viernes, 1 de marzo de 2019

La Guerra del Paraguay: Una lectura histórica, política y jurídica del genocidio ocultado en América Latina

El historiador paraguayo Efraím Cardozo menciona una cifra escalofriante respecto a los números desnudos de la Guerra del Paraguay: “De 1.300.000 habitantes sobrevivieron 300.000, la mayoría mujeres y niños”. George G. Petre, diplomático británico, escribió que la población del Paraguay fue “reducida de cerca de un millón de personas bajo el gobierno de Solano López a no más de trescientas mil, de las cuales más de tres cuartas partes eran mujeres”.  Enrique César Rivera, en “José Hernández y la Guerra del Paraguay” escribe: “Al comenzar esta (la guerra) contaba el Paraguay con 1.500.000 habitantes; cuando concluyó, quedaban 250.000 viejos, mujeres y niños de corta edad, y solo ruinas de una economía floreciente”. Abelardo Ramos sostiene una idea similar: “Si al comenzar la guerra el Paraguay contaba con 1.500.000 habitantes, al concluir la farsa criminal vagaban entre las ruinas humeantes 250.000 niños, mujeres y ancianos sobrevivientes”.


Tan cierta son las cifras indicadas que el Paraguay de la posguerra se reconstruyó con el trabajo de mujeres y niños, estableciendo un sistema social de matriarcado combinado con una funcional aceptación de la poligamia debido al exterminio de la población masculina.


Fue asesinada el 75% de la población. Ante tamaña cifra sólo puedo asociar este hecho a un concepto: genocidio. Son pocos los historiadores que utilizan éste concepto para denominar lo ocurrido con el pueblo paraguayo. Se prefiere hablar de exterminio, eliminación, aniquilamiento, pero poco se menciona la noción de genocidio. Los autores que utilizan el concepto lo hacen como un recurso del lenguaje, como adjetivo superlativo de la masacre ocurrida, sin profundizar en el significado del término.

El extermino del pueblo paraguayo ocurrido durante la guerra de la Triple Alianza puede ser considerado técnicamente un genocidio cometido por las fuerzas aliadas del Brasil, Argentina y Uruguay.


Escribe: Alejandro Gonzalo García Garro


La Guerra de la “Triple Infamia”

Francisco Solano López.
El 1 de marzo de 1870 moría el Mariscal Solano López. Fue prácticamente el final da Guerra del Paraguay ocurrida entre 1865 y 1870. Este proceso histórico ha sido, sin duda alguna, el más funesto y doloroso hecho de la historia de la América hispana. Llamada de la "Triple Alianza", fue un enfrentamiento bélico sin precedentes donde la República Argentina de Mitre, “Su Majestad” el Emperador del Brasil y la República Oriental del Uruguay del mercenario criminal Venancio Flores se aliaron en una guerra fratricida contra el Paraguay del Mariscal Francisco Solano López.

En nuestro país, se ha enseñado dentro del marco de “la historia oficial-escolar” la guerra de la “Triple Alianza” de la siguiente manera: que Argentina se vio obligada a intervenir en el conflicto para lavar su honor nacional lesionado por la sorpresiva invasión de las fuerzas paraguayas. Que se fue a la guerra en defensa de los principios democráticos y civilizadores, contra la barbarie del Dictador Francisco Solano López que tenía sometido y atrasado al pueblo guaraní. Y que, debido a un supuesto altruismo argentino, no obtuvo nuestro país ninguna ventaja material después de la victoria.

Esta versión hoy no resiste análisis. Los cuestionamientos a la historia oficial empezaron contemporáneamente a los hechos con los escritos de Carlos Guido y Spano y las denuncias de Juan Bautista Alberdi. Los estudios revisionistas que se consumaron posteriormente, con investigaciones documentadas, expusieron los intereses económicos, los factores geopolíticos y las líneas ideológicas que se conjugaron para gestar la guerra de 1865-70. En 1954, el historiador José María Rosa publica “La Guerra del Paraguay y las Montoneras Argentinas”, obra canónica del pensamiento nacional y de lectura ineludible para comprender la naturaleza y los alcances de la conflagración. Este trabajo monumental abrió camino para que otros historiadores revisionistas profundizaran el tema.  De allí en adelante, la historia oficial se derrumba y la verdad histórica se abre paso para grabar en la memoria colectiva de la patria grande un genocidio sin paralelo en la vida de América Latina. 
 
La verdad histórica revela que cada uno de los países aliados tuvo en su momento una necesidad interna para entrar en guerra con el Paraguay. Pero, más allá de las razones particulares de los Estados beligerantes, no es difícil encontrar las causas originales del conflicto en los intereses económicos del imperialismo británico en la región del Río de la Plata.

Adhiero a las conclusiones que la mayoría de los estudios revisionistas han arribado luego de investigar la Guerra del Paraguay y sus causas. En síntesis, la mayor parte de esta tendencia historiográfica expresa que, dentro de la estrategia en el Río de la Plata del imperialismo británico, elaborada en Londres con fría deliberación, no podía escapar la necesidad de suprimir el foco de autonomismo y soberanía emplazado entre Argentina y Brasil que incitaba permanentemente a la rebeldía de los caudillos contra los poderes centrales establecidos.

La guerra del la Triple Alianza fue una de las primeras manifestaciones mundiales de la política belicosa del imperialismo capitalista. En este caso, puso a prueba el sometimiento de tres gobiernos políticamente dependientes al obligarlos a aniquilar a un cuarto rebelde. La “Pérfida Albión” (1), abatió la Patria guaraní por manos ajenas.

Luego de cinco años en que tropas de Argentina, Brasil y Uruguay lucharon contra el pueblo paraguayo, éste fue vencido y literalmente aniquilado. Entre las ruinas aún humeantes de Asunción, en medio de la peste provocada por los cadáveres sin sepultura, los aliados impusieron un gobierno títere. “Gobierno Provisorio del Paraguay” que declara libre la comercialización de la yerba mate, el algodón y el corte de madera en los montes fiscales. Se enajena el ramal de ferrocarril Asunción-Villarrica y en menos de un año pasan a manos privadas 29 millones de hectáreas de tierra, simplemente hurtadas a los pocos campesinos que quedaban con vida. Eso fue el motivo del genocidio.

Las cifras del horror


Una cita del historiador paraguayo Efraím Cardozo, contiene una cifra escalofriante, los números desnudos de esta guerra: “De 1.300.000 habitantes sobrevivieron 300.000, la mayoría mujeres y niños”.

En estos números o en las proporciones coinciden la mayoría de los historiadores. George G. Petre, diplomático británico, escribió que la población del Paraguay fue “reducida de cerca de un millón de personas bajo el gobierno de Solano López a no más de trescientas mil, de las cuales más de tres cuartas partes eran mujeres”.  Enrique César Rivera, en “José Hernández y la Guerra del Paraguay” escribe: “Al comenzar esta (la guerra) contaba el Paraguay con 1.500.000 habitantes; cuando concluyó, quedaban 250.000 viejos, mujeres y niños de corta edad, y solo ruinas de una economía floreciente”. Abelardo Ramos sostiene una idea similar: “Si al comenzar la guerra el Paraguay contaba con 1.500.000 habitantes, al concluir la farsa criminal vagaban entre las ruinas humeantes 250.000 niños, mujeres y ancianos sobrevivientes”.

Para que el lector se dé una idea de la magnitud descomunal de la criminalidad de la guerra solo basta con cotejar estos números con el primer Censo Poblacional que se realizó en Argentina, contemporáneo a la guerra en 1869. Nuestro país tenía por entonces 1.877.490 habitantes. En mi provincia, Entre Ríos, vivían 134.271 habitantes. Si trazamos un paralelo con la actualidad, encontraríamos que cerca del 60% de la población argentina sería asesinada por la guerra. Estaríamos hablando de alrededor más de 25 millones de personas. La magnitud y la proporcionalidad de las muertes asustan con solo repasarlas en el papel.

Ni siquiera el gobierno provisional paraguayo títere, impuesto por Brasil después de la guerra, pudo esconder lo sucedido. En un censo parcial que se realizó en el Paraguay, después de la guerra, se concluyó que la población del Paraguay “pasó de unos 500.000 habitantes a 116.351, de los cuales solo el 10% eran hombres y el resto, viejos, mujeres y niños”.  Aunque pueden haber pretendido esconder la dimensión de la masacre no pudieron esconder la proporción, ni las consecuencias. Aun así, los casi 400.000 paraguayos que los vencedores declaran muertos eran más de tres veces la población entera de la provincia de Entre Ríos, que por aquellos días era la tercera más poblada del país.

Un genocidio

 

Tan cierta son las cifras indicadas que el Paraguay de la posguerra se reconstruyó con el trabajo de las mujeres y los niños, estableciendo un sistema social de matriarcado combinado con una funcional aceptación de la poligamia debido al exterminio de la población masculina.

Fue muerta el 75% de la población. Ante tamaña cifra solo puedo asociar este hecho a un concepto: genocidio. Son pocos los historiadores que utilizan éste concepto para denominar lo ocurrido con el pueblo paraguayo. Se prefiere hablar de exterminio, eliminación, aniquilamiento, pero poco se menciona la noción de genocidio. Los autores que utilizan el concepto lo hacen como un recurso del lenguaje, como adjetivo superlativo de la masacre ocurrida, sin profundizar en el significado del término. Entiendo que éste no es un olvido intencional, ocurre que genocidio es un concepto relativamente “moderno” y con ciertos alcances polémicos.

El extermino del pueblo paraguayo ocurrido durante la guerra de la Triple Alianza puede ser considerado técnicamente un genocidio cometido por las fuerzas aliadas del Brasil, Argentina y Uruguay.

Esta es una hipótesis de trabajo que abordo a continuación: La palabra genocidio fue creada por Raphael Lemkin en 1944. Deviene del griego: genos-, genes, raíces, familia, tribu o raza  y –cidio-, del latín-cidere, forma combinatoria de caedere, matar) Lemkin quería referirse con este término a las matanzas por motivos raciales, nacionales o religiosos. Este pensador judío polaco luchó para que las normas internacionales definiesen y prohibiesen el genocidio a partir de las masacres en masa ejecutadas en la segunda guerra mundial.

Desde el punto de vista legislativo, dentro del marco del Derecho Internacional Público, la Asamblea General de las Naciones Unidas confirmó los principios de Derecho Internacional reconocidos por las distintas instituciones que arbitran la justicia a nivel internacional y proclamó la resolución 96 sobre el Crimen de Genocidio, que lo define como "una negación del derecho de existencia a gruposhumanos enteros", entre ellos los "raciales, religiosos o políticos", instando también a tomar las medidas necesarias para la prevención y sanción de este crimen.

Esta resolución se cristalizó en la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su resolución 260 A del año 1948 que entró en vigor en 1951.

Se lo define de la siguiente manera: El genocidio o asesinato de masas es un delito internacional que consiste en la comisión, por funcionarios del estado o particulares, de la eliminación sistemática de un grupo social por motivos de nacionalidad, etnia, raza o religión. Estos actos comprenden la muerte y lesión a la integridad física o moral de los miembros del grupo, el exterminio y la adopción de medidas destinadas a impedir los nacimientos en el grupo.

Una matanza por motivos ideológicos está en debate en los foros internacionales, no está firmemente considerado como genocidio, aunque a veces se aplica el concepto por analogía. Esto es lo que pasó en la dictadura genocida de Videla, Massera y cía. que asaltó el poder en Argentina el 24 de Marzo de 1976.

Ocultado por la historia universal


La memoria colectiva de occidente, los manuales de historia universal y las enciclopedias registran con claridad algunos asesinatos de masas acaecidos a los cuales se los denomina genocidio. Entre los más conocidos están el genocidio Armenio, el sufrido por el pueblo judío durante la Alemania nazi, los progroms realizados en la Rusia zarista y luego por Stalin contra diferentes minorías étnicas y entre lo últimos, el cometido en Ruanda en la década del 90. Más acá en el tiempo, y con procesos judiciales aun en desarrollo, también podemos agregar los casos de la Ex Yugoslavia y Camboya.

Pero, en ésta trágica lista no se menciona al genocidio del pueblo paraguayo, a pesar de que todos los citados, salvo el de Ruanda y los últimos, son anteriores a la creación del concepto y a la regulación legislativa del mismo.

Paralelo con el genocidio armenio

 

Consideremos el genocidio armenio como ejemplo comparativo con el caso paraguayo. Las atrocidades cometidas contra el pueblo Armenio por el Imperio Otomano y el Estado de Turquía desde fines del Siglo XIX, durante el transcurso de la Primera Guerra Mundial y hasta tiempo después de finalizada ésta, son llamadas en su conjunto el “Genocidio Armenio”. La decisión de llevar adelante el genocidio en contra de la población Armenia fue tomada por el partido político que detentaba el poder en el Imperio Otomano, conocido popularmente como los "Jóvenes Turcos”. Está estimado que un millón y medio de armenios fueron exterminados entre 1915 y 1923. La población armenia del Imperio Otomano en la Primera Guerra Mundial era de aproximadamente dos millones y medio.

A pesar de que la Convención de las Naciones Unidas fue adoptada en 1948, 30 años después de perpetrarse el genocidio, los ciudadanos de origen armenio procuran lograr el reconocimiento oficial por parte de los gobiernos donde ellos se han afincado luego de esos atroces episodios. A pesar de que varios países han reconocido oficialmente el Genocidio Armenio, la República de Turquía como política de estado niega sistemáticamente el mismo. La lucha por el derecho, la verdad y la justicia que llevan adelante los descendientes armenios no ha terminado.

Ni los sobrevivientes del genocidio paraguayo ni sus descendientes han optado por esta vía legal. Tal vez hoy ya sea tarde, pero si es preciso al menos llamar a las cosas por su nombre, evitar los eufemismos confusos y, buscando la verdad y la justicia histórica, designar sin ambigüedades a las masacres de la guerra del Paraguay con su preciso nombre: Genocidio.

Contra la nacionalidad paraguaya


Distinguimos que la ejecución de un genocidio puede ser por motivos “de nacionalidadetnia, raza o religión”. En el caso puntual del genocidio paraguayo se consumó por motivos de nacionalidad. El objetivo era eliminar la nacionalidad paraguaya, esa peculiar cultura hispano guaranítica que impedía el libre comercio y era un mal ejemplo para los otros países americanos.

Paraguay era la única ex colonia española que había podido consolidar una verdadera nacionalidad, una identidad que ciertamente aparecía como peligrosa para el imperialismo británico: “Insignificante en sí mismo, el Paraguay podía impedir el desarrollo y progreso de todos sus vecinos. Su existencia (la del gobierno de Solano López) era nociva y su extinción como nacionalidad debía ser provechosa para el propio pueblo como también para todo el mundo”. Este texto pertenece a Mr. Washburn, ministro de los EE.UU en Asunción y no expresa su propia opinión sino que se refiere a los conceptos vertidos por el cónsul inglés Edward Thornton en uno de sus informes al Foering Office.

Testimonio genocida de Sarmiento

 

El genocidio como delito internacional implica la existencia previa de un dolo, de una intención de exterminar, además de una decisión política acompañada de una planificación. En el caso del genocidio armenio la documental existente permite apreciar que hubo decisión política tomada por un Estado (Turquía) y una puntillosa planificación para realizar el exterminio.

Pero en el caso del genocidio paraguayo, tal vez hoy resulte imposible demostrar una planificación por parte de los aliados. Pero, aun así, si se pueden leer cartas como ésta, de Sarmiento, Presidente de la República Argentina durante los últimos dos años de la guerra: “Estamos por dudar que exista el Paraguay. Descendientes de razas guaraníes, indios salvajes y esclavos que obran por instinto o falta de razón. En ellos, se perpetúa la barbarie primitiva y colonial... Son unos perros ignorantes... Al frenético, idiota, bruto y feroz borracho Solano López lo acompañan miles de animales que obedecen y mueren de miedo. Es providencial que un tirano haya hecho morir a todo ese pueblo guaraní. Era necesario purgar la tierra de toda esa excresencia humana, raza perdida de cuyo contagio hay que librarse”.

Esta carta la remite Sarmiento a la pedagoga yanqui Mrs. Mann que desempeñaba un rol de “gurú” moral y educativo del Padre del Aula. Tiene fecha en el año 1877, es decir la escribió siete años después de terminada la guerra (2).

La primera afirmación del texto niega o pone en duda la existencia de la nacionalidad paraguaya: “estamos por dudar que exista el Paraguay”. En los dos párrafos subsiguientes, los vergonzosos calificativos racistas que utiliza para referirse al pueblo paraguayo encuadran perfectamente en la tipificación actual del delito de genocidio en cuanto implica una "una negación del derecho de existencia a grupos humanos enteros”. En este caso, el grupo humano paraguayo, al que Sarmiento no considera humano. El final de la carta es un reconocimiento de los ilícitos cometidos y una franca apología del delito.

La ejecución material


En lo que se refiere a la comisión material del delito, opino que éste se consuma en los tiempos finales de la conflagración. Concretamente el exterminio se produce entre la caída de Humaitá, a principios de 1868, hasta el último combate en Cerro Corá en 1870.

Son durante estos dos años en que las tropas aliadas combatiendo ya casi sin riesgo realizan una acción de persecución y masacre contra el pueblo famélico, apestado e indefenso. Es en éste periodo en que se vio a las “mujeres pelear con los hijos en brazos armadas de lanza y espada... Un suicidio como no se vio nunca”. (O’Leary).

No creo que se haya tratado de un caso de suicidio colectivo sino de guerrear para sobrevivir, de pelear para no ser vejadas, se trataba de matar para no morir, de defenderse, esa es la razón por la cual luchaban las mujeres paraguayas.

La masacre de Acosta Ñú


Hay una batalla de la guerra que grafica como ninguna otra la crueldad genocida desatada. En ese curso de muerte, la última ofensiva de los aliados, se produce la masacre de niños en “Acosta Ñú”, el 16 de agosto de 1869. En Acosta Ñu, en lo se pretendió mostrar como una batalla, alrededor de 3000 niños paraguayos enfrentaron a 20.000 hombres del ejército imperial.

El historiador y periodista Chiavenatto, relata pasajes de la mascare: “Los niños de seis a ocho años, en el fragor de la batalla, despavoridos, se agarraban a las piernas de los soldados brasileros, llorando que no los matasen. Y eran degollados en el acto. Escondidas en la selva próxima, las madres observaban el desarrollo de la lucha. No pocas agarraron lanzas y llegaban a comandar un grupo de niños en la resistencia”……. “después de la insólita batalla de Acosta Nú, cuando estaba terminada, al caer la tarde, las madres de los niños paraguayos salían de la selva para rescatar los cadáveres de sus hijos y socorrer los pocos sobrevivientes, el Conde D´Eu mandó incendiar la maleza, matando quemados a los niños y sus madres”.

El Paraguay, en la actualidad, festeja oficialmente el “Día del Niño” el 16 de agosto en memoria de la masacre de los niños paraguayos.

Responsable material


En cuanto a la responsabilidad material del genocidio juzgo que debe de serle atribuida al ejército brasilero, ya que no hubo soldados argentinos en el desenlace y aniquilamiento final.

La ausencia de soldados argentinos en el escenario de la matanza no libra de la responsabilidad política a Sarmiento, Mitre y a la cúpula dirigencial del liberalismo argentino. Para confirmar nuestra teoría, en mayo 1869 el maestro sanjuanino afirma, profundizando su vocación genocida: "La guerra del Paraguay concluye por la simple razón de que matamos a todos los paraguayos mayores de diez años”.

Pero es un brasilero, el jefe de las fuerzas armadas del Imperio, el que escribe ya sin  eufemismos ni rodeos, el que plantea el genocidio como objetivo militar: “Cuanto tiempo, cuantos hombres, cuántas vidas y cuantos elementos y recursos precisaremos para terminar la guerra. Para convertir en humo y polvo toda la población paraguaya, para matar hasta el feto en el vientre de la madre” (Caxias en informe a Pedro II).

“Hasta el feto en el vientre de la madre”... En esta criminal sentencia encontramos lo propio del genocidio, alcanzar al gen... matar hasta los orígenes mismos de la vida. 

Notas:

1. Pérfida Albión. Expresión anglofóbica que se utiliza para denominar de una manera hostil a Inglaterra. Creada por el poeta hispano –francés Agustín Marie de Ximenez. Albión deriva de “albus”, blanco. Color que tienen los acantilados de Dover cuando se los divisa desde el mar. La expresión “pérfida Albión” fue muy usada por Napoleón y sus oficiales para referirse a su enemigo imbatible: El Reino Unido de la Gran Bretaña.

2. Vocación genocida de Sarmiento. Esa carta puntual que cito es mencionada por algunos historiadores como una carta dirigida a Mitre. Creo, en función de la lectura de diversas fuentes, que eso no es correcto. Son varias las cartas a Mrs. Mann en las que el sanjuanino es explaya sobre el desprecio que siente por los habitantes de nuestros continente. Hay otra carta que Sarmiento sí dirige a Mitre, en ocasión de Pavón, en las que también pone de manifiesto su escaso o nulo respeto por los derechos humanos de nuestros compatriotas: “No trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos”.

jueves, 11 de octubre de 2018

La lucha contra la violencia de género en el ámbito laboral y sus cuatro protecciones especiales

Hace unos días, en la Comisión de Seguridad del Senado provincial, participé de un debate sobre el proyecto de ley de modificación el Código Procesal Laboral provincial (Ley 5315) que incorpora un título especial que aborda la tutela de protección por violencia laboral contra la mujer.

Se produjo un interesante y amplio debate ya que participaron, además de los legisladores, integrantes del Poder Judicial y funcionarios del Poder Ejecutivo. Independientemente de los aportes, cuestiones relativas a técnica legislativa y encuadre normativo en la legislación provincial, estoy de acuerdo con avanzar en una protección especial para la mujer ante casos de violencia laboral.

Acá les dejo el video de la sesión y el debate. Mi intervención comienza aprox. a 1:28:30. Acompañé a la titular del Consejo de Prevención y Diseño de Políticas Públicas contra las Violencias  (COPREV), Mariana Broggi. En la breve intervención, traté de brindar una mirada jurídica más amplia de la cuestión, nutrida de elementos sociológicos y políticos, ya que lo estrictamente normativo ya había sido abordado en el debate y aportes efectuados.




Nota al pie, y aquí va lo que deseo resaltar, es fundamental comprender la protección especial que tiene la mujer en esta problemática. Primero la doble protección constitucional que tiene la mujer en el ámbito del trabajo. Nuestra carta magna nacional dispone de una protección especial para el trabajador, sin discriminación de género, en el Art. 14 Bis “El trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes, las que asegurarán al trabajador:…”. En igual sentido, el Art. 75 inc. 23 establece una protección especial para las mujeres: “Legislar y promover medidas de acción positiva que garanticen la igualdad real de oportunidades y de trato, y el pleno goce y ejercicio de los derechos reconocidos por esta Constitución y por los tratados internacionales vigentes sobre derechos humanos, en particular respecto de los niños, las mujeres, los ancianos y las personas con discapacidad”. La mujer trabajadora entonces, gozarìa de esta doble protección, por ser mujer y por ser trabajadora.

Por otro lado, debemos adicionar la protección internacional establecida en la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer, que tiene jerarquía constitucional en nuestro ordenamiento imperio del Art. 75, inc. 22 de la Constitución Nacional. En lo que a este tema corresponde, la necesaria incorporación de la perspectiva de género en las reformas legislativas es un aporte sustancial que se infiere de este dispositivo protectorio.

Pero también tenemos un mandato constitucional provincial, que garantiza con especificidad la protección a la mujer trabajadora ante casos de violencia.  El Art. 17 de la Constitución de Entre Ríos es una norma de vanguardia que impone un amplio abanico protectorio en favor de las mujeres (que en ocasiones ha sido deficiente y regresivamente reglamentado como el caso del cupo femenino de la Ley provincial Nº 10.012). Su texto dispone: “Se garantiza la igualdad real de oportunidades y de trato para mujeres y varones en el pleno y efectivo ejercicio de los derechos que fueren reconocidos en el ordenamiento jurídico. Una política de Estado prevendrá en forma continua todo tipo de violencia y dispondrá acciones positivas para corregir cualquier desigualdad de género. Adopta el principio de equidad de género en todos los órdenes, eliminando de sus políticas públicas cualquier exclusión, segregación o discriminación que se le oponga. Asegura a la mujer la igualdad real de oportunidades para el acceso a los diferentes estamentos y organismos del Estado provincial, municipal y comunal. Establece y sostiene la equidad de género en la representación política y partidaria y en la conformación de candidaturas con probabilidad de resultar electas. Promueve el acceso efectivo de la mujer a todos los niveles de participación, representación, decisión y conducción de las organizaciones de la sociedad civil. Reconoce el valor social del trabajo en el ámbito del hogar”. Lo singular del caso es que el mandato del constituyente provincial insta a los poderes públicos a tener una política de Estado para prevenir en forma continua todo tipo de violencia contra la mujer. En ese marco se inserta claramente una reforma al Código Procesal Laboral de Entre Ríos, como parte de una política de Estado.

Como vemos, la protección de la mujer en el ámbito del trabajo tiene para nuestro ordenamiento jurídico provincial una protección de cuatro órdenes. Una doble protección de la Constitución Nacional (art. 14 bis y Art. 75 inc. 23), una protección del Derecho Internacional de los Derechos Humanos (Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer, Art. 75 inc. 22 de la CN) y una protección especial provincial, dispuesta en el art. 17 de la carta magna entrerriana. 

Las mujeres trabajadoras entrerrianas están debidamente protegidas en el plano formal de sus derechos, resta a los poderes constituidos hacer efectivo esos derechos y los dispositivos protectorios. 

Alejandro Gonzalo Garcìa Garro

viernes, 15 de junio de 2018

A 100 años de la Reforma Universitaria: Una breve crónica y reflexiones


La Reforma Universitaria surgió como una necesidad de democratizar los estatutos que regían los anquilosados centros de estudio, pero en los inicios mismos de su aparición los dirigentes tomaron conciencia de la necesidad de situar la lucha en un contexto que superara los marcos estrechos de la Universidad.


Desde el comienzo alentó un contenido latinoamericano y antiimperialista como lo expresa el Manifiesto Liminar: “... la juventud argentina de Córdoba a los hombres libres de Sud América, creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón lo advierten estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana”.


La trayectoria posterior de la Reforma como un movimiento popular, latinoamericano y antiimperialista se iba a desnaturalizar por el predominio, en la conducción del movimiento, de sectores que radicalizaban abstractamente el contenido de la lucha, aislando al estudiantado en “la isla democrática” y desconectándolo de las luchas que emprendía el pueblo argentino. El reformismo también tuvo sus limitaciones sustanciales, y en muchos aspectos no pasó del discurso. Hubo que esperar la llegada del peronismo que dispuso la gratuidad y la suspensión de los aranceles universitarios que se materializaron el 22 de noviembre de 1949 y la ejecución de una política de Estado que hizo efectivo el derecho a la educación universitaria a millones de argentinos.

Pero más allá de las limitaciones, en especial de lo que hicieron sus herederos en las décadas posteriores, de todos los cambios operados en el período yrigoyenista hubo pocos que tuvieron resonancia americana como la tuvo el producido por la Reforma Universitaria. La Reforma Universitaria fue, en su hecho fundacional de 1918, un hito histórico fundamental para la democracia argentina, incorporado en la mejor tradición transformadora y libertaria de nuestra sociedad.


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"...los dolores que quedan son las libertades que faltan...”. 
Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria, 1918.

El momento histórico

De todos los cambios operados en el período yrigoyenista hubo pocos que tuvieran resonancia americana como la tuvo el producido por la Reforma Universitaria. Es en consideración a esta trascendencia continental entiendo la Reforma constituye un hecho singular en nuestra historia, que merece una mirada especial en su contexto histórico.

El ascenso de las clases medias y su acceso a los claustros universitarios obligó a redefinir el sentido y el manejo de las universidades en la Argentina. La reforma universitaria se genera en la Universidad de Córdoba que en el plano cultural se mantenía en una situación cuasi medieval, de increíble atraso intelectual y científico.

¿Por qué Córdoba?

Y no fue casual que fuera Córdoba el centro de la Reforma ya que, como concuerdan muchos historiadores del tema, la ciudad parecía estar detenida en el tiempo. Aparecía como una prolongación del mundo colonial, aislada de los cambios que transformaban a una sociedad que la cercaba.

Cerrada al progreso general, opuesta a todo aquello que disminuyera la jerarquía del dogma, mantenía una rígida y vetusta organización institucional que paralizaba al estudiantado.

Los estudiantes y el pensamiento académico de la época

A pesar de todo, el movimiento estudiantil estaba impactado por la primera guerra mundial, la revolución socialista en Rusia y los cambios sociales y políticos que se operaban en el país.

La ideología dominante en los sectores universitarios oscilaba entre un neokantismo y una tibia adhesión al marxismo entre los estudiantes de Derecho. Estaba en boga la lectura del filósofo francés Henri Bergson que implicaba una revalorización del vitalismo y el espiritualismo contra los postulados de la “filosofía positiva” de Augusto Comte. El positivismo, que se había introducido al país enancando en la oligarquía utilitaria y escéptica no logró atraer al movimiento estudiantil en esa etapa de su desarrollo.

Los objetivos de la Reforma

La Reforma Universitaria surgió como una necesidad de democratizar los estatutos que regían los anquilosados centros de estudio, pero en los inicios mismos de su aparición los dirigentes tomaron conciencia de la necesidad de situar la lucha en un contexto que superara los marcos estrechos de la Universidad.

Ya no era tiempo para que la universidad quedara estereotipada en una función exclusivamente académica, marginada, o confinada como una isla de los problemas que constituyen la vida misma de la sociedad.

La vocación americanista

Desde el comienzo alentó un contenido latinoamericano y antiimperialista como lo expresa el Manifiesto Liminar: “... la juventud argentina de Córdoba a los hombres libres de Sud América, creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón lo advierten estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana”.

La historia confirmará que no estaban equivocados. En la primera hora de su estallido, la Reforma Universitaria se extiende sorprendentemente a toda la región hispano-portugués, de Córdoba la llama se extiende a Lima, Cuzco, La Habana, México, Río de Janeiro, La Paz y Sucre. Esta tendencia se consolidará en el Perú, donde la generación del 18, influenciada por la Reforma Universitaria Argentina, echará las bases de un movimiento político original: El APRI, que constituyó el punto de partida para la formación de un pensamiento marxista latinoamericano. Haya de la Torre, el máximo dirigente histórico del aprismo definirá la reforma universitaria por su importancia como: “la revolución latinoamericana por la autonomía espiritual”.

El proceso político de la Reforma, el “estallido del 15 de junio”

La “chispa” que inicia el estallido estudiantil se produce en la Facultad de Medicina de la Universidad de Córdoba donde los cursos se realizaban, sorprendentemente, por medios exclusivamente teóricos, ni hombres vivos ni cadáveres podían ser expuestos a los estudiantes para ser estudiados, ni siquiera animales vivos eran estudiados. La patología se impartía sin enfermos.

A fines de mayo de 1917 surgen los primeros síntomas de descontento del estudiantado que decide una huelga a comienzos de 1918. Yrigoyen, que acogió con gran simpatía este movimiento envió la intervención a la Universidad, reformándose los estatutos de acuerdo a los que regían en la Universidad más progresista y moderna del país que era la de La Plata.

Se realizan las elecciones según los nuevos estatutos, pero el candidato de los estudiantes es derrotado por el de la corporación clerical. El engreído obispado cordobés, abroquelado en “la casa de Trejo” no se resignaba a perder este esencial bastión de poder.

Ante la derrota, los estudiantes comprenden entonces que no es simplemente un tema estatutario y reaccionan contra el sistema educativo en su totalidad, es decir contra el clima en la cual se desenvolvía la actividad educativa y fundamentalmente contra las camarillas clericales conservadoras que tornaban imposible cualquier transformación de fondo. Y al grito de “¡abajo la oligarquía¡” los estudiantes van por todo cuestionando el conjunto de la situación existente y dándole al mismo tiempo a su lucha un contenido que la relaciona con la que vienen sosteniendo otros sectores populares en el país.

Este hecho es el históricamente celebre estallido del 15 de junio de 1918. Más de mil estudiantes que esperaban los resultados de los comicios estallaron de indignación y tomaron el salón magno donde sesionaba la Asamblea Univesitaria, echando a las autoridades que consideraban ilegitimas, rompiendo muebles, instalaciones y los cuadros de los obispos que fueron sido rectores desde 1613.

Esos cerca de mil estudiantes se declararon en huelga. Eran más de 2/3 de los estudiantes del momento en la casa de altos estudios. Tomaron la Universidad y exigieron la renuncia del Rector Nores. El rector electo llamó a la policía y la toma de la Universidad se transformó en una batalla campal. El 16 de junio la FUA pidió al gobierno nacional que interviniera otra vez la Universidad de Córdoba y declaró huelga general estudiantil en todo el país durante 4 días, en solidaridad con la lucha de los estudiantes de Córdoba. Finalizada la huelga, la FUA decidió convocar para el 14 de julio al Primer Congreso Nacional de Estudiantes a ser realizado en Córdoba. Se había producido el parto del movimiento universitario nacional.

El 21 de junio, al momento de la ocupación y la huelga, el movimiento estudiantil cordobés publicó en La Gaceta Universitaria el célebre Manifiesto Liminar, firmado por los líderes de la Federación Universitaria de Córdoba. El manifiesto es un texto de gran relevancia política, muy bien escrito, de lectura ineludible para cualquier militante universitario, cuya lectura recomiendo a todos. El mismo concluye, entre sus grandes pasajes: "La juventud ya no pide. Exige que se le reconozca el derecho a exteriorizar ese pensamiento propio en los cuerpos universitarios por medio de sus representantes. Está cansada de soportar a los tiranos. Si ha sido capaz de realizar una revolución en las conciencias, no puede desconocérsele la capacidad de intervenir en el gobierno de su propia casa".


La Reforma como bandera de Yrigoyen

Apenas se funda la FUA (Federación Universitaria Argentina), el Presidente Yrigoyen recibe una delegación de la misma afirmando que: “su gobierno pertenecía al espíritu nuevo, que se identificaba con las justas aspiraciones de los estudiantes y que la Universidad argentina debía nivelar con el estado de conciencia alcanzado por la República”.

El gobierno convalidó institucionalmente los postulados de la Reforma a través de sucesivos decretos. Era la primera legislación reformista en las universidades americanas. Radicalismo y Reforma se identificaban en la medida en que cuestionaban situaciones de ostensible dominio oligárquico.

Los límites del reformismo, mirada crítica más allá de la gesta del 18

La trayectoria posterior de la Reforma como un movimiento popular, latinoamericano y antiimperialista se iba a desnaturalizar por el predominio, en la conducción del movimiento, de sectores que radicalizaban abstractamente el contenido de la lucha, aislando al estudiantado en “la isla democrática” y desconectándolo de las luchas que emprendía el pueblo argentino.

Así, en el seno mismo de la reforma se generó una contrarreforma que mutiló el contenido histórico original dando paso a dos variables políticas que tuvieron vigencia durante décadas: el reformismo complaciente con el sistema (Franja Morada) y el stalinismo de la Federación Juvenil Comunista.

La participación de la FUA en el golpe del 30; su transacción con el contubernio de la Unión Democrática en el 45; la conspiración y el Golpe de Estado del 55, al cual le aportó muchos de los tristemente célebres “comandos civiles”, son algunos de los hitos que jalonaron el proceso de traición a los ideales originales de la Reforma Universitaria. Luego del 55 y hasta el 83, tampoco fue en su dimensión institucional una herramienta del todo útil para la causa popular a la hora de resistir las dictaduras y defender la Democracia y el Estado de Derecho.

El reformismo también tuvo sus limitaciones sustanciales, y en muchos aspectos no pasó del discurso. En lo teórico, en su dimensión política, no se hablaba de enseñanza gratuita, tampoco se hizo hincapié en la inclusión social, el acceso masivo y la extensión real. 

Para todo esto hubo que esperar la llegada del peronismo que dispuso la gratuidad y la suspensión de los aranceles universitarios que se materializaron el 22 de noviembre de 1949, mediante el Decreto 29337, firmado por el presidente Juan Domingo Perón y con una política de Estado que hizo efectivo el derecho a la educación universitaria a millones de argentinos, a través de distintos gobiernos peronistas, que facilitaron el acceso a la universidad de los sectores populares, creando más universidades y facultades públicas, lo que hasta el día de hoy ha representado los aportes concretos y reales a la construcción de una política de educación superior que le abrió las puertas a la sociedad argentina.

viernes, 30 de marzo de 2018

Juan Manuel de Rosas: Combates por la Historia

Juan Manuel de Rosas.

Juan Manuel de Rosas nació en Buenos Aires, el 30 de marzo de 1793 y falleció en Southampton, el 14 de marzo de 1877. Se ha dicho tanto en nuestra historia que considero que cualquier mirada actual de Rosas requiere de aclaraciones imprescindibles, más allá de la toma de postura política e historiográfica que hagamos, para construir un "desde donde" hablamos de Rosas. 


Entiendo, desde mi perspectiva obviamente, que abordar Rosas y la historia, y la forma en que debemos discutir a Rosas hoy, debe partir de las siguientes premisas que considero como irrefutables: 


a) Rosas como construcción política, consecuencia de un "combate por la historia" al cual, aún hoy, sigue sujeto el prócer; 


b) Rosas como el primer gran Estadista Nacional; 


c) Rosas como expresión casi fundacional de lo Nacional en la historia argentina, y; 


d) Rosas como primer gran emergente de lo popular en la política nacional. 


Acá les dejo un breve texto con estas reflexiones.

Escribe: A. Gonzalo García Garro.


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“¡OH Rosas te maldigo! Ni el polvo de tus huesos la América tendrá”. José Mármol.

La misión de los unitarios

Cada vez que recordamos o discutimos sobre Rosas se impone en primer lugar afirmar que el propósito de los emigrados unitarios que regresaron a Buenos Aires después de Caseros y se apoderaron del gobierno fue clarísimo: destruir todo vestigio del régimen rosista. Mintieron, fabularon, denigraron, vilipendiaron a Rosas, a su obra, a sus seguidores, y aún más, buscaron directamente borrarlo de la historia.

Esta maquinación la podemos verificar desde mucho antes de que Rosas fuese vencido en Caseros (1852), en el deseo y la predicción no cumplida de José Mármol, cuando en su poema “A Rosas” de 1843, maldice al “salvaje de las pampas que vomitó el infierno” y repite en dos estrofas distintas que “ni el polvo de tus huesos la América tendrá”. Este texto “poético” contiene una verdadera sentencia política que fue ejecutada prolijamente por el aparato cultural del sistema durante de 120 años. Los restos mortales de Don Juan  Manuel tuvieron que aguardar hasta 1989 para que pudieran descansar en la tierra que lo vio nacer, cumpliéndose así su última voluntad.

Rosas ocuparía durante muchos años el lugar del malvado en la historia oficial. Se enumeraban los crímenes perpetrados por la Mazorca, su negativa a organizar institucionalmente el país, la tiranía, las formas reaccionarias de ejercer el poder con facultades extraordinarias, la mirada estrecha para entender los cambios en el mundo exterior. Acusado de los más horrendos abusos fue durante años un innombrable que se lo mencionaba elípticamente como “el dictador” o “el tirano”.

Ese lugar de “maldito” sobrevive sin embargo en los últimos bolsones culturales de la oligarquía liberal y se derrama todavía a importantes sectores de la sociedad, incluida buena parte de la academia y las universidades. Es natural encontrar aún, de vez en cuando, alguna nota periodística de un indignado Sebrelli o de una aterrada María Sáenz Quesada por la “incomprensible vigencia” de la imagen del Restaurador.

Rosas, hoy

En la actualidad, Juan Manuel de Rosas ocupa un lugar en la historia, no es más un maldito marginal como otrora. En su dimensión popular, está considerablemente vaciado políticamente, como San Martín, como Moreno, pero tiene su territorio en la historia y el aparato cultural del sistema le ha otorgado un discreto lugar. Sus restos fueron repatriados después de una larga lucha y descansan en el panteón familiar del cementerio de la Recoleta. 

Desde 1999 tiene ya su monumento: una estatua ecuestre hecha en bronce del Restaurador se yergue en la ciudad de Buenos Aires en la esquina de Sarmiento y Libertador. Su rostro está impreso en los billetes de 20 pesos (el actual gobierno nacional dispuso que para los nuevos billetes no existan próceres, ilustrando con animales en su lugar, otra polémica para abordar) y en casi todas las ciudades de la Argentina una avenida, una calle o un barrio lleva su nombre. 

Y, por fin, de un tiempo a esta parte los manuales de historia lo mencionan no como un tirano oscuro y sangriento sino como un gobernador de la provincia de Buenos Aires que gobernó con “mano dura” un largo y difícil período.

Ha sido el proceso desde el 2003 al 2015, mediante el gobierno nacional, sobre todo el de Cristina Fernández de Kirchner, quien ha recuperado al mejor Rosas, el antiimperialista y lo ha puesto en el panteón histórico con el feriado nacional del 20 de noviembre, en homenaje la Batalla de la Vuelta de Obligado.

El Rosas de hoy es una victoria del combate por la historia

Pero esta institucionalización de Rosas, este reconocimiento, no fue otorgada por un gracioso favor del aparato cultural, sino que fue el resultado de una lucha política que duró años y que señala entre otras cosas un triunfo del revisionismo histórico sobre la historiografía liberal.

Don Arturo Jaureteche escribió que: “Para comodidad en la exposición y simplificándola de una manera didáctica pudimos considerar la historia oficial como la tesis y el revisionismo como la antítesis”. El revisionismo tuvo la tarea de demoler en una vasta tarea la historia falsificada, oponerse como antítesis a ella. Creo que, faltaría -y es lo que se está gestando hoy cuando renace (como siempre) la polémica histórica-, un tercer movimiento historiográfico, la síntesis superadora, que colocase a Juan Manuel de Rosas en su verdadero lugar en la historia de la Patria. 

Despejado el terreno, desechada la mentira de la historia falsificada (tesis), surge el revisionismo histórico (antitesis) que rescata y valoriza la figura de Rosas. La dinámica de la dialéctica exige la síntesis. La historia oficial ya fue destronada, es preciso ahora objetivarse para una nueva polémica, una nueva interpretación que coloque a Rosas en un lugar ecuánime y objetivo en la historia argentina.

Esta nueva etapa se debe nutrir de la dialéctica histórica tal cual la imaginaba Walter Benjamin, que recupera el relato de los vencidos, porque “encender en el pasado la chispa de la esperanza es un don que sólo se encuentra en aquel historiador que está compenetrado con esto: tampoco los muertos estarán a salvo del enemigo, si éste vence. Y este enemigo no ha cesado de vencer” (Walter Benjamin, Tesis VI en “Sobre el concepto de historia”). 

Eso le pasó a Rosas, sin dudas. Y en la derrota de los proyectos populares, que hay mucho de esto en nuestra historia, está lo que ha sido y puede ser nuestra Nación. Y una nueva mirada a nuestro pasado debe tener eso, recuperar la tradición de los oprimidos, los derrotados, los humillados, los exiliados, se debe nutrir de los malditos, es “cepillar la historia a contrapelo” como la Tesis VII de Benjamin.

Es una historia con perspectiva de futuro y funcional al presente. “Necesitamos de la historia, pero de otra manera de como la necesita el ocioso exquisito en los jardines del saber”, dice el Nietzsche que cita Benjamin, porque “el sujeto el sujeto del conocimiento histórico es la clase oprimida misma”, el pueblo me permito decir, pero “cuando combate”, tal reza la Tesis XII. 

Para eso debe servir la historia. Este debe ser el compromiso de los historiadores y en especial los historiadores y divulgadores históricos del campo nacional que entienden que “La historia es la política del pasado y la política la historia del presente”, como nos enseñó Don Arturo.

Desde dónde partir para hablar de Rosas

Hechas las aclaraciones, en función de esa imprescindible síntesis considero que cualquier mirada del hoy sobre Rosas tiene que partir de la aceptación de estas tres premisas históricas:

A) Rosas Estadista.

La Revolución de Mayo no había dado ningún ESTADISTA, ningún político de envergadura, salvo Moreno que fue una estrella fugaz que logró señalar un rumbo. Alvear, tal vez... había mostrado ciertos dotes, pero su juventud y las circunstancias internacionales lo hicieron fracasar. Dorrego se desmoronó en parte por su falta de ductilidad para adaptarse a las circunstancias y su obra encontró fin en el aberrante crimen del unitario Lavalle. Rivadavia, es justamente todo lo contrario a un político, es más bien la caricatura de un tipo de político, fue un ser alejado de la realidad. Belgrano, enorme en su voluntad, pero infalible en su desacierto. San Martín, se niega a participar en las luchas internas y parte al destierro. Ramírez, Quiroga y López, no pudieron pasar las fronteras del caudillismo local. Artigas, enorme en su integridad, coherente en su lucha y meridiano en claridad ideológica nunca pudo ser el poder real ni imponer la dirección política al conjunto. 

Ninguno había logrado hasta entonces generar un orden nacional, dominar la anarquía, poner un dique a la balcanización. Esta fue la obra de don Juan Manuel de Rosas, quien es a mi juicio el primer estadista de visión nacional que forjó la Revolución de Mayo.

B) Rosas Nacional.

En el área de las relaciones internacionales Rosas supo hacer respetar celosamente la independencia nacional. Fue el estadista custodio de nuestra soberanía en el Siglo XIX. Representa el honor, la unidad y la independencia de la Patria recién nacida.

La historia argentina reconoce un periodo crucial: la resistencia nacional de Rosas y su gobierno a un proyecto colonizador, a una tentativa imperial europea altamente peligrosa. Los episodios diplomáticos y militares de la intervención anglo francesa constituyen por la reacción de Rosas y su pueblo una de las paginas más memorables de nuestra historia. En esa obcecada resistencia y apasionada intransigencia se definió nuestro destino como Nación independiente. En el dilema de ser una factoría extranjera o una Nación soberana Rosas optó por lo segundo, que era el camino del sacrificio y de la lucha pero también el del honor.

Desde la historia oficial durante años se intentó tergiversar el verdadero cariz de la intervención imperialista, pero el revisionismo desenmascaró esta operación señalando con claridad que se trataba de una verdadera operación colonial con intereses económicos concretos. Los cañones de las más grandes potencias europeas apuntaron la Confederación y a pesar de la superioridad militar al final de la guerra la causa nacional terminó invicta y reconocida en todos los países del mundo incluso los enemigos.

C) Rosas Popular.

El pueblo de Buenos Aires, el pueblo auténtico, la gente, no había figurado aún en nuestra historia. Vimos que la gente que se congregó frente al Cabildo el 25 de mayo constituía un pequeño grupo. Las diferentes puebladas y golpes militares consistían en rebeliones o alzamientos minoritarios y sectarios. 

Artigas fue el primero en incorporar el pueblo a la revolución. Pero es Dorrego el que prepara el terreno para la aparición de lo popular en la escena política. Rosas lo continúa y lo profundiza. El nuevo escenario presenta una novedad: Las masas. La plebe de las orillas, los negros, los mulatos, los compadritos, la gente de la campaña, e incluso los indios, todos antes escondidos ahora se exhiben y participan. Esta fuerza política despreciada por los unitarios será la base social que Rosas, caudillo del campo popular, pone en acción en defensa de la Soberanía Nacional.


Pero la batalla sigue

Ningún personaje hispanoamericano, salvo quizás, Bolívar, ha apasionado tanto como Rosas a los pueblos que descendemos de España. Entre nosotros, Rosas es un tema de actualidad desde hace más de 160 años. Se podría afirmar que es el único tema histórico de actualidad permanente. Cientos de libros, miles de ensayos se han escritos sobre Rosas. Algunos trabajos son simplemente apologéticos otros directamente denigratorios. Los menos intentan cierta objetividad. Tantas publicaciones y opiniones manifiestan ciertamente que existe un ansia por conocer la verdad y que la polémica no está concluida.

La polémica no está concluida, es más, es preciso profundizarla y afinarla. Es puntual estudiar, investigar y discutir muchas instituciones, hechos y conceptos políticos de la época de Rosas: la naturaleza del federalismo planteado por Rosas, el sistema político de la Confederación, la relación con las provincias, los alcances de la Ley de Aduanas, los intereses ganaderos de la provincia de Buenos Aires, el carácter autocrático de la conducción de Rosas y mucho más.

La investigación y las cuestiones polémicas están abiertas, pero a mi juicio, desde el previo reconocimiento, de que estamos frente al primer estadista que tuvo la Revolución de Mayo, que le dio a la política de su tiempo, un contenido definitivamente nacional y auténticamente popular.


De todos los temas, ya lo he dicho, creo que una reinterpretación de Caseros, la apertura de un debate en torno a sus causas y consecuencias es una tarea imprescindible, por la relevancia que tienen, por lo incorporado a la cultura popular y la por la trascendencia que le otorgó la historia oficial como hito fundacional de la Nación Argentina.

jueves, 15 de marzo de 2018

Una historia de políticas públicas en el pre peronismo: La Secretaría de Trabajo y Previsión Social




“Cuando llegué al departamento me topé una recua de ganapanes que ni siquiera conocían las leyes de trabajo”.
Tomás Eloy Martínez, “La novela de Perón”.





Escribe: A. Gonzalo García Garro


Los primeros pasos del peronismo como expresión de una política de Estado


El Departamento Nacional de Trabajo, primer organismo que asumió Perón en octubre de 1943, era una repartición de más de cuarenta años de vida que nunca había hecho más que compilar estadísticas para que, lamentablemente, nadie las leyera. Además, podía realizar de tanto en tanto una mediación laboral en la que siempre ganaba la patronal.

El entonces presidente Ramírez estaba entregando sin saberlo, la llave del cuarto de monitoreo y control del movimiento obrero argentino al Coronel Perón que sí sabía la acción política que podría producir desde ese espacio. Demostró desde allí sus cualidades organizativas mientras se desplegaban sus naturales dotes para el liderazgo. Es en esta etapa en que Perón se muestra tal cual: genio y figura. Y lo hace a través de la implementación de políticas públicas.

Perón tenía ideas muy claras sobre la revolución social que había que hacer en el país mucho antes del 4 de junio de 1943”, declararía Mercante años después. Es más, pienso, que era el único hombre de la revolución de 43 que sabía qué hacer, los demás se contentaban con subsistir en un régimen que ya presentaba sus primeros síntomas de agonía. Tenía en claro que la revolución no podría sobrevivir sin apoyo popular según lo indicaba la experiencia del golpe de Uriburu. Sabía Perón, porque lo había comprobado en su estadía en Italia, del valor de un movimiento obrero organizado y movilizado. Conocía de la necesidad de profundizar el proceso de industrialización en que el país estaba empeñado aprovechado las ventajas coyunturales que le daba el neutralismo. Neutralismo que se empeñaba en sostener hasta que se cortara el hilo… Tenía un proyecto y una voluntad fuera de lo común para plasmarlo en hechos concretos. Tenía una política…

Políticos, gremialistas e intelectuales: una mezcla para políticas públicas


No estaba solo. Pero su grupo de leales no era tan numeroso. El coronel Domingo Mercante fue el eslabón indispensable en la enlace con el movimiento obrero. Era hijo de un ferroviario militante activo de  “La Fraternidad” (gremio de maquinistas y fogoneros creado en 1887) había crecido escuchando historias de luchas sindicales y represiones. Su hermano también era un trabajador del riel pero afiliado a la otra entidad, la “Unión Ferroviaria”, gremio que excluía a los maquinistas. Mercante tenía amistad personal con muchos gremialistas y fueron estas relaciones las que luego manejó para hacer el armado básico  inicial. A este núcleo se sumaron pronto activos contribuyentes a la causa como Juan A. Bramuglia, abogado de la “Unión Ferroviaria” y Ángel Borlengui, funcionario de la Confederación de Empleados de Comercio.

No estaría completo el cuadro si no se mencionara el inestimable aporte técnico intelectual que realizara un personaje, José Miguel Francisco Luis Figuerola y Tresols, un catalán que recaló en su exilio argentino como Jefe de la División Estadística del Departamento de Trabajo. Intelectual brillante que a los 21 años había finalizado dos carreras: Derecho y  Filosofía. Adhirió al régimen dictatorial del General Antonio Primo de Rivera, organizó el Ministerio de Trabajo en España y fue Secretario General del gobierno. Una vez derrotado el régimen se exilió en la Argentina en 1930. Tenía un sorprendente conocimiento de la legislación laboral internacional, prodigiosa memoria y manejaba con seriedad las estadísticas. Dice Page en su libro “Perón”: “Figuerola era la quintaescencia del intelectual hispánico católico. Serio y disciplinado, reservaba varias horas al estudio de los clásicos griegos y romanos, la música y la meditación. Su biblioteca cobijaba decenas de miles de volúmenes”.

Un salto institucional, de departamento a Secretaría


A Figuerola, Perón le encargó que transformara la estructura del insignificante departamento en una repartición poderosa dentro de la estructura del Estado. Y así emergió la Secretaría de Trabajo y Previsión Social de la Nación que se mudó al enorme y cómodo edificio del Consejo Deliberante de Buenos Aires, que recordemos, el órgano había sido disuelto por voluntad del presidente Castillo.

En términos generales el principal objetivo de la nueva Secretaría era asegurar una mayor justicia social y distributiva. No sólo en el ámbito laboral sino que incluía también la atención y la asistencia de los sectores más vulnerables de la sociedad, los pobres… que eran los más. En la división de previsión social Perón lo designó a Mercante.

No es posible narrar en estas líneas, porque no corresponde a la índole de esta nota, la historia de las jornadas y las luchas en la Secretaría. Pero si es preciso que, para la comprensión de lo que luego se llamará peronismo, se advierta como esencial y definitivo este período fundacional y su obra que hoy, todavía supervive míticamente en el imaginario peronista.

Acción política y labor legislativa


La acción política y la labor legislativa fue trascendental, haciendo aprobar las leyes laborales que habían sido reclamadas históricamente por el movimiento obrero argentino: indemnización por despido, jubilaciones para empleados de comercio, Estatuto del Peón de Campo, hospital policlínico para los trabajadores ferroviarios, convenciones colectivas de trabajo, licencias laborales varias, escuelas técnicas de capacitación y oficios para obreros,  prohibición de las agencias de colocaciones, creación del fuero laboral, legislación sindical,  aguinaldo y vacaciones pagas. Creación de una eficaz policía de trabajo que garantizara la aplicación de las normas jurídicas sancionadas e impulsando por primera vez la negociación colectiva, que se generalizó como regulación básica de la relación entre el capital y el trabajo.

En fin, a partir de la aplicación de esta política la clase trabajadora argentina, en esos momentos la más importante de Latinoamérica, nunca volvería a ser la misma de antes. En menos de dos años se estableció una bisagra en la historia argentina que la partió en un antes y un después de la gestión de Perón en la famosa Secretaría.

Un nuevo movimiento obrero


A partir de este accionar Perón, Mercante y el grupo inicial de sindicalistas con que concretaron la alianza (los socialistas Borlengui y Bramuglia, principalmente), comenzaron a organizar una nueva corriente sindical que iría asumiendo una identidad política propia que podría ser conceptualizada como nacionalista-laboralista.

La situación del movimiento obrero argentino para ese entonces era precaria. No existía una central única de trabajadores, había cuatro. La afiliación era libre y voluntaria. Los dirigentes sindicales en su mayoría socialistas, comunistas o amarillos divididos por cuestiones sectoriales no podían visualizar una corriente dentro de los trabajadores que se podría llamar nacional  – laboralista que venía creciendo en algunos gremios. Perón si percibió la tendencia y los asoció a su proyecto.

Las banderas del proletariado, en otras partes del mundo eran levantadas por los partidos socialistas democráticos, revolucionarios, laboristas o comunistas. En Argentina esos partidos (Partido Socialista y Partido Comunista Argentino) eran partidos menores, clubes de amigos, sin ninguna incidencia electoral salvo en Capital, y estaban más preocupados en la suerte de los Aliados en la guerra o en derrocar al gobierno “nazi” de Farrel que de los problemas reales de los trabajadores. Política e ideológicamente, eran, usualmente, epifenómenos de la oligarquía argentina. La U.C.R, a pesar de ser un movimiento que representaba a las clases medias, había tenido durante el periodo yrigoyenista una tibia política obrerista pero luego, devorado el partido por el alvearismo la cuestión obrera no figuraba en su agenda.

Cuando Perón asume la Secretaria de Trabajo había en el país aproximadamente 80.000 obreros afiliados en las cuatro centrales. En 1945 eran medio millón afiliados en una sola central: la Confederación General del Trabajo conducida por los aliados obreros de Perón. El paso dado era colosal. Extendió el movimiento de agremiación a todo el país y a todas las ramas del trabajo. Se crearon o se renovaron por su iniciativa nuevos sindicatos y se revitalizaron los ya existentes. Como no estaba ligado a los intereses del dinero ni al de los capitalistas, pudo trabajar a la par de los obreros valiéndose de su prodigiosa capacidad de persuasión a través de conversaciones particulares, conferencias públicas, charlas radiales, folletos y los primeros “predicadores” que llevaban su palabra a las fábricas y talleres. A mediados de 1945 la fase organizativa de la estrategia de Perón estaba prácticamente terminada. 

Todo era consecuencia de una agresiva política pública sin precedentes en la historia argentina, por su impacto en el sector como por su eficacia.

La Secretaría y el ascenso de Perón


Aquel “oscuro coronel” como dirán gorilas de momento había crecido en imagen y popularidad. Perón era el tema cotidiano de los políticos y de la gente común. En la elegante confitería Richmond de Florida se hablaba del coronel con cierta cautela. En los bares suburbanos se mencionaba su nombre con entusiasmo. En el Círculo Militar lo miraban con desconfianza. En la sede de la poderosa Unión Ferroviaria significaba una esperanza que se concretaba. El coronel estaba en boca de todos…

El coronel había comenzado una campaña. El país nuevo que estaba naciendo se expresaba a través de los discursos de Perón, que en esa época hablara como nunca; lo mejor de su pensamiento está en ellos: “Las leyes han sido hechas todas con alguna sutileza para poder ser violadas. Sería preciso una ley que haga cumplir la mitad de las leyes que existen”. Era muy consciente de la trascendencia de lo que hizo en la Secretaría.

En el mismo sentido decía: “Es natural que contra estas reformas se hayan levantado “las fuerzas vivías “que otros llaman los “vivos de la fuerzas”, expresión tanto o más acertada que la primera. ¿En qué consisten estas fuerzas? En la Bolsa de Comercio, quinientos que viven traficando con lo que otros producen; en la Unión Industrial, doce señores que no han sido jamás industriales; y en los ganaderos , señores que, como bien sabemos, desde la primera reunión de los ganaderos, vienen imponiendo al país una dictadura”.

Nunca nadie había usado en la historia política argentina ese lenguaje. Nadie había expresado con tanta claridad sus ideas. El coronel hablaba sin eufemismos y sabía perfectamente según él lo señalaba que: “cuando se realizan obras, se crean enemigos; cuando nada se hace, los enemigos desaparecen”. Entonces, al coronel que mucho había hablado y mucho más había hecho, pudo comprobar dos cosas: por un lado, la heterogénea cantidad de enemigos que lo resistían, todos poderos; por el otro lado, el enorme impacto de su obra y el afecto, reconocimiento y predicamento en las mayorías populares.

Mucho de esto, que es parte del prólogo al peronismo histórico, tiene que ver con esta historia de políticas públicas, como prefieren decir hoy quienes analizan estas cuestiones.