamiento de Urquiza contra Rosas del 1 de mayo de 1851, Aramburu, reivindicando la línea histórica de la dictadura “Mayo-Caseros-Septiembre” afirmó: “…El 1°de Mayo de 1851, en este mismo lugar, hombres amantes de la dignidad pronunciaron la libre decisión de ser dueños de sus destinos… La revolución, tan necesaria como argentina, quiere identificarse con el espíritu de Mayo que es, para la nacionalidad, tres veces luz: vieja, nueva y eterna. En la parábola histórica marca otra cumbre la Constitución Nacional sancionada otro 1° de Mayo dos años después…”.

 

Perón y “Los Vendepatria”

Ya en el exilio, desde Venezuela, en 1957 Perón publica “Los Vendepatria". En ese texto expone magistralmente la línea histórica de la cual el mismo Perón es la expresión por entonces contemporánea.

En el capítulo V del libro, “La dictadura y el pueblo”, en el apartado “La dictadura y la historia”, traza magistralmente los paralelismos históricos y se refiere a Rosas y Caseros: "El Gobierno del Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas es, sin duda, la elocuencia más evidente de esa sorda lucha. El debió enfrentar, no sólo el ataque de las escuadras inglesa y francesa, sino también a los traidores de dentro aliados a los enemigos externos de la Patria, hecho que hiciera reclamar al general San Martín, que ni el sepulcro podría borrar para ellos semejante infamia y que lo impulsara a donar su espada a Rosas como reconocimiento de argentino a su labor en defensa de la dignidad e integridad de la Patria, no solo contra los enemigos externos sino también contra los traidores emboscados"..."La dictadura (Aramburu / Rojas), ha invocado la "Línea Mayo-Caseros" que manifiesta seguir. Es indudable que su confección es real. Ellos como Alzaga, Liniers, Alvear, etc, los enemigos de Rosas, tienen su línea indiscutible; la de la traición a la Patria...".

En el libro, Perón hace propia una editorial del Diario Palabra Argentina (del 1/12/55) y narra: “...Caseros no es una derrota de una concepción política sino la circunstancial de un hombre. Se triunfó militarmente sobre un gobernante (Rosas), pero se reinició al país en el camino de la tragedia, Caseros no fue la liberación de la dictadura sino la declinación del sentido nacional de personalidad y soberanía. No fue el triunfo de una doctrina nuestra, sino la imposición por la fuerza de un espíritu formado en filosofías e intereses extraños. No fue una revolución interna, sino una conjura extranjera que persiguió el debilitamiento argentino y que explotó hábilmente las ambiciones políticas de segundones y adversarios...En Caseros se inició el proceso de declinación política, económica y moral que abrió al país una etapa dramática de anarquía y desconcierto, de envilecimiento y entreguismo, de guerras civiles y luchas separatistas, de gobiernos fraudulentos e instituciones corruptas...¿Cómo pueden el Gobierno Provisional invocar los ideales de Caseros? ¿A qué ideales se refiere? Si la Revolución de Septiembre constituye la repetición de Caseros, preferimos el horror de la “tiranía” a la caída vertical de la Patria”.

 

Breve Historia de la Problemática Argentina de Eugenio P. Rom, Los Vendepatria de Perón (edición especial del Instituto Nacional Juan Domingo Perón) y La Vuelta de Don Juan Manuel de Fermín Chávez.

La Resistencia Peronista y la línea San Martín, Rosas y Perón

El encuentro entre Rosas y Perón tuvo su punto más alto en los años de la resistencia peronista. Arturo Jauretche señalará cáusticamente: "La Línea Mayo-Caseros ha sido el mejor instrumento para provocar las analogías que establecen entre el pasado y el presente la comprensión histórica...! Flor de revisionistas estos Libertadores! Para perjudicar a Perón lo identificaron con Rosas, y Rosas salió beneficiado en la comprensión popular. Caseros se identificó con septiembre de 1955 y los vencedores con los gorilas...".

Las décadas del 60 y 70 fueron de movilización popular y lucha armada. Estos años coinciden con la época de oro del revisionismo histórico y con un avance notable de la corriente nacional y popular, acompañada por la "izquierda nacional" y las vertientes más radicalizadas del peronismo. El pasado se politiza y en esas polémicas la figura de San Martín se resignifica y la de Juan Manuel de Rosas es reivindicada por el revisionismo histórico y los sectores populares.

Nuevos historiadores señalan y difunden en sus escritos el gesto político de San Martín de legar su sable a Juan Manuel de Rosas. El revisionismo rosista-peronista de los años de oro levantó la donación del sable hecha por San Martín a Rosas como la convalidación de los méritos históricos del Restaurador para integrar el panteón nacional. Espacio que la historiografía liberal le había negado y seguirá haciéndolo hasta la actualidad. Por esos mismos años 70, la JP, en estado de movilización permanente, provocaba al generalato de Lanusse con cánticos como éste: "generales de cartón, generales son los nuestros: San Martín, Rosas, Perón”.

 

Caseros y Urquiza en “Breve Historia de la Problemática Argentina”

En 1967, Eugenio P. Rom entrevista a Perón en Madrid y allí nace el libro que se conocerá como “Así hablaba Perón” (título con connotaciones del libro canónico de F. Nietzsche, “Así habló Zaratustra”). De esa entrevista se obra un resumen específico sobre historia argentina, que se editó y publicó luego con el título “Breve Historia de la Problemática Argentina”, de Juan D. Perón, compilado por Eugenio P. Rom.

En esta obra, Perón, sin eufemismos, se refiere a Urquiza y a la caída de Rosas y sostiene: “En eso estaban las cosas al comienzo del año 1851, cuando se produce el hecho más increíble de la historia argentina y uno de los acontecimientos más vergonzoso de la historia universal. El general en Jefe del Ejército de Operaciones argentino para la guerra contra el Brasil; Don Justo José de Urquiza, entra en tratativas con el enemigo para pasarse a él y arrastrar a las tropas que el país ha puesto bajo su mando y responsabilidad. Así también todos los pertrechos y armamentos a su disposición...Urquiza se pronuncia en mayo de ese mismo año contra Rosas. Ya ha “arreglado” con el Brasil...Urquiza, con su ejército reforzado con las tropas tomadas de Oribe, con más las tropas del ejército brasileño, emprende el camino de Buenos Aires. Cuenta con casi 40.000 hombres. Antes de movilizarse ha exigido que se le dé “todo el dinero prometido. Se le da la mayor parte, “el resto” al entrar a Buenos Aires...Ante la entrada de las tropas brasileñas al territorio argentino, Rosas recibe numerosas adhesiones. Entre ellas la de varios jefes unitarios, que se sienten repugnados por lo que está ocurriendo y vienen a ofrecer sus espadas para luchar contra el extranjero y contra los traidores...”.

Sobre el significado de Caseros, Perón añade: “La batalla se dio en Morón. Las fuerzas nacionales poco pudieron hacer contra un enemigo que las duplicaba en número y armamentos. La historia escolar, la conoce como de “Caseros”, porque los brasileños exigieron que así se llamara, dado que a la División de ese país le tocó pelear en un sector conocido como “Palomar de Caseros”. En la historia de Brasil, se llama “la revancha de Ituzaingó” y “fin de la guerra contra Argentina”. En todas las ciudades de ese país, hay una calle o avenida que lleva su nombre. ¡Es lógico! Lo realmente increíble, es que en Buenos Aires y varias ciudades del interior, también hay calles que se llamen así...El 20 de febrero de 1852, aniversario de la batalla de Ituzaingó, el ejército brasilero entró en Buenos Aires, con charangas y banderas desplegadas a su frente. Se fusiló y degolló a tanta gente, que el río que cruza Palermo, dicen los testigos de la época, bajaba con sus aguas de color rojo”.

 

La carta a Fermín Chávez y la fraternidad de los exiliados

El 20 de octubre de 1970, Juan Perón le envió a nuestro historiador entrerriano Fermín Chávez una carta que este publica luego en su libro "La vuelta de Don Juan Manuel”.

En la misiva, Perón se refiere a Rosas y expresa: "Don Juan Manuel, el primero que después de San Martín muere en el exilio por haber defendido dignamente la soberanía popular y la independencia de la Patria. Los que se han dicho sanmartinianos parecen no haber comprendido la lucha contra el colonialismo que realizó Rosas, lo que San Martín vio claro a quince mil kilómetros de distancia. Él le rindió a Rosas, el mejor homenaje que un soldado puede rendir a otro soldado: su sable libertador...".

Perón manifiesta que Rosas es el segundo muerto en el exilio "por haber defendido dignamente la soberanía popular y la independencia de la Patria". San Martín fue el primer gran muerto en el exilio y por la misma causa que Rosas. Perón escribe la mencionada carta a Chávez también desde su exilio en España. Juan Perón, que comprendía los avatares de la historia, desde su propio exilio cierra la tríada, la línea histórica nacional y popular, San Martín-Rosas-Perón.

 

Las últimas reivindicaciones a Rosas del peronismo

Monumento en homenaje a Rosas (CABA).
A pedido del historiador revisionista José María Rosa y por medio de la Ley Nº 20.770 con fecha 16 de noviembre de 1974 se declaró el 20 de noviembre como "Día de la Soberanía Nacional", en conmemoración de la batalla de Vuelta de Obligado. Perón aquí valida, como presidente, el homenaje institucional a Rosas. Entre otros conceptos, los considerandos de la norma expresan: "Por las condiciones en que se diera este enfrentamiento, por la valentía de los compatriotas que participaron en ella y por sus consecuencias, es reconocida como modelo y ejemplo de sacrificio en pos de nuestra argentinidad".


Los restos de Rosas fueron repatriados después de una larga lucha y descansan en el panteón familiar del cementerio de la Recoleta. Desde 1999 tiene ya su monumento: una estatua ecuestre hecha en bronce del Restaurador se yergue en la ciudad de Buenos Aires en la esquina de Sarmiento y Libertador. Su rostro fue impreso en los billetes de 20 pesos y en casi todas las ciudades de la Argentina una avenida, una calle o un barrio lleva su nombre.


En una medida que constituye un reconocimiento definitivo, que quiebra en forma abrupta con la “historia oficial”, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner dispuso la sanción del 20 de Noviembre como día de la Soberanía Nacional y su declaración como feriado nacional, por un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) del 3 de noviembre de 2010. La por entonces presidenta dio un discurso en ocasión del homenaje a Rosas, el 20 de noviembre de 2010 en San Pedro.

 

Conclusiones

Los ejemplos con los que ilustré, los textos a los que referí y los hechos que mencioné son sólo algunos de tantos que pueden traerse a colación para argumentar sobre el tema y refrendar la tesis aquí expuesta.

Entiendo que se pueden hacer muchas lecturas, y es válido que así sea, pero no hay dudas respecto a que existe una clara opinión negativa o disvaliosa de Juan Perón, nutrida por el revisionismo histórico, respecto a la Batalla de Caseros y al rol de Justo José de Urquiza en el proceso de la caída de Rosas. 

jueves, 1 de febrero de 2024

La Batalla de Cepeda: Francisco Ramírez y el derrumbe del proyecto de la Constitución Unitaria de 1819



El 1 de febrero de 1820 ocurrió la Batalla de Cepeda que puso fin al proyecto oligárquico del Directorio de Buenos Aires, derogando de facto la organización constitucional aristocrática de 1819. Las montoneras encabezadas por Francisco Ramírez entran en Buenos Aires y atan la caballada a la Pirámide de Mayo recién construida. Comienza lo que la historia liberal mitrista denominó la “Anarquía del Año XX”. 

Más que “Anarquía”, en el año 1820 se empieza con un proceso de reencuentro con la realidad natural y desnuda de un pueblo que se alza en contra de una Constitución y un régimen de gobierno elitista y antipopular, con la pretensión política de sustituir las jerarquías de la sociedad colonial por otras que contuvieran los valores igualitarios asumidos en la Revolución de Mayo. Y a ese proceso lo encarnan los caudillos federales, con un protagonismo central de Francisco Ramírez.

Escribe: Dr. Alejandro Gonzalo García Garro


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“El año 20, decían los aristócratas, era el que debía marcar el fin de la revolución, estableciendo el poder absoluto para consumar nuestro exterminio repartiéndose entre si los empleos y riquezas del país a la sombra de un niño coronado que ni por sí ni por la impotente familia a que pertenece podía oponerse a la regencia intrigante establecida y sostenida por ellos mismos”. Francisco Ramírez.



El proyecto de la oligarquía porteña y sus resistencias 

A mediados de la primera década del Siglo 19, el antiguo virreinato del Río de la Plata ya se perfilaba como un país, faltaba formalmente declarar la independencia de España, las condiciones internacionales apremiaban y los movimientos revolucionarios la exigían. 

De tal manera el Congreso reunido en Tucumán en 1816 homologa estos hechos enunciando que "las Provincias de la Unión fuesen una Nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli". Y ..."declaramos solemnemente a la faz de la tierra que es voluntad unánime e indubitable de estas Provincias romper los violentos vínculos que las ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojadas e investirse del alto carácter de nación libre e independiente del Rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli".

Una vez declarada la independencia quedaba un problema a resolver. La pregunta era la siguiente: ¿Qué forma de gobierno elegir? En el congreso de Tucumán se planteó seriamente la posibilidad de convertir al país en una monarquía. Napoleón había sido definitivamente vencido y en Europa señoreaba la Santa Alianza, que era un conjunto de monarquías aliadas muy reaccionarias, que se oponían a la constitución de repúblicas ya que éstas eran sinónimos de subversión, caos, ateísmo y jacobinismo.

Los impulsores de esquemas monárquicos no tenían todos, homogéneamente, las mismas motivaciones. No se puede equiparar el monarquismo de San Martín, que proponía además una monarquía parlamentaria, admitiendo en la monarquía la posibilidad de un gobierno fuerte adecuado a las características y las grandes extensiones del país. No se lo puede comparar, repito, con el concepto monárquico de un Manuel José García enajenado por fuerzas internacionales. Y cosa parecida ocurría con los republicanos. Algunos de los republicanos criollos coincidían en los intereses con Inglaterra. Gran Bretaña, estaba mucho más interesada en instalar una república en el Plata porque resultaba un régimen de más fácil penetración y dominación en razón a las propias tendencias y contradicciones del republicanismo como sistema. 

Los federales de las primeras dos décadas revolucionarias eran republicanos, porque asumían en el republicanismo la tendencia popular hacia el pluralismo democrático, por reacción histórica contra el unitarismo centralista establecido por los virreyes.

Algunos hombres importantes, Belgrano entre ellos, aconsejaron erigir una monarquía. La propuesta tuvo algunas posibilidades de cristalizar a través de gestiones diplomáticas muy complejas en Europa; también se barajó la idea de restaurar el trono de un Inca. Sin embargo, y más allá de las tratativas, estos proyectos no fueron más que sondeos de opinión que por más exigua que fuese, repudiaba la posibilidad de un monarca en Buenos Aires: eso habría sido el fin de la Revolución iniciada en 1810 que encontraba en Mariano Moreno a su pro hombre. El Pueblo, a pesar de ser en ese entonces (como lo es ahora) una entidad heterogénea, variopinta, impalpable, rechazaba esa posibilidad y prefería una opción más abierta y democrática.

De manera tal que el Congreso en principio descarta el sistema monárquico. Pero deja aún abierta la posibilidad para que siga siendo tratada en Buenos Aires cuando sigua sesionando el Congreso para dictar una constitución. Ese vacío legal es llenado por los unitarios.

La constitución unitaria de 1819

Corolario de lo dicho, en abril de 1819, el Congreso sanciona una Constitución, unitaria y absolutista, que no era ni monárquica ni republicana pero que dejaba las puertas abiertas para la entrada de un príncipe o un infante. 

Se trataba de una Carta Magna aristocratizante, el representante del poder ejecutivo era un Directo del Estado, que era elegido por el poder legislativo, que tenía una Cámara de Representantes y un Senado. El titular del ejecutivo tenía un mandato de 5 años.

El poder real se centraba en un Senado formado por delegados por las provincias, pero que al mismo tiempo incluía personajes designados por su propio carácter, tales como: rectores de universidad, generales, obispos o representantes de la iglesia etc. Los senadores militares eran elegidos por el Director de Estado directamente. Los representantes del senado duraban 12 años en las bancas, mientras que los miembros de la cámara de representantes 4 años. Para ser senador había que ser propietario de un “fondo de diez mil pesos al menos”.

El Congreso tenía las facultades centrales para regular el comercio y las cuestiones políticas, como delimitar los límites de las provincias, habilitar los puertos, determinar el estatus de villas, ciudades o provincias, asegurar las funciones de los interventores, etc.

El texto no mencionaba la palabra república. En su primer artículo adoptaba la religión de Estado, la católica apostólica romana. Garantizando una retroalimentación del poder de las élites dominantes, se confería al ejecutivo nacional el nombramiento de todos los empleos “que no se exceptúen especialmente en esta constitución y las leyes”, la designación de militares, funcionarios eclesiásticos y sostén de la Iglesia. Era, además, un texto con groseras deficiencias jurídicas y una pésima redacción.

Tampoco el texto constitucional no garantizaba los derechos federales, es decir no regulaba en un capitulo o en sus disposiciones específicas la relación nación-provincias, lo que se infería como una asunción de las facultades en forma exclusiva por parte el gobierno nacional. Esta lectura se robustece con las disposiciones del capítulo final que establecían que seguirán vigentes “las leyes, estatutos y reglamentos que hasta ahora rigen, en lo que no hayan sido alterados ni digan lo contradicción con la Constitución presente”, disposición que revalidaba las conservadoras normas de la legislación colonial del virreinato.

Abelardo Ramos en su “Revolución y Contrarrevolución en la Argentina”, analiza las razones materiales del primer proyecto constitucional: “La Constitución de 1819 fue el factor desencadenante de la crisis del año 20, que ya germinaba desde la caída de Moreno. El librecambismo ruinoso de los porteños, la política centralista que los rivadavianos llamarían “unitaria”, y la posesión de las rentas en manos de Buenos Aires, habían convertido la primera década post revolucionaria en el prólogo de la guerra civil. La Constitución de 1819 le confirió un carácter oficial. Sancionado el 22 de abril, este documento eran aún más antidemocrático que la antigua ordenanza de Intendentes de la época colonial española: dejaba en manos de los Directores Supremos del Estado, radicados en Buenos Aires, una suma de poderes todavía mayor que la que detentaban los virreyes imperiales… Basta decir que los cabildos del interior carecían de facultades para designar autoridades provinciales. Su este era el rasgo político de la Constitución Unitaria del año 19, su fundamento económico no hacía que reafirmar la injusta exigencia de la ciudad de Buenos Aires y de los comerciantes y hacendados allí radicados, de mantener en sus manos exclusivas el control del puerto único, es decir, las palancas fundamentales de la renta perteneciente a todo el pueblo argentino”.

La llamada Constitución de 1819 no tuvo prácticamente vigencia y no funcionó porque la disidencia federal era ya muy grande, como muy profunda era también la desconfianza de los pueblos frente a las intrigas monárquicas de los porteños. Así las cosas, y después de una serie de hechos políticos y militares menores se sanciona la Constitución y esto resultó una afrenta, una provocación para los pueblos del interior, especialmente el litoral federal, que conducidos por Francisco Ramírez y Estanislao López marchan con sus montoneras gauchas hacia la ciudad Buenos Aires.

La Batalla de Cepeda, bautismo de fuego del Federalismo

Francisco Ramírez asumirá la función de jefe supremo del ejército federal. Estanislao López, el caudillo santafesino. Se le pliegan también algunos desterrados del régimen: Alvear que prometía apoyo de importantes sectores porteños y el chileno Miguel Carreras que aporta alguna tropa y una imprenta que había comprado en Estados Unidos. Esta imprenta, volante, editaba un boletín, "La Gaceta Federal", explosivo en su contenido.

En octubre de 1819 se reúnen los dos jefes, Ramírez y López, en Coronda para establecer planes comunes. Días después, el entrerriano lanza una proclama declarándole la guerra al Directorio, sostén político de la Constitución aristocrática y antipopular, e invitando a sus paisanos a compartir la insurrección. 

Allí está ahora, Francisco "Pancho" Ramírez, como jefe supremo de los ejércitos federales en el umbral de la historia. Está frente a sus "Dragones de la Muerte" como se llamaban las disciplinadas montoneras entrerrianas. Conduce también a las tropas santafesinas de López, los guaraníes de Misiones, los mocovíes del Chaco, las tropas correntinas al mando de Campbell, expresando estos el abanico del artiguismo en el litoral. Algunos historiadores resaltan que Ramírez ya por entonces estaba acompañado por su fiel guerrera, La Delfina. En ese momento el régimen directorial se derrumba. 

Pueyrredón renuncia al Directorio y asume Rondeau. El mismo Rondeau que nueve años antes fuera convencido por Ramírez para desertar del ejército español e ingresar a las filas revolucionaria artiguistas. El mismo Rondeau que está frente a él, comandando las tropas porteñas.

El Director Rondeau pide auxilio a los ejércitos regulares. Ya se sabe que el General San Martín, fiel a su conducta patriótica, popular y revolucionaria, se niega a desenvainar su gloriosa espada en esta guerra civil, mucho menos en contra del pueblo. Sólo le queda al Directorio el veterano Ejercito del Norte comandado por Belgrano al que Rondeau pide auxilio. Esta fuerza se niega también a participar en la contienda civil, se amotina en Arequito y esa sublevación deja al Directorio -ya debilitado políticamente- en un estado de total vulnerabilidad militar.

El 1º de febrero de 1820 en la cañada de Cepeda, en una atropellada de las montoneras federales se sella la suerte del Directorio oligárquico.

El historiador entrerriano Aníbal Vásquez escribe en su libro "Ramírez": "El triunfo de Cepeda debe considerarse como el bautismo de sangre del federalismo argentino, y como la primera afirmación colectiva de la mayoría popular a favor de la organización nacional, republicana, democrática y federal".

La trascendencia histórica, política y jurídica 


La Batalla de Cepeda desde el punto de vista del aspecto militar fue, tal vez, de las más "pobres" en la historia argentina, pero en sus proyecciones políticas fue de las más fecundas. Las milicias directoriales, formadas en mayor parte por esclavos comprados por el gobierno para convertirlos en soldados, se desbandaron ante el ataque montonero. Una sola carga bastó para desmoronar a los porteños que "en menos de un minuto" se dispersaron dejando la artillería en poder de los gauchos entrerrianos.

Pero a Ramírez no lo movilizaba el odio fratricida, ni la venganza de la barbarie. Jorge Busti, en “Francisco Ramírez: 200 Años de identidad Entrerriana”, recuerda el espíritu de fraternidad que animaba al caudillo entrerriano en esta epopeya, rescatando la gran obra de Diego Luis Molinari: “Ya había pasado el temor de la primera hora. La montonera no entró como avalancha en la campiña bonaerense, y Ramírez levantó en alto el pendón de la fraternidad y no el de la destrucción… Y a mitad de la jornada del 1 de febrero, lanza en mano, cuando el mayor Piris perseguía a la caballería directorial, dispersa a los cuatro rumbos, y se aprestaba al ataque de los refugiados entre las carretas conminándoles una entrega a discreción, si no querían ser pasados a degüello, puso alto a la matanza para remitir el parte nervioso del ya seguro triunfo: “¡Gloria a la patria y honor a los libres! Triunfaron las armas en la inmediación del Pergamino contra el tirano porteño”… Ramírez pudo avanzar triunfante sobre la ciudad sin que nadie le atajase el paso. El 2 de febrero Ramírez gozó la paz del triunfo. Su corazón exultaba ante el panorama del futuro: ¡por fin terminaban las desgracias de la Patria y comenzaba la era feliz de la reconciliación general!”

Políticamente, institucionalmente, había caído por primera vez desde 1810 la autoridad nacional, por primera vez desaparecía una entidad estatal que había ejercido, a veces solo formalmente, el poder sobre todo el antiguo virreinato.

Los sectores oligárquicos de Buenos Aires entran en pánico ante una supuesta posibilidad de "invasión" de las tropas federales. Vicente Fidel López, el ensayista quintaesencia de la versión mitrista de nuestra historia, expresa su repugnancia cuando relata el episodio: ... "numerosas escoltas (de Ramírez y López) compuestas de indios sucios y mal trajeados a término de dar asco ataron sus caballos en los postes y cadenas de la Pirámide de Mayo mientras sus jefes se solazaban en el salón del ayuntamiento". Relato que habla por sí solo acerca del desprecio y el odio que siente la oligarquía y la antipatria por la causa federal y el recuerdo de la Batalla de Cepeda.

Las montoneras al mando de Ramírez entran en un Buenos Aires y atan la caballada a la Pirámide de Mayo recién construida...Comienza lo que la historia liberal denominó la "anarquía del año '20″. Más que "anarquía" en el año 20 se empieza con un proceso de reencuentro con la realidad natural y desnuda de un pueblo que debía sustituir las jerarquías de la sociedad colonial por otras que contuvieran los valores igualitarios asumidos en la Revolución de Mayo.

Ese es el valor de Cepeda y de la entrada de los caudillos del litoral a Buenos Aires. Fue una directa confrontación con la verdad nacional, que en 1820 era cruel y la guerra era la continuación de la política por otros medios. Para aprender esa verdad no servían los argumentos de los doctores unitarios y sus leyes y constituciones. Servían sí esos hombres espontáneamente surgidos de sus realidades locales, de los rincones del interior federal y profundo. Los caudillos tuvieron la responsabilidad histórica de encauzar de manera pragmática y progresiva esa fluida verdad nacional que desfilaba a caballos por las calles de Buenos Aires. Esta es una gran gloria histórica de nuestro Francisco Ramírez.

martes, 16 de enero de 2024

16 de enero de 1846: La "Batalla Olvidada" (pero ahora también recordada)


En San Lorenzo (provincia de Santa Fe), en el campo en que San Martín luchó contra los españoles en 1813, las fuerzas de la Confederación Argentina derrotaron la flota imperial anglo francesa en 1846. A pesar de la importancia histórica, esta batalla es casi desconocida históricamente.


En el año 2008 viaje hasta San Lorenzo e hice una pequeña investigación histórica  sobre la batalla, recorrí “El Campo de la Gloria”, el convento y zonas históricas y pude constatar de que no existía ninguna referencia institucional e histórica a la batalla de 1846. Movilizado por esto escribí una nota sobre el asunto, destacando el particular olvido que se operó, no por las instituciones de San Lorenzo en particular, sino por la misma historia y sociedad argentina. Difundí esta nota en el año 2009 y 2010 (la que abajo transcribo) y tuvo una interesante repercusión en los medios que le interesan las cuestiones históricas, especialmente los sitios y periódicos revisionistas.


Pero mi alegría fue que al poco tiempo las propias autoridades y el pueblo de San Lorenzo, en el 2011 (http://www.nuevaregion.com/conmemoran-la-qguerra-del-paranaq-la-batalla-olvidada-del-16-de-enero-de-1846) pusieron una placa y rindieron homenaje “a los héroes y al mártir de aquella "olvidada" batalla en la cual, en el mismo campo en que San Martín luchó por la liberación de nuestra patria, hubo otros argentinos que, casi 33 años después y siguiendo los principios del Libertador, lucharon sin cuartel contra el imperialismo, defendiendo nuestra soberanía n hiacional”. Especialmente destaco y felicito al, por entonces, intendente de San Lorenzo, Dr. Leonardo Raimundo, por la iniciativa que constituye un acto de justicia histórica.


Esta reparaciónstórica no creo que haya sido sólo por mi nota, seguramente muchos historiadores y pensadores han señalado esto, pero este caso es un claro ejemplo de cómo la historia es un campo de batalla, donde se lucha por la verdad y el relato. La vida de un pueblo no admite recortes, ni desmemoria, la experiencia colectiva es una continuidad que se entiende con una lectura completa. Solamente así se puede comprender el presente y construir el futuro. Sólo poniendo luz sobre la oscuridad y sacando del ostracismo a los grandes luchadores y a las epopeyas nacionales puede el pueblo, y en especial mi generación, romper con un discurso histórico que nos condena al fracaso colectivo.


Esta pequeña anécdota de revisionismo histórico militante es una muestra de la necesidad permanente de dar el combate por la Historia, ya no en un campo de batalla pero sin con la pasión de las ideas y la vocación política de construir proyectos colectivos. Las disputas por modelos de país e ideologías se deben resolver dentro de las reglas de la Democracia, recociéndonos apasionados defensores de una verdad relativa que forma siempre parte de una verdad colectiva que nos debe expresar como sociedad, buscando los puntos que nos unan a todos y todas, a las mayorías, de cara la futuro pero partiendo desde nuestras raíces nacionales. Y la pelea por la historia es una batalla central en esta disputa, recuperando hoy una nueva centralidad.


Escribe: Dr. A. Gonzalo García Garro


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(Esta nota fue la que publiqué en el año 2010. http://www.laopinionpopular.com.ar/opinion.php?id_noticia=69)

Un campo con historia

25 kilómetros al norte de Rosario, a la altura de la desembocadura del arroyo San Lorenzo se encuentra, en la ciudad del mismo nombre, el Convento de San Carlos. Allí puede advertirse que el imponente río Paraná que baña las altas barrancas se angosta notoriamente en ese paraje.

Desde la atalaya del Convento, el entonces Coronel San Martín pudo avistar el desembarco de los "godos" en la madrugada del 3 de febrero de 1813. Al mando del capitán vizcaíno Juan Antonio Zavala irrumpieron, en son de guerra, desplegando "su rojo pabellón" 250 soldados españoles con dos piezas de artillería creyendo que iban a enfrentar y escarmentar a unos pocos milicianos de la villa del Rosario.

Pero la sorpresa de los desembarcados fue grande cuando vieron la carga de caballería que se les vino encima como un rayo. Los 125 granaderos que estaban ocultos en el convento desde la noche anterior surgieron de las penumbras "como centauros" y la carga los arrolló en menos de tres minutos. Los españoles intentaron la resistencia vanamente pero 15 minutos después estaban reembarcados dejando en el campo sus 2 cañones, la bandera de guerra, 50 fusiles, 40 muertos y 14 prisioneros. Las fuerzas de la Patria naciente tuvieron bajas: 27 heridos y 15 muertos, entre ellos el Capitán Bermúdez y el Sargento Cabral.

La trascendencia de la batalla de 1813

"No fue San Lorenzo un combate de mérito extraordinario, ni San Martín le dio más importancia que el bautismo de fuego de su regimiento" afirma José María Rosa. Pero la fama de esa carga de sable y los pormenores heroicos del combate tuvieron gran trascendencia. Fue la primera y única batalla librada por el "Gran Capitán" en suelo patrio y terminó convirtiéndose en el combate más célebre de las guerras de la independencia.

Tal vez, la razón de su gloria la encontramos en el argumento que Ricardo Rojas expone con su personal estilo en el "Santo de la Espada": "El combate de San Lorenzo fue el punto de arranque de esa carrera triunfal en que palpita el generoso espíritu sanmartiniano".

Su recuerdo, en el Convento y en San Lorenzo

El o la turista o cualquier curioso que hoy quiera visitar el histórico convento encontrará un edifico remozado y muy bien mantenido, que contiene un interesante y completo museo recordatorio de la gesta sanmartiniana. Se trata del "Museo Histórico del Convento San Carlos", el cual posee varias salas de exposición. Estas incluyen la Capilla Antigua, con una muestra de arte religioso; el Cementerio Conventual, donde se encuentran las tumbas de los religiosos fallecidos; y una urna, señalada con el Escudo Nacional, que contiene los restos de los caídos en el combate de San Lorenzo.

Un dato histórico memorable es el hecho de que en uno de los aposentos del convento se alojó el coronel San Martín. Por último, también está la celda donde agonizó el Capitán Bermúdez por once días.

Frente al convento se hallan el Monumento a la Batalla de San Lorenzo y el Campo de la Gloria y en la parte posterior, sobre la avenida San Martín, aún crece el pino en cuya sombra el Coronel San Martín escribió el parte de la batalla.

Todos los años, las y los sanlorencinos se visten de fiesta para conmemorar el 3 de Febrero, la primera y única victoria al mando del General José San Martín en suelo argentino. Y de un tiempo a esta parte se le ha agregado a los actos centrales la realización emotiva de una carga de caballería y salva de artillería a cargo de la 1º sección del Regimiento de Granaderos a Caballos.

La batalla de 1846, la de la Guerra del Paraná

Retrocedamos nuevamente en el tiempo, detengámonos ahora en 1846, en el mes de Enero de ese año. Argentina era ya una Nación independiente, conducía la Confederación don Juan Manuel de Rosas y otras eran las banderas extranjeras que remontaban nuevamente el Paraná violando la soberanía nacional sobre los ríos interiores.

A mediados de 1845 la Confederación Argentina era invadida por una poderosa escuadra anglo-francesa al mando del almirante Hotham. Las dos más grandes potencias del mundo violentaban el territorio argentino a pedido de los comerciantes, banqueros e industriales ingleses que "urgían al gobierno británico para que conjuntamente con el de Francia, adoptase medidas para limitar las restricciones puestas al comercio en el Plata".

Así comienza lo que algunos autores han denominado "La Guerra del Paraná". Esta es una guerra nacional de resistencia que el gobierno de Rosas lleva a cabo contra la agresión imperial anglo-francesa.

La dimensión de la guerra

En previsión del propósito de forzar el Paraná por parte de los invasores, el ejército argentino monta, en diferentes y estratégicos parajes del río, las defensas para detener o al menos obstaculizar la navegación de la poderosa flota invasora.

Esta verdadera guerra fluvial no declarada comienza con el apoderamiento de los barcos argentinos de la escuadra de Brown en Montevideo en agosto de 1845 y termina cuando Gran Bretaña firmó con Rosas un tratado en 1849, por el cual Inglaterra se vio obligada a evacuar la isla Martín García, reconocer la soberanía argentina sobre los ríos interiores, los derechos de Oribe para ocupar la presidencia del Uruguay, devolver los barcos argentinos y saludar en desagravio el pabellón nacional con 21 cañonazos.

Con respecto a Francia, se convino que la Argentina retiraría las tropas de la Banda Oriental cuando Francia quite las guarniciones militares de Montevideo, abandone su posición hostil y celebre un tratado de paz. Francia debió ceder después de meses de negociar ante las exigencias de Rosas. En agosto de 1850, Francia concluyó con la Confederación un tratado de paz y amistad. Rosas exigió que se formule el desagravio al pabellón nacional con 21 cañonazos en forma inmediata a lo que los franceses accedieron.

Los respectivos tratados de paz marcaron una clara victoria de la firme y digna posición en defensa de nuestra soberanía nacional llevada a cabo con férrea voluntad por Juan Manuel de Rosas como encargado de las relaciones internacionales de la Confederación.

Las batallas de la guerra

En el transcurso de esta verdadera conflagración internacional se libraron sobre las costas de los ríos Uruguay y Paraná varios encuentros armados. Una de las batallas, la de "La Vuelta de Obligado", es recordada todos los 20 de noviembre como el "Día de la Soberanía Nacional". Tal vez se eligió este combate como ícono, debido a la feroz resistencia de las tropas argentinas comandadas por Lucio N. Mansilla, el alto valor simbólico de las cadenas cortando la navegación del río y la repercusión internacional que tuvo.

Pero hubo otras batallas, no menos significativas que ésta, tanto desde el punto de vista militar o por sus posteriores proyecciones políticas. La escuadra invasora fue también hostilizada y combatida en las barrancas de "Tonelero" y "Acevedo", en "Quebracho" y en la "Batalla Olvidada" de "San Lorenzo" a la que me refiero en esta nota.

La "Batalla olvidada"

En las barrancas de la costa comprendida entre el histórico convento de San Carlos y el lugar que se llama "Punta del Quebracho", el General Mansilla, comandante de las defensas, había dispuesto ocultar los cañones bajo la maleza junto con 250 carabineros y 100 infantes.

Al mediodía de 16 de enero de 1846, cuenta Saldías en su monumental "Historia de la Confederación Argentina", aparecieron el vapor "Gordon", la corbeta "Expeditive", los bergantines "Dolphin", "King" y dos goletas armadas. La flota montaba 37 cañones de grueso calibre y custodiaban la navegación de 52 barcos mercantes.

A la altura de la desembocadura del arroyo San Lorenzo, la "Expeditive" y la "Gordon" hicieron tres disparos de bala y metralla sobre la costa para descubrir la fuerza de Mansilla. Las tropas argentinas permanecieron, según el plan, ocultas en sus puestos. Cuando todo el convoy se encontraba en la angostura del río, Mansilla mandó a romper el fuego de sus baterías dirigidas por los capitanes José Serezo, Santiago Maurice y Álvaro de Alzogaray. "El ataque fue certero; los buques mercantes rumbeaban desmantelados hacia dos arroyos próximos, aumentando con el choque de los unos con los otros las averías que les hacían los cañones de tierra" (Adolfo Saldías).

Al comenzar la tarde el combate continuaba extremadamente recio todavía. Favorecidos por el viento de popa del atardecer, el convoy invasor llegó hasta el lugar llamado "Punta Quebracho" con grandes averías en los buques de guerra y pérdidas considerables de las manufacturas para comerciar que llevaban los buques mercantes. Murieron en combate 50 hombres de las fuerzas invasoras. El contraalmirante Inglefield en su parte oficial al almirantazgo británico dice que: "los vapores ingleses y franceses sostuvieron el fuego por más de tres horas y media y apenas un solo buque del convoy salió sin recibir un balazo".

La pérdida de las fuerzas nacionales fue insignificante: una sola baja. Mansilla pudo decir con propiedad que: "hábiale tocado el honor de defender el pabellón de su patria en el mismo paraje de San Lorenzo que regó con su sangre San Martín al conducir la primera carga de sus después famosos Granaderos a caballo".

¿Nadie recuerda esta batalla?

A mediados del año 2008 fui a visitar el convento de San Carlos en la ciudad de San Lorenzo. Estuve recorriendo todas las salas del bien conservado museo, crucé la avenida y me dirigí al Campo de la Gloria donde pude admirar los diferentes monolitos que recuerdan los caídos en el primer combate de San Lorenzo.

Pensaba también encontrar alguna referencia a "la otra batalla de San Lorenzo", la que conocía a través de mis lecturas de historia. Busqué al menos una mínima referencia, una placa conmemorativa, pero no encontré nada.

Con una cuota de ánimo inquieto y curioso mantuve una conversación con personal del museo por la cual me pude enterar de que estaban en conocimiento de la "otra batalla de San Lorenzo", pero me confirmaron que ninguna referencia se podía encontrar de ella, ni en el museo, ni en la ciudad. Evaluamos con el personal del museo, a los fines de encontrar alguna prueba histórica sobre la batalla de 1846, que sería posible hallar cierta información en los libros del convento, pero los documentos se encontraban bajo guarda y pronto a ser destinados a un merecido mantenimiento, por lo que estarían inaccesibles por un buen tiempo.

La lucha por la historia

Me dirigí luego a las barrancas -desde donde se puede contemplar en toda su inmensidad el río- e imaginé desde ese mirador natural a la flota imperial anglo francesa, tratando de proseguir rió arriba, mientras las huestes de Mansilla la cañoneaba incansablemente.

Reflexioné sobre los por qué de la carencia de un recuerdo de esta gesta en el lugar... No pude terminar de creer ni de convencerme de que hoy, sólo por la obra del "aparato cultural del sistema", profundamente antirrosista, se impida que se erija un recuerdo en memoria de esos héroes olvidados. ¿Será que tal vez los argentinos no tenemos espacio para recordar dos batallas que se produjeron en el mismo lugar? ¿O será que la épica fundacional de la batalla de San Lorenzo eclipsa cualquier otra?

Desconozco las razones, tal vez no las haya y sólo se trata de otra gloria más, olvidada por los argentinos...

Pero al final del camino del razonamiento, llegué a la conclusión de que la mejor forma de homenajear a los héroes y mártires es seguir recuperando la historia, apropiándonos de su relato, combatiendo contra los olvidos maliciosamente consumados por la historia oficial desde todos sus matices y desde todas sus corrientes. Sólo poniendo luz sobre la oscuridad y sacando del ostracismo y el olvido a los grandes luchadores y a las epopeyas nacionales puede el pueblo, y en especial mi generación, romper con un discurso histórico que nos condena a la dependencia y a la derrota.

La historia de un pueblo no admite recortes ni narraciones que cultivan la desmemoria. La vida de un pueblo es una continuidad que se entiende con una lectura completa. Solamente así se puede comprender nuestro presente y se encuentran las claves para el futuro.

Bajo este faro se realiza este homenaje a aquel 16 de Enero. A los héroes y al mártir de aquella "olvidada" batalla en la cual, en el mismo campo en que San Martín luchó por la liberación de nuestra patria, hubo otros argentinos que, casi 33 años después y siguiendo los principios del Libertador, lucharon sin cuartel contra el imperialismo, defendiendo nuestra soberanía nacional.

Escribe: Dr. Alejandro Gonzalo García Garro

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(Este es homenaje que el Municipio de San Lorenzo realizó en 2011
Fuente: http://www.nuevaregion.com/conmemoran-la-qguerra-del-paranaq-la-batalla-olvidada-del-16-de-enero-de-1846/)

CONMEMORAN LA “GUERRA DEL PARANÁ”. LA BATALLA DEL 16 DE ENERO DE 1846

Se realizó por primera vez el acto conmemorativo de la batalla conocida como "La Guerra del Paraná" y considerada el "segundo" Combate de San Lorenzo. Fue en las barrancas del Campo de la Gloria el 16 de Enero de 1846, al mando del General Lucio Norberto Mansilla

El intendente y las autoridades en el descubrimiento de la placa, enero de 2011.

Se realizó en San Lorenzo por primera vez el acto conmemorativo de la batalla conocida como "La Guerra del Paraná" y considerada el "segundo" Combate de San Lorenzo.

El hecho histórico fue el 16 de Enero de 1846, también en las barrancas del Campo de la Gloria, al mando del General Lucio Norberto Mansilla, quien unos meses más tarde (4 Junio) volvería a enfrentar a otra escuadra en la más conocida "Batalla del Quebracho", unos kilómetros más al norte.

Dada la poca trascendencia que los historiadores han dado a este acontecimiento y teniendo en cuenta que se trata de un hecho relevante, ya que se suma a los que colocan a nuestra ciudad en un lugar de privilegio en la historia de nuestra independencia, el intendente Raimundo tomó la decisión de conmemorar esta fecha. "Es un acto de Justicia Histórica".

Por ello, en el Campo de la Gloria, en la mañana del martes 18, se descubrió un sencillo monumento evocando la batalla librada en estas costas que sin duda ha sido otro paso más en pos de la libertad y la independencia.

“Los sanlorencinos recordamos y rendimos homenaje a los héroes de la Guerra del Paraná y de aquella poco recordada pero histórica jornada”, subrayó el intendente Raimundo en su discurso.

“La placa recuerda lo que sucedió y la gente sabrá que aquí mismo hubo un hecho histórico, un hecho notable, que le tenemos que dar la atención que se merece. Esto nos proyecta como ciudad, muestra nuestra historia”, explicó Raimundo durante su discurso.

Además del intendente y miembros del Gabinete estuvieron presentes el Diputado Provincial Victor Hugo Dadomo, el Jefe del Batallón de Arsenales 603 Tte. Coronel Alejandro Holm, Adriana Gaitán en su carácter de Presidente del Centro Sanmartiniano de San Lorenzo, entre otras autoridades locales y representantes de otros centros y entidades de la región. También se recibieron mensajes con saludos y felicitaciones por la iniciativa desde otros centros sanmartinianos.

Posteriormente se invitó a los presentes a participar en el izamiento la nueva bandera en el mástil mayor del monumento en el Campo de la Gloria.

Un gesto del intendente con los historiadores y sanmartinianos presentes. Fue un anticipo de la ceremonia donde esta gran bandera de 6 x 12 metros se presentará a la multitud en el acto del 3 de Febrero. Durante el izamiento y fuera de lo previsto, los asistentes cantaron a capella "Aurora" como ayudando al viento a hacer flamear esta bandera gigante bien "alta en el cielo".

El encuentro finalizó en el parador turístico con una charla informal entre los presentes compartiendo un café con masas.