viernes, 24 de marzo de 2023

El golpe del 24 de marzo de 1976: Genocidio y Neoliberalismo

 

Ricardo Carpani, Memoria. 1990

El golpe del 24 de marzo de 1976, que destituye a Isabel Perón, entendemos que se hubiera producido de cualquier manera, aunque hubiera estado sentado en el sillón de Rivadavia cualquier otro presidente o presidenta.


El golpe fue ejecutado en contra de la herencia histórica, política y social de lo que el peronismo expresaba, atacándolo en todas sus dimensiones: la cultural, la institucional, la política e individualmente. Fue pensado en función del molde agroexportador de fines del siglo XIX que, dados los cambios internacionales, derivó en el programa financiero y desindustrializador: el modelo neoliberal.


El Proceso de Reorganización Nacional aspiraba a poner fin al "Estado de Bienestar" fundado por Juan Perón y al Proyecto Nacional concebido por el justicialismo en la década del 40, sin reparar en costos como el lamentable estado la convivencia democrática, la economía, la sociedad y las instituciones de nuestro país. El golpe del 76 fue decisivo para la inserción del país en el molde globalizador; justificado con el pretexto de la lucha mundial contra el comunismo. Pero ni el golpe tuvo su origen en el "peligro subversivo", ni la violencia aplicada fue para "la pacificación y el orden".


La implantación del modelo neoliberal a través de un gobierno dependiente y de un régimen de terror masivo, se combinaba con la necesidad de poner fin a una experiencia social y política de pleno empleo y la existencia de una legislación laboral y políticas sociales que no se correspondía con los intereses de las empresas trasnacionales ni los grupos económicos oligárquicos locales. Aspiraba a poner fin a una experiencia social, política y económica que iba en contra de los intereses de los poderosos del planeta y que hizo feliz, como nunca en su historia, a nuestro pueblo. Perón afirmaba que su único heredero era el pueblo. Con Perón muerto, lo que se pretendía ahora era destruir la herencia y matar al heredero.


El General Ibérico Saint Jean, Gobernador de facto de la Provincia de Buenos Aires, en mayo de 1977 decía: " Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después... a sus simpatizantes, inmediatamente... a aquellos que quedaron indiferentes, y finalmente mataremos a los tímidos ".


No hubo "errores" ni "excesos", sino un plan de genocidio deliberado, y contradictoriamente a lo que surge de la leyenda de la "guerra sucia", no fueron muchos los que actuaron en la lucha armada.


En la Argentina no hubo, ni cerca, 30.000 guerrilleros. La cantidad la inventaron quienes querían justificar 30.000 muertes. Hubo sí, 30.000 luchadores sociales desaparecidos, barrios por la represión, de todos los sectores políticos revolucionarios. La inmensa mayoría de las víctimas fueron jóvenes, la mayoría fueron cuadros y militantes de la clase trabajadora, la inmensa mayoría fueron peronistas.


Lamentable e inexplicablemente aún se escuchan voces que defienden la dictadura, pero la historia, ya sin discusión seria posible, nos muestra que, de la larga lista de mártires y héroes de la causa nacional, es aquella Juventud de los 60 y 70 la que, a 47 años del golpe, debe ser recordada como paradigma y ejemplo. Llena de energía, de rebeldía e inconformismo social, esta generación política, encabezada por la “Gloriosa JP” de los 70 fue la generación del compromiso desinteresado por una sociedad mejor, más honesta, más justa.


Una generación que participó ideológicamente, persiguió una revolución política para la Argentina, se sacrificó, militó y pavimentó con su sangre el camino para cambiar un país dependiente, sometido económica y culturalmente, evidentemente injusto en la distribución de la riqueza y el poder


Como parte de una justa reparación histórica, en nuestro país hoy son casi 1100 los condenados por delitos de lesa humanidad. Pero aún falta mucho más.


¡Por Memoria, Verdad y Justicia! ¡Nunca Más!



Escribe: Dr. A. Gonzalo García Garro


“Una vez más, los humildes están solos en la defensa de la dignidad y los intereses nacionales. Pero siempre ha sido así. La historia enseña que cuando la traición oligárquica abre las puertas a la voracidad del imperialismo, la tierra opone el coraje de sus hijos y  la patria  se enciende en holocaustos gloriosos y fecundos. Esta generación está dispuesta a cumplir con el sacrificio que demandan de ella una tradición inmaculada y una esperanza inextinguible.
Lo hemos hecho antes. Lo estamos haciendo. Lo haremos cuantas veces sea necesario. No toleraremos que una mínima apátrida, que ha reducido a las Fuerzas Armadas al innoble papel de carceleras del pueblo, continué defendiendo enconadamente intereses extranacionales y de clase desde posiciones usurpadas a su amparo”.
John William Cooke.



La comprensión y el conocimiento de esta etapa histórica del justicialismo y de la patria es de fundamental importancia, ya que sus consecuencias políticas, económicas, sociales y culturales todavía siguen evolucionando y condicionando a todas las y los argentinos. Las relaciones de fuerzas allí constituidas siguen marcando la agenda pública argentina y exponen los límites de acción del propio peronismo y el sistema político en su conjunto.

Es por todo esto la extensión y la amplitud con la cual hemos abordado el proceso histórico que comienza con el Golpe de Estado del 24 de Marzo de 1976, desarrollando ideas y conceptos que trascienden al peronismo.

Hay que matar al heredero

El golpe de marzo del 76, que destituye a Isabel Perón, entendemos que se hubiera producido de cualquier manera, aunque hubiera estado sentado en el sillón de Rivadavia cualquier otro presidente o presidenta.

El golpe fue ejecutado en contra de la herencia histórica, política y social de lo que el peronismo expresaba, atacando todas sus dimensiones: la cultural, la institucional, política e individualmente. Fue pensado en función del molde agroexportador de fines del siglo XIX que, dados los cambios internacionales, derivó en el programa financiero y desindustrializador: el modelo neoliberal.

El Proceso de Reorganización Nacional aspiraba a poner fin al "Estado de Bienestar" fundado por Juan Perón y al Proyecto Nacional concebido por el justicialismo en la década del 40, sin reparar en costos como el lamentable estado la convivencia democrática, la economía, la sociedad y las instituciones de nuestro país. El golpe del 76 fue decisivo para la inserción del país en el molde globalizador; justificado con el pretexto de la lucha mundial contra el comunismo. Pero ni el golpe tuvo su origen en el "peligro subversivo", ni la violencia aplicada fue para "la pacificación y el orden".

La implantación del modelo neoliberal a través de un gobierno dependiente y de un régimen de terror masivo, se combinaba con la necesidad de poner fin a una experiencia social y política de pleno empleo y la existencia de una legislación laboral y políticas sociales que no se correspondía con los intereses de las empresas trasnacionales ni los grupos económicos oligárquicos locales. 

Aspiraba a poner fin a una experiencia social, política y económica que iba en contra de los intereses de los poderosos del planeta y que hizo feliz, como nunca en su historia, a nuestro pueblo. Perón siempre nos enseñó que su único heredero era el pueblo. Con el general muerto, lo que pretendía ahora la oligarquía y el imperialismo era destruir la herencia y matar al heredero.

Destruccion Institucional

Una política semejante, sólo podría imponerse destruyendo a las organizaciones que sostenían los intereses del pueblo y persiguiendo a todos los que lucharan por la soberanía nacional y la justicia social, prohibiendo los partidos, interviniendo sindicatos, amordazando a la prensa, a la cultura, a los disidentes e implantando el terror más salvaje que ha conocido la Argentina.

Desde el plano institucional, los jerarcas del Proceso Militar ejercieron la suma del poder público con el predominio de las Fuerzas Armadas por sobre las demás instituciones del gobierno. Así:

-Fueron depuestos la presidenta, gobernadores y jueces.

-Fueron disueltos: el Congreso Nacional, las legislaturas provinciales y los consejos deliberantes.

-Se prohibió la actividad política estudiantil y de los partidos políticos.

-La UIA, la CGE, la CGT y los sindicatos más importantes fueron intervenidos, sus fondos eliminados; y las actividades relacionadas con las huelgas y las negociaciones colectivas laborales, declaradas ilegales.

Plan sistemático de genocidio

La dictadura había logrado desarticular las instituciones que contenían las bases del proyecto fundado por el peronismo en la década de los 40, pero estas medidas no tenían la fuerza suficiente para consolidar el nuevo modelo, por lo que se debía eliminar totalmente la oposición política al régimen.

Para ello, el golpe militar destruyó el tejido social de la argentina, desarticulando las fuerzas populares de la sociedad civil. Represión invisible hecha de nocturnidad y silencio cómplice, de miedos y de ausencias.

Los militares implementaron un plan genocida de magnitudes nunca vistas en Latinoamérica. Fue la dictadura que más se mantuvo, la que tomó las decisiones más intolerantes y crueles, de modo absoluto y arbitrario. Y fue la mas perversa.

Los métodos que la dictadura puso en práctica para eliminar la oposición política tomaron por sorpresa a toda la sociedad, dada su brutalidad:

- Guarniciones y regimientos devenidos en campos de concentración, en centros de detención ilegales, en los cuales jamás accedió un abogado o abogada, juez o jueza o un observador internacional.

- Centros de tortura y unidades especiales, militares y policiales, cuya función era secuestrar, interrogar, torturar y matar.

- Eran prácticas habituales de tortura la picana, la violación, el asesinato o se los "desaparecía", arrojándolos vivos, adormecidos con drogas, desde aviones en vuelo al Río de la Plata o al mar.

- Y se apropiaron, también, de los bebés de los disidentes, criados con identidades falsas.

- El "derecho al botín" concedido a los represores ilegales expandió el robo y la corrupción a niveles que antes no se habían conocido en el país.

Esta vez no fueron solamente los peronistas, también se sumaron otras corrientes y tendencias políticas, militantes de otra extracción también pagaron con su vida ser parte de esa Resistencia. Nuevamente entonces el exilio, las catacumbas, la proscripción, la cárcel, la muerte y los desaparecidos.

Reflexiones sobre la violencia

Mucho se ha hablado de las organizaciones revolucionarias de la década del 70. Se las ha demonizado o reivindicado ciegamente. En relación a esto nos parece importante, mas allá de la posición que tomemos sobre la lucha armada, enmarcar la discusión dentro de unos parámetros políticos más objetivos, dejando de lado los maniqueísmos y las generalizaciones inapropiadas que muchas veces son discursos funcionales que aspiran a justificar la dictadura.

El punto de partida debe ser que todo análisis de la violencia política de los 70 debe partir del conocimiento de que toda una generación nació a la política bajo la violencia antipopular y la hubo continuamente.  

Los bombardeos al pueblo el 16 de junio de 1955 en Plaza de Mayo, el sangriento Golpe de septiembre de 1955; las persecuciones y encarcelamientos, el castigo al movimiento del General Valle y los fusilamientos de peronistas en los basurales de José León Suárez; el secuestro y la desaparición de Vallese, el plan represivo Conintes que llenó las cárceles de peronistas, el exilio y la proscripción de Perón, los asesinatos de Mussi, Méndez, Retamal, Bello, Cabral, el Cordobazo, los fusilamientos de revolucionarios en la cárcel de Trelew, etc., etc., formaron la experiencia y la conciencia de muchas y muchos jóvenes de esa época.

La rebeldía a esta opresión asumió, numerosas veces, formas violentas. A muchos le pareció justo responder a la violencia "de arriba", del poder, con la violencia "de abajo", la violencia popular.

La resistencia peronista, las luchas obreras contra el Conintes, el Cordobazo, Rosariazo, Correntinazo, el "Luche y Vuelve", etc., fueron momentos gloriosos en las batallas de los sectores populares argentinos, que asumieron las formas que le imponían las circunstancias.

El pensamiento "pacifista", especialmente de un sector del antiperonismo (quien fue cómplice de todas las dictaduras del siglo XX), margina injustamente a mártires que lucharon por la justicia social con los medios y en las condiciones que les permitía el sistema, cuando los caminos de la democracia real estaban totalmente cerrados. Por lo menos para la mayoría peronista.

Para muchos y muchas, la lucha violenta cesó con el retorno del General Perón a la patria, cuando el peronismo llegó al gobierno en 1973. Otros y otras siguieron avalando el uso de la fuerza y ​​​​algunos pocos la ejercieron: otorgaron una centralidad injustificada a la violencia y equivocaron los medios tal vez.

Luego, con Perón muerto, con las torturas, los secuestros y muertes en aumento por el accionar del Terrorismo de Estado, algunos más se sumaron, en especial los más jóvenes. Para entonces los límites se volvieron borrosos y las posibilidades de optar o desistir fueron más difíciles. Para muchos fue la lucha o el exilio.

Esta circunstancia le atribuye a los represores genocidas para incluir a toda una generación que propugnaba cambios en la sociedad como los sospechosos de ser guerrilleros. Y actuaron como sostenía el dictador Videla: " Si es preciso en Argentina deberán morir todas las personas que sean necesarias para lograr la seguridad del país ”.

No hubo errores ni excesos…

El General Ibérico Saint Jean, Gobernador de facto la Provincia de Buenos Aires, en mayo de 1977 decía: " Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después... a sus simpatizantes, inmediatamente... a aquellos que quedaron indiferentes, y finalmente mataremos a los tímidos" .

No hubo "errores" ni "excesos", sino un plan de genocidio deliberado, y contradictoriamente a lo que surge de la leyenda de la "guerra sucia", no fueron muchos los que actuaron en la lucha armada.

En Argentina no hubo, ni cerca, 30.000 guerrilleros. La cantidad la inventaron quienes querían justificar 30.000 muertes. Hubo sí, 30.000 luchadores sociales desaparecidos, barrios por la represión, de todos los sectores políticos revolucionarios. La inmensa mayoría de las víctimas fueron jóvenes, la mayoría fueron cuadros y militantes de la clase trabajadora, la inmensa mayoría fueron peronistas.

mártires y héroes del peronismo

Algunas veces, lamentablemente aún, se escuchan discursos altisonantes, cargados de ofensas y calificativos despectivos sobre los desaparecidos y los muertos de la última dictadura. Más triste nos parece cuando los mismos salen de la boca de personas que se auto denominan “peronistas”.

A pesar de cosas como estas, la historia, ya sin discusión seria posible, nos muestra que, de la larga lista de mártires y héroes de la causa nacional, es esa Juventud la que, ante un nuevo aniversario del golpe genocida, debe ser recordada como paradigma y ejemplo. Llena de energía, de rebeldía e inconformismo social, esta generación política, encabezada por la “Gloriosa JP” de los 70 fue la generación del compromiso desinteresado por una sociedad mejor, más honesta, más justa.

Una generación que participó políticamente, persiguió una revolución para Argentina, se sacrificó, militó y pavimentó con su sangre el camino para cambiar un país dependiente, sometido económica y culturalmente, evidentemente injusto en la distribución de la riqueza y el poder.

También hay que decir que así como la JP fue una referencia destacada, no fueron los únicos. Junto a ellos corresponde el mismo homenaje a los trabajadores de base, delegados gremiales comprometidos y dirigentes sindicales combativos, al igual que militantes de otros espacios del peronismo que expresaban organizaciones activas y numerosas, que también cuentan con muertos y desaparecidos entre sus filas. Igualmente, también integran la larga lista de detenidos - desaparecidos militantes, argentinos y argentinas de otras expresiones políticas populares y revolucionarias, al igual que victimas del horror genocida que nada tienen que ver con la resistencia a la dictadura.

Derrumbe Militar y Peronismo

El régimen militar se hunde por su propia torpeza, criminalidad y las consecuencias de sus políticas antipopulares. La principal razon inmediata y desencadenante sin dudas fue la Guerra de Malvinas. También fueron los paros de la CGT, la resistencia política dentro de organizaciones sociales y la lucha de las organizaciones de los Derechos Humanos las que aportaron lo suyo.

El peronismo no es tan fatuo de creer que solo volteó al régimen militar, no, pero si recordar, como ya dijimos, que si se repasan la lista de los muertos y desaparecidos en esa etapa, encontraremos una inmensa cantidad de trabajadores y trabajadores, delegados de fábrica, sindicalistas, militantes sociales, dirigentes estudiantiles y barriales que eran parte del movimiento peronista. Todo el movimiento peronista fue considerado indiscriminadamente como un blanco de la represión ejercida por el Terrorismo de Estado.

Como anécdota recordamos a Saúl Ubaldini y su accionar, que como Secretario General de la Central Obrera, se destacó como emblema de la reorganización del peronismo y movilizó una serie de huelgas en repudio al régimen militar.

Asimismo, encabezó procesiones al santuario de San Cayetano en Liniers por “Paz, Pan y Trabajo”, en abierta oposición a la desindustrialización del país, y que fue detenido junto con más de mil manifestantes el 30 de marzo de 1982, en una movilización en Plaza de Mayo.

La presentación de Bittel

Es oportuno hoy también recordar a Deolindo Felipe Bittel, un representante o dirigente afín a un sector del peronismo que reiteradamente sufre ataques, muchas veces injustos, especialmente de los sectores de la izquierda antiperonista, en relación a los hechos acaecidos en aquellos días. 

Este hombre pudo manejar y conducir el peronismo durante los años de la dictadura militar y reclamar, en plena época de muertos y desaparecidos, por los Derechos Humanos, atreviéndose a firmar en 1979 - en su carácter de vicepresidente primero a cargo de la presidencia del PJ - el único documento que un partido político emitido abogando por los detenidos en forma clandestina e ilegal.

Y hemos elegido justamente fragmentos de este documento entregado por Bittel en 1979 ONU la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA para publicar en estos apuntes referentes a esta etapa. En el documento se podrá, fácilmente advertir el compromiso que el peronismo, en este caso institucional, se mantuvo en la lucha por los Derechos Humanos durante la última dictadura militar. El título de la misma fue: “El justicialismo denuncia la violación de los derechos humanos”, y en sus párrafos más destacados dice: 

“El Justicialismo, desde 1946, representa a la gran mayoría del pueblo argentino, sin que nada ni nadie hasta la fecha haya desvirtuado esta aseveración tantas veces confirmada como muchas veces nuestro pueblo distorsionado ser protagonista de la historia de la Patria a través de la consulta electoral...

No hemos de abundar en la descripción de nuestro movimiento político y de sus banderas. Pero cabe señalar que desde 1946 hasta la fecha en el Justicialismo se traducen las legítimas aspiraciones espirituales y materiales del hombre argentino.…

Nuestro concepto de Justicia Social, la idea de una sociedad igualitaria, ha afectado y continúa progresando el privilegio.… 

Nuestro concepto de la Independencia Económica, el manejo de nuestros recursos en función de los intereses nacionales, ha lesionado y lesiona el privilegio.….

Nuestro concepto de Soberanía Política, de que nadie puede subrogar al pueblo, también ha afectado y afecta al privilegio.…

Por todo esto, los beneficiarios de la situación actual, son y serán nuestros implacables adversarios. Y sostenemos que quienes se aferran al privilegio no encontrarán otra manera de mantenerlo sino solo mediante la violación sistemática de los derechos humanos.…

Los hombres del Justicialismo, los que ejercieron la primera magistratura de la Nación los que integraron el Poder Legislativo los magistrados y funcionarios del Poder Judicial de la Nación, los líderes políticos y sindicales, los docentes, las mujeres y la juventud, han sido el blanco de una represión indiscriminada. Y están los otros hacedores y fundamento de nuestro accionar y de nuestra historia: el obrero silencioso, el estudiante, el profesional, el empresario, en fin, los que trabajan con esperanza y creen que la Patria es un techo generoso que puede cobijar a todos . Tal vez esta creencia sea el delito que le asignan al pueblo.… 

No podemos aceptar que la lucha contra una minoría terrorista – de la que también hemos sido víctimas – se la quiera transformar en una excusa para implantar el terrorismo del Estado. “Dentro de la ley todo, fuera de la ley nada”, decía nuestro líder, el teniente general Juan Domingo Perón. Este concepto es el que ha regido nuestro gobierno y es el que exigimos se ponga en vigencia inmediata, porque no puede haber Doctrina de la Seguridad Nacional que esté por encima de la ley que debe ampar por igual a todos los ciudadanos. Aceptar cualquier otro criterio significaría transformar a la persona humana en simple objeto de los delirios represivos de las mínimas... 

Nosotros, hombres del Justicialismo, no hemos de permanecer impasibles, no hemos de hacer de nuestro silencio una conducta. Sentimos un imperativo, producto de nuestras convicciones y de nuestra larga y dura militancia en la causa de la Patria. En consecuencia, el dolor de una madre es nuestro dolor; el dolor de un hijo es también nuestro; el obrero al que le falta el pan y no permite decir lo que le falta, se hara voz en nuestras voces. Y esto nos compromete a asumir el dolor de aquellos que padecen la cárcel, a través de “actas”, “decretos” o “bandos” en las prisiones, embajadas, domicilios y confinamientos; y de los que padecen – y son millones – este exilio interior de la represión, el silencio y el hambre...

Hacer ese mundo mas justo significa, entre otras cosas (…) que no haya injusticia y desigualdad en la impartición de la justicia; que no haya nadie sin amparo de la ley y que la ley ampare a todos por igual; que no prevalezca la fuerza sobre la verdad y el derecho, sino la verdad y el derecho sobre la fuerza; y que no prevalezca jamás lo económico ni lo político sobre lo humano…

Por ello, el Justicialismo DENUNCIA:… la muerte y/o desaparición de miles de ciudadanos, lo que insólitamente se pretende justificar con la presunción de fallecimiento, que no significa otra cosa más que el reconocimiento de quienes se han atrevido o se atreven a levantar su voz y que han llevado o llevarán como “pena” desde un silencio impuesto, hasta la muerte” .


 
Walsh y la cuestión económica
El otro texto que hemos elegido para interpretar este período histórico es la Carta abierta de Rodolfo Walsh a la Junta Militar (1977). 

Rodolfo Walsh nació en Río Negro en 1927 y fue asesinado en Buenos Aires en 1977 por un Grupo de Tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Fue escritor, periodista, traductor y autor teatral. Fundó en Cuba la agencia de noticias Prensa Latina, en 1959 y en 1976 creó la Agencia Clandestina de Noticias (ANCLA). Esta Carta Abierta a la Junta Militar de Rodolfo Walsh es, ciertamente, un texto histórico. Ampliamente conocido, instamos a los compañeros y compañeras que aún no la han leído a que la lean. Su lectura y estudio es una tarea militante para todo ciudadano argentino. 

En función de este resumen y para una mejor comprensión del Golpe de 1976 transcribimos algunos fragmentos de esa carta que consideramos esclarecedores:

"En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada".

"En un año, la dictadura:

- Ha reducido el salario real de los trabajadores al 40% y disminuido su participación en el ingreso nacional del 50% al 30% del PBI.

-Se ha elevado de 6 a 18 horas la jornada de trabajo que necesita un obrero para pagar la canasta familiar, realizando la desocupación al doble, prometiendo aumentarla con 300.000 nuevos despidos, retrotraído las relaciones de producción a los comienzos de la era industrial.

-El consumo de alimentos ha disminuido el 40%, el de ropa más del 50%, el de medicamentos ha desaparecido prácticamente en las capas populares.

-Hay zonas del Gran Buenos Aires donde la mortalidad infantil superaba el 30%, cifra que nos iguala con Rhodesia, Dahomey o las Guayanas; enfermedades como la diarrea estival, las parasitosis y hasta la rabia en que las cifras trepaban hacia marcas mundiales o las superan.

-El descenso del producto bruto era del 3%, la deuda exterior alcanza los 600 dólares por habitante, la inflación anual al 400%, un aumento del circulante que en solo una semana de diciembre llegó al 9%.

-Dictada por el Fondo Monetario Internacional según una receta que se aplica indistintamente al Zaire oa Chile, a Uruguay o Indonesia, la política económica de esa Junta sólo reconocía como beneficiarios a la vieja oligarquía ganadera, la nueva oligarquía especuladora financiera y un grupo selecto de monopolios internacionales encabezados por la ITT, la Esso, las automotrices, la USSteel y la Siemens".



martes, 14 de marzo de 2023

Rosas: Estampa del caudillo no aprobada por la historia oficial

Retrato de Juan Manuel de Rosas. 
Autor: Monvoisin, Raymond Auguste Quinsac
Museo de Bellas Artes. 

"Rosas y la República Argentina son dos entidades que se suponen mutuamente; él es el que es, por ser argentino; su elevación se supone la de su país; el temple de su voluntad, la firmeza de su genio, la energía de su inteligencia, no son rasgos suyos, sino del pueblo, que él refleja en su persona”. Juan Bautista Alberdi, “La Argentina treinta y siete años después de la revolución de Mayo”. Valparaíso 1847.

Escribe: A. Gonzalo García Garro

Juan Manuel de Rosas nació en Buenos Aires, el 30 de marzo de 1793, y murió en Southampton el 14 de marzo de 1877. Recordando lo obvio, resalto que es la figura sobre la que más se escribió históricamente. Y casi siempre refiriéndose mal a él, por ser el gran maldito de la historia oficial mitrista. 

¿Pero qué decir de Rosas si queremos hacer una breve semblanza que escape del relato de odio que narraron y escribieron los vencedores de Pavón y Caseros?

Considero equivocada a la interpretación de la historia hecha en función de los grandes hombres. Fabricar una historia de héroes y antihéroes como sujetos separados de la trama histórica es justamente lo que hizo la historia oficial: ocultar y excluir de la misma a la sociedad, a los movimientos populares, a la realidad económica y geográfica que son las variables en que asientan los hechos históricos.

Pero Rosas es un temperamento que le da a la historia argentina una impronta especial ya que sus propios rasgos, su persona, como señala Alberdi en el epígrafe, representan al pueblo argentino: “Rosas y la Republica Argentina son dos entidades que se suponen mutuamente...”. Por lo tanto, antes de proseguir conviene volver los ojos aunque sea por un instante sobre la singularisima personalidad del hombre que pondrá su sello a un cuarto de siglo de nuestra historia.

Rosas nunca había creído que su destino fuera la política. La tenía como actividad urbana, cosa de ciudad, de reuniones de doctores. Él era de otra “madera”: buscaba el campo, la soledad y el trabajo. Desde muy niño rehuyó a la casona urbana de su familia. Prefería apegarse en la estancia donde eran suyos los caballos, la gente, y el mismo horizonte.

Su escuela fue el campo y todo lo que esto significa: aprendió las lecciones de la naturaleza, escuchó narraciones fabulosas de gauchos, jugaba con los niños indios arriesgadas partidas donde la astucia y la paciencia daban el triunfo. Fue jinete y domador, según se cuenta, el mejor de todos. Comprendió la pampa y sus habitantes.

Sus padres, ilusionados en su inteligencia y laboriosidad le planearon el porvenir que correspondía a todo “joven decente”: la Universidad en Charcas o el comercio como dependiente en una tienda. No quiso abandonar el campo y prefirió administrar la estancia paterna y las de sus parientes los Anchorena. El crecimiento de su patrimonio fue  vertiginoso: su afición a las tareas rurales, su incansable actividad, y el ascendiente que tenía sobre gauchos e indios le abrieron las puertas del éxito, a los dieciséis años trabajaba por su cuenta y a los veinte había cubierto el sur de la pampa de estancias prósperas y atesorado la fortuna más sólida de la provincia.

Eran los años del librecambio impuesto por los ingleses en 1809, los negocios pecuarios prosperaban mucho, los ingleses se llevaban el cuero y el cebo de la pampa si bien a un precio muy inferior a la cotización efectiva. Rosas extiende su estancia y funda saladeros. Crece mas allá de la frontera valiéndose del ascendiente que tenía sobre los pueblos originarios y el conocimiento de sus idiomas. Es para esta época que escribirá una “Gramática” pampa, algunos “Vocabularios” y un “Diccionario”. El joven estanciero aficionado a escribir vuelca todos sus conocimientos en las “Instrucciones para los mayordomos de estancia” que el mismo cumple y hace cumplir estrictamente.

Para este tiempo su fama se acrecienta, es ahora el “Señor de los Cerrillos” (nombre de su principal establecimiento), amo indiscutido de vidas y haciendas en el sur provincial cuyo consejo y apoyo buscan todos los vecinos y también los porteños de la ciudad.

Su primera aparición pública en la política la hace forzado en la búsqueda del orden que lo obsesionaba. En 1820 marchará al frente de los Colorados del Monte para sofocar una revolución federal que había destituido al gobernador. Es hombre de trabajo y orden. Pero los dictatoriales y unitarios lo decepcionan, en especial Rivadavia del cual se distancia. No comparte los desaciertos de la oligarquía portuaria como la persecución a los pueblos originarios, la desunión nacional, el exilio de San Martín, la desintegración de la Nación, la constitución de 1826, y el desastre diplomático de la guerra con el Brasil. El fusilamiento de Dorrego en 1829 lo pone en escena nuevamente, y esta vez definitivamente es arrastrado a la política por las circunstancias y termina encontrando en ella su verdadera vocación, consagrándose a ella con todo el impulso de su voluntad. 

Mucho se ha escrito sobre su forma personal de gobernar, su omnipresencia en todos los actos de gobierno, su infatigable dedicación. Esta laboriosidad sin tregua que aparentemente se puede suponer una virtud, era en realidad el reflejo de uno de sus más graves problemas: su absoluta soledad en la gestión. El drama argentino comenzaba a reflejarse: la carencia de una clase dirigente. Estaban las condiciones dadas: un gran pueblo ansioso de independencia y un gran jefe que comprendía ese pueblo y lo conducía. Pero no basta, una persona sola, por grande que sea su laboriosidad, inteligencia y penetración de los negocios públicos no puede sustituir la labor coordinada de un equipo de hombres y mujeres capaces y patriotas.

Su sistema de trabajo solitario era agotador. Trabajaba desde el mediodía hasta las tres de la mañana sin pausa ni descanso, fatigaba tres turnos de cuatro escribientes y todo pasaba por sus manos. Absolutamente todo. Desde la correspondencia diplomática hasta el más intrascendente trámite administrativo. Desde las notas de los gobernadores hasta los más insignificantes temas policiales. No hay duda que veinte años de ese trabajo lo perjudicaron física y mentalmente como el mismo lo decía.

En el Restaurador laborioso, leal, arrogante, justiciero, temerario, se plasmaron, no cabe duda, las mejores posibilidades de la “raza gaucha”. Pero también los peores defectos de los argentinos: el personalismo que lo hacía asumir toda tarea, su imposibilidad de delegar; la obstinación que le impedía no retroceder “ni un tranco e’ pollo” según su expresión y la pasión por el azar que lo hacia jugarse entero en cada oportunidad.

Un gran pueblo y un gran jefe no alcanzan para consolidar un gran proyecto político. Es ineludible la presencia coadyuvante de una clase dirigente que Rosas carecía. La clase dirigente argentina, los posibles colaboradores eficaces, los intelectuales, los cuadros políticos que son inevitables para la construcción de un proyecto estaban en el exilio, en Chile, Uruguay o Europa conspirando con el extranjero para invadir su propia Patria. Esa fue la carencia de Rosas y una de las causas de la tragedia argentina, que lamentablemente se repetirá en nuestra historia.

Jugó su fama, su fortuna y su honra por la Patria y por el pueblo de la Confederación. Solo. Fue derrotado en Caseros por una coalición extranjera aliada a Urquiza. Murió en 1877, en el exilio, pobre y calumniado, igual que San Martín. Pidió que sus restos descansen en su pampa nativa cuando “el gobierno argentino reconozca mis servicios”. Los argentinos y argentinas demoramos más de cien años en reconocer institucionalmente sus servicios.

Para concluir, un pequeño abordaje sobre las condiciones intelectuales de Rosas. Existe una opinión muy difundida, que encuentra sus raíces en la historiografía liberal sobre la pobreza de erudición e intelectual de Rosas y su ignorancia. O, es un lugar común y reiterado, presuponer un carácter totalmente empírico a la formación política e ideológica de Rosas tal vez basado en su perfil de “estanciero”. Ambas opiniones son falaces y funcionales al aparato de la cultura oficial.

Autoridades como Enrique Barba, Fermín Chávez y Arturo Sampay han escrito claramente al respecto. Y aunque sus valoraciones sobre Rosas son distintas, todos ellos coinciden en la existencia de algo más que una formación empírica, rural y vacuna.

Según el historiador y constitucionalista Arturo Sampay, en su obra “Las ideas políticas de Juan Manuel de Rosas”, la influencia doctrinaria principal en el pensamiento político del Restaurador fue la lectura de “Ciencia de Gobernante”, de Gaspar Real de Curban, (1682-1762), consejero de la corona francesa y teórico de la monarquía absoluta. Es reputado como un verdadero maestro de las doctrinas de la Ciencias Política del Siglo XVII, que hace especial hincapié en el gobernante absoluto como pieza clave de la realidad política. Por otra parte, la obra de Curban preanuncia a los autores de la “Ciencia Política de la Reacción”, en la que es fundamental la Sabiduría del Gobernante que es considerada una virtud como igualmente su capacidad de Conducción. Esta doctrina es una respuesta a los racionalistas ilustrados, pues estos suplantan la “conducción” política por la “norma” jurídica y al conductor político por el intérprete de códigos jurídicos. En una palabra; el criterio “racionalista ilustrado” subordina el “orden Político” al “ordenamiento escrito jurídico constitucional” como previo y necesario.

Así se explica el constitucionalismo ideal como forma previa y prioritaria para los “ilustrados” dieciochescos, los liberales decimonónicos y sus confesos discípulos: los “unitarios rivadavianos” e incluso los “románticos del treinta y siete”, en verdad más afrancesados que románticos.  Pero también hubo, en el Río de la Plata, estudiosos de las doctrinas de la conducción política, Rosas entre ellos, conocedores de Aristóteles, Cicerón, Real de Curban y Burke, para quienes constituir idealmente primero, y ordenar la realidad política después resultaría tan disparatado como, en el campo, atar el buey detrás del arado.

La “Carta de la Hacienda  de Figueroa”, concebida por Rosas como un “memo” o “instructivo” para que Quiroga acuerde con los gobernadores del interior sobre el tema de un congreso constituyente durante la crisis de 1834 es en  realidad  un verdadero manifiesto razonado sobre la forma y oportunidad en que se debe constituir el país. 

En esta pieza angular del pensamiento político de Don Juan Manuel de Rosas se puede apreciar su sólida formación política. Y queda muy claro que, junto a la capacidad práctica del Restaurador coexiste una base de lecturas y reflexiones, tal como se puede advertir en todos sus escritos, fundamentalmente en los producidos durante su etapa pública.

jueves, 17 de noviembre de 2022

¿Por qué el 17 de noviembre se celebra el Día de la Militancia?: Un homenaje a la Resistencia Peronista


El 17 de noviembre de 1972 se produjo uno de los hechos más trascendentes en la historia política argentina del siglo veinte: el regreso de Juan Domingo Perón tras 17 años de exilio. El acontecimiento es recordado como el "Día de la Militancia". Perón volvió al país como fruto de uno de los procesos de mayor movilización popular de la historia argentina, en masividad y amplitud metodológica, para romper la estrategia de continuidad del "partido militar" y sus aliados civiles. Fueron años de lucha, de resistencia sacrificada en que la militancia peronista puso lo mejor de sí misma, tras un grito y una consigna: “Perón Vuelve”.

Pero esta epopeya comienza en 1955, cuando es derrocado por una dictadura militar el segundo gobierno de Juan Perón. Luego del golpe del 55, el Peronismo respondió a través de la Resistencia, generó así un movimiento de resistencia popular que duró 18 años, 18 años de proscripción, de exilio, de heroísmo y martirio. Y, puso en evidencia que, el peronismo no era un movimiento de temporada, transitorio, cuasi anecdótico. No era un simple partido electoral con tinte folklórico, que giraba y dependía de un hombre y que moriría por sus propias limitaciones políticas y biológicas. Era un movimiento nacional que había echado raíces, que tenía una profunda identidad enterrada en lo más profundo de la argentinidad y que la abonaba con la sangre de sus caídos.

Creemos que esa fue la hora más gloriosa del peronismo. Con la Resistencia Peronista surge el hecho místico y heroico del peronismo, sin partido, sin dirigentes, en el mismo estado que la gesta espontánea del 45.

La Resistencia surgió rápida y espontáneamente en las bases populares indignadas por el derrocamiento del presidente legítimo de todos los argentinos, Juan Perón, y surgió cuando sus dirigentes estaban presos, exiliados o escondidos. Esa reacción no tiene precedentes en el país. Yrigoyen también fue un líder popular pero su caída no generó, ni cerca, nada parecido.

La Resistencia surgió sin argumentos teóricos y sin esperar ayudas o ideas extranjeras. El peronismo comprendió que el odio concentrado del privilegio revanchista unió a todos, todos los partidos opositores del momento (igual que en el 45) apoyaron la mal llamada Revolución Libertadora que usurpaba el poder, toda la oposición, desde la extrema derecha a la extrema izquierda se pusieron en fila contra los humildes, ultrajando la memoria de sus símbolos más queridos, asesinando, torturando trabajadores, despojando de sus bienes a las organizaciones sindicales y de los derechos sociales a todos los trabajadores.

Por el desmantelamiento de las estructuras del entonces Partido Peronista y en reemplazo de los ex funcionarios que estaban presos, perseguidos o que se “borraron” en 1955, surge una combativa legión de dirigentes, fundamentalmente obreros, y una nueva generación de jóvenes militantes dispuestos a dar la lucha contra el gobierno de los gorilas oligárquicos.

Es la primera oleada de la JP, jóvenes que, a temprana edad, emergen para inventar la Juventud Peronista, asumiendo una conducta donde unían un sentido ético de lo social a un sentimiento heroico de la vida. De esa oleada de resistencia surgen dirigentes juveniles como Gustavo Rearte, Envar El Kadri, Susana Valle (hija del General fusilado), Carlos Caride, Jorge Rulli, Dardo Cabo, Héctor Spina, los Lisazo, Felipe Vallese, y otros hombres y mujeres del pueblo. Eran personas que derrochaban un aura romántica, propia de los fundadores de un nuevo tiempo, forjada al calor del prestigio que sus valientes conductas generaban. Con ellos, con los dirigentes sindicales combativos y con las bases peronistas, se inicia la saga gigantesca por el retorno del General Perón, que culmina muchísimos años más tarde con el “Luche y Vuelve” y constituye el embrión y origen de la “gloriosa” JP de los 70.

Del 55 al 73, huelga, conflicto, plan de lucha, eran palabras familiares para los militantes de la época. El sindicato era el ambiente de los peronistas de la resistencia, la guarida natural, era el campamento donde se refugiaba ese gran ejército. En el salón de reuniones siempre estaba el retrato de Evita. Los dirigentes sindicales eran figuras habituales, y en las luchas sindicales, los peronistas inevitable y naturalmente tomaban siempre partido. Luego, ya cerca de los 70 comienzan en las facultades y espacios de estudio. 

En homenaje a esta historia de lucha, sin precedentes en nuestra historia, se conmemora cada 17 de noviembre el “Día de la Militancia”.

Pd: ¡Feliz Día a las compañeras y compañeros militantes!

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Escribe: A. Gonzalo García Garro

La caída del peronismo


Tras su apogeo y de ejercer el poder entre los años 1945 y 1955 se da un quiebre en el eje de poder sobre el cual se sustentó el peronismo. Como consecuencia de esto, ese mismo año se produce el golpe militar de septiembre del 55, el más grosero golpe a la voluntad popular en nuestra historia.

El peronismo cae porque se desarticula la coalición que lo había sostenido (es lo que se denomina, para la sociología política, como “la ruptura del bloque histórico” según los términos de Gramsci), por uno de esos avatares de la historia esa fuerza en coalición que ejerció el poder durante 10 años se desarticula.

Hay muchas razones para explicar este proceso, pero no hay un consenso total sobre cual fue la verdadera razón de la ruptura, si el conflicto con la Iglesia, si la presión de los intereses internacionales (sobre todo los norteamericanos y británicos), o la crisis económica. Seguramente no existe una causa excluyente sino concausas que llevaron a dicho final. Pero todas ellas encuentran el eje en la intención concreta de poner fin al peronismo como experiencia política, económica y social que dignificaba a las grandes mayorías populares.

El Golpe del 55

El 16 de septiembre de 1955 se produce el golpe contra el gobierno constitucional de Juan Perón. Los jefes militares del levantamiento, autodenominado la "Revolución Libertadora” asumen el mando. Los partidos políticos de la vieja argentina festejaban en las calles. El Comité Nacional de la UCR brindó su apoyo al gobierno militar explicitando textualmente que "la revolución triunfante por el sacrificio de soldados, marinos, aviadores y civiles unidos por su patriotismo y amor a la libertad, abre una gran esperanza". Incluso radicales como Roque Carranza, Carlos Alconada Aramburú, y en Entre Ríos, Sergio Montiel, resultaron ser relevantes conspiradores, comandos civiles y luego funcionarios de la “Libertadora”.

Odio de clases

Aquí nos permitiremos abrir un paréntesis –en el desarrollo del capítulo- para avanzar en la explicación de una idea que consideramos fundamental en la comprensión de la historia de las luchas populares y su relación con las violaciones a los derechos humanos: El odio político.

La irrupción del peronismo en la historia de la Argentina moderna significó el momento en que comienza a gestarse el mayor odio político que jamás haya vivido la Argentina, sólo comparable al odio unitario a los federales en el siglo XIX. La caída del peronismo abrió la etapa de la manifestación abierta y desenfrenada de ese odio que dio nacimiento a la persecución política institucionalizada. Un odio político que aún perdura en algunos sectores de la sociedad, pese a los años que han pasado.

Era, es, odio de clase, odio éste que se manifestó desde 1955 hasta 1983 con golpes de estado sangrientos y persecutorios, que cometieron las más flagrantes violaciones a los derechos humanos de nuestra historia. Se manifestaba en particular contra el peronismo, contra lo que representaba y reivindicaba y también contra los propios peronistas.

Ya antes, este odio se manifestó con el criminal bombardeo a Plaza de Mayo. Fue la masacre del 16 de junio del 55, que por la forma y el nivel de la violencia ejercida marcó una bisagra en las prácticas represivas del poder oligárquico en la Argentina contemporánea. El ametrallamiento y el bombardeo sobre la población civil indefensa dieron nacimiento a un nuevo capítulo de la violencia institucional. Aquí se inicia el Terrorismo de Estado, que los sectores reaccionarios y antidemocráticos pondrán en marcha en forma sistemática para la resolución de los conflictos políticos. Aquel día murieron más de 300 personas.

Pero aquel bombardeo era sólo el comienzo. El 9 de junio de 1956 un grupo de militares peronistas, comandados por Juan José Valle y con apoyo de algunos dirigentes gremiales, protagonizó un frágil y fugaz levantamiento armado. El gobierno no dudó en reprimir la sublevación y ordenó fusilar a los jefes militares y a varios civiles. No sólo fueron fusilados militares, también hombres indefensos, sin acusación ni juicio, fueron asesinados en los basurales de León Suárez en forma clandestina.

El odio hacia el peronismo no sólo se daba en el Ejército y la Marina que hicieron el golpe, los partidos políticos que integraban la Junta Consultiva (todos) apoyaron y felicitaron los fusilamientos. Una frase tristemente célebre de aquellas horas la dijo el dirigente socialista Américo Ghioldi: “Se acabó la leche de la clemencia”.

Las ejecuciones de militares en los cuarteles fueron, por supuesto, tan bárbaras, ilegales y arbitrarias como las de civiles en el basural. Para parar la barbarie, el 12 de junio se entrega el general Valle, a cambio de que cese la matanza. Lo fusilan esa misma noche. Suman en total 27 ejecuciones en menos de 72 horas en seis lugares diferentes. Todas ellas están calificadas por el artículo 18 de la Constitución Nacional, vigente en ese momento que dice: "Queda abolida para siempre la pena de muerte por motivos políticos".

Dentro de las crónicas negras de la barbarie oligárquica podemos mencionar también, sólo por traer a colación los hechos más salientes, a Frondizi y el Plan Conintes y la posterior desaparición de Felipe Vallese. De apenas 22 años, Vallese, fue el primer detenido-desaparecido de la historia moderna. El 23 de agosto de 1962, en pleno gobierno títere de José María Guido, tras el golpe militar que había derrocado en marzo de ese año al presidente Arturo Frondizi, el entonces militante de la Juventud Peronista fue secuestrado por la policía de la provincia de Buenos Aires. Vallese nunca fue liberado; tampoco apareció su cuerpo. Se supone, casi con certeza, que murió en una sesión de tortura.

Otro hecho de esta criminal dimensión tuvo lugar el 22 de agosto de 1972, cuando la dictadura de Lanusse asesinó a sangre fría a 16 militantes pertenecientes a las organizaciones FAR, ERP y Montoneros, detenidos en la base naval de la ciudad de Trelew. La “Masacre de Trelew”, como entró en la historia, fue el primer esbozo de lo que luego sería la metodología de la dictadura de Videla: el asesinato a sangre fría de prisioneros desarmados.

La profundidad y trascendencia del peronismo

Cuando cayó Perón muchos de los actores políticos de aquella argentina pensaron que el peronismo era un fenómeno pasajero en la vida política de la patria, que desaparecería y que el pueblo lo olvidaría. Muchos lo creyeron, pensaron, que Juan Perón y su obra eran un producto histórico transitorio que pronto pasaría al olvido.

Consciente de las adversidades que enfrentaba nuestro movimiento la oligarquía creía que podía terminar para siempre el peronismo. Y así obró, se le aplicó todo el rigor de la legislación, no se podía mencionar el nombre de Perón, no se podía cantar la marcha, no se podía decir que uno era peronista, eso era riesgo de ir a la cárcel. Eso fue el nefasto Decreto 4161. La represión fue dura y sangrienta. Ya mencionamos algunas de las atrocidades cometidas por el poder oligárquico que buscaba una revancha histórica.

La Resistencia Peronista

¿Y cómo respondió el Movimiento Peronista a toda esta política de represión, muerte y persecución implementada por la oligarquía nuevamente en el poder?  El peronismo respondió a través de la Resistencia, generó así un movimiento de resistencia popular que duró 18 años, 18 años de proscripción, de exilio, de heroísmo y martirio. Y, puso en evidencia que, el peronismo no era un movimiento de temporada, transitorio, cuasi anecdótico. No era un simple partido electoral con tinte folklórico, que giraba y dependía de un hombre y que moriría por sus propias limitaciones políticas y biológicas. Era un movimiento nacional que había echado raíces, que tenía una profunda identidad enterrada en lo más profundo de la argentinidad y que la abonaba con la sangre de sus caídos.

Creemos que esa fue la hora más gloriosa del peronismo. Con la Resistencia Peronista surge el hecho místico y heroico del peronismo, sin partido, sin dirigentes, en el mismo estado que la gesta espontánea del 45.

La Resistencia surgió rápida y espontáneamente en las bases populares indignadas por el derrocamiento del presidente legítimo de todos los argentinos, Juan Perón, y surgió cuando sus dirigentes estaban presos, exiliados o escondidos. Esa reacción no tiene precedentes en el país. Yrigoyen también fue un líder popular pero su caída no generó, ni cerca, nada parecido.

La Resistencia surgió sin argumentos teóricos y sin esperar ayudas o ideas extranjeras. El peronismo comprendió que el odio concentrado del privilegio revanchista unió a todos, todos los partidos opositores del momento (igual que en el 45) apoyaron la mal llamada Revolución Libertadora que usurpaba el poder, toda la oposición, desde la extrema derecha a la extrema izquierda se pusieron en fila contra los humildes, ultrajando la memoria de sus símbolos más queridos, asesinando, torturando trabajadores, despojando de sus bienes a las organizaciones sindicales y de los derechos sociales a todos los trabajadores.

Había que hacer lo mismo pero en las antípodas ideológicas: unir a todos los sectores populares que se oponían al régimen. La Resistencia Peronista ganó cotidianamente las batallas en las calles, en cada rincón del país. Fue intransigente, durante 18 años conservó su espíritu inclaudicable y combatiente, que siguió apelando a sus raíces y logró finalmente, superar la larga noche de su exilio para poder volver al poder en 1973.

Desde 1955 a 1973, huelga, conflicto, plan de lucha, eran palabras familiares para los militantes de la época. El sindicato era el ambiente de los peronistas de la resistencia, la guarida natural, era el campamento donde se refugiaba ese gran ejército. Los dirigentes sindicales eran figuras habituales, y en las luchas sindicales, los peronistas inevitable y naturalmente tomaban siempre partido.

En el sindicato se guardaban los carteles, el engrudo, los bombos. Allí se hacían las reuniones clandestinas, allí se escuchaba el último casette de Perón, llegado de Madrid. El sindicato era, además, el templo de los militantes: lo presidía el retrato del líder y de Evita.

Los míticos militantes de la resistencia

Por el desmantelamiento de las estructuras del entonces Partido Peronista y en reemplazo de los ex funcionarios que estaban presos, perseguidos o que se “borraron” en 1955, surge una combativa legión de dirigentes, fundamentalmente obreros, y una nueva generación de jóvenes militantes dispuestos a dar la lucha contra el gobierno de los gorilas oligárquicos.  

Es la primera oleada de la JP, jóvenes que, a temprana edad, emergen para inventar la Juventud Peronista, asumiendo una conducta donde unían un sentido ético de lo social a un sentimiento heroico de la vida. De esa oleada de resistencia surgen dirigentes juveniles como Gustavo Rearte, Envar El Kadri, Susana Valle (hija del General fusilado), Carlos Caride, Jorge Rulli, Dardo Cabo, Héctor Spina, los Lisazo, Felipe Vallese, y otros hombres y mujeres del pueblo. Eran personas que derrochaban un aura romántica, propia de los fundadores de un nuevo tiempo, forjada al calor del prestigio que sus valientes conductas generaban. Con ellos se inicia la saga gigantesca por el retorno del General Perón, que culmina muchísimos años más tarde con el “Luche y Vuelve” y constituye el embrión y origen de la “gloriosa” JP de los 70.

El peronismo en la oposición

El retorno de Perón se debió en gran medida al infatigable acecho del peronismo a la dictadura. La exclusión política del peronismo, produjo un proceso que cambiará el perfil del justicialismo. A partir de 1955 el peronismo aglutinó, representó y canalizó a todas las rebeldías y críticas contra el sistema social y político, crecientemente ineficaz y en el cual era el único actor político apartado.  

El espectro político peronista se tornó muy amplio y variado. El activismo peronista opositor realizó sus intentos por la vía del levantamiento cívico-militar, acciones de resistencia por métodos encubiertos, “trabajo a tristeza”, sabotajes, colocación de explosivos, paros gremiales, atentados, ataques con bombas "Molotov”.

Además, participaba, aunque estaba proscrito, en las elecciones apoyando a otros candidatos en contra de los representantes civiles de la dictadura militar de turno. El peronismo en la oposición fue una fuerza incontrolable que derribó todos los muros que le ponían en frente en su marcha hacia el retorno del líder.

El régimen gorila retenía el poder, pero la presencia del peronismo que lo hostigaba, lo combatía y lo acechaba, le impidió hacerlo funcionar plácidamente. Era lo que se llamaba el “empate hegemónico”.

La conducción de Perón

Otra cuestión fundamental para comprender como el peronismo sobrevivió a tantos años de persecuciones y proscripciones fue la capacidad política excepcional de Juan Perón. La habilidad conductora de nuestro Líder, consistió en incluir dentro de su Movimiento a todos los que criticaban al sistema político-social.

Perón combinaba todas las formas de lucha y todos los sectores y expresiones políticas, las aprovechó a todos y todas, porque no confundió jamás a la táctica con la estrategia, ni a los objetivos inmediatos con los objetivos fundamentales. Lector como nadie de los tiempos de la historia siempre supo como canalizar el descontento y los ánimos del pueblo en una dirección coincidente con los objetivos políticos a corto, mediano y largo plazo.

Cooke: padre de la Resistencia

John William Cooke fue uno de los dirigentes peronistas más lúcido e intransigente. Diputado peronista en 1946, cuando tenía 25 años. Luego de 1955 fue representante y delegado oficial de Perón en la Argentina y principal líder de la resistencia peronista entre 1955 y 1959. Cooke consideraba que el peronismo era un movimiento de liberación nacional que debía conducir una revolución social en la Argentina. Siempre crítico y siempre Leal a su líder y al pueblo peronista muere en 1968.

Clase media y peronismo

La clase media, a través de los programas de educación, del fomento de la industria, de la creación de nuevas oportunidades de empleo, trabajo y producción había despertado también el ascenso y la movilidad social, la clase media se sentía interpretada por el peronismo y votaba el peronismo. Cuando acontece la mencionada ruptura del bloque histórico y caída del peronismo en el 55, la clase media, en parte ideológicamente frágil y vulnerable (como teorizara genialmente Jauretche), queda alineada con los sectores más duros de la oligarquía y vuelve a encuadrarse en los partidos políticos convencionales.

Pero la resistencia peronista, los años de democracia con proscripción y fraude posibilitaron otra vuelta de tuerca a la historia. Y así se dio una de las más grandes paradojas de la historia argentina: los hijos de esa clase media gorila y antiperonista a fines de los 60 encuentran en el peronismo su bandera de lucha y en el retorno de Perón su causa política.

Renovación doctrinaria

El peronismo, por su lado, pudo contener esa vuelta de los sectores medios a su seno debido a que no es un movimiento pasivo e inerte sino que siempre fue un movimiento vivo que supo recoger las grandes tendencias de la historia.

La Revolución Cubana, la presencia del Che en Latinoamérica, la lucha de Argelia y los pueblos africanos contra el colonialismo, los movimientos socialistas en el mundo, el mayo de París, las agitaciones en las universidades norteamericanas, la guerra de Vietnam, los nuevos movimientos sociales de los jóvenes… Todo eso también repercutió y fuertemente, porque no podía ser de otra manera en un movimiento de raíz popular como el peronismo.

Y, frente a la aparición de nuevas corrientes ideológicas en el mundo el peronismo tampoco se sitió ajeno a ello. En parte este torrente ideológico y social fue absorbido, pero tal proceso fue siempre con beneficio de inventario. Porque el peronismo tuvo y tiene esa enorme capacidad de asumir los cambios, pero sin perder las raíces, ni la identidad doctrinaria, así lo ha hecho en los casi 72 años de vida que tiene. Las raíces e identidad del peronismo fueron conservadas tanto cuando eran amenazadas por la derecha fascista como por la izquierda extranjerizante y pudo superar, a veces hasta dolorosamente, todos sus conflictos internos. Los días del “luche y vuelve” eran los tiempos de la “Actualización Política y Doctrinaría para la toma del Poder” que hizo Juan Perón.

El rol de la juventud

La proscripción de Perón galvanizó la Resistencia e instaló una realidad que, con otras formas, se pone de manifiesto incluso en nuestros días: no se puede detentar el poder real sin la participación del peronismo.

Después del Cordobazo (1969) que limó el poder del primer jefe del régimen militar, Juan Carlos Onganía, las nuevas generaciones reclamaban el retorno de Perón para implantar el "socialismo nacional". Fueron los años de la masividad de la Juventud Peronista y del “Luche y Vuelve”. Estos sectores habían generado en el país el clima de resistencia y jaqueó al régimen militar que posibilitó la vuelta del General. Esa juventud que Perón llamó maravillosa, contenía a esa generación de jóvenes que se reincorporaban a la lucha por la liberación nacional.

El otro 17

El 17 de noviembre de 1972 se produjo uno de los hechos más trascendentes en la historia política argentina del siglo veinte: el regreso de Juan Domingo Perón tras 17 años de exilio. El acontecimiento es recordado como el "Día de la Militancia".

Perón volvió al país como fruto de uno de los procesos de mayor movilización popular de la historia argentina, en masividad y amplitud metodológica, para romper la estrategia de continuidad del "partido militar" y sus aliados civiles. Fueron años de lucha, de resistencia sacrificada en que la militancia peronista puso lo mejor de sí misma, tras un grito y una consigna: “Perón Vuelve”.