jueves, 25 de mayo de 2023

25 de Mayo de 1810: Mariano Moreno y la Revolución que pudo ser

La revolución de Mayo es un hecho tergiversado por la Historia "Oficial".

El 25 de mayo de 1810 tiene más valor simbólico que histórico o político. Valor simbólico de un hecho fundacional que todo pueblo necesita reconocer para afianzar su identidad. Pero no fue el 25 de mayo un grito heroico de libertad como el de Tupac Amarú.

No hubo violencia, que es según el Diccionario de la Real Academia Española una de las características ineludibles que tiene el vocablo revolución, ni hubo cambios radicales. No fue tampoco una gran movilización popular como lo fue la reconquista de Buenos Aires durante las invasiones inglesas. No fue un gesto imperativo de las masas sublevadas como el 17 de octubre de 1945 pero tampoco una decisión tomada exclusivamente por los doctores y la "gente decente" como lo cuenta la historia liberal mitrista. 

No declaró la independencia pues se hizo en nombre de Fernando VII. Destituyó un virrey, pero ese hecho ya tenía antecedentes con la destitución de Sobremonte cuando se eligió a Liniers. No existieron las escarapelas celestes y blancas que nos enseñó falsamente el Billiken porque se repartían estampitas con la efigie de Fernando VII, con un tono rojizo como el de la bandera española.

Mariano Moreno.
¿Cómo se puede entender la Revolución de Mayo? ¿Qué destacar de ella? Por la presencia de un hombre: Mariano Moreno. Es en la lucidez política de este personaje, que pasó por la historia argentina como un relámpago, donde podemos encontrar el verdadero germen revolucionario de Mayo y su dimensión histórica y nacional. Su Plan de Operaciones y la acción política emprendida, durante su corta gestión, se puede calificar de revolucionaria, dirigista, estatista, nacionalista, prohispánica, intervensionista y de dimensión continental, latinoamericana.

Ahora, si Mayo fue Moreno y esta fue una revolución que pudo haber sido, pero que no fue, ¿qué se celebra? ¿Qué conmemoramos? ¿Cuál debe ser la reflexión? Debe ir mucho más allá del 25 de mayo de 1810, en más de dos siglos de historia hay muchas páginas gloriosas para rescatar, que trazan la columna vertebral del pueblo argentino y sus más de dos siglos de lucha y resistencia.

Escribe: Dr. Alejandro Gonzalo García Garro


---------------------


“Ya que la América del Sud ha proclamado su independencia, para gozar de una justa y completa libertad, no carezca de las luces que se le han encubierto hasta ahora y que pueden conducirla en su gloriosa insurrección. Si no se dirige bien una revolución, si el espíritu de intriga, ambición y egoísmo sofoca el de la defensa de la patria, en un palabra: si el interés privado se prefiere al bien general, el noble sacudimiento de una nación es la fuente más fecunda de todos los excesos y del trastorno del orden social. Lejos de conseguirse el nuevo establecimiento y la tranquilidad del interior del estado que es en todos tiempos el objeto de los buenos, se cae en la mas horrenda anarquía, de que se siguen los asesinatos, las venganzas personales, y el predominio de los malvados sobre el virtuoso y pacifico ciudadano". Mariano Moreno. "Plan de Operaciones", 1810.

"No tienen los pueblos mayor enemigo de su libertad, que las preocupaciones adquiridas en la esclavitud." Mariano Moreno. "Sobre las miras del Congreso que acaba de convocarse, y Constitución del Estado", 1810.

 

Caracterización de la Revolución

Para la historia oficial mitrista Mayo es una revolución antihispanica, porteña, separatista y probritánica. Tiene el objetivo primordial de vincularnos económicamente con Inglaterra. Fue realizada, como ya dijimos, por la gente decente del puerto. Para ellos las invasiones inglesas sembraron la idea de la libertad en los porteños y el proceso fue también parte de una maniobra geopolítica de Inglaterra y su diplomacia. Sostienen que la bandera principal fue el librecambio y el hombre que personifica la revolución es el liberal colonizado, autor de la "Representación de los Hacendados", Mariano Moreno. Es una historia patriarcal también, en la que no existe la participación de las mujeres, las que fueron invisibilizadas.

Sin dudas, con matices y un poco más ajustada a la verdad ante diversos embates, esta es la versión que predomina culturalmente aun hoy. Fue pensada por el liberalismo argentino, con la finalidad de construir un hito fundacional a imagen y semejanza de Mitre, Sarmiento y cía. Es un relato histórico destinado a justificar, con el pasado, toda la política antinacional y entreguista que sobrevino a Caseros y Pavón. Toda política antinacional, desde Rivadavia hasta la dictadura de 1976, invoca este Mayo como antecedente de sus acciones.

Frente a esta versión interesada, se abrió paso otra explicación de los hechos de Mayo. Para una corriente del revisionismo histórico, Mayo fue una Revolución Democrática. Más que separatista y antihispanica, fue una lucha entre demócratas influidos por las ideales revolucionarios del siglo XVIII contra los absolutistas y burócratas monárquicos aferrados a los privilegios de la vieja España reaccionaria. Distingue con claridad dos tipos de liberalismos, uno de corte colonial y dependiente, conservador, europeizado, elitista y oligárquico y otro de corte revolucionario, democrático y nacional. En este último se inscribe el impulso inicial de Mayo. No fue pues una lucha entre criollos y españoles, fue una lucha entre demócratas y absolutistas, una disputa entre partidos políticos y no entre naciones.

Esta construcción histórica no fue tan homogénea ni inmediata como su antagonista. Aún hoy recibe aportes. Tal vez porque se cumplió la sentencia que a la historia la escriben los que ganan, se tuvo que esperar mucho tiempo y autores como para dar cuerpo a esta corriente que encuentra sus orígenes en Juan Bautista Alberdi y sus "Escritos Póstumos". Bajo esta perspectiva se puede comprender en su plenitud a un Mariano Moreno revolucionario y su "Plan de Operaciones" junto con la obra de la mayoría de los patriotas de Mayo.

Estas son las dos grandes corrientes que explican la Revolución de Mayo. Sin dudas hay otras, como también matices entre ellas. Pero creo que en líneas generales estas reflejan la disputa histórica sobre el tema en cuestión.

 

Mayo es Mariano Moreno

¿Cómo se puede entender la Revolución de Mayo? Por la presencia de un hombre: Mariano Moreno. Es en la lucidez política de este personaje, que pasó por la historia argentina como un relámpago, donde podemos encontrar el verdadero germen revolucionario de Mayo y su dimensión histórica y nacional. La acción política emprendida, durante su corta gestión se puede calificar de revolucionaria, dirigista, estatista, nacionalista, prohispánica, intervensionista y de dimensión continental, latinoamericana.

La lectura de sus textos, fundamentalmente del "Plan Revolucionario de Operaciones" muestra una penetrante comprensión de lo que es el Estado, de la estrategia y táctica para apoderarse de esa maquinaria y hacerla servir a los propios fines, contra sus antiguos usufructuarios.

Pero, como advertimos, las conclusiones sobre Moreno y sobre todo el proceso de Mayo, constituyen junto a la época de Rosas, las páginas donde se cobija la mayor diversidad de opiniones y disímiles interpretaciones en la historiografía argentina sobre los mismos hechos. Al punto de ser antagónicas.

Como vimos, para los libros de historia, y por ende los argentinos, hay muchos "Mayos". Pero la clave de todas las lecturas se encuentra en la caracterización de Mariano Moreno.

 

La manipulación política de Mariano Moreno por la historiografía

Siguiendo esta teoría, analizaré las distintas posiciones historiográficas sobre la Revolución de Mayo a través de la caracterización que hacen, cada una de las escuelas, sobre Moreno.

Ante la figura histórica de Mariano Moreno, hay que elegir, porque escribir historia es elegir, "Toda historia es elección". La elección es ineludible, inapelable en el "caso Moreno". No faltan documentos sobre él y su época, pero ningún historiador puede amparase en ellos para ahorrarse el trabajo de opinar. No hay medias tintas en las interpretaciones de la figura de Moreno, sus pocas acciones políticas, todas trascendentes y decisivas, son a primera vista intrincadas y hasta contradictorias. Incluso para hacer más complicada su interpretación, algunos documentos son públicos y otros secretos.

¿Cuál es en fin el "verdadero" Mariano Moreno? ¿El del motín de Alzaga? ¿El librecambista que supuestamente realizó la "Representación de los Hacendados"? ¿El "extremista" Secretario de la Junta que escribe el Plan de Operaciones? ¿El devoto católico estudiante de teología? ¿El ateo jacobino anticlerical?

La cuestión Moreno es un ejemplo de la sentencia de Jauretche: la cuestión histórica es una cuestión política. La diversidad de "Morenos" responde a las diferentes políticas que se quieren sustentar a partir de la interpretación histórica. Solo haré una enunciación de carácter ejemplificativo que no pretende ser exhaustiva ni metódica. Quiero dar al lector un pantallazo de los dos Morenos y sus autores... Veamos.

 

El liberal de la "Representación de los Hacendados"

Dejando de lado a Manuel Moreno, (hermano de Mariano) que escribió una biografía en 1812, uno de los primeros autores que se ocupó de Mariano Moreno fue Vicente Fidel López. Padre fundador de la historia liberal junto con Mitre, en su monumental obra "Historia de la República Argentina", López afirma que el 25 de Mayo fue una verdadera revolución independentista y Moreno era un liberal definitivamente influido por las ideas de la Ilustración francesa, de modo que las constantes menciones de fidelidad a Fernando VII que aparecen en los documentos oficiales son interpretadas como una mistificación, en adhesión a la idea de la máscara de Fernando.

Estas ideas no sufrieron grandes cambios en las glosas de Sarmiento y Mitre. Esta visión era concordante con las ideas liberales que encarnó la intelectualidad antirrosista primero, y la generación del 80 después. Esas generaciones requerían un Moreno liberal, librecambista, anti hispánico, laicista e incluso pro británico. Esa generación requería el repudio de Mitre a España, el invento mitrista de un mayo antiespañol, librecambista, ilustrado desde las luces de Francia y probritánico en lo económico.

En fin, primero López y luego Mitre juzgan a Mayo como un movimiento separatista, anti hispánico, dirigido a obtener el comercio libre, y por ende pro británico, la chispa del movimiento habrían sido las ideas divulgadas por los ofíciales ingleses durante las invasiones que ocurrieron unos años antes de Mayo.

Esta versión de los sucesos de Mayo es la que está todavía vigente hoy en muchos de los programas educativos. Y se repite cada año en publicaciones escolares. Es decir, interpretada como norteamericana por el ejemplo del norte, inglesa por el liberalismo británico y francesa por los libros de los enciclopedistas.

En el siglo XX, en trabajos aparecidos hacia 1921, Ricardo Levene presenta a Moreno como liberal, pero también, y a diferencia de López, como prohispánico y clerical. Pero ésta, en realidad, no fue más que una pequeña variación sobre el mismo tema de la historia oficial. Esta tesis fue repetida por miles de libros y ensayos por cientos de autores.

 

La Historia Social y Moreno

A la corriente de la Historia Social, la que domina hoy el aparato académico de la historia, el tema se les ha tornado complicado. Desde su aparición en 1956, en plena revolución fusiladora antiperonista, José Luís Romero y Halperín Donghi vienen aceptando la versión mitrista clásica. Pero ellos, según propia confesión, intentan remozarla, porque en la actualidad se encuentran con problemas para mantener la interpretación de Mayo dada por Mitre.

Luís Alberto Romero, en un rapto de sinceridad académica reconoce ceremoniosamente: "Hace tiempo que los historiadores profesionales, los historiadores en serio, vienen criticando esta explicación (la versión mitrista de Mayo). Coinciden en que los sucesos de Mayo de 1810 no fueron el fruto de un plan previo sino la imprevista consecuencia de un evento lejano...Un grupo de vecinos se hizo cargo del gobierno, de manera provisoria, sin saber bien para quién ni contra quién... (Los historiadores) estamos lejos de lo que se enseña en la escuela y también del sentido común. Sin duda hay una brecha que debe ser cerrada pues en Historia, tanto como en Física o Matemática, no puede admitirse tal distancia entre el saber científico y el escolar. Pero hay que hacerlo con cuidado. Este relato mítico (sobre Mayo) es hoy uno de los escasos soportes de la comunidad nacional" (Clarín 24/5/2002).

Se le podría retrucar que lo que está en crisis en parte no es la "comunidad nacional" sino la conciencia colonial creada y alimentada por la historia oficial de la cual Romero es uno de sus principales representantes. Y si esa comunidad nacional estuviese en crisis por los escasos soportes que la sostienen, ¿Es lo correcto continuar fabulando, mitificando? ¿Se fortalece la comunidad nacional con la mentira?

 

El revolucionario del Plan de Operaciones

En el siglo pasado, en la década del 40, cruzándose con esta tendencia aparecen dos libros del mismo autor, "Mariano Moreno y la Revolución Democrática Argentina" y "Mariano Moreno y su época" de Rodolfo Puiggrós. El autor era por entonces un expulsado del Partido Comunista y comenzaba su acercamiento al peronismo y al pensamiento nacional.

Los libros, más allá de los matices, mostraban a Moreno como un revolucionario completamente independentista, republicano y democrático. Puiggrós festeja en su trabajo los arrebatos jacobinos de Moreno y oculta o evita las evidencias que hacen de Moreno un ferviente liberal.

 

Raúl Scalabrini Ortiz

El enorme Raúl Scalabrini Ortiz, en el prólogo de su obra "Política Británica en el Río de la Plata" señala: "Los revolucionarios de 1810, con exclusión de Mariano Moreno, adoptaron sin análisis las doctrinas corrientes en Europa y se adscribieron a un libre cambio suicida. No percibieron siquiera, esta idea tan simple: si España, que era una nación poderosa, recurrió a medidas restrictivas para mantener el dominio comercial del continente, ¿cómo se defenderían de los riesgos de la excesiva libertad comercial estas inermes y balbuceantes repúblicas sudamericanas? Pero el manchesterismo estaba en auge y a su adopción ciega se le sacrificó todas las industria locales". Y más adelante ensambla la Revolución de Mayo con el espíritu de Mariano Moreno: "En su Plan Revolucionario- tildado de terrorista por los que creen que los tremendos estertores que anuncian, preceden y acompañan al nacimiento de las naciones, pueden ser realizados por una mansa conjunción de burgueses y paraguas- Mariano Moreno cuyo enfoque político no ha sido superado hasta hoy en el enfoque de los problemas argentinos, dilucida con extraordinaria clarividencia los modos propios de actuar de la perfidia al servicio de los intereses extranjeros, y arguye medidas extremas para sofocar en su origen rumores, calumnias, y torpezas que pueden relajar los ímpetus realizadores de una revolución".

Y Scalabrini va más allá, con su amarga dureza, cuando afirma que en realidad la Revolución de Mayo no fue la raíz de nuestra independencia, sino la causa del drama posterior. Cuando, ya derrotado definitivamente el morenismo, se concibe durante la gestión de Rivadavia el empréstito de la Baring Brothers que da comienzo a nuestra dependencia económica financiera con Gran Bretaña.

 

Hernández Arregui

Juan José Hernández Arregui, en "La Formación de la Conciencia Nacional" repudiando las maniobras de la historia oficial sentencia "Mariano Moreno, ejemplo típico de esta degradación historiográfica, presentado como liberal, antihispanista y democrático, cuando en realidad fue proteccionista, hispanista y autoritario". Realiza un análisis con conclusiones muy positivas sobre Moreno y el Plan de Operaciones. En algunos párrafos se lee "Moreno había previsto estos males y medio siglo antes de que mitre sacrificara el país a Buenos Aires, es decir a la clase ganadera, había preconizado un programa nacional tan realista como el puesto en práctica por los Estados Unidos al declararse la independencia". Junto a muchos otros elogios, califica a la política de Moreno como "un valioso antecedente", "realista y justa y nada simplista".

 

Abelardo Ramos

Para Jorge Abelardo Ramos es Moreno "la viva representación del jacobinismo revolucionario, es decir la idea de la Nación en Armas contra la reacción absolutista española" ("Revolución y Contrarrevolución en Argentina").

Pero en algo fallaba también para Ramos la concepción política de Moreno. Según este historiador, el jacobinismo no podía tener viabilidad en el Río de la Plata porque le faltaba el sustento social: la burguesía industrial. Esta carencia de sustento material es la explicación del rápido crepúsculo del partido morenista.

No obstante, para Ramos, "el punto de vista de los revolucionarios de Mayo, expresado por Moreno en su Plan, algunas de cuyas proposiciones se llevaron a la práctica, nace de una comprensión profunda de la realidad". En un juicio favorable, Ramos caracteriza a Moreno como proteccionista y enemigo del libre cambio.

 

John William Cooke

Cooke en 1965 publica su trabajo "Apuntes para la militancia". Se trata de un revisionismo histórico peronista y militante. En sus apuntes, que son de un alto valor político e historiográfico para toda una generación, señala con claridad el verdadero significado y la trascendencia revolucionaria de Moreno al afirmar que: "Desde la Independencia, los intereses foráneos tenían su aliado material en la burguesía comercial de Buenos Aires, dispuesta a enriquecerse como intermediaria de un comercio sin restricciones con Europa. Su primera víctima fue Mariano Moreno, cuya visión americanista chocó con el centralismo unitario que subordinaba el país a la política bonaerense".

 

Norberto Galasso

En 1994 aparece un librito notable: "Mariano Moreno, el sabiecito del sur" escrito por el historiador Norberto Galasso de la corriente historiográfica autodenominada como "Revisionismo Federal Provinciano Socialista". En realidad, es una ampliación de un trabajo publicado mucho tiempo atrás que se llamó "Mariano Moreno y la Revolución Nacional".

Es una obra doblemente meritoria, primero por la originalidad y profundidad de la misma y segundo por el rigor documental en la que se apoya. Mariano Moreno es para Galasso "el hombre que sabe lo que quiere y cómo hacerlo, cuando los demás vacilan en medio del desconcierto y el fragor de la lucha: El es ya la revolución". Y en el transcurso de la obra, argumentando, basándose permanentemente en una documental rigurosa, en una impecable heurística y consumada hermenéutica demuestra que Moreno encarna junto con sus chisperos del 25 de mayo, el proyecto revolucionario nacional y democrático.

Norberto Galasso escribe una obra polémica y definitiva en que se exhibe a Moreno como un revolucionario dirigista, estatista, nacionalista e intervencionista. Esta obra se complementa con otro trabajo de Galasso de ineludible lectura: "La Revolución de Mayo (el pueblo quiere saber de qué se trató)".

 

Caída, derrota y herencia política de Mariano Moreno.

Pero en definitiva ¿cuál es el "verdadero" Mariano Moreno? Son todos "verdaderos" en cuanto convengamos que son construcciones políticas. Es tan sincero el Moreno de Vicente Fidel López como el de Galasso en la medida que advirtamos que ambos son dos expresiones de dos momentos históricos diferentes.

Empero, a pesar de tanto relativismo, juzgo necesario dar noticias de un Mariano Moreno nacional y revolucionario y hacer un balance de su obra.

 

Las limitaciones de la Revolución

Desde el primer día de mayo se plantearon dentro del frente revolucionario contradicciones insolubles, verdaderos antagonismos, en cuanto al despliegue y el alcance de la Revolución.

Conviene distinguir las tendencias fundamentales: Moreno representaba a los sectores radicalizados de la revolución contra la reacción absolutista española, la idea de la Nación en armas contra los realistas y las maquinaciones de Inglaterra y sus intereses. Ponía a Inglaterra en la segunda línea de peligro. El proyecto político y económico de este sector lo reflejan las concepciones de los historiadores y pensadores del campo nacional que citamos más arriba y se encuentra en el Plan de Operaciones. 

Por otro lado, estaban los comerciantes monopolistas españoles, encabezados por Alzaga, que veían tanto en el intercambio libre con los ingleses como en el triunfo del partido morenista, la extinción de sus privilegios políticos y comerciales.

El tercer grupo estaba constituido por los comerciantes e importadores (apoyados por los ganaderos) interesados en el tráfico con Inglaterra y con el comercio exterior en general. Su representante más notable sería Rivadavia, verdadero fundador del partido unitario y precursor del mitrismo.

Moreno se lanzó con toda su generación a la lucha, pero fue vencido. Para sus detractores historiográficos el saavedrismo sería el antecedente inmediato de la política de entrega rivadaviana que tantas consecuencias funestas le acarrearía al país. Derrotado políticamente, se embarcó el 24 de enero de 1811 y murió el 4 de marzo, a la altura de la isla de Santa Catalina en circunstancias oscuras. Tenía 32 años de edad.

Se produce el cambio de régimen de gobierno, asume la Junta Grande, que se traducirá al principio en un cambio de lenguaje político. El nuevo gobierno carece de un plan nacional como el de Moreno y de una finalidad concreta. Débil en su lenguaje y políticamente dubitativo.

 

¿Qué pasó después de Moreno?

La caída de Moreno cierra el capítulo genuinamente revolucionario y nacional de la Revolución de Mayo.

Comienza una crisis monetaria y el gobierno en 1811 autoriza la exportación de oro y plata. Esta medida no sólo descapitaliza el país sino que eleva el precio de los artículos de consumo. En el primer triunvirato, cuyo inspirador es el Secretario Bernardino Rivadavia, se permitirá el ingreso al país del carbón europeo, se rebajaran los impuestos aduaneros para manufacturas extranjeras. En definitiva, se abrirán las puertas de la aduana a artículos ingleses que entran en competencia ruinosa con nuestras industrias locales. Los comerciantes extranjeros tienen, ahora, los mismos derechos que los comerciantes criollos. El equilibrio de fuerzas se termina de romper. El capital ingles manda sobre Buenos Aires y el puerto de la reina de la plata prima por sobre las provincias.

Porque, destruida la política nacional de Moreno, que contemplaba los intereses generales, y entronizada en el gobierno de Buenos Aires la tendencia rivadaviana probritánica, la oligarquía porteña se adueñó de la maquinaria virreinal. Usufructuó la provincia-metrópolis y se negó a repartir las rentas aduaneras con el resto de las provincias argentinas. Así planteadas las cosas se consolidan dos dependencias: "una interior y doméstica de las provincias del país con respecto a la provincia- metrópoli" y la otra exterior del país entero en relación al imperialismo de turno: el británico.

La oligarquía porteña embolsaba y repartía con sus socios ingleses la riqueza argentina y como respuesta a esta situación nace el federalismo, resultado del despojo de la riqueza argentina por una sola provincia.

Digo Mayo la revolución que no fue porque el monopolio del rey fue suplantado, una vez derrotado Moreno, por el monopolio de la oligarquía porteña. La metrópoli hizo del país su propia colonia...política ésta que sería resistida por los caudillos federales. Comienzan por esta razón y en este contexto histórico las guerras civiles en la Argentina que durarían décadas...

 

La herencia de Moreno

En 10 meses, Mariano Moreno transformó ideas, concepciones, produjo polarización política, indudablemente dejó una herencia. No lo hizo solo, tuvo el respaldo de la Sociedad Patriótica, que era un centro conspirativo, el Club de Marco y fundamentalmente la Logia Independencia, entidad revolucionaria, presidida por su amigo Julián Álvarez, quién recibiría en 1812 a los conjurados de la fragata Canning (San Martín, Alvear, Zapiola y Chilavert) procedentes de Londres, a donde habían escapado de las garras de la inquisición española continental.

Pese a su derrota, la herencia de Moreno siguió vigente, las banderas morenistas fueron levantadas por federales doctrinarios, como Manuel Dorrego. Su hermano Manuel Moreno y su amigo Tomas Guido fueron estrechos colaboradores de Juan Manuel de Rosas. Los caudillos federales hicieron propia sus enseñanzas en contra de la ambición centralista propia de los comerciantes porteños del partido rivadaviano.

Moreno supo conjugar lo nacional latinoamericano con las ideas universales del Iluminismo y la Enciclopedia. Las ideas morenistas en la economía, sobre el proteccionismo y la industrialización fueron llevadas a cabo por José de San Martín en Cuyo. En esa zona San Martín expropió a las familias ricas en animales y bienes para la causa del Ejército libertador y estableció una única aduana, entre otras resoluciones.

El mismo plan económico del "Plan de Operaciones" de Moreno y la estatización cuyana de San Martín, años más tarde tendrán realización concreta en el Paraguay de los López, destruido a sangre y fuego casi 60 años después, cumpliendo instrucciones del Imperio británico, por los ejércitos del Brasil esclavista y de la Argentina mitrista.

Resurgirán esas ideas por la unión latinoamericana con el yrigoyenismo y los socialistas. También el peronismo reivindicará a Moreno, en contra del nacionalismo católico reaccionario. El entonces diputado Albrieu, dirá en el parlamento del primer peronismo que la línea histórica nacional se expresa en la trilogía: Moreno - San Martín - Perón.

Por supuesto, la singular historia circular argentina se reserva el derecho de repetir sus errores y elegir los caminos de intereses mezquinos, dejando a la deriva las observaciones y propuestas de figuras como la de Mariano Moreno, que murió en un barco a Londres, en circunstancias poco claras.

 

¿Qué se celebra cada 25 de Mayo?

Sin dudas existen motivos para celebrar, el solo hecho de existir como nación nos da esa prerrogativa.

En un ensayo de Eduardo Luis Duhalde y Rodolfo Ortega Peña, "Mariano Moreno: Utopía y Revolución", se plantea una cuestión insoslayable para completar un análisis integral del joven Secretario de Guerra de la Primera Junta. En un texto que valora la obra de Moreno y sus ideas pero critica sus estrategias se lee: "Mariano Moreno aparece entonces, encarnado, en nuestra actualidad a la "utopía abstracta". Es un anticipo del tremendismo coetáneo, que equivocado en la elección de los medios (en tanto no se erige como medio fundamental de realización de las masas populares) aunque pueda estar acertado en la idea central, culmina su experiencia política en el más espectacular fracaso, objetivamente prorrevolucionario". El mismo ensayo manifiesta que "de utopías está sembrado el camino de la contrarrevolución".

Creo que esto también se debe incorporar a la lectura de la historia. Mayo fue Moreno y una revolución que pudo haber sido. Pero que no fue. Pero no fue por muchas razones. Sin duda que los enemigos de la revolución y las limitantes sociales contribuyeron en mayor medida a la derrota, pero también los revolucionarios equivocaron los caminos e hicieron su aporte. Creo que de toda derrota popular se deben extraer las enseñanzas para no repetir los mismos errores. Es lo único positivo que el pueblo puede extraer de una derrota de este tipo. Además, ha sido un constante en la historia argentina, ante el fracaso de los procesos revolucionarios el pueblo fue víctima de políticas reaccionarias que atentaban contra las mayorías.

José Pablo Feinmann, en uno de sus más sinceros libros, "Filosofía y Nación", también hace un balance crítico sobre Moreno. Entiende que sus buenas intenciones iluministas y jacobinas prescindían de un análisis político concreto. Considera que Moreno expresó una vanguardia sin pueblo, que devino en patrulla perdida. "Sobre que bases políticas fijas y estables habría de constituirse el Estado revolucionario... El soberbio, el solitario Moreno... no tiene respuesta para semejante pregunta...", pero en contra punto concluye Feinmann "...los pueblos sin verdaderas vanguardias quedan reducidos a la indiferenciación amorfa de la multitud...".

Aun así, Mariano Moreno fue el numen de Mayo y su estrella revolucionaria es la esencia del nacimiento de nuestra Patria, en sus ideas habita el sueño de una patria libre. De todo lo demás de Mayo, no se pueden decir cosas mejores.

 

Más de 220 años de lucha y resistencia

Hay muchas páginas gloriosas para rescatar, que dibujan la columna vertebral del pueblo argentino y sus más de dos siglos de lucha. A los sueños de Moreno y los patriotas de Mayo debemos agregar la causa de Artigas, la epopeya libertadora de San Martín, la lucha de los caudillos federales, la defensa de la soberanía nacional de Juan Manuel de Rosas, el Yrigoyenismo, la patria de Juan Perón y Eva Perón y el peronismo de los 70 y muchas de las cosas buenas que nos ha dejado la democracia que vivimos desde 1983, sobre todo la salida de la implosión del neo liberalismo en el 2001 y las medidas a favor de las mayorías populares que se tomaron a partir del gobierno de Néstor Kirchner en 2003.

Pero, en relación a los procesos en general, estos episodios históricos fueron brillos estelares intermitentes pero eslabonados en más de dos siglos de hegemonía de una política dirigida por las minorías. Todos tienen una solución de continuidad, son parte de una misma cadena que expresa idénticos valores y sueños.

Pero también creo que el recuerdo debe tener presente a los genocidios y derrotas que marcaron nuestra identidad. Las páginas oscuras de la conquista española de América, el genocidio del gaucho consumado por el unitarismo porteño; el holocausto del pueblo paraguayo y la infame Guerra de la Triple Infamia que dio el golpe de muerte a toda política de carácter continental; Roca y el genocidio de los pueblos originarios en la Campaña del Desierto que consolidó el poder de la oligarquía terrateniente; los golpes militares del siglo XX, la proscripción y persecución del peronismo; y el episodio más oscuro de la era contemporánea: el genocidio de la última dictadura militar de 1976 que destruyó las bases del modelo económico y social construido por el peronismo. A ellos se les debe sumar la infinidad de muertes, anónimas para la historia en su inmensa mayoría, por la aplicación de políticas económicas que generaron miseria, exclusión, pobreza y violencia social.

La historia no será jamás una consecuencia de lo que los líderes y las élites hacen, la historia tiene un solo protagonista y actor: el pueblo. De sus aciertos y errores, de sus triunfos y derrotas deriva nuestro presente. La reivindicación del pasado y sus actores deber ser la búsqueda de antecedentes de una misma lucha.

El 25 de Mayo es el parto de nuestra nación, el alumbramiento de la argentinidad. Toda evocación a Mayo es un acto de afirmación de nuestra nacionalidad. Un ejercicio de nacionalismo. Es la Nación que soñó Mariano Moreno. Pero todo acto de reafirmación nacional a través de la historia debe tener presente que somos una nación inconclusa, en marcha, porque todavía no somos lo que podemos ser. Arturo Jauretche lo expresaba con claridad cuando polemizaba con el nacionalismo reaccionario: "El nacionalismo de ustedes se parece al amor del hijo junto a la tumba del padre, el nuestro parece al amor del padre junto a la cuna del hijo, y ésa es la sustancial diferencia. Para ustedes la Nación se realizó y fue derogada para nosotros, sigue todavía naciendo".

Y eso es más válido aún para nuestra generación. La patria no está hecha, tampoco es un fatalismo histórico, ni el producto de los deseos de un puñado de hombres y mujeres. La Argentina será lo que nosotros, el pueblo, haga de ella.

martes, 11 de abril de 2023

11 de abril de 1870: El asesinato de Urquiza, crimen impune en la historia argentina y entrerriana

El asesinato político es un retornante histórico en nuestro país. Mariano Moreno, Monteagudo, Güemes, Facundo Quiroga, Lavalle, el mismísimo López Jordán, por sólo mencionar algunos ejemplos, fueron víctimas de muertes ocurridas en extrañas condiciones. Fueron también, algunas, muertes que quedaron impunes. Como advertimos, tanto en los albores de nuestra nacionalidad, como también durante las guerras civiles, los crímenes impunes abundan en la historia argentina.

Todos estos crímenes son políticos, es decir que tienen como motivo la eliminación física de una persona que se presenta como un enemigo de los intereses del asesino. Y todos estos homicidios tienen también un denominador común: se realizan por encargo. El autor material del hecho (sicario) recibe la orden de matar a la víctima por parte del autor ideológico (merced) que le otorga luego de cumplido el hecho homicida, una contra prestación por la ejecución.

Esta naturaleza especial de crímenes por encargo hace muy dificultosa la revelación de quién es el autor ideológico del delito que queda oculto e impune ya que, los autores materiales, si son apresados, ocultan la identidad del mandante. Ante el silencio del sicario surgen las conjeturas, las hipótesis y las posibilidades. Y finalmente, ante la falta de evidencias, queda para aplicar en el análisis, la sugerencia de Séneca: “Aquel a quien el crimen le es beneficioso, es el que lo ha cometido”.

A principios de abril de 1870 había estallado la revolución jordanista en distintos lugares de la provincia y, aunque no está probado que entrara en el plan revolucionario la muerte de Urquiza, su residencia es asaltada y él es asesinado por una partida que obedecía políticamente a López Jordán.

Es preciso que nos detengamos en el análisis de esos sucesos para ver como la historia oficial ha falsificado los hechos endilgándole la culpa del asesinato a López Jordán.

Los hechos acaecidos son muy confusos, hay diversas y contradictorias versiones interesadas, pero en verdad, el único documento cierto que existe sobre la forma en que se produjo la muerte de Urquiza, quiénes fueron sus autores materiales y quiénes los mentores ideológicos del atentado, son las declaraciones que aportó el capitán José María Mosqueira, único detenido y procesado por los hechos.

Según lo expresado por Mosqueira en el juicio, los hechos ocurrieron de la siguiente manera: La conspiración comienza en la estancia de Arroyo Grande, cerca de Concordia. A dicho lugar concurre el joven estanciero de Gualeguaychú, José Mosqueira para ofrecerle sus servicios a López Jordán en el movimiento revolucionario que éste prepara para derrocar al gobernador Urquiza. El plan queda acordado. El lugar de encuentro de los conjurados será en la misma estancia, el 9 de abril.

Treinta hombres al mando del mayor Robustiano Vera y José Mosqueira partieron desde Arroyo Grande rumbo al establecimiento San Pedro, propiedad de Urquiza, a los efectos de ponerse a las órdenes del Coronel Luengo que los esperaba con veinte hombres más.

Las órdenes recibidas, según cuenta Mosqueira en las actas del juicio, eran las de apresar a Urquiza, respetarle la vida al gobernador y a su familia y llevarlo a la presencia del jefe revolucionario. La partida la formaban entre otros, además de los mencionados, Ambrosio Luna, Pedro Aramburu, Juan Pirán, Facundo Teco, Agustín Minué, Mateo Cantero y Nicomedes Coronel, este último era mayordomo de la estancia San Pedro. Un dato interesante: de todos los hombres de la partida sólo Mosqueira era entrerriano. La mayoría de ellos eran federales correntinos y orientales exiliados. Simón Luengo, el jefe de la partida, era un caudillo federal cordobés de cierta relevancia que había sido derrotado en su provincia natal y vivía en Entre Ríos protegido por Urquiza.

Al caer la tarde de ese fatídico lunes de 1870, según los testimonios, a las 19.30 hs., el gobernador se encontraba en la galería delantera de su residencia conversando con uno de sus ministros y escuchó sorprendido la llegada de un tropel de jinetes que habían entrado por la puerta trasera del Palacio San José al grito de ¡Muera Urquiza! y dando vivas a López Jordán. El gobernador se dirigió a una de sus habitaciones extrayendo un rifle y disparando contra la partida. Lo que ocurre a partir de ese momento es confuso y no lo aclara Mosqueira en el proceso. No se sabe si Luengo alcanzó a darle la orden de rendición a Urquiza o algún hombre de la partida disparó desobedeciendo la orden contra el caudillo que cae alcanzado por un tiro en la cara. También es un enigma quién lo “despenó” con cinco puñaladas en el pecho.

Lo que sí está claro es que la muerte de Urquiza no fue ordenada por López Jordán, ni estaba en los propósitos de los revolucionarios. La consideraban una muerte inútil. Y, para completar la intriga de esta historia, el mismo día, con algunas horas de diferencia, como en una secuencia del cine de Francis Ford Cóppola, son asesinados en Concordia, también en circunstancias equívocas dos de sus hijos, Justo Carmelo y Waldino.

¿Entonces, si no hubo orden de matar a Urquiza por parte de los revolucionarios, como fue el desenlace de la tragedia de San José? ¿Cómo y por qué ocurrieron los hechos?  Dentro del conjunto de historiadores que han tratado de develar la incertidumbre del hecho, Fermín Chávez, en su voluminoso y documentado libro “Vida y muerte de López Jordán” conjetura tres probabilidades: a) Que los jefes de la revolución jordanista autorizaron la ejecución de Urquiza; b) Que Luengo, la resolvió sobre la marcha; c) O que la resistencia armada de Urquiza dió ocasión a su muerte. Ahora bien, ninguna de estas hipótesis puede ser probada... Son especulaciones. De hecho, nada ha podido ser probado fehacientemente.

La historia oficial está plagada de falsedades y omisiones maliciosamente consumadas. De hecho, las muertes poco claras que mencionamos al principio de este ensayo han sido instrumento de propaganda política del aparato cultural del sistema. Ya sea para encubrir o para culpar injustamente de un crimen a alguien, un asesinato, una muerte jamás constituyó un impedimento moral a la hora de escribir la historia acorde a los intereses de las clases dominantes. Si han asesinado que problema pueden tener en mentir sobre ello, o sobre quién y cómo.

El historiador entrerriano Aníbal S. Vásquez, en su obra “López Jordán” afirma: “Hasta ahora se ha adjudicado a López Jordán una responsabilidad personal del crimen, como si él lo hubiera concebido e inspirado, organizado y ejecutado. Así se ha dicho y se viene repitiendo de generación en generación. Así se enseña en algunos textos escolares. Así se falsea la verdad y se adultera la historia… En términos generales se ha dejado caer la terrible y mortificante acusación. Se la ha concretado con sonoros adjetivos pero sin las probanzas debidas… Recorramos los archivos, acerquémonos a las amarillentas colecciones de las publicaciones periódicas de la época, hurguemos en los rincones de las viejas casonas, que aun guardan las sugestiones de los tiempos idos, y no descubriremos nada que nos pruebe, que nos traiga y afirme la convicción de una responsabilidad personal de López Jordán en la tragedia del Palacio San José… Sarmiento acusa a López Jordán con el mismo énfasis que pedía Southampton o la horca para Urquiza y la voracidad de las llamas de un pavoroso incendio para Paraná. Sabiéndose familiarizado con la prédica del asesinato quiere descargar su conciencia de toda responsabilidad… En este episodio el oficialismo metropolitano vuelve a administrar justicia a su gusto y paladar…En la lucha rencorosa, sin cuartel, de acciones violentas, Sarmiento venció, al final, a López Jordán y no solo dictó sentencia en las acusaciones que él solo hizo, sino que las impuso… La versión oficial que ha llegado hasta nosotros es consecuencia de esa disciplina”.

Pero no todo se puede ocultar o silenciar eternamente. Los textos de José Hernández, Juan Bautista Alberdi o el mismísimo Juan Manuel de Rosas a los que hago referencia en este ensayo, olvidados maliciosamente por la historiografía oficial, abren una ventana para tener una mirada distinta sobre el asesinato de Urquiza, magnicidio impune en la historia argentina y entrerriana. Existen otros historiadores y actores políticos de la época que llegan a conclusiones similares que esta, su estudio también podrá contribuir a echar luz sobre este oscuro episodio histórico.

A  modo de conclusión, lo que nos queda claro hoy es que Ricardo López Jordán no mandó a matar a Urquiza, no existe prueba alguna de ello por lo que está fehacientemente comprobada su inocencia. ¿Quién fue entonces el mentor del atentado? ¿Fue un accidente? ¿Una consecuencia indeseada por la resistencia armada que el propio Urquiza opuso a sus captores? ¿Una venganza de los viejos federales decepcionados por las vacilaciones de Urquiza? ¿Una represalia por la “retirada” de Pavón? ¿Un crimen ejecutado por los liberales porteños como lo presagió José Hernández? ¿Qué relaciones y que consecuencias tuvo con el atentado el viaje presidencial de Sarmiento a San José? No hay certezas y debemos remediar la falta de pruebas con nuestras propias conjeturas.

Escribe: Dr. A. Gonzalo García Garro

--------------------------------------------


“Hasta ahora se ha adjudicado a López Jordán una responsabilidad personal del crimen, como si él lo hubiera concebido e inspirado, organizado y ejecutado. Así se ha dicho y se viene repitiendo de generación en generación. Así se enseña en algunos textos escolares. Así se falsea la verdad y se adultera la historia… En términos generales se ha dejado caer la terrible y mortificante acusación. Se la ha concretado con sonoros adjetivos pero sin las probanzas debidas… Recorramos los archivos, acerquémonos a las amarillentas colecciones de las publicaciones periódicas de la época, hurguemos en los rincones de las viejas casonas, que aun guardan las sugestiones de los tiempos idos, y no descubriremos nada que nos pruebe, que nos traiga y afirme la convicción de una responsabilidad personal de López Jordán en la tragedia del Palacio San José”.
Aníbal S. Vásquez. “López Jordán”.

El crimen impune, retornante histórico

Mariano Moreno muere en un barco inglés en alta mar, su defunción ocurre en forma dudosa. Se murmura un posible envenenamiento del tribuno revolucionario de Mayo.

El “Tigre de los Llanos”, Facundo  Quiroga, es asesinado en Barranca Yaco por una partida comandada por un tal Santos Pérez. Lo que no se puede dilucidar es si Santos Pérez recibió el encargo de los Reinafé, de Estanislao López o de algún otro caudillo contrariado por la estrella ascendente de Facundo.

La muerte de Lavalle en Jujuy es también un caso poblado de incertidumbres. José María Rosa en su magistral trabajo “El cóndor ciego”  investiga las circunstancias de esa muerte confusa.

En el atentado en que se hiere de muerte a Güemes no se distingue con certeza si fue organizado por los últimos realistas que operan en Salta o fue obra de algún sector interno de los patriotas enfrentados.

Tampoco se sabe quién ordenó la mano del puñal que mata a Monteagudo en Lima, ni la de la otra mano que asesina por la espalda a Florencio Varela en Montevideo.

Ricardo López Jordán fue asesinado en una calle de Buenos Aires, Casas, el matador, declaró que su móvil era vengar a su padre, pero está probado que detrás del sicario estaban otros intereses políticos.

Como advertimos, tanto en los albores de nuestra nacionalidad como también durante las guerras civiles los crímenes impunes abundan en nuestra historia.

El asesinato político

Todos estos crímenes son políticos, es decir que tienen como motivo la eliminación física de una persona que se presenta como un enemigo de los intereses del matador. Y todos estos homicidios tienen también un denominador común: se realizan por encargo. El autor material del hecho (sicario) recibe la orden de matar a la víctima por parte del autor ideológico (merced) que le otorga luego de cumplido el hecho homicida, una contra prestación por la ejecución.

Esta naturaleza especial de crímenes por encargo hace muy dificultosa la revelación de quién es el autor ideológico del delito que queda oculto e impune ya que, los autores materiales, si son apresados, ocultan la identidad del mandante. Ante el silencio del sicario surgen las conjeturas, las hipótesis y las posibilidades. Y finalmente, ante la falta de evidencias, queda para aplicar en  el análisis, la sugerencia de Séneca: “Aquel a quién el crimen le es beneficioso, es el que lo ha cometido”.

Este trabajo es un aporte más, que intenta desentrañar los motivos del asesinato, hasta hoy impune, de don Justo José de Urquiza en el Palacio de San José. Auténtico magnicidio, único en nuestra historia ya que la víctima, al momento de su muerte revestía ciertas calidades que agravan el hecho: era Gobernador electo de la Provincia de Entre Ríos, ex primer Presidente Constitucional de la Confederación Argentina y Jefe Político del Partido Federal.

Este ensayo está dividido en dos partes. En la primera, pretende darle al lector un panorama del contexto histórico en se desenvuelve la tragedia y en una segunda parte se narran los hechos acaecidos acompañado por un examen de los mismos guiado por las letras de dos de los más grandes pensadores nacionales de nuestra historia: José Hernández y Juan Bautista Alberdi.



“Hasta ahora se ha adjudicado a López Jordán una responsabilidad personal del crimen, como si él lo hubiera concebido e inspirado, organizado y ejecutado. Así se ha dicho y se viene repitiendo de generación en generación. Así se enseña en algunos textos escolares. Así se falsea la verdad y se adultera la historia… En términos generales se ha dejado caer la terrible y mortificante acusación. Se la ha concretado con sonoros adjetivos pero sin las probanzas debidas… Recorramos los archivos, acerquémonos a las amarillentas colecciones de las publicaciones periódicas de la época, hurguemos en los rincones de las viejas casonas, que aun guardan las sugestiones de los tiempos idos, y no descubriremos nada que nos pruebe, que nos traiga y afirme la convicción de una responsabilidad personal de López Jordán en la tragedia del Palacio San José”.
Aníbal S. Vásquez. “López Jordán”


1) Viaje del Presidente Sarmiento a Entre Ríos y visita a Urquiza en el Palacio San José.

“Ninguna persona que haya seguido estudiando en la práctica la historia de las repúblicas del Plata, ha debido extrañar el desgraciado fin de Su Excelencia el señor Capitán General D. Justo José de Urquiza.. Por el contrario, lo admirable e inaudito es su permanencia en el poder, por grados, siempre bajando, en virtud de sus hechos, contrarios a su crédito, a sus amigos políticos y favorables a sus enemigos... En mi larga carta después de esa batalla (la de Pavón), le dije que, habiendo él mismo cometido el gravísimo error, después del triunfo, de pasar todo su poder a sus enemigos con funesto perjuicio a los que seguían de buena fe su política..., su vida y su fortuna no estaban seguras si permanecía en la provincia entrerriana”.
Carta de Rosas a Urquiza, citada por José Luis Busaniche en “Juan Manuel de Rosas” 


La relación política de Sarmiento y Urquiza fue larga, despareja y encontrada. Sarmiento estuvo, según lo demandaran las circunstancias, con Urquiza y contra Urquiza.

Estuvo con Urquiza cuando se incorpora a la campaña del Ejército Grande que finaliza en Caseros con el derrocamiento de Rosas (1852). Sarmiento entró a Buenos Aires como boletinero del ejercito de Urquiza con grado de oficial. Durante la campaña se encontraron en un par de oportunidades donde comprobaron las profundas diferencias que ambos tenían. Urquiza lo humilla al obligarlo a ponerse el cintillo punzó, la divisa federal. Sarmiento lo desprecia y lo considera como uno de los tantos otros caudillos, “bárbaro, atrasado y salvaje”.

La relación de ambos está rota después de Caseros. A Urquiza le ha chocado la petulancia de Sarmiento. Y el caudillo le ha hecho al vanidoso Sarmiento las siguientes ofensas: no le ha dado el cargo en el Ejército que ambicionaba de jefe del Estado Mayor, no le ha escuchado sus consejos tácticos ni políticos; no ha demostrado confiar en su supuesto talento, le cuestiona sus escritos sobre la marcha del Ejercito Grande y los partes del boletín oficial y lo peor de todo, no le ha dicho ni una palabra sobre sus libros. El feroz resentimiento que le provoca la indiferencia del entrerriano le hacen verle “peor” que a Don Juan Manuel. Frustrado y enfurecido Sarmiento por sus diferencias con el caudillo entrerriano y sumado a esto los conflictos que surgen entre Buenos Aires y Urquiza, retorna su “exilio” en Chile.

Desde Chile comienza una feroz campaña de injurias y calumnias contra Urquiza. Dísele al jefe entrerriano: “Su vida pública anterior requerirá la indulgencia de la historia. “La historia de Urquiza debe principiar en Caseros porque para atrás es negra, salpicada de sangre”. Lo agravia en lo personal recordando sus muchos hijos naturales. Le incluye entre los “vendidos verdugos” conque Rosas “esclavizó a las provincias”. Le acusa de haber degollado o fusilado después de las batallas. Y en Palermo, después de Caseros, de haber muerto a mas de cuatro mil quinientos prisioneros.

Luego, de vuelta de Chile y pocos días después de Pavón (1861), Sarmiento le escribe a Mitre felicitándolo. La carta es un documento de formidable valor histórico, que entre otras cosas dice: “No deje cicatrizar la herida de Pavón, Urquiza debe desaparecer de la escena, cueste lo que cueste. Southampton o la horca”.

Pero han pasado los años, Sarmiento es ahora Presidente y necesita del caudillo federal, su antiguo enemigo, para neutralizar al mitrismo y fortalecer su menguado poder político. Decide entonces, hacer un  viaje a Entre Ríos. El periplo es organizado de manera teatral, casi circense. Se embarca el 17 de enero de 1870 en un buque de la armada al que bautizan con el ofensivo nombre de “Pavón”, espera llegar a Entre Ríos el 3 de febrero para festejar junto a Urquiza el aniversario de Caseros. Numerosos personajes lo acompañan, ministros, diplomáticos, el general Arredondo y el inglés Wheelwright forman la numerosa delegación. Incluso tres busques extranjeros siguen el “Pavón”, uno francés, otro español y otro italiano donde van ministros plenipotenciarios de esas naciones.

Llega por fin la delegación al puerto de Concepción del Uruguay, por entonces capital de Entre Ríos, donde todo el pueblo aguarda al Presidente. En el muelle, erguido y espectacular está Urquiza, el viejo caudillo le espera vestido de civil, se ha puesto el frac. Sarmiento desciende del “Pavón” y, ante la emoción unánime se produce la increíble escena: los viejos enemigos se abrazan. Luego, al observar Sarmiento una parada militar de la caballería entrerriana con el mismo uniforme que vestían en Caseros pronuncia una frase que será célebre: “Ahora sí que me siento Presidente de la República”.

Es el 3 de febrero de 1870, aniversario de la caída de Rosas. En San José, gigantesco y suntuoso palacio, por la noche se da una gran fiesta que impresiona a los visitantes. Hay baile y un gran banquete. Al brindar, Sarmiento, se atribuye el triunfo de Caseros. Urquiza ansioso de incorporarse a la nueva política de progreso y civilización acepta resignadamente el brindis jactancioso del ilustre visitante.

La visita concluye, Sarmiento vuelve a Buenos Aires. Transcurre cerca de un mes. Todo parece marchar viento en popa para Sarmiento: la guerra del Paraguay ha concluido, Mitre parece tranquilo y Urquiza domesticado. Apenas quedan en San Luis unas montoneras sublevadas por Santos Guayama, al que considera un simple bandido. Todo va bien para el Presidente hasta que el día 13 de abril recibe una noticia de Entre Ríos que lo deja estupefacto: El día 11 de abril, ha sido asesinado en su palacio de San José, Justo José de Urquiza.

2. El magnicidio: Hechos, alertas y lecturas

“Tengo el secreto, o más bien la causa de esos rumores, es, a mi juicio, el deseo de tantos hombres perdidos que hay en nuestra República y en la vecina (Uruguay) de ver desaparecer a V.E. de Entre Ríos para crear un caos que sirve siempre a las malas aspiraciones”.
Carta de Vélez Sarsfield a Urquiza, Marzo de 1869.

“Jamás Sarmiento tendrá fotografía de la fisonomía de su alma, mejor que su proyecto de ley en que ofrece veinte mil libras esterlinas al asesino de López Jordán. Esa es la moral del que hizo una guerra a ese mismo López Jordán en nombre de la moral: dar primas esplendidas y solemnes al asesino y al asesinato”.
Juan B. Alberdi, “Escritos Póstumos”


Los hechos del 11 de Abril

A principios de abril había estallado la revolución jordanista en distintos lugares de la provincia y, aunque no está probado que entrara en el plan revolucionario la muerte de Urquiza, su residencia es asaltada y él es asesinado por una partida que obedecía políticamente a López Jordán.

Es preciso que nos detengamos en el análisis de esos sucesos para ver como la historia oficial ha falsificado los hechos endilgándole la culpa del asesinato a López Jordán.

Los hechos acaecidos son muy confusos, hay diversas y contradictorias versiones interesadas, pero en verdad, el único documento cierto que existe sobre la forma en que se produjo la muerte de Urquiza, quiénes fueron sus autores materiales y quiénes los mentores ideológicos del atentado, son las declaraciones que aportó el capitán José María Mosqueira, único detenido y procesado por los hechos.(1)

Según lo expresado por el mencionado Mosqueira en el juicio, los hechos ocurrieron de la siguiente manera: La conspiración comienza en la estancia de Arroyo Grande, cerca de Concordia. A dicho lugar concurre el joven estanciero de Gualeguaychú, José Mosqueira para ofrecerle sus servicios a López Jordán en el movimiento revolucionario que éste prepara para derrocar al gobernador Urquiza. El plan queda acordado. El lugar de encuentro de los conjurados será en la misma estancia, el 9 de abril.

Treinta hombres al mando del mayor Robustiano Vera y José Mosqueira partieron desde Arroyo Grande rumbo al establecimiento San Pedro, propiedad de Urquiza, a los efectos de ponerse a las órdenes del Coronel Luengo que los esperaba con veinte hombres más.

Las órdenes recibidas, según cuenta Mosqueira en las actas del juicio, eran las de apresar a Urquiza, respetarle la vida al gobernador y a su familia y llevarlo a la presencia del jefe revolucionario. La partida la formaban entre otros, además de los mencionados, Ambrosio Luna, Pedro Aramburu, Juan Pirán, Facundo Teco, Agustín Minué, Mateo Cantero y Nicomedes Coronel, este último era mayordomo de la estancia San Pedro. Un dato interesante: de todos los hombres de la partida sólo Mosqueira era entrerriano. La mayoría de ellos eran federales correntinos y orientales exiliados. Simón Luengo, el jefe de la partida, era un caudillo federal cordobés de cierta relevancia que había sido derrotado en su provincia natal y vivía en Entre Ríos protegido por Urquiza.

Al caer la tarde de ese fatídico lunes de 1870, según los testimonios, a las 19.30 hs., el gobernador se encontraba en la galería delantera de su residencia conversando con uno de sus ministros y escuchó sorprendido la llegada de un tropel de jinetes que habían entrado por la puerta trasera del Palacio San José al grito de ¡Muera Urquiza! y dando vivas a López Jordán. El gobernador se dirigió a una de sus habitaciones extrayendo un rifle y disparando contra la partida. Lo que ocurre a partir de ese momento es confuso y no lo aclara Mosqueira en el proceso. No se sabe si Luengo alcanzó a darle la orden de rendición a Urquiza o algún hombre de la partida disparó desobedeciendo la orden contra el caudillo que cae alcanzado por un tiro en la cara. También es un enigma quién lo “despenó” con cinco puñaladas en el pecho. (2)

Lo que sí está claro es que la muerte de Urquiza no fue ordenada por López Jordán, ni estaba en los propósitos de los revolucionarios. La consideraban una muerte inútil. Y, para completar la intriga de esta historia, el mismo día, con algunas horas de diferencia, como en una secuencia del cine de Francis Ford Cóppola, son asesinados en Concordia, también en circunstancias equívocas dos de sus hijos, Justo Carmelo y Waldino.

La reacción de Sarmiento

Cuando el Presidente Sarmiento recibe la noticia en Buenos Aires de la muerte de su flamante aliado lo invade un furor apocalíptico (¿actuación?). Los primeros informes le indican que parece que los matadores obedecían a una orden de López Jordán.

Domingo Faustino Sarmiento. 

Enfurecido y apurado Sarmiento promete vengar al muerto y aniquilar al presunto asesino. Dispone que el homicida es López Jordán, le imputa el crimen porque políticamente le conviene. Sarmiento sabe bien que López Jordán es ahora su nuevo enemigo, es el hombre que le impidió a Urquiza enviar las tropas a Paraguay en el desbande de Basualdo. Sabe de la prédica que López Jordán tiene en el pueblo entrerriano y de su popularidad. Teme Sarmiento una revuelta federal generalizada.

Por razones políticas, sin averiguar los pormenores del caso, le imputa a López Jordán el homicidio que la historia oficial repetirá incansablemente. Pero, lo cierto es que el asesinato de Urquiza es un crimen impune, uno de los tantos que la historia oficial oculta.

¿Quien fue?

¿Entonces, si no hubo orden de matar a Urquiza por parte de los revolucionarios, como fue el desenlace de la tragedia de San José? ¿Cómo y por qué ocurrieron los hechos? 

Dentro del conjunto de historiadores que han tratado de develar la incertidumbre del hecho, Fermín Chávez, en su voluminoso y documentado libro “Vida y muerte de López Jordán” conjetura tres probabilidades: a) Que los jefes de la revolución jordanista autorizaron la ejecución de Urquiza; b) Que Luengo, la resolvió sobre la marcha; c) O que la resistencia armada de Urquiza dió ocasión a su muerte.

Ahora bien, ninguna de estas hipótesis puede ser probada... Son especulaciones. De hecho, nada ha podido ser probado fehacientemente. Vale entonces, a ciento cincuenta años de lo ocurrido, hacerse una clásica pregunta de invariable lógica policial: ¿A quién le convino el crimen? ¿Quién fue políticamente beneficiado por el asesinato? La respuesta que surge inmediatamente es: Sarmiento.

Por un lado quedó eliminado Urquiza del cual Sarmiento desconfiaba no obstante la visita reconciliatoria que le había hecho al “Señor de San José”. Y, por otro lado, el crimen, le da la oportunidad de intervenir e invadir militarmente Entre Ríos, último bastión del federalismo, para perseguir hasta aniquilar a Ricardo López Jordán que asomaba como un referente nacional de la causa federal. Aprovecha la coyuntura para poner en práctica el nefasto consejo que años antes le había dado a Mitre: “no ahorre sangre de gaucho” y abonará la tierra entrerriana con la sangre de las últimas montoneras sublevadas contra el atropello de Buenos Aires.

La premonición de José Hernández

José Hernández, el autor del Martin Fierro, es uno de los grandes intelectuales del campo nacional. Su obra constituye uno de los pilares sobre los cuales se construye la cultura argentina de los últimos 150 años. Él y su obra fueron un anti facundo, un anti Sarmiento.

Si bien fue pública su filiación jordanista y conocidas sus palabras en torno a Urquiza y su muerte (3), en su obra se encuentra un texto que advierte, como lo haría una pitonisa, la posibilidad de una tragedia como la acontecida el 11 de Abril de 1870.

Militante político y periodista, Hernández funda en nuestra ciudad, Paraná, en el año 1863 el periódico “El Argentino”. Prensa federal y anti porteña, desde allí publicó sus notas sobre el Chacho, una muerte confiesa de Sarmiento. Las notas luego fueron editadas como un folleto titulado “Rasgos Biográficos del General Ángel Vicente Peñaloza”, que llegará a nuestros días como “Vida del Chacho” de José Hernández. Este trabajo tiene un prefacio de carácter premonitorio que traza un vínculo directo entre Sarmiento y los unitarios con la muerte de Urquiza: “Los salvajes unitarios están de fiesta. Celebran en estos momentos la muerte de uno de los caudillos más prestigiosos, más generosos y valientes que ha tenido la República Argentina. El partido Federal tiene un nuevo mártir. El partido Unitario tiene un crimen más que escribir en la página de sus horrendos crímenes… El partido que invoca la ilustración, la decencia, el progreso, acaba con sus enemigos cociéndolos a puñaladas…

El partido unitario es lógico con sus antecedentes de sangre… ¡Maldito sea!... La Sangre de Peñaloza clama venganza… No lo hará el general Urquiza. Puede esquivar si quiere a la lucha su responsabilidad personal, entregándose como inofensivo cordero al puñal de los asesinos, que espían el momento el golpe de muerte; pero no puede impedir que la venganza se cumpla, pero no puede continuar por más tiempo el torrente de indignación que se escapa del corazón de los pueblos…

Cada palpitación de rabia del partido unitario, es una víctima más inmolada a su furor. Y el partido unitario es insaciable…

La historia de sus crímenes no está completa. El general Urquiza vive aun, y le General Urquiza tiene que pagar su tributo de sangre a la ferocidad unitaria, tiene también que caer bajo el puñal de los asesinos unitarios como todos los próceres del partido federal… Tiemble ya el general Urquiza que el puñal de los asesinos se prepara para descargarlo sobre su cuello; allí, en San José, en medio de los halagos de su familia, su sangre a de enrojecer los salones tan frecuentados por el partido Unitario…

José Hernández.
Lea el general Urquiza la historia sangrienta de nuestros últimos días; recuerde a sus amigos, Benavidez, Virasoro, Peñaloza sacrificados bárbaramente por el puñal unitario; recuerde los asesinos del progreso, que desde 1852 lo vienen acechando… No se haga ilusiones el general Urquiza… Recorra la fila de sus amigos y vea cuantos claros ha abierto en ellas el puñal de los asesinos. Así se produce el aislamiento, así se produce la soledad en que lo van colocando para acabar con el sin peligro. Amigos como Benavidez, como Virasoro, como Peñaloza no se recuperan, general Urquiza…

No se haga ilusiones el general Urquiza; el puñal que acaba de cortar el cuello del general Peñaloza, bajo la infame traición de los unitarios, en momentos de proponerle paz, es el mismo que se prepara para él en medio de las caricias y de los halagos que le prodigan traidoramente los asesinos…

¡En guardia general Urquiza! El puñal está levantado, el plan de asesinaros preconcebido; la mano que descargue el golpe la comprara el partido unitario  con el oro que arrebata al sudor de los pueblos que esclaviza…”

Este texto, critico también con el Urquiza posterior a Pavón, era una luz roja de alerta para el entrerriano. Con un carácter premonitorio y preciso se señala hasta el lugar donde moriría el gobernador. También marca, en forma clara, que la pasividad del caudillo entrerriano ante el asesinato del Chacho Peñaloza, instrumentado y pensado por Sarmiento no solo fue una claudicación política, fue también un golpe directo contra su propia fortaleza.

Años después del texto citado, José Hernández, desde otro periódico militante, “El Eco de Corrientes” escribía contra la candidatura presidencial de Sarmiento: “Somos opositores a la candidatura de Sarmiento porque somos Nacionalistas, hemos formado siempre en las filas del partido federal separado de la escena pública desde la Batalla de Pavón, y sin traicionar nuestra fe política no podríamos simpatizar con Sarmiento para quien la federación es una bestia negra, con él que ha proclamado siempre el unitarismo… porque reputamos su candidatura como candidatura de amenaza, como una espada desnuda sobre el cuello del partido federal..”

Ya en el ocaso de su carrera política, Sarmiento sigue siendo blanco de las balas de prensa de José Hernández. En una nota del año 1875, publicada en el periódico “La Libertad” de Buenos Aires, que reproducía una carta abierta del autor del Martin Fierro dirigida al asesino de Peñaloza se puede leer: “Al termino de esas luchas hemos llegado cada uno con la historia de nuestros propios hechos… Pero por violento que haya sido el tono de mis escritos en la prensa periódica en los momentos terribles de la lucha, ni lágrimas, ni sangre se ha derramado por mi culpa, y ni viudas, ni huérfanos, han de maldecirme. Y Ud. señor Sarmiento, ¿podrá decir lo mismo? El país entero sabe que no…” (4)

La lógica deductiva de Alberdi

Juan Bautista Alberdi.
Juan Bautista Alberdi, el más lucido pensador del siglo XIX, es un hombre a cuyo pensamiento lo han partido en dos. Reivindicado por el liberalismo porteño en su etapa antirrosista juvenil, fue condenado al ostracismo por los vencedores de Caseros y Pavón, y toda su obra madura fue declarada como un crimen de lesa patria. No es llamativo que nuestros contemporáneos conozcan sólo una parte muy pequeña de su obra. Fermín Chávez sostiene que: “Quien se tome la tarea de leer las Obras Completas y los Escritos Póstumos del ilustre tucumano, advertirá inmediatamente que in ochenta por ciento de sus escritos es antisarmientista y antimitrista, y además, que sus dos libros clásicos (Las bases y El crimen de la guerra) no son tales sino en la medida en que significan una parcialización efectuada ex prosefo, con fines escolares, por quienes han mantenido hasta hoy el monopolio de nuestra cultura” (Fermín Chávez, “Civilización y Barbarie en la Historia de la Cultura Argentina”)(5).

Con los “Escritos Póstumos” de Alberdi, magna obra confinada al olvido por la historia oficial, se puede reconstruir un rompecabezas, a través de diferentes textos, que nos brinda las supuestas razones y los autores de los hechos del 11 de Abril y sus consecuencias inmediatas y mediatas.

Para Alberdi la clave de los hechos radica en la trascendencia nacional de Entre Ríos. Los móviles de este proceso residirían en la búsqueda de la supresión política de nuestra provincia. Así lo afirma cuando escribe: “Ningún presidente argentino puede existir sin el apoyo de Entre Ríos. Es la verdadera capital geográfica de lo que se llama gobierno nacional argentino, aunque este resida en Buenos Aires. No es Urquiza el que le da ese rol, sino la geografía. Lo tuvo antes Urquiza, lo tendrá después de él. Urquiza debe lo que es al poder que su provincia debe a su situación geográfica. Entre Ríos es la cuña natural de Buenos Aires. La cuña para ser buena ha de ser del mismo palo; es decir, del mismo modo de ser litoral, pastoral, comercial, con la ventaja de estar fortificado por sus mismos límites naturales y estratégicos, y estar libre de indios pampas, polilla indestructible de la campaña de Buenos Aires, que está al lado de de un rio pero no entre dos ríos, que le den riqueza, defensa y poder…. Todo el que busca la nación se dirige a Entre Ríos, porque esta provincia la representa geográficamente, a causa de su identidad de interés, como entidad antagonista de la provincia de Buenos Aires, que pretende suplantarse a la nación en vez de confundirse con ella… La prueba es que los dos presidentes que se han llamado vencedores de Urquiza y de Entre Rios no han podido presidir a la nación sin tener la venia de Entre Ríos. ¿Por qué? Porque Entre Ríos representa mejor la nación que Buenos Aires. (Escritos Póstumos, Tomo IX, página 266-7)”. (6)

Esta idea de la envergadura económica y política de Entre Ríos se debe complementar con un leitmotiv de los “Escritos” alberdianos: La Guerra del Paraguay. Para el tucumano, la Guerra del Paraguay y la invasión a Entre Ríos son etapas de un mismo proceso en el cual Buenos Aires, instrumentando una política imperialista, aniquila a sus dos grandes antagonistas. Después de la muerte de Urquiza y cuando Sarmiento se dispone a invadir Entre Ríos, Alberdi escribe: “Los que dicen que van a vengar a Urquiza no van más que a arruinar Entre Ríos, en el nombre de la moral aparentemente, pero en realidad en nombre del egoísmo, pésimamente entendido, de Buenos Aires y el Brasil. Entre Ríos y sus progresos eran un fantasma aterrador para Buenos Aires, como sucedía con el Paraguay cuando ese país se llenaba de vapores, ferrocarriles, telégrafos, arsenales, etc., etcétera. El pretexto moral de vengar a Urquiza, es decir, a su mayor enemigo, sirve al fin verdadero, que es arrasar al Entre Ríos, es decir, el emulo temido en la guerra del progreso material, el pueblo que abrió los afluentes del Plata. Hacer una guerra civil para castigar un asesinato es querer remediar un crimen por otro crimen mayor: un solo asesinato por diez mil asesinatos. Si los aliados no son autores del uno, lo son al menos del otro; si no lo son del asesinato individual, lo son de la guerra civil, es decir, del asesinato en masa. Y la muerte de Urquiza sirve tan bien a sus vecinos que hasta podría dárselos muy bien por sus autores. (E.P., Tomo VII, página 293)”. Se puede percibir que en esta frase, Alberdi sugiere que Sarmiento puede bien ser quien mató a Urquiza.

Alberdi señala una participación y un interés concreto de Sarmiento y el poder político de Buenos Aires en la muerte del gobernador entrerriano. También traza la vinculación entre el genocidio del pueblo paraguayo y el aniquilamiento de la montonera federal de López Jordán. El tucumano solidifica esta teoría cuando, dudando de la casualidad, afirma que: “…No bien terminada esa contienda (La Guerra del Paraguay) el gobierno de Sarmiento emprendió las dos guerras casi consecutivas de Entre Ríos que costaron a la nación vente millones de duros y ocho o diez mil vidas de argentinos… La mano de la casualidad sirvió a la mira de ese corolario de la Guerra del Paraguay con un discernimiento que la hubiera hecho sospechar consciente de lo que hacía. López (Solano) pereció asesinado (según el código americano de la guerra moderna) el 1º de Marzo de 1870, y Urquiza a los cuarenta días, el 11 de abril del mismo año. Tomó la persecución del castigo de este último crimen, en nombre de la moral, el mismo que había preparado indirectamente por centenares de escritos personales contra Urquiza, en que enseñó la doctrina de la supresión de los caudillos. La rica y gloriosa provincia de Entre Ríos preconizada en Argirópolis fue arrasada por dos campañas sangrientas, en nombre de la moral que condena el asesinato, como fue arrasado el Paraguay en nombre del honor nacional argentino y de la libertad de los paraguayos. Era la táctica hipócrita de la vieja política que cubre sus intereses en mira con principios abstractos de moral política. El gobierno de Sarmiento no destruyó la provincia argentina de Entre Ríos sino para servir los intereses mismos en vista de los cuales fue destruido el Paraguay”. (E. P., Tomo XI, páginas 318-9).

Profundiza este análisis otro párrafo, en donde explayándose sobre la relación entre Sarmiento y Urquiza y la Guerra del Paraguay, sostiene que la relación entre el presidente y el gobernador entrerriano “puede tener más bien por objeto calmar y desarmar a Urquiza, para sacrificarlo después que a López” (E.P., Tomo IX, página 286) o cuando afirma que: “Se agarra de Urquiza como se agarraría de la pata del diablo por no ahogarse, salvo ahogar al diablo más tarde” (E.P., Tomo XI, página 254).

A las razones políticas antes mencionas, Alberdi agrega motivaciones vinculadas con negociados financieros. En distintos pasajes de los “Escritos” habla sobre la deuda externa creciente, la pelea por empréstitos y su “manejo” político como una cuestión determinante de las grandes decisiones políticas argentinas. En un párrafo en particular, traza un sugestivo paralelismo entre la muerte de Urquiza y la de Facundo Quiroga, en la cual alude a la responsabilidad de Sarmiento en la muerte del entrerriano: “En el mismo año de 1870, en que Urquiza dejó de levantar el empréstito entrerriano, por su muerte, Buenos Aires levantó el suyo de 5 millones de pesos. Los hombres a quienes Urquiza había encargado de ese empréstito en Londres, eran agentes secretos de Buenos Aires y del Brasil. (Histórico). Es la lógica de los hechos la que acusa de la muerte de Urquiza a los que están procesando a López Jordán por el crimen que Buenos Aires hizo expiar a los Reinafés (verdaderas víctimas de su bisoñes) en la plaza de la Victoria. Así, no los excusa de la muerte de Urquiza el que castiguen a López Jordán, pues también los Reinafés, gobernadores de Córdoba, instrumentos de la muerte de Quiroga, fueron fusilados en Buenos Aires por el gobernador Rosas, que, según Valera, Indarte, Sarmiento, Alsina, etc., fue el autor mediato pero real de la muerte de Quiroga. (E.P., Tomo X, página 35)”. Volviendo sobre los pasos de Sarmiento, Alberdi acusa ahora al presidente de los mismos hechos que él acusaba a Rosas.    

En cuanto a la autoría material e ideológica del crimen de Urquiza, Alberdi fertiliza la hipótesis de que Sarmiento sería el responsable de todo lo ocurrido. Lo denuncia metafóricamente cuando escribe que: “Mató a Urquiza el que mató el honor, el nombre y el crédito y valor moral de Urquiza. Fue matador de Urquiza el que lo demostró en cien escritos, por diez años, que era todo y el solo mal de la patria; que era un monstruo de inmoralidad y de tiranía, indigno de vivir. En una palabra, mató a Urquiza el que lo condenó a muerte, a la muerte violenta que tuvo, y esa sentencia lleva el nombre de Sarmiento y está refrendada por el nombre de Mitre; así como Sarmiento refrendó la sentencia de muerte contra López del Paraguay...”. En éste pasaje, Alberdi le imputa a Sarmiento una responsabilidad moral e indirecta con respecto al atentado. Pero va más allá, en el mismo texto ahonda sobre la posible responsabilidad directa que Sarmiento habría tenido cuando afirma: “Todos los conflictos que forman las crisis del Plata en 1873 son resultados episódicos, efectos directos, obras perfectas de las presidencias de Mitre y Sarmiento. La actual cuestión del Paraguay viene de Mitre, que fue el creador de esa cuestión, no resuelta no terminada todavía. La cuestión de Entre Ríos, viene de la presidencia de Sarmiento, que mandó la guerra innecesariamente contra López Jordán, después de ser él mismo quién mató a Urquiza, con más probabilidad que Jordán. De Jordán sólo sabemos que fue acusado de esa muerte porque aceptó la revolución contra Urquiza; pero de Sarmiento todo el mundo conoce la obra contra la vida de Urquiza. (E.P., Tomo VII, pagina 304)”.

Razonamientos como estos se encuentran diseminados por los distintos rincones de los “Escritos” alberidanos. A los fines de este breve ensayo sólo he seleccionado algunos para reconstruir el análisis de Alberdi, que pone en el centro del proceso, que va desde la tragedia del 11 de Abril de 1870 a la eliminación de la montonera jordanista, la cuestión política nacional.

Alberdi, a través de sus textos, afirma que este proceso tenía como finalidad principal la de eliminar políticamente a Entre Ríos, y a sus hombres federales, del escenario nacional. Se lo hizo para allanar el camino a la política del puerto de Buenos Aires y terminar definitivamente con la única posibilidad latente de construir una patria auténticamente federal. Los negocios externos, la deuda pública, el comercio exterior y el orden político interno fueron los móviles de la tragedia. Con la guerra y la muerte, al igual que como hicieron con el Chacho y Solano López, Mitre, Sarmiento y cia. remataron a sus opositores políticos.

La reacción y el análisis de Juan Manuel de Rosas ante el asesinato de Urquiza

Juan Manuel de Rosas estaba en su exilio en Southampton cuando ocurrió la muerte de Urquiza. Josefa “Pepita” Gómez (7), recordada como la “embajadora de Rosas” en Buenos Aires, le escribe al ex gobernador de Buenos Aires el 19 de mayo de 1870 para poner al tanto al Restaurador de las noticias. Su carta comienza con una sentenciosa conclusión histórica:

Estaba en la estancia cuando recibí el 15 del pasado abril la terrible noticia del asesinato de nuestro amigo el general Urquiza; juzgue usted mi impresión como mujer leal en la amistas que había extirpado en mi corazón todo otro sentimiento que no fuera sincero para ese hombre, pero, vuelta de mi sorpresa como mujer patriota y de partido, no pude menos como ahora digo a Usted que exclamar: ¡la justicia de Dios se ha cumplido! Los traidores y parricidas tienen que morir trágicamente. No siempre se puede jugar impunemente con la vida de los pueblos y de los hombres, sin que estos se levanten protestando contra el traidor vendido al extranjero”.

Sobre el contexto político agrega en su carta:

“El Gobierno Nacional Sarmiento, quienes ven en López Jordán hasta cierto punto y no sin razón temen la reacción pues Jordán es un verdadero federal muy prestigioso en su provincia y fuera de ella. Si fuese un hombre de ellos batirían palmas por la muerte de Urquiza, como las batieron cuando don Juan Lavalle, fusiló de su orden al benemérito coronel Dorrego, por cuyo crimen y asesinato de todo principio fue proclamado gobernador de la provincia de Buenos Aires que elevó tan alto la bandera argentina pidiendo a los pueblos el castigo de hecho tan sangriento por el que ha corrido y corre la sangre de hermanos por más de 40 años, cuya destrucción miran con placer los poderes europeos, y más la vanguardia avanzada del imperio del Brasil…”.

Ante las noticias y las cartas que recibe con relatos de los hechos del Palacio San José, ¿cómo reacciona Rosas? De las muchas respuestas de Rosas ante estos hechos entiendo que la carta que remitió a Federico Terrero el 5 de junio del 1870 es, quizá, la más esclarecedora de todas. Haré un breve análisis de los párrafos más relevantes de ella:

“…Ninguna persona que haya seguido estudiando en la práctica, la historia de las repúblicas del plata, ha debido extrañar el desgraciado fin de su Excelencia el señor capitán general Urquiza. Por el contrario, lo admirable e inaudito es, su permanencia en el poder, por grado siempre bajando, a virtud de sus hechos contrarios a su crédito, a sus amigos políticos, y favorables a sus enemigos… En mi larga carta, después de esa batalla le dije que habiendo él mismo cometido el gravísimo error, después del triunfo, de pasar todo su poder a sus enemigos, con funesto perjuicio a los que seguían de buena fe su política; su vida y su fortuna, no estaban seguras, si permanecía en la provincia entrerriana… Últimamente, poco antes de la triste noticia de su asesinato, le escribí, por complacerlo, dándole consejos implícitos en orden a su testamento, para prevenir después de su muerte, desgracias a su buena compañera y a sus hijos…”

En la primera parte de la misiva, Rosas indica que en una carta que remitió a Urquiza, luego de la Batalla de Pavón, le advirtió sobre la amenaza que se cernía sobre su persona cuando entregó el poder político e institucional a Mitre y los unitarios porteños, y la necesidad de tomar medidas al respecto, abandonando Entre Ríos incluso.

Luego Rosas resalta la improcedencia de la intervención federal contra López Jordán como consecuencias de estos episodios:

“…En una república de estados federales, el gobierno general no puede intervenir con fuerza armada en algún hecho de armas, puramente interno, en algunas de las provincias, o estados federados… Y si es, como se dice, que la gran mayoría de la provincia entrerriana está en armas para sostener la aprobación que ha dado, a ese asesinato de su gobernador, cuya persona consideraban ya peligrosa, en y fuera de ella, es en tal caso un hecho y alarma, puramente internos”.

Posteriormente, recurriendo al frecuente recurso de hablar de si mismo en tercera persona, frecuente en su correspondencia, Rosas da cuenta de lo que Urquiza le expresaba al mismo Rosas respecto a su caída y el rol que tuvo, remarcando lo arrepentido que estaba de su participación en este proceso y la premonición del propio Urquiza de ser asesinado por los mismos enemigos de Rosas, Mitre, Sarmiento y cía. Y lo expresaba en los siguientes términos:

“…Su E. el Señor Capitán General Urquiza lo ha usado con frecuencia al hablar del descenso del general Rosas…“Toda mi vida, decía (se refiere a que Urquiza decía), me atormentará constantemente, el recuerdo del inaudito crimen que cometí, al cooperar, en el modo como lo hice, a la caída del general Rosas. Temo siempre ser medido con la misma vara y muerto con el mismo cuchillo por los mismos que por mis esfuerzos y gravísimos errores, he colocado en el poder”.

“Temo siempre ser medido con la misma vara y muerto con el mismo cuchillo”, le manifestaba Urquiza a Rosas. El “arrepentimiento” de Urquiza era un comentario que con frecuencia hacía el entrerriano y que encuentra muchos fedatarios en la historia argentina. Ya en 1852 Urquiza manifestó: “Hay sólo un hombre para gobernar la Nación Argentina, y es Don Juan Manuel. Yo estoy preparado para rogarle que vuelva aquí”(8).

Volviendo a la carta, por último, ensaya Juan Manuel de Rosas una explicación sobre los motivos de la persistencia del error de Urquiza de confiar en los unitarios porteños, aventurando una explicación que encuentra razones en lo mas simple y complejo de la naturaleza humana. Sobre esto se expide, por último, con estas ideas y deseos:

“¿Por qué entonces continuaba sus errores y seguía su marcha pública por caminos tan peligrosos y extraviados? Porque así es el hombre en su caso, circunstancias y opulencias en la engañosa condición de su veloz carrera. Estamos bien de acuerdo en todas tus consideraciones relativas. Y pienso también, lo mismo, cuando dices que las complicaciones que vendrán serán serias y que lo peor de todo son las maniobras del gabinete brasileño. Que Dios ilumine la marcha pública de los primeros hombres de esas repúblicas y tenga piedad de todos son los votos de tu agradecido amigo”.

3. Conclusiones

“Sarmiento acusa a López Jordán con el mismo énfasis que pedía Southampton o la horca para Urquiza y la voracidad de las llamas de un pavoroso incendio para Paraná. Sabiéndose familiarizado con la prédica del asesinato quiere descargar su conciencia de toda responsabilidad… En este episodio el oficialismo metropolitano vuelve a administrar justicia a su gusto y paladar…En la lucha rencorosa, sin cuartel, de acciones violentas, Sarmiento venció, al final, a López Jordán y no solo dictó sentencia en las acusaciones que él solo hizo, sino que las impuso… La versión oficial que ha llegado hasta nosotros es consecuencia de esa disciplina”.
Aníbal S. Vásquez. “López Jordán


No todo se puede ocultar o silenciar por siempre

La historia oficial está plagada de falsedades y omisiones maliciosamente consumadas. De hecho, las muertes poco claras que mencionamos al principio de este ensayo han sido instrumento de propaganda política del aparato cultural del sistema. Ya sea para encubrir o para culpar injustamente de un crimen a alguien, un asesinato, una muerte jamás constituyó un impedimento moral a la hora de escribir la historia acorde a los intereses de las clases dominantes. Si han asesinado que problema pueden tener en mentir sobre ello, o sobre quién y cómo.

Pero no todo se puede ocultar o silenciar eternamente. Los textos de José Hernández Juan Bautista Alberdi y Juan Manuel de Rosas, olvidados maliciosamente por la historiografía oficial, abren una ventana para tener una mirada distinta sobre el asesinato de Urquiza, magnicidio impune en la historia argentina. Existen otros historiadores y actores políticos de la época que llegan a conclusiones similares que esta, su estudio también podrá contribuir a echar luz sobre este oscuro episodio histórico.

A modo de conclusión, lo que queda claro hoy es que Ricardo López Jordán no mandó a matar a Urquiza, esto está fehacientemente comprobado. ¿Quién fue entonces el mentor del atentado? ¿Fue un accidente? ¿Una consecuencia indeseada por la resistencia armada que el propio Urquiza opuso a sus captores? ¿Una venganza de los viejos federales decepcionados por las vacilaciones de Urquiza? ¿Una represalia por la “retirada” de Pavón? ¿Un crimen ejecutado por los liberales porteños como lo presagió José Hernández? ¿Que relaciones y que consecuencias tuvo con el atentado el viaje presidencial de Sarmiento a San José?  No hay certezas y el lector tendrá que remediar la falta de pruebas con sus propias conjeturas.


Notas

1. José Adolfo La Rosa publica, en el año 2003, un libro titulado “Él no mató a Urquiza”. En la obra reivindica la figura de Mosqueira, antepasado del autor del libro. La Rosa, basado en las actas judiciales demuestra que Mosqueira no es el autor material del homicidio sino que fue un chivo expiatorio.  El mencionado Mosqueira es sobreseído en la causa y según el autor muere en extrañas circunstancias, ¿envenenado? en Gualeguaychú en 1874.

2. De toda la bibliografía y documental consultada surge que el tiro que recibe Urquiza en la cara no es mortal. El tiro habría sido disparado por un tal Pardo Luna. Pero el autor material de la muerte de Urquiza fue quien infirió las puñaladas y según las declaraciones y acorde a los testigos lo sindican al cuchillero oriental Nicomedes Coronel.

3. Quienes pretenden reforzar la tesis oficial que adjudica la muerte Urquiza a una orden de López Jordán suelen abonar sus teorías con una cita de José Hernández: “Urquiza era el Gobernador Tirano de Entre Ríos, pero era más que todo, el Jefe Traidor del Gran Partido Federal, y su muerte, mil veces merecida, es una justicia tremenda y ejemplar del partido otras tantas veces sacrificado y vendido por él. La reacción del partido, debía por lo tanto iniciarse por un acto de moral política, como era el justo castigo del Jefe Traidor”. Independientemente del análisis del resto de la obra periodística y política de José Hernández que no viene al punto de este ensayo, pero a los fines de relativizar esta idea me parece oportuno mencionar que esta no es una nota de un diario ni un carta abierta, proclama ni un texto de carácter público de los tantos que escribió José Hernández en su vida. Al contrario, es una carta privada anónima, que ni si quiera lleva su firma, que llega a manos de López Jordán por interpósita persona meses después de la tragedia del 11 de Abril cuando el autor del Martin Fierro ni siquiera residía en Entre Ríos. Esto lo demuestra Aníbal S. Vásquez en “José Hernández en los entreveros jordanistas”, teoría que sigue Fermín Chávez en su “José Hernández. Periodista, Político y Poeta”. También considero apropiado mencionar que en ningún trayecto de la carta se menciona el hecho concreto del magnicidio entrerriano, ni mucho menos la autoría de López Jordán. Otra cuestión importante para traer a colación radica en el hecho de que la carta es una proclama federal, que insta López Jordán a encabezar una revolución nacional contra el gobierno de Sarmiento, es así que en otros pasajes del documento podemos leer: “El actual gobierno Nacional es arbitrario, despótico y timorato, porque no se apoya en la opinión de los pueblos, sino en las bayonetas de sus reducidos batallones”… “Ud. quiere la felicidad de Entre Ríos, su prosperidad, su progreso, su engrandecimiento moral y material… esta aspiración es noble y legitima de parte suya; pero no puede realizarse, sino armonizado su surte con las demás Provincias Argentinas, y haciendo que todas ellas participen de los mismos beneficios”… “Creo que sería posible robustecer el poder de la revolución de Entre Ríos, por la unión de los federales de todas las partes. No deje Ud. que su prestigio se menoscabe fuera de Entre Ríos. (Carta citada en “José Hernández en los entreveros jordanistas” de Aníbal S. Vásquez)”.    

4. Las dos citas periodísticas de José Hernández fueron extraídas del libro “Contra Mitre. Los intelectuales y el poder: de Caseros al 80” de Eduardo Luis Duhalde, un excelente libro que narra y describe el rol de toda una generación política e intelectual que se enfrento al liberalismo porteño.

5. El historiador entrerriano Fermín Chávez aborda de manera muy acabada la etapa madura de Alberdi. En distintos libros como el mencionado “Civilización y Barbarie en la Historia de la Cultura Argentina” y “Alberdi y el Mitrismo” se puede encontrar un excelente panorama de la obra antimitrista y antisarmientina del pensador tucumano. 

6. La edición de los “Escritos Póstumos” es la de la Universidad Nacional de Quilmes, del año 2002.

7. Josefa Gómez (Pepa o Pepita Gómez) fue una colaboradora muy importante del Restaurado, entre muchas funciones que asumió, pasó a la historia como la “embajadora de Rosas” en Buenos Aires, un rol que cumplió sin tregua desde el comienzo del exilio inglés del ex –caudillo hasta su propia muerte en 1875.

8. Palabras pronunciadas por Urquiza el 1 de junio de 1852, en forma confidencial al Almirante inglés Gore, según consta en el informe de Gore a Malmsbury, citado por José María Rosa en “Historia Argentina”, Tomo 6, Pág. 34.


Bibliografía especial consultada:

Alberdi, Juan Bautista. “Escritos Póstumos”. Edit. Universidad Nacional de Quilmes. Bernal 2002.

Barreto Constantín, Ana María. “Muerte de Urquiza” Edit. Dunken. 2008.

Bosch, Beatriz. “Urquiza y su tiempo”. Eudeba. Buenos Aires 1971.

Chávez, Fermín. “Vida y muerte de López Jordán”. Editorial Teoría. Buenos Aires 1970.

Chávez, Fermín. “Civilización y Barbarie en la Historia de la Cultura Argentina”. Edit. Los Coihues. Buenos Aires 1988.

Chávez, Fermín. “Vida del Chacho”. Ediciones Theoria. Buenos Aires. 1967.

Duhalde, Eduardo Luis. “Contra Mitre. Los intelectuales y el poder: de Caseros al 80”. Editorial Punto Crítico. Buenos Aires. 2005.

Duarte, María Emilia. “Urquiza y López Jordán”. Editorial Platero. Buenos Aires. 1974.

Gálvez Manuel. “Vida de Sarmiento”. Editorial Thor. 1943.

Gianello, Leoncio. “Historia de Entre Ríos”. Ediciones de la Provincia. Paraná. 1951.

La Rosa, Jorge Adolfo. “Él no mató al General Urquiza”.

Newton, Jorge. “Ricardo López. Último caudillo en armas”. Editorial Plus Ultra. Buenos Aires. 1965.

Salduna, Bernardo. “La rebelión jordanista”. Editorial Dunken. Buenos Aires 2005.

Vásquez, Aníbal. “Caudillos entrerrianos. López Jordán”. Editorial Peuser. Rosario 1940.

Vásquez, Aníbal. “José Hernández en los entreveros jordanistas”. Editorial Nueva Impresora. Paraná 1953.

Ruiz Moreno, Leandro. “A 81 años de la tragedia del 11 de abril”.  Editorial Nueva Impresora. Paraná 1951.