viernes, 30 de marzo de 2018

Juan Manuel de Rosas: Combates por la Historia

Juan Manuel de Rosas.

Juan Manuel de Rosas nació en Buenos Aires, el 30 de marzo de 1793 y falleció en Southampton, el 14 de marzo de 1877. Se ha dicho tanto en nuestra historia que considero que cualquier mirada actual de Rosas requiere de aclaraciones imprescindibles, más allá de la toma de postura política e historiográfica que hagamos, para construir un "desde donde" hablamos de Rosas. 


Entiendo, desde mi perspectiva obviamente, que abordar Rosas y la historia, y la forma en que debemos discutir a Rosas hoy, debe partir de las siguientes premisas que considero como irrefutables: 


a) Rosas como construcción política, consecuencia de un "combate por la historia" al cual, aún hoy, sigue sujeto el prócer; 


b) Rosas como el primer gran Estadista Nacional; 


c) Rosas como expresión casi fundacional de lo Nacional en la historia argentina, y; 


d) Rosas como primer gran emergente de lo popular en la política nacional. 


Acá les dejo un breve texto con estas reflexiones.

Escribe: A. Gonzalo García Garro.


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“¡OH Rosas te maldigo! Ni el polvo de tus huesos la América tendrá”. José Mármol.

La misión de los unitarios

Cada vez que recordamos o discutimos sobre Rosas se impone en primer lugar afirmar que el propósito de los emigrados unitarios que regresaron a Buenos Aires después de Caseros y se apoderaron del gobierno fue clarísimo: destruir todo vestigio del régimen rosista. Mintieron, fabularon, denigraron, vilipendiaron a Rosas, a su obra, a sus seguidores, y aún más, buscaron directamente borrarlo de la historia.

Esta maquinación la podemos verificar desde mucho antes de que Rosas fuese vencido en Caseros (1852), en el deseo y la predicción no cumplida de José Mármol, cuando en su poema “A Rosas” de 1843, maldice al “salvaje de las pampas que vomitó el infierno” y repite en dos estrofas distintas que “ni el polvo de tus huesos la América tendrá”. Este texto “poético” contiene una verdadera sentencia política que fue ejecutada prolijamente por el aparato cultural del sistema durante de 120 años. Los restos mortales de Don Juan  Manuel tuvieron que aguardar hasta 1989 para que pudieran descansar en la tierra que lo vio nacer, cumpliéndose así su última voluntad.

Rosas ocuparía durante muchos años el lugar del malvado en la historia oficial. Se enumeraban los crímenes perpetrados por la Mazorca, su negativa a organizar institucionalmente el país, la tiranía, las formas reaccionarias de ejercer el poder con facultades extraordinarias, la mirada estrecha para entender los cambios en el mundo exterior. Acusado de los más horrendos abusos fue durante años un innombrable que se lo mencionaba elípticamente como “el dictador” o “el tirano”.

Ese lugar de “maldito” sobrevive sin embargo en los últimos bolsones culturales de la oligarquía liberal y se derrama todavía a importantes sectores de la sociedad, incluida buena parte de la academia y las universidades. Es natural encontrar aún, de vez en cuando, alguna nota periodística de un indignado Sebrelli o de una aterrada María Sáenz Quesada por la “incomprensible vigencia” de la imagen del Restaurador.

Rosas, hoy

En la actualidad, Juan Manuel de Rosas ocupa un lugar en la historia, no es más un maldito marginal como otrora. En su dimensión popular, está considerablemente vaciado políticamente, como San Martín, como Moreno, pero tiene su territorio en la historia y el aparato cultural del sistema le ha otorgado un discreto lugar. Sus restos fueron repatriados después de una larga lucha y descansan en el panteón familiar del cementerio de la Recoleta. 

Desde 1999 tiene ya su monumento: una estatua ecuestre hecha en bronce del Restaurador se yergue en la ciudad de Buenos Aires en la esquina de Sarmiento y Libertador. Su rostro está impreso en los billetes de 20 pesos (el actual gobierno nacional dispuso que para los nuevos billetes no existan próceres, ilustrando con animales en su lugar, otra polémica para abordar) y en casi todas las ciudades de la Argentina una avenida, una calle o un barrio lleva su nombre. 

Y, por fin, de un tiempo a esta parte los manuales de historia lo mencionan no como un tirano oscuro y sangriento sino como un gobernador de la provincia de Buenos Aires que gobernó con “mano dura” un largo y difícil período.

Ha sido el proceso desde el 2003 al 2015, mediante el gobierno nacional, sobre todo el de Cristina Fernández de Kirchner, quien ha recuperado al mejor Rosas, el antiimperialista y lo ha puesto en el panteón histórico con el feriado nacional del 20 de noviembre, en homenaje la Batalla de la Vuelta de Obligado.

El Rosas de hoy es una victoria del combate por la historia

Pero esta institucionalización de Rosas, este reconocimiento, no fue otorgada por un gracioso favor del aparato cultural, sino que fue el resultado de una lucha política que duró años y que señala entre otras cosas un triunfo del revisionismo histórico sobre la historiografía liberal.

Don Arturo Jaureteche escribió que: “Para comodidad en la exposición y simplificándola de una manera didáctica pudimos considerar la historia oficial como la tesis y el revisionismo como la antítesis”. El revisionismo tuvo la tarea de demoler en una vasta tarea la historia falsificada, oponerse como antítesis a ella. Creo que, faltaría -y es lo que se está gestando hoy cuando renace (como siempre) la polémica histórica-, un tercer movimiento historiográfico, la síntesis superadora, que colocase a Juan Manuel de Rosas en su verdadero lugar en la historia de la Patria. 

Despejado el terreno, desechada la mentira de la historia falsificada (tesis), surge el revisionismo histórico (antitesis) que rescata y valoriza la figura de Rosas. La dinámica de la dialéctica exige la síntesis. La historia oficial ya fue destronada, es preciso ahora objetivarse para una nueva polémica, una nueva interpretación que coloque a Rosas en un lugar ecuánime y objetivo en la historia argentina.

Esta nueva etapa se debe nutrir de la dialéctica histórica tal cual la imaginaba Walter Benjamin, que recupera el relato de los vencidos, porque “encender en el pasado la chispa de la esperanza es un don que sólo se encuentra en aquel historiador que está compenetrado con esto: tampoco los muertos estarán a salvo del enemigo, si éste vence. Y este enemigo no ha cesado de vencer” (Walter Benjamin, Tesis VI en “Sobre el concepto de historia”). 

Eso le pasó a Rosas, sin dudas. Y en la derrota de los proyectos populares, que hay mucho de esto en nuestra historia, está lo que ha sido y puede ser nuestra Nación. Y una nueva mirada a nuestro pasado debe tener eso, recuperar la tradición de los oprimidos, los derrotados, los humillados, los exiliados, se debe nutrir de los malditos, es “cepillar la historia a contrapelo” como la Tesis VII de Benjamin.

Es una historia con perspectiva de futuro y funcional al presente. “Necesitamos de la historia, pero de otra manera de como la necesita el ocioso exquisito en los jardines del saber”, dice el Nietzsche que cita Benjamin, porque “el sujeto el sujeto del conocimiento histórico es la clase oprimida misma”, el pueblo me permito decir, pero “cuando combate”, tal reza la Tesis XII. 

Para eso debe servir la historia. Este debe ser el compromiso de los historiadores y en especial los historiadores y divulgadores históricos del campo nacional que entienden que “La historia es la política del pasado y la política la historia del presente”, como nos enseñó Don Arturo.

Desde dónde partir para hablar de Rosas

Hechas las aclaraciones, en función de esa imprescindible síntesis considero que cualquier mirada del hoy sobre Rosas tiene que partir de la aceptación de estas tres premisas históricas:

A) Rosas Estadista.

La Revolución de Mayo no había dado ningún ESTADISTA, ningún político de envergadura, salvo Moreno que fue una estrella fugaz que logró señalar un rumbo. Alvear, tal vez... había mostrado ciertos dotes, pero su juventud y las circunstancias internacionales lo hicieron fracasar. Dorrego se desmoronó en parte por su falta de ductilidad para adaptarse a las circunstancias y su obra encontró fin en el aberrante crimen del unitario Lavalle. Rivadavia, es justamente todo lo contrario a un político, es más bien la caricatura de un tipo de político, fue un ser alejado de la realidad. Belgrano, enorme en su voluntad, pero infalible en su desacierto. San Martín, se niega a participar en las luchas internas y parte al destierro. Ramírez, Quiroga y López, no pudieron pasar las fronteras del caudillismo local. Artigas, enorme en su integridad, coherente en su lucha y meridiano en claridad ideológica nunca pudo ser el poder real ni imponer la dirección política al conjunto. 

Ninguno había logrado hasta entonces generar un orden nacional, dominar la anarquía, poner un dique a la balcanización. Esta fue la obra de don Juan Manuel de Rosas, quien es a mi juicio el primer estadista de visión nacional que forjó la Revolución de Mayo.

B) Rosas Nacional.

En el área de las relaciones internacionales Rosas supo hacer respetar celosamente la independencia nacional. Fue el estadista custodio de nuestra soberanía en el Siglo XIX. Representa el honor, la unidad y la independencia de la Patria recién nacida.

La historia argentina reconoce un periodo crucial: la resistencia nacional de Rosas y su gobierno a un proyecto colonizador, a una tentativa imperial europea altamente peligrosa. Los episodios diplomáticos y militares de la intervención anglo francesa constituyen por la reacción de Rosas y su pueblo una de las paginas más memorables de nuestra historia. En esa obcecada resistencia y apasionada intransigencia se definió nuestro destino como Nación independiente. En el dilema de ser una factoría extranjera o una Nación soberana Rosas optó por lo segundo, que era el camino del sacrificio y de la lucha pero también el del honor.

Desde la historia oficial durante años se intentó tergiversar el verdadero cariz de la intervención imperialista, pero el revisionismo desenmascaró esta operación señalando con claridad que se trataba de una verdadera operación colonial con intereses económicos concretos. Los cañones de las más grandes potencias europeas apuntaron la Confederación y a pesar de la superioridad militar al final de la guerra la causa nacional terminó invicta y reconocida en todos los países del mundo incluso los enemigos.

C) Rosas Popular.

El pueblo de Buenos Aires, el pueblo auténtico, la gente, no había figurado aún en nuestra historia. Vimos que la gente que se congregó frente al Cabildo el 25 de mayo constituía un pequeño grupo. Las diferentes puebladas y golpes militares consistían en rebeliones o alzamientos minoritarios y sectarios. 

Artigas fue el primero en incorporar el pueblo a la revolución. Pero es Dorrego el que prepara el terreno para la aparición de lo popular en la escena política. Rosas lo continúa y lo profundiza. El nuevo escenario presenta una novedad: Las masas. La plebe de las orillas, los negros, los mulatos, los compadritos, la gente de la campaña, e incluso los indios, todos antes escondidos ahora se exhiben y participan. Esta fuerza política despreciada por los unitarios será la base social que Rosas, caudillo del campo popular, pone en acción en defensa de la Soberanía Nacional.


Pero la batalla sigue

Ningún personaje hispanoamericano, salvo quizás, Bolívar, ha apasionado tanto como Rosas a los pueblos que descendemos de España. Entre nosotros, Rosas es un tema de actualidad desde hace más de 160 años. Se podría afirmar que es el único tema histórico de actualidad permanente. Cientos de libros, miles de ensayos se han escritos sobre Rosas. Algunos trabajos son simplemente apologéticos otros directamente denigratorios. Los menos intentan cierta objetividad. Tantas publicaciones y opiniones manifiestan ciertamente que existe un ansia por conocer la verdad y que la polémica no está concluida.

La polémica no está concluida, es más, es preciso profundizarla y afinarla. Es puntual estudiar, investigar y discutir muchas instituciones, hechos y conceptos políticos de la época de Rosas: la naturaleza del federalismo planteado por Rosas, el sistema político de la Confederación, la relación con las provincias, los alcances de la Ley de Aduanas, los intereses ganaderos de la provincia de Buenos Aires, el carácter autocrático de la conducción de Rosas y mucho más.

La investigación y las cuestiones polémicas están abiertas, pero a mi juicio, desde el previo reconocimiento, de que estamos frente al primer estadista que tuvo la Revolución de Mayo, que le dio a la política de su tiempo, un contenido definitivamente nacional y auténticamente popular.


De todos los temas, ya lo he dicho, creo que una reinterpretación de Caseros, la apertura de un debate en torno a sus causas y consecuencias es una tarea imprescindible, por la relevancia que tienen, por lo incorporado a la cultura popular y la por la trascendencia que le otorgó la historia oficial como hito fundacional de la Nación Argentina.

jueves, 15 de marzo de 2018

Una historia de políticas públicas en el pre peronismo: La Secretaría de Trabajo y Previsión Social




“Cuando llegué al departamento me topé una recua de ganapanes que ni siquiera conocían las leyes de trabajo”.
Tomás Eloy Martínez, “La novela de Perón”.





Escribe: A. Gonzalo García Garro


Los primeros pasos del peronismo como expresión de una política de Estado


El Departamento Nacional de Trabajo, primer organismo que asumió Perón en octubre de 1943, era una repartición de más de cuarenta años de vida que nunca había hecho más que compilar estadísticas para que, lamentablemente, nadie las leyera. Además, podía realizar de tanto en tanto una mediación laboral en la que siempre ganaba la patronal.

El entonces presidente Ramírez estaba entregando sin saberlo, la llave del cuarto de monitoreo y control del movimiento obrero argentino al Coronel Perón que sí sabía la acción política que podría producir desde ese espacio. Demostró desde allí sus cualidades organizativas mientras se desplegaban sus naturales dotes para el liderazgo. Es en esta etapa en que Perón se muestra tal cual: genio y figura. Y lo hace a través de la implementación de políticas públicas.

Perón tenía ideas muy claras sobre la revolución social que había que hacer en el país mucho antes del 4 de junio de 1943”, declararía Mercante años después. Es más, pienso, que era el único hombre de la revolución de 43 que sabía qué hacer, los demás se contentaban con subsistir en un régimen que ya presentaba sus primeros síntomas de agonía. Tenía en claro que la revolución no podría sobrevivir sin apoyo popular según lo indicaba la experiencia del golpe de Uriburu. Sabía Perón, porque lo había comprobado en su estadía en Italia, del valor de un movimiento obrero organizado y movilizado. Conocía de la necesidad de profundizar el proceso de industrialización en que el país estaba empeñado aprovechado las ventajas coyunturales que le daba el neutralismo. Neutralismo que se empeñaba en sostener hasta que se cortara el hilo… Tenía un proyecto y una voluntad fuera de lo común para plasmarlo en hechos concretos. Tenía una política…

Políticos, gremialistas e intelectuales: una mezcla para políticas públicas


No estaba solo. Pero su grupo de leales no era tan numeroso. El coronel Domingo Mercante fue el eslabón indispensable en la enlace con el movimiento obrero. Era hijo de un ferroviario militante activo de  “La Fraternidad” (gremio de maquinistas y fogoneros creado en 1887) había crecido escuchando historias de luchas sindicales y represiones. Su hermano también era un trabajador del riel pero afiliado a la otra entidad, la “Unión Ferroviaria”, gremio que excluía a los maquinistas. Mercante tenía amistad personal con muchos gremialistas y fueron estas relaciones las que luego manejó para hacer el armado básico  inicial. A este núcleo se sumaron pronto activos contribuyentes a la causa como Juan A. Bramuglia, abogado de la “Unión Ferroviaria” y Ángel Borlengui, funcionario de la Confederación de Empleados de Comercio.

No estaría completo el cuadro si no se mencionara el inestimable aporte técnico intelectual que realizara un personaje, José Miguel Francisco Luis Figuerola y Tresols, un catalán que recaló en su exilio argentino como Jefe de la División Estadística del Departamento de Trabajo. Intelectual brillante que a los 21 años había finalizado dos carreras: Derecho y  Filosofía. Adhirió al régimen dictatorial del General Antonio Primo de Rivera, organizó el Ministerio de Trabajo en España y fue Secretario General del gobierno. Una vez derrotado el régimen se exilió en la Argentina en 1930. Tenía un sorprendente conocimiento de la legislación laboral internacional, prodigiosa memoria y manejaba con seriedad las estadísticas. Dice Page en su libro “Perón”: “Figuerola era la quintaescencia del intelectual hispánico católico. Serio y disciplinado, reservaba varias horas al estudio de los clásicos griegos y romanos, la música y la meditación. Su biblioteca cobijaba decenas de miles de volúmenes”.

Un salto institucional, de departamento a Secretaría


A Figuerola, Perón le encargó que transformara la estructura del insignificante departamento en una repartición poderosa dentro de la estructura del Estado. Y así emergió la Secretaría de Trabajo y Previsión Social de la Nación que se mudó al enorme y cómodo edificio del Consejo Deliberante de Buenos Aires, que recordemos, el órgano había sido disuelto por voluntad del presidente Castillo.

En términos generales el principal objetivo de la nueva Secretaría era asegurar una mayor justicia social y distributiva. No sólo en el ámbito laboral sino que incluía también la atención y la asistencia de los sectores más vulnerables de la sociedad, los pobres… que eran los más. En la división de previsión social Perón lo designó a Mercante.

No es posible narrar en estas líneas, porque no corresponde a la índole de esta nota, la historia de las jornadas y las luchas en la Secretaría. Pero si es preciso que, para la comprensión de lo que luego se llamará peronismo, se advierta como esencial y definitivo este período fundacional y su obra que hoy, todavía supervive míticamente en el imaginario peronista.

Acción política y labor legislativa


La acción política y la labor legislativa fue trascendental, haciendo aprobar las leyes laborales que habían sido reclamadas históricamente por el movimiento obrero argentino: indemnización por despido, jubilaciones para empleados de comercio, Estatuto del Peón de Campo, hospital policlínico para los trabajadores ferroviarios, convenciones colectivas de trabajo, licencias laborales varias, escuelas técnicas de capacitación y oficios para obreros,  prohibición de las agencias de colocaciones, creación del fuero laboral, legislación sindical,  aguinaldo y vacaciones pagas. Creación de una eficaz policía de trabajo que garantizara la aplicación de las normas jurídicas sancionadas e impulsando por primera vez la negociación colectiva, que se generalizó como regulación básica de la relación entre el capital y el trabajo.

En fin, a partir de la aplicación de esta política la clase trabajadora argentina, en esos momentos la más importante de Latinoamérica, nunca volvería a ser la misma de antes. En menos de dos años se estableció una bisagra en la historia argentina que la partió en un antes y un después de la gestión de Perón en la famosa Secretaría.

Un nuevo movimiento obrero


A partir de este accionar Perón, Mercante y el grupo inicial de sindicalistas con que concretaron la alianza (los socialistas Borlengui y Bramuglia, principalmente), comenzaron a organizar una nueva corriente sindical que iría asumiendo una identidad política propia que podría ser conceptualizada como nacionalista-laboralista.

La situación del movimiento obrero argentino para ese entonces era precaria. No existía una central única de trabajadores, había cuatro. La afiliación era libre y voluntaria. Los dirigentes sindicales en su mayoría socialistas, comunistas o amarillos divididos por cuestiones sectoriales no podían visualizar una corriente dentro de los trabajadores que se podría llamar nacional  – laboralista que venía creciendo en algunos gremios. Perón si percibió la tendencia y los asoció a su proyecto.

Las banderas del proletariado, en otras partes del mundo eran levantadas por los partidos socialistas democráticos, revolucionarios, laboristas o comunistas. En Argentina esos partidos (Partido Socialista y Partido Comunista Argentino) eran partidos menores, clubes de amigos, sin ninguna incidencia electoral salvo en Capital, y estaban más preocupados en la suerte de los Aliados en la guerra o en derrocar al gobierno “nazi” de Farrel que de los problemas reales de los trabajadores. Política e ideológicamente, eran, usualmente, epifenómenos de la oligarquía argentina. La U.C.R, a pesar de ser un movimiento que representaba a las clases medias, había tenido durante el periodo yrigoyenista una tibia política obrerista pero luego, devorado el partido por el alvearismo la cuestión obrera no figuraba en su agenda.

Cuando Perón asume la Secretaria de Trabajo había en el país aproximadamente 80.000 obreros afiliados en las cuatro centrales. En 1945 eran medio millón afiliados en una sola central: la Confederación General del Trabajo conducida por los aliados obreros de Perón. El paso dado era colosal. Extendió el movimiento de agremiación a todo el país y a todas las ramas del trabajo. Se crearon o se renovaron por su iniciativa nuevos sindicatos y se revitalizaron los ya existentes. Como no estaba ligado a los intereses del dinero ni al de los capitalistas, pudo trabajar a la par de los obreros valiéndose de su prodigiosa capacidad de persuasión a través de conversaciones particulares, conferencias públicas, charlas radiales, folletos y los primeros “predicadores” que llevaban su palabra a las fábricas y talleres. A mediados de 1945 la fase organizativa de la estrategia de Perón estaba prácticamente terminada. 

Todo era consecuencia de una agresiva política pública sin precedentes en la historia argentina, por su impacto en el sector como por su eficacia.

La Secretaría y el ascenso de Perón


Aquel “oscuro coronel” como dirán gorilas de momento había crecido en imagen y popularidad. Perón era el tema cotidiano de los políticos y de la gente común. En la elegante confitería Richmond de Florida se hablaba del coronel con cierta cautela. En los bares suburbanos se mencionaba su nombre con entusiasmo. En el Círculo Militar lo miraban con desconfianza. En la sede de la poderosa Unión Ferroviaria significaba una esperanza que se concretaba. El coronel estaba en boca de todos…

El coronel había comenzado una campaña. El país nuevo que estaba naciendo se expresaba a través de los discursos de Perón, que en esa época hablara como nunca; lo mejor de su pensamiento está en ellos: “Las leyes han sido hechas todas con alguna sutileza para poder ser violadas. Sería preciso una ley que haga cumplir la mitad de las leyes que existen”. Era muy consciente de la trascendencia de lo que hizo en la Secretaría.

En el mismo sentido decía: “Es natural que contra estas reformas se hayan levantado “las fuerzas vivías “que otros llaman los “vivos de la fuerzas”, expresión tanto o más acertada que la primera. ¿En qué consisten estas fuerzas? En la Bolsa de Comercio, quinientos que viven traficando con lo que otros producen; en la Unión Industrial, doce señores que no han sido jamás industriales; y en los ganaderos , señores que, como bien sabemos, desde la primera reunión de los ganaderos, vienen imponiendo al país una dictadura”.

Nunca nadie había usado en la historia política argentina ese lenguaje. Nadie había expresado con tanta claridad sus ideas. El coronel hablaba sin eufemismos y sabía perfectamente según él lo señalaba que: “cuando se realizan obras, se crean enemigos; cuando nada se hace, los enemigos desaparecen”. Entonces, al coronel que mucho había hablado y mucho más había hecho, pudo comprobar dos cosas: por un lado, la heterogénea cantidad de enemigos que lo resistían, todos poderos; por el otro lado, el enorme impacto de su obra y el afecto, reconocimiento y predicamento en las mayorías populares.

Mucho de esto, que es parte del prólogo al peronismo histórico, tiene que ver con esta historia de políticas públicas, como prefieren decir hoy quienes analizan estas cuestiones.


sábado, 24 de febrero de 2018

Campaña, lucha electoral y victoria peronista en las elecciones del 24 febrero de 1946

“Braden o Perón”
(Consigna peronista).

 “Por la Libertad y la Democracia contra el Nazifascismo”
 (Consigna de la “Unión Democrática”).

Escribe: A. Gonzalo García Garro 

La organización electoral después del 17 de octubre

Producido el 17 de octubre, las fuerzas políticas contrincantes se aprestan a la campaña electoral con miras a las elecciones de febrero de 1946. El 23 de octubre, el grupo más consecuente de sindicalistas que han apoyado al coronel organizan el “Partido Laborista”.

En realidad existía el sello y un pequeño grupo de dirigentes que adherían tibiamente a la doctrina laborista de origen británica que tenía cierto auge por entonces. Como presidente de la nueva agrupación es designado Luis F. Gay, del gremio telefónico. Por su parte, también se organiza la “Junta Renovadora Radical”, en la cual participa un sector del radicalismo, cuyas principales figuras son el santafecino Armando Antille y Hortensio Quijano, dirigente correntino. Es importante señalar que este sector radical que se integra al movimiento estaba compuesto por segundas y terceras líneas de la U.C.R. y no era numeroso. FORJA, por su parte, se disuelve para dar libertad a sus integrantes, que algunos, no todos, se incorporan al naciente peronismo. Se organiza, asimismo, un partido “Independiente”, al cual aportan sus esfuerzos varios nacionalistas. Con estas agrupaciones monta el peronismo el aparato electoral  que carecía. Todo el armado se debe hacer con urgencia. Hay mucho entusiasmo pero casi ninguna experiencia en esta nueva militancia que se forma “sobre el tambor” según el dicho del coronel. Perón intenta armar un partido político a nivel nacional, el “Partido Único de la Revolución” pero no logra el objetivo y así, el peronismo concurre a su primera elección fraccionado en algunos distritos importantes. Las dos vertientes (laborista obrera y radicales disidentes) coinciden en el binomio presidencial, “Perón – Quijano”,  pero  van a la elección con listas propias para diputados.

En noviembre queda organizada la “Unión Democrática”, alianza de los partidos Radical, Socialista, Demócrata Progresista y comunista, que lleva una fórmula integrada por dos hombres del Radicalismo unionista y reaccionario: “Tamborini –Mosca”. Cuenta además con el apoyo de las fuerzas conservadoras, aunque éstas no integran formalmente la coalición.

En esos días, la Iglesia Católica emite una pastoral que implícitamente significa un apoyo a  Perón pues prohíbe a sus fieles que voten por partidos en cuya plataforma electoral figuren el divorcio, la enseñanza laica o la separación de la Iglesia y el Estado como era parte del programa de casi todos los partidos de la alianza. Este inesperado soporte, evidentemente fortalece  al peronismo. La pastoral es firmada por el Cardenal Copello y todos los Arzobispos y Obispos del país, lo que no implica que la Iglesia toda apoye al peronismo, sino que por el contrario, muchos sacerdotes, en forma individual, se oponían al peronismo e incluso la “Acción Católica”, ala liberal de la iglesia en Argentina, condena elípticamente en el diario “La Prensa” al naciente movimiento como a “todas las formas de totalitarismo y nacionalismo exagerado”.

Se lanza la campaña

El 8 de diciembre, la Unión Democrática lanza su campaña electoral en el barrio del Congreso. Los oradores centran sus críticas al nazifascismo que encarnaría Perón. Tanto en este acto, como en otros desarrollados pocos días después, se producen graves enfrentamientos entre los militantes de la Unión Democrática y peronistas.

El acto de lanzamiento de campaña del peronismo, también en diciembre,  se hace en el centro de la ciudad de Buenos Aires. Según afirma Fermín Chávez, ese día se incorpora el bombo al folklore peronista y también ese día, Perón se quita el saco y declara: "No nos deshonramos por ser descamisados...Nos deshonraríamos por ser fraudulentos, ladrones o pillos... Es para nosotros un honor tener un corazón bien puesto debajo de una camisa y no debajo de una chaqueta lujosa".

Derechos laborales y lecturas electorales

El 20 de diciembre, el gobierno recalienta la campaña y lanza el decreto Nº 33.302 que estatuye el sueldo anual complementario. La patronal reacciona declarando la inconstitucionalidad de la medida y declara, como repudio, un lock-out, en todo el país, desde al 14 al 16 de enero.

Diversas solicitadas de organizaciones empresariales impugnan la medida. El Partido Comunista se manifiesta en contra por "tratarse de una medida demagógica... de neto corte fascista, que quiere servir los planes demagógicos del continuismo nazifascista". En idéntico sentido se expresa la autoridad máxima del partido, Arturo  Codovilla, en el Congreso del mes de diciembre planteando la necesidad de combatir "al nazi peronismo para abrir una era de libertad y progreso". Es también, en ese congreso del Partido, que Codovilla hace público un pedido de intervención internacional: “Creo que se puede afirmar que si el peronismo se atreviera a desatar la guerra civil, no contará en el plano internacional con el apoyo con que contó Franco cuando la desencadenó en España. Es otra época. Aún en el caso problemático de que los peronistas consiguieran triunfar, las Naciones Unidas y su organismo de Seguridad Mundial contra la agresión, no permitirán que se consolide en nuestro país una cabecera de puente del nazifascismo que podría convertirse en un foco de guerra de agresión en el continente... y pondría en peligro la estabilidad de la paz en el mundo”.  Sí, aunque parezca ridículo hoy esto dijo.

La prensa y la plata en la campaña

En esa campaña, la prensa gráfica en general, salvo "La Época" y algún otro diario de escaso tiraje, apoya totalmente a la Unión Democrática. Sólo la radio difunde la voz del coronel Perón que es escuchado en las casas de los trabajadores.

La prensa extranjera asume un rol de activa oposición a la candidatura de Perón. Califica burdamente  a Perón como "Hitler sudamericano" e incluso recurre a golpes bajos como trampear fotografías para adjudicarle rasgos de "pervertido sexual".

Con relación a los fondos empleados en la campaña electoral, resulta notorio que la Unión Democrática dispone de una importante financiación, expresada en afiches, viajes y actos, mientras que en general la campaña peronista se caracteriza por su modestia recurriendo a menudo a los métodos más populares como la tiza y el carbón.

El peronismo y una nueva forma de campaña, radio y mujer

El peronismo inaugura una nueva modalidad. La participación de Eva en la campaña fue un suceso novedoso en la historia política argentina. En aquel momento las mujeres carecían de derechos políticos (excepto en San Juan) y las esposas de los candidatos tenían una presencia pública muy restringida y básicamente apolítica. Evita, con todo su carisma rompe con esta tradición y se incorpora a la campaña como figura política.

Eva y Perón se habían casado pocos días después de las jornadas del 17 de octubre discretamente en una escribanía en Buenos Aires. Poco tiempo después se realizó la ceremonia de matrimonio católico en la ciudad de La Plata, en la iglesia de San Francisco, orden por la cual Eva tenía una especial devoción. A Perón le habían aceptado el retiro y no requería de autorización militar para contraer matrimonio.

La polarización de la sociedad

Es interesante transcribir la opinión de Félix Luna en relación al clima electoral que se vivía en ese caliente verano del 46: “Las campañas electorales pacificas son un lujo de ciertos pueblos o indicios de indiferencia cívica. En la Argentina de 1946 todos estaban comprometidos  hasta el tuétano con uno de los campos antagónicos. En realidad estar con Perón o con la Unión Democrática dependía de algo visceral; era inútil la propaganda, porque las definiciones individuales venían del año anterior eran irrevocables”.

Las consignas claras del momento político.
Esta polarización  tuvo el costo de más de una decena de muertos y un centenar de heridos. Hubo muchos enfrentamientos armados, la mayoría entre los jóvenes de la Alianza Libertadora Nacionalista que se tiroteaban con los militantes duros del Partido Comunista. Hubo también tiros contra el tren que llevaba a la fórmula Tamborini –Mosca en Tucumán y varios incidentes muy serios fueron provocados en ocasión del armado de las listas tanto en los comités radicales como en las “casas peronistas” y sindicatos.

Braden o Perón

El embajador norteamericano Spruille Braden hace desde el Departamento de Estado también su aporte para la lejana democracia argentina: entrega en Washington un documento (“EL Libro Azul”) a los cancilleres latinoamericanos. Acusaba  al gobierno argentino y a Perón de nazismo y fue difundido en todos los  grandes diarios. Era una burda y evidente mentira con fines electorales. La Unión Democrática hizo suyas estas denuncias. Faltaban quince días para las elecciones…

La respuesta de Perón fue rápida y brillante: “Braden  o Perón”. Este dilema significaba: la Unión Democrática y la injerencia yanqui por un lado o la defensa de la soberanía nacional, contra el imperialismo, de la mano de Perón. Y tres días antes de las elecciones, sale a la calle un opúsculo al que se lo llamó “El libro Azul y Blanco” en donde Perón denuncia la injerencia norteamericana en la política interna argentina.

Cierre de campaña de Perón

Llega el acto de cierre de campaña que el peronismo organiza en el centro de la ciudad de Buenos Aires. En tal ocasión el coronel dirigió a sus enfervorizados seguidores una arenga,  que al día de hoy se conserva en la cultura política peronista, como una de las piezas oratorias más recordadas de Perón: “Sepan que quienes voten el 24 por la fórmula del contubernio oligárquico comunista, que con éste acto entregan el voto al señor Braden. La elección es una: “Braden o Perón”.

Y dedicó el último párrafo de su discurso a los peones de campo. : “Los buenos estancieros no tienen nada que temer porque los peones los respetarán, solamente que no será de abajo arriba, sino de igual a igual… “.  Y liquida el discurso  arengando: “Si no los dejan salir de la estancia ¡corten los alambrados, rompan las tranqueras!”.

Los resultados electorales

Los cálculos de los dirigentes peronistas no eran optimistas salvo Perón que, se sentía absolutamente seguro de la victoria. El peronismo guardó silencio y  aguardó expectante los resultados. Los dirigentes de la Unión Democrática en su totalidad se arrogaban una amplia victoria. Y como para muestra basta un botón sólo transcribo las canónicas declaraciones del dirigente socialista Repetto: “puede asegurarse que el régimen imperante ha sido abrumadoramente  derrotado por las fuerzas democráticas y etc. Etc”. Los resultados no fueron inmediatos, se esperaron semanas para ir conociendo los resultados definitivos.

En el orden nacional, Tamborini - Mosca ganó Córdoba, Corrientes, San Juan y San Luis. Sumaba en total 1.211.666 votos que le daban un total de 72 electores.

La voz de los paredones. 
La fórmula Perón – Quijano se  impuso en la Capital (bastión histórico del radicalismo o el socialismo), Buenos Aires con una formula presidida por Domingo Mercante, Santa Fe (supuesto bastión la Democracia Progresista), Entre Ríos (bastión del radicalismo en sus ambas vertientes: yrigoyenista y unionista), Mendoza y San Juan (venciendo a los partidos provinciales cuyanos), Tucumán, Santiago del Estero, Salta, Jujuy, La Rioja y Catamarca. En total obtuvo: 1. 478. 372 votos.

En lo referente a las gobernaciones, el peronismo ganó todas las provincias menos Corrientes donde una coalición conservadora se impuso en el colegio electoral.

Aquella elección puso fin al pasado argentino

El pasado argentino, en cierto modo termina aquí”. La certera reflexión pertenece a  Abelardo Ramos refiriéndose a la trascendencia histórica de esta etapa. Es cierto, a partir de aquí comienza la nación argentina y su pueblo a precipitarse sobre los tiempos modernos.

En buena medida, todo lo que sigue luego es historia contemporánea…Y toda la agenda de la política de hoy se origina en ese periodo intenso y transformador. Todo el repertorio de conflictos, ideas fuerza  y en general la cultura política que brota en esos años del 45 y principios del 46 son los que preocupan al argentino de hoy: la crisis de los partidos, la distribución de la riqueza, el rol de las fuerzas armadas, el papel de los sindicatos, la soberanía nacional, la dependencia económica, los derechos de la mujer y la unidad latinoamericana. La interrelación entre el pasado y el presente se muestra a plena luz…



lunes, 16 de octubre de 2017

La plegaria de Colón de Walt Whitman y el Día del Respeto a la Diversidad Cultural

Walt Whitman y Cristóbal Colón.

Sobre el 12 de octubre, del “Día de la Raza” al “Día de la Diversidad Cultural Americana”

Cada 12 de Octubre se recuerda, en casi todo el continente, el día en que los tres navíos de Cristóbal Colón desembarcaron en la isla Guanahaní (Bahamas) en 1492. Soy de los que entiende que este hecho trascendental para la historia de la humanidad fue el comienzo del proceso histórico del avance de la Europa occidental, mejor dicho de sus potencias económicas y colonialistas, sobre el continente americano, imponiendo una cultura, religión, prácticas comerciales y socioculturales, en definitiva, un determinado modo de vida y ser.

Naturalmente rechazo la idea del “Día de la Raza” que instauró Yrigoyen en 1917 para conmemorar la fecha. Adhiero a quienes dicen que esto era, en sí mismo, una toma de postura ante la historia e implicaba definiciones políticas e ideológicas, las cuales en gran medida no comparto y que constituían la negación de lo autóctono, o su ocultamiento al menos, en desmedro de lo que vino de Europa. No comparto, en consecuencia, la idea de reconocer una cultura, una civilización, soslayando la existencia de otra. Así se negó, durante siglos, la civilización preexistente, la que existió antes de que Europa desembarcara en América.

Suscribo los fundamentos del decreto que estableció el “Día de la Diversidad Cultural Americana” en el 2010, asumiendo que la división de la humanidad en “razas” carece de sentido y representa una afrenta a la igualdad. Considero imperativo el hacer efectivo el mandato constitucional del Art. 75 Inc. 17 que consagra el derecho a la igualdad, reconoce la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos, garantizando el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural. Pienso que hoy se debe mirar el proceso de desembarco de Europa en nuestra tierra borrando conceptualmente la idea de “La Conquista” de América y la reivindicación plena de una Europa civilizadora, destacando, contrario sensu, que la enorme variedad de culturas que pueblos indígenas y afro descendientes aportaron y aportan a la construcción de la identidad de nuestro país.

En términos de nuestra historia repudio en forma explícita el genocidio de los pueblos originarios y los crímenes aberrantes en su contra, tanto los abusos del periodo colonial como los genocidios de la oligarquía argentina en el siglo XIX, especialmente la “Conquista del Desierto” de Roca.

Igualmente se impone una reflexión actual acerca del estado en el cual las comunidades de pueblos originarios viven hoy, demandando que la presencia activa del Estado les permita vivir dignamente a todos sus integrantes. En lo vivamente presente, reclamamos la inmediata aparición con vida de Santiago Maldonado.

Colón, un ser humano

Pero toda reflexión del 12 de octubre debe incorporar una mirada sobre Colón, naturalmente y a través de él expandir la perspectiva más allá de la conquista española como proceso cargado de valores negativos. En Colón se encuentra a la persona que expresa, sintéticamente, ese nuevo tiempo en la humanidad a partir de 1492. Ahora bien, ¿fue realmente Colón un genocida, fue parte de un plan de expansión colonial criminal? ¿Era un pionero, era un soñador? ¿O era la punta de lanza del colonialismo? ¿Cuál era su móvil, Dios, la Fe en la Corona? ¿Lo motivaba el deseo de conquista y dominación o acaso el dinero y el poder? Son preguntas que la historia y la historiografía aún hoy debate.

Pero quería aquí, sin dejar de reconocer lo polémico, recordar a través de una pluma canónica de la cultura universal a Cristóbal Colón (a ese hombre que por una educación de viejos paradigmas he endiosado cuando niño).

Deseo poner el foco en el Colón hombre, desligado si se puede del proceso colonizador. Y hacerlo desde una mirada con pretensión de indulgente, a distancia, para verlo desde una perspectiva más íntima, escrutando sobre las razones personales del hombre que trazó los planos del mundo que hoy conocemos y lo hizo -no necesariamente- como parte de un plan de exterminio colonial. Un hombre que hizo lo que hizo, tal vez, sin ánimo malicioso de conquista o sin poder predecir lo que la historia haría con el camino que él inició.
  
Walt Whitman y “La Plegaria de Colón”

Creo que muy pocas piezas literarias tienen la fuerza persuasiva y la armonía estética como el poema “La Plegaria de Colón” de Walt Whitman, que no son otra que la misma belleza emotiva y razonada que tiene toda la obra de Whitman. Este poema se puede encontrar en su célebre Leaves of Grass (Hojas de hierba).

En su poema, Whitman se refiere a un Colón en desgracia, sufriente, tiene como fondo de hechos al encarcelamiento que sufrió tras el tercer viaje a América, los episodios de la muerte de Isabel y el desprecio que Fernando le propició, que lo sumergen en la pobreza y enfermedad, algo que entienden los biógrafos de Whitman que el poeta utilizó a modo de metáfora de su propia vida. La biografía de Colón fue conocida por Whitman a través del libro “Historia de la vida y viajes de Cristóbal Colón” (1828), de otro grande de la literatura norteamericana, Washington Irving, cuestión que consta en fragmentos transcritos por el propio Whitman en sus notas de trabajo.

Whitman es un poeta de lo dual, de lo jánico, tanto de la naturaleza como de la condición humana. Es un Poeta del Yo y de lo Social. Le escribe al Hombre y a Dios; le envía plegarias al cielo pero también a la tierra. Obsesionado con la inmortalidad pero también con la muerte; sus poemas hablan de ternura pero fueron también pioneros en lo erótico; sus preocupaciones fueron muy reales y políticas pero también se focalizó en el mundo onírico; era Dioniso y Apolo, y así tantas cosas más complejas, mezcladas, que enlazaban lo que parecía inamoviblemente binario.

Y en esta búsqueda de lo terrenal y lo sublime, de tensiones entre la luz y la oscuridad, Whitman describe a un Cristóbal Colón profundamente creyente, que le habla a Dios y sobre los motivos íntimos que lo impulsaban a encontrar esa ruta al “nuevo mundo” le hace decir:

“…Todas mis empresas las abordé religiosamente henchido de Ti,
Mis cálculos y mis planes los realicé pensando en Ti,
Recorrí las tierras y los mares para publicar tu gloria.
Si fueron mías las intenciones, los designios y las ímpetus,
tuyos fueron los resultados,

Estoy seguro que mis impulsos emanaban de Ti;
Aquel ardor irresistible, aquella voluntad interior más potente que las palabras.
Aquellos augurios celestes que me cuchicheabas hasta en sueños,
Aquellos ímpetus que me empujaban adelante.”

Whitman entiende que a Cristóbal Colón lo impulsó su devoción a Dios, siendo este motor el más importante, más aun que la promesa de oro y reconocimiento. También entiende el poeta que Colón era plenamente consciente de la trascendencia histórica de sus actos. Y así lo escribe:

“Gracias a ellos y a mí, la Empresa fué,
Gracias a mí, los viejos y desbordantes países pudieron
expandirse,
Gracias a mí, los hemisferios fueron explorados y unidos,
lo desconocido incorporado a lo conocido”.

Pero Colón no sabe, desconoce, que será de su legado. Deja en manos de Dios el destino del nuevo mundo que descubrió. Para Whitman, Colón desea que América sea mejor que Europa, que el hombre europeo se elevé en América al nivel de Dios como no pudo hacerlo en el “viejo mundo”. Y así lo expresa:

“El fruto de mi Empresa, que yo no veré madurar, es todo tuyo,
Grande o pequeño—lo ignoro—acaso tan vasto como estas
tierras, tan vasto como estos países,
Acaso las innumerables alimañas humanas, los seres groseros que conozco,
trasplantados aquí, podrán elevarse a una nobleza y a
una cultura dignos de Ti,
Acaso las espadas que conozco podrán ser aquí fundidas y
trocadas en útiles civilizadores,
¡Quizá la Cruz reseca que conozco, la Cruz muerta de Europa, aquí podrá reflorecer y fructicar de nuevo!”

Whitman imagina un Colón que deja en mano de Dios el futuro, pero que duda sobre el destino de su legado, alguien que no reconoce si es loco o profeta (“¿Habla el profeta por mi boca, o desvarío?”, diría luego)Este Colón que sabe que no podrá ver que será de América, pero desea que la humanidad no haga de ella lo peor como ya lo hizo en el viejo mundo, desea que la Cruz muerta de Europa pueda florecer y no sembrar más muerte.

Colón por un lado y la conquista española por otro lado, ¿se puede?

Es cierto que existen testimonios, historiadores y corrientes historiográficas que nos muestran a un Colón con conocimiento de un plan de expansión colonial y consciente del rol que su trabajo tuvo en el mismo. Pero que fue acaso la historia de la humanidad que Colón conoció sino una sucesión de expansiones y colonizaciones. No es argumento suficiente para indultar históricamente a nadie, pero si para contextualizar cualquier análisis sobre Colón.

Es igualmente cierto que para la posteridad fue el hombre que unió para siempre a los dos mundos, que comprendiendo las diferentes valoraciones, no deja de ser el hecho que le dio contorno a la Era moderna, pero que falleció sin saber lo que había “descubierto”, ya que murió pensando que llegó a las Indias Orientales, confundido estaba y pensaba que había desembarcado en Japón y Asia. Whitman interpreta a este Colón con su drama de incertidumbre:

“¿Qué sé de la vida? ¿Qué sé de mí mismo?
Nada sé, nada conozco de mi labor pasada o actual,
Sombras cambiantes pasan ante mis ojos,
Visiones de mundos nuevos y mejores, con sus partos y sus cosechas,
Visiones imprecisas que me turban y parecen burlarse de mí.”

Este Colón puede merecer otra mirada. Porque en definitiva Colón es parte de nosotros y nosotros somos él. América o Argentina no serían lo que son si Colón no hubiera existido. Si el hombre que construyó las bases del mundo que somos hoy es un genocida, ¿qué dice eso de nosotros? Somos en su inmensa mayoría descendientes de inmigrantes europeos, de todas las oleadas. Colón fue un italiano al servicio de los españoles, nada más ejemplificativo de nuestras corrientes migratorias.   

El derecho, las instituciones y la cultura deben su forma y contenido en forma sustancial a la cultura europea. Si Colón fuera sólo un genocida, ¿qué seriamos nosotros, qué sería de este mundo que se comenzó a construir con su obra? ¿Tiene sentido remover una Estatua de Colón de Casa de Gobierno? ¿Cambia algo? ¿Qué dice de nosotros una estatua más o una menos? ¿Tiene sentido? ¿Todo lo que hizo la Iglesia Católica es malo? ¿Nada bueno dejó España y el Cristianismo en esta tierra? Son muchas preguntas, distintas, de diversos temas.

Pero volviendo al texto, Tal vez podamos diferenciar los procesos, Colón por un lado y la conquista española por otro lado. ¿Colón puede ser juzgado independientemente de la conquista española? ¿Se puede? Whitman trató de hacerlo, y lo hizo en forma maravillosa. Quedan todas las reflexiones para nosotros...


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La plegaria de Colón (Walt Whitman)

Anciano náufrago, anciano arruinado,
Perdido en esta costa salvaje, lejos, muy lejos del país,
Bloqueado por el mar y por negras cumbres enemigas
Desde hace dos tristes meses,
Rendido de fatiga, de angustia, a punto de morir,
Recorro las costas de la isla
Desahogando las amarguras de mi corazón.

¡Me abruma demasiado dolor!
¡Acaso no viviré más de un día!
No puedo hallar reposo. ¡Dios mío! No puedo comer, ni
beber, ni dormir,
Antes de haber elevado a Ti mi plegaria y mi ser,
Antes de haber respirado y haberme bañado en tu gracia,
Antes de haberme confesado una vez más a Ti.

Conoces todos los años los años de mi vida,
Mi larga vida de constante labor, no de pura adoración;
Conoces las plegarias y las veladas de mi juventud,
Conoces las meditaciones visionarias y solemnes de mi
madurez,
Sabes que siempre, antes de emprender cualquiera empresa
te consagraba la intención y los resultados,
Sabes la constancia de mis votos, la fidelidad de mi culto,
Sabes que nunca perdí la fe ni la esperanza en Ti,
Encarcelado, aherrojado, caído en desgracia, nunca murmuré,
Todo lo acepté como si emanara de Ti, como viniendo con
razón de Ti.

Todas mis empresas las abordé religiosamente henchido
de Ti,
Mis cálculos y mis planes los realicé pensando en Ti,
Recorrí las tierras y los mares para publicar tu gloria.
Si fueron mías las intenciones, los designios y las ímpetus,
tuyos fueron los resultados,

Estoy seguro que mis impulsos emanaban de Ti;
Aquel ardor irresistible, aquella voluntad interior más potente que las palabras.
Aquellos augurios celestes que me cuchicheabas hasta en
sueños,
Aquellos ímpetus que me empujaban adelante.

Gracias a ellos y a mí, la Empresa fué,
Gracias a mí, los viejos y desbordantes países pudieron
expandirse,
Gracias a mí, los hemisferios fueron explorados y unidos,
lo desconocido incorporado a lo conocido.

El fruto de mi Empresa, que yo no veré madurar, es todo
tuyo,
Grande o pequeño—lo ignoro—acaso tan vasto como estas
tierras, tan vasto como estos países,
Acaso las innumerables alimañas humanas, los seres groseros que conozco,
trasplantados aquí, podrán elevarse a una nobleza y a
una cultura dignos de Ti,
Acaso las espadas que conozco podrán ser aquí fundidas y
trocadas en útiles civilizadores,
¡Quizá la Cruz reseca que conozco, la Cruz muerta de Europa, aquí podrá reflorecer y fructicar de nuevo!

¡Un esfuerzo más! ¡Este arenal desierto será mi altar!
¡Dios mío! tú has iluminado mi vida
Con un rayo de luz inefable, continuo
—Luz indecible y preciosa que iluminaba la luz misma—,
Más allá de los signos, de la descripciones y de los idiomas;
Por todo ello, ¡oh Dios! permite que aquí, de rodillas,
viejo, pobre, paralítico, con supremas palabras te solloce:
—¡Gracias, señor!

La nubes se ciernen sobre mí,
Mis manos y mis miembros se entumecen,
Mi atormentado cerebro se extravía;
Mas aunque mi cuerpo se deshaga en pedazos,
¡Yo no quiero disociarme!
Me enlazaré estrechamente a Ti, ¡oh Dios!
Aunque las olas me rechacen;
¡Me abismaré en Ti, en Ti, a quien conozco!

¿Qué es lo que ahora anuncio? ¿La intuición del profeta ó
las fantasmagorías de un delirante?
¿Qué sé de la vida? ¿Qué sé de mí mismo?
Nada sé, nada conozco de mi labor pasada o actual,
Sombras cambiantes pasan ante mis ojos,
Visiones de mundos nuevos y mejores, con sus partos y
sus cosechas,
Visiones imprecisas que me turban y parecen burlarse
de mí.

¿Qué significaron estas cosas insólitas?
¿Qué manos divinas desvendan mis ojos en pleno milagro?
¿Qué son esas formas umbrosas que pueblan los aires y me
sonríen?
¿Y esas flotas con banderas de todos los pueblos que avanzan hacia aquí?
¿Y esos himnos que me saludan en lenguas desconocidas?