jueves, 22 de agosto de 2019

22 de agosto de 1951: “Cabildo Abierto del Justicialismo” y ¿por qué renunció Evita?


“Perón: Porque no puede chinita. Porque vos no podés ser vicepresidenta. Y no por los militares, ni por los curas, no por los oligarcas. Vos sabés porqué. Yo te lo voy a decir…pero vos ya me lo dijiste. Vos ya lo sabés.


Evita: ¿Qué es lo que sé? ¿Qué es lo que te dije?

Perón: Me dijiste que odiabas tu cuerpo. Que te estaba traicionando. Dijiste que era el mejor aliado de tus enemigos. El que estaba consiguiendo lo que ninguno de ellos había conseguido: derrotarte.


(Pausa. Perón apaga su cigarrillo. Mira a Evita.)

Perón: Tu cuerpo te abandonó, te traicionó, te derrotó. Está enferma, chinita. (Pausa .Casi con furia) ¡Tenés  cáncer , carajo ¡ Tenés Cáncer!”

Fragmento del guion de la película “Eva Perón” (1996), escrito por José Pablo Feinmann. 

Escribe: A. Gonzalo García Garro.

El Cabildo Abierto

Ubiquemos los hechos en tiempo y espacio: Estamos en agosto de 1951 y al año siguiente debe renovarse el mandato presidencial, porque termina el período iniciado por seis años en 1946. El Gral. Perón es presidente y el vicepresidente es Hortensio Quijano, radical incorporado al peronismo. La reforma constitucional de 1949, habilita para reelegir al presidente por un segundo mandato. Los partidos deben elegir sus candidatos, porque en noviembre de ese año, serán las elecciones generales presidenciales.

El peronismo organiza un gran acto en la Avenida 9 de Julio de Buenos Aires y a propuesta de la CGT, se impulsa la fórmula Perón-Evita. Al acto se lo denomina “Cabildo Abierto del Justicialismo” y concurren al mismo cerca de 2 millones de personas, fue el acto político más grande en la historia argentina hasta ese momento.

En los cabildos abiertos de la época colonial el pueblo tomaba las decisiones ejerciendo una forma de democracia directa y fue un cabildo abierto, el del 22 de mayo de 1810, el que inició la gesta emancipadora. Los organizadores del acto al elegir el nombre de Cabildo le daban al acto una entidad especial donde el principal elemento era la participación del pueblo en este gran foro multitudinario.

El diálogo entre Evita y el pueblo

El cabildo es iniciado por un discurso que pronuncia el Secretario General de la CGT, Espejo, y continúa con un discurso de Evita en el que no acepta ser candidata a vicepresidente y luego, se produce un extenso y dramático diálogo entre Evita y la multitud. ¿Es posible un diálogo en esas condiciones? Sí, así fue lo que ocurrió. Una mujer, debilitada por una enfermedad terminal y quebrada por la emoción, parlamenta con una multitud compuesta por dos millones de personas sensibilizadas por la trascendencia del hecho histórico en el que participaban.

El Pueblo insiste para que acepte y Evita explica que ella, se siente más útil en el terreno de la lucha que ha elegido y no ocupando un cargo. Continúa el diálogo increíblemente. Hay una contradicción evidente entre lo que se le pide y lo que Evita reclama conservar: la misión asumida en el movimiento. La presión de la multitud para que acepte, crece y por momentos es extrema.

Evita dice, en tono de ruego: “compañeros, por el cariño que nos une, no me hagan hacer lo que no quiero hacer” y más tarde lanza una frase que entró de lleno en la historia: “Yo no renuncio a la lucha, renuncio a los honores”.

Durante el acto y en un momento en que Evita, pide a la multitud, unas horas para poder responder al reclamo para que acepte la candidatura, el dirigente gremial Espejo, que se encuentra a su lado en el palco, le reclama a viva voz, que no, que debe responder ¡¡¡ahora, ahora, ahora ¡¡¡ Evita resiste la presión y finalmente el acto termina sin que la cuestión sea dirimida. La multitud se desconcentra pacíficamente.

Nueve días más tarde, el 31 de agosto y por la cadena nacional de radiodifusión, Evita comunica al pueblo, su decisión irrevocable y definitiva de renunciar a la candidatura a vicepresidente de la nación.  Afirma en ese mensaje, que lo hace con “total y absoluta libertad” y que prefiere seguir estando junto al pueblo en su puesto de lucha y no ser vicepresidente.

¿Por qué renunció Evita? Las teorías y un intento de explicación

Hasta aquí he intentado una descripción de los hechos. Para nosotros hoy la historia de Evita no está compuesta de hechos sino de las interpretaciones de los mismos. Este acto político, conocido como “el renunciamiento de Evita” ha sido analizado por politólogos, desmenuzado por historiadores, y mitificado por el imaginario peronista de manera tal que, desde el presente cobra ciertos resignificados: “Perón no se lo permitió porque amenazaba su propio poder”, fue y es la explicación simplista de los liberales “más lúcidos” de la oligarquía. “Los militares se opusieron” dirán maliciosamente los sectores de izquierda antiperonista que operaban para debilitar el peronismo. “Pudo haber sido una conquista importante para el movimiento obrero”, expresarán otros tratando de mostrar que existían fisuras en el frente nacional.

Son interpretaciones a las que me permito sumar otra, tal vez obvia, pero tan posible como las otras: Evita renuncia a la vicepresidencia porque toma conciencia de la gravedad del cáncer que la afectaba y el carácter irreversible del mismo.

Es cierto que un sector de los militares presionó a Perón para evitar la candidatura de Evita. Es también cierto que la figura de Eva institucionalizada en la vicepresidencia hubiese sido insoportable para la oligarquía y resulta incuestionable que el movimiento obrero se hubiese fortalecido con Evita en la Vicepresidencia. Pero tampoco resulta ilógica la explicación de que Eva tomó una decisión libre y personal, fundamentada responsablemente en su enfermedad. Al final, lo concreto es que Evita morirá el 26 de julio de 1952, once meses después del renunciamiento.

Por otro lado, respondiendo argumentos, pese a que Evita no fue candidata, los militares antiperonistas redoblaron su activismo golpista. A sólo pocos meses Menéndez lleva adelante un intento de Golpe de Estado. Igualmente, la idea de que Evita opacaría a Perón o lo confrontaría también resulta absurda a la luz de la dinámica política que tuvieron desde que se conocieron y construyeron la relación afectiva y política que cambió la Argentina. Del mismo modo, la teoría de que Perón no quería transferir poder a los sindicatos también es objetable. Nunca fue un problema político significativo para Perón la relación con las organizaciones de los trabajadores durante el primer peronismo.

El progresivo deterioro de la salud de Evita

Los años de apogeo del poder de Evita rondan entre el 50 y el 51. Son también los años que la enfrentarían con la enfermedad y su última elección: renunciar a la vicepresidencia de la Nación.

El primer signo de su enfermedad apareció el 9 de enero de 1950: Evita cayó desfallecida en un acto inaugural del sindicato de taxistas en Puerto Nuevo. El 13 de enero la Subsecretaría de Informaciones anunció que la esposa del primer mandatario debería alejarse temporalmente de sus actividades e, incluso, internarse por unos días para una pequeña intervención quirúrgica que se realizaría días después. El 14 de febrero sufrió un nuevo desmayo en la Fundación y fue trasladada a la residencia presidencial de la avenida Libertador. A los 15 días del incidente volvió a su ritmo de trabajo, en la Secretaría de Trabajo y Previsión.

En 1951 ya su ritmo de trabajo había descendido considerablemente, los dolores comenzaban a postrarla y comenzaba una larga y agonía. En agosto del 51, cuando el Cabildo, Eva ya conocía la gravedad de su estado. En noviembre fue operada por el cirujano y oncólogo norteamericano George Pack. En su pronóstico advirtió que, de mantener reposo absoluto, en un plazo de seis a doce meses se podría prolongar su vida.

A los siete meses fallecería, por el más infame cáncer de nuestra historia, que ya se había derramado en metástasis por todo su ya popularmente santificado cuerpo.

martes, 9 de julio de 2019

Sobre el Congreso de Tucumán y las dos declaraciones de independencia, la política (1816) y la económica (1947)

La Historia oficial, la escrita por Mitre y Cía., repetida por el aparato cultural del sistema, enseñó durante generaciones un relato simplificado de nuestra independencia nacional. Lo hizo con una visión despolitizada de la Revolución de Mayo, impregnada de liberalismo económico pro británico donde el rol del pueblo no tuvo lugar. Luego trazó un relato sintético, hasta el extremo, de la Declaración de la Independencia firmada en Tucumán en 1816, que impide ver los matices y tensiones políticas del momento histórico como también no refleja las distintas expresiones políticas y sociales que existían en aquel período.


Pero la independencia no fue un hecho irreversible y completo. Luego de Tucumán, durante décadas nuestro país se desangró en guerras civiles y por la fuerza de las armas y el poder económico, las políticas de la dependencia se impusieron en la Nación y los proyectos emancipatorios fueron derrotados. A la independencia política se le impuso una dependencia económica. 


Más de 130 años después, en otro hecho histórico, el 9 de julio de 1947 se promulgó en la misma Casa histórica de Tucumán donde se había declarado en 1816 la Independencia Política, el Acta de la Independencia Económica. Esta declaración es uno de los hechos más trascendentes del gobierno peronista. Reflejó la consolidación de la independencia nacional de los poderes fácticos mundiales, en un país sin ligaduras con el capital internacional, desendeudado, con una naciente y creciente industria nacional abasteciendo al mercado interno en expansión y con los principales resortes económicos estratégicos regulados o controlados por el Estado. Todo esto en un marco de ampliación de derechos humanos e inclusión social sin precedentes. Era la patria del pleno empleo y del Estado de Bienestar.


¿Qué vigencia tiene el 9 de julio de 1816? ¿O la declaración de Perón en 1947? En pleno siglo XXI, el legado del reciente gobierno de Macri fue la caída del empleo, la perdida del poder adquisitivo del salario real, la desindustrialización y el empobrecimiento colectivo, implementando una agenda de apertura económica muy amplia y un endeudamiento externo más gravoso aún que el que implementó la última dictadura genocida. En este marco, repensar la independencia, y en especial la económica, tiene una relevancia sustancial.


Los desafíos de hoy encuentran rápidamente un paralelismo con los postulados de la Independencia Económica de Perón de 1947 que en definitiva no es otra cosa que la vocación de independencia que tuvieron aquellos hombres y mujeres en 1816.


Escribe: Dr. A. Gonzalo García Garro



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El Congreso de Tucumán y la Historia

La Historia oficial, la escrita por Mitre y repetida hasta el hartazgo por el aparato cultural del sistema (ese que desnudó con genialidad Arturo Jauretche), enseñó durante generaciones un relato simplificado de nuestra independencia nacional.

Lo hizo primero con una visión despolitizada de la Revolución de Mayo, impregnada de liberalismo económico pro británico donde el rol del pueblo y los proyectos que defendían nuestra identidad no tuvieron lugar.

Luego trazó un relato sintético, hasta el extremo, de la Declaración de la Independencia firmada en Tucumán en 1816, que impide ver los matices y tensiones políticas del momento histórico como también no refleja las distintas expresiones políticas y sociales que existían en aquel período.

La independencia, entre Artigas y San Martín

Para comprender este periodo histórico debemos resaltar que el cauce nacional, revolucionario y democrático abierto por la Revolución de Mayo tuvo hitos fundamentales en ciclos históricos bien definidos.

La revolución comienza con el ciclo morenista, compuesto por la obra política de Mariano Moreno como secretario de la Junta del gobierno patrio y la feroz impronta revolucionaria que le puso al gobierno. Este incluye el período de mayo a diciembre de 1810, en que teórica y prácticamente Moreno conduce la política de la Primera Junta.

Pero luego, durante toda la década que va desde la revolución hasta 1820, hay dos caminos centrales de la política popular de nuestra nación que marcaron la historia.

1) El primero de ellos es el “ciclo artiguista”, que contiene la actuación revolucionaria de José Artigas y los caudillos federales de la Liga de los Pueblos Libres. Periodo éste que se extendió desde febrero de 1811, en que Artigas se suma a la causa patriota hasta la derrota de Artigas, Ramírez y el proyecto que con ellos nació, con hechos fundamentales como la obra del artiguismo y la derrota porteña en Cepeda, encabezada por Ramírez y López.

2) El segundo de ellos fue la gesta libertadora de San Martín. Comenzó durante su gobernación en la provincia de Mendoza (1815), que desobedeciendo las órdenes del Directorio porteño es elegido gobernador por el voto popular. Realizando en la región de Cuyo una obra tan revolucionaria como “desconocida” y negada por el esquema de la historia oficial. San Martín fue el militar genial que liberó Hispanoamérica. Comenzando por nuestra patria, pasando por Chile y Perú y culminando en un abrazo latinoamericano con Bolivar en Guayaquil. A la obra de San Martín debemos añadir otras enormes figuras como Manuel Belgrano o Martín Miguel de Güemes.

En el medio de la lucha de Artigas y San Martín, se realiza el Congreso de Tucumán donde se declara nuestra independencia.

El Congreso de Tucumán

El 24 de marzo de 1816 fue finalmente inaugurado el Congreso en Tucumán, que en realidad era la realización de un congreso ya convocado un año atrás, en continuidad de todos los intentos para realizar un Congreso Constituyente para organizar la Nación.

Acta de Independencia de 1816.
El porteño Pedro Medrano fue su presidente provisional y los diputados presentes juraron defender la integridad territorial de las Provincias Unidas. Entre tanto, el gobierno no podía resolver los problemas planteados: la propuesta alternativa de Artigas, los planes de San Martín para reconquistar Chile y Perú, los conflictos con Güemes y la invasión portuguesa a la Banda Oriental, entre otros.

Luego de una dilatada serie de reuniones, cambios políticos y presiones que detalladamente menciona José María Rosa en el Tomo III de su Historia Argentina, el 9 de julio de 1816 se resolvió considerar como primer punto el tema de la libertad e independencia de las Provincias Unidas. Los diputados no tardaron en ponerse de pie y aclamar la Independencia de las Provincias Unidas de la América del Sud de la dominación de los reyes de España y su metrópoli.

Un Congreso incompleto

Destaca Norberto Galasso, en su reciente libro “Historia de la Argentina. Desde los pueblos originarios hasta el tiempo de los Kirchner” (2 extensos tomos) que la composición del Congreso de Tucumán no se corresponde, como ingenuamente creíamos cuando éramos alumnos escolares, con la representación de las provincias que actualmente integran la República Argentina. En Tucumán deliberaron diputados de regiones que no pertenecen hoy a la Argentina y, a su vez, no están representadas varias que son hoy importantes provincias de nuestra República.

En el primer caso, se hallan Charcas, Mizque, Chichas, la Plata y Cochabamba, provincias altoperuanas que hoy integran Bolivia. En el segundo, no solo se hallan ausentes aquellas habitadas en esa época por comunidades mapuches, tehuelches, matacos, tobas, etc., como son las patagónicas y las del nordeste chaqueño, sino, ademes, Santa Fe, Corrientes, Entre Ríos, Misiones y la por entonces Banda Oriental, que era parta de las Provincias Unidas. Tampoco asistirían diputados de Paraguay que fueron invitados.

Es importante marcar que la conducción política del congreso de Tucumán, como las figuras emergentes de él fueron hombres de estrechos lazos con la política del puerto de Buenos Aires. Algunas de las posturas debatidas y que fueron encarnadas por políticos presentes tenían que ver con la instauración de la monarquía como sistema político y con la entrega de la soberanía nacional como definición de fondo. Esto también fue discretamente silenciando u ocultado por la historia oficial escrita desde el puerto de Bs. As. Es por esto también que, en buena medida, es llamativa la singular relevancia que la historia oficial le otorga a estos hechos y a determinados personajes.

Entre Ríos y la Liga de los Pueblos Libres no asisten a Tucumán

Nuestra provincia, formaba parte de la denominada Liga de los Pueblos Libres que en defensa del federalismo había proclamado la independencia un año antes -1815-, en el denominado Congreso de Oriente desarrollado en Concepción del Uruguay (Arroyo de la China por entonces).  

Mientras Artigas, Pancho Ramírez y sus montoneras resistían esa lucha despareja que libraban contra portugueses en la Banda Oriental y porteños en nuestras tierras, se reúne el Congreso en Tucumán. Como vimos, los delegados de las provincias artiguistas (Entre Ríos, Santa Fe, Misiones, Corrientes y la Banda Oriental) no asisten ya que exigían el previo “reconocimiento de la soberanía particular de los pueblos” y una clara posición ante la invasión portuguesa. Pueyrredón y su partido porteño, que por entonces manejaban la política del Congreso, fueron indiferentes ante el reclamo contemplan impasibles cómo el enemigo histórico se va instalando en la Banda Oriental.

Es más, el Directorio envía entre los años 1816 y 1819 tres expediciones armadas contra Entre Ríos y dos contra Santa Fe, con la intención no declarada de realizar un movimiento de pinzas con los portugueses. Pero en Santa Fe estaba López, Ramírez en Entre Ríos y ambos jefes logran rechazar invariablemente a las tropas directoriales.

La Liga de los Pueblos libres no sólo no compartía algunas cuestiones vinculadas al manejo político del Congreso de Tucumán. Durante prolongados períodos se encontraba en una situación de guerra civil con la política del puerto de Buenos Aires.

Pero en algo compartían su punto de vista: En la necesidad de la independencia nacional de toda dominación extranjera.

El rol central de San Martín, Belgrano y Güemes

Nos cuenta el maestro Fermín Chávez, en su libro “Historia del País de los Argentinos” (un libro muy ameno y de fácil lectura, de casi 350 páginas, que humildemente creo que todes les jóvenes deberían leer para comprender la historia del siglo XIX), que el Congreso de Tucumán fue literalmente “apurado” por San Martín para que declarara la independencia.

El padre de la Patria estaba preparando su gesta libertadora pero no perdía de vista el contexto político e impuso su peso para desbalancear las relaciones de fuerza en el Congreso y hacer realidad la independencia, que fue negada en Mayo de 1810 y en la Asamblea del año 1813.

El Congreso se pudo llevar a cabo en el marco de una mínima seguridad en las provincias, provista por la victoria de San Martín en la batalla de San Lorenzo y por la presencia de las tropas del Norte y de Cuyo reorganizadas por él. Para la Declaración de Independencia, San Martín se impuso militarmente a los españoles y políticamente a aquellos sectores vinculados a la élite de Buenos Aires que ya estaban negociando, tanto con España como con Inglaterra, la dependencia argentina. Sólo desacatándose del gobierno porteño, pudo realizar San Martín la Campaña de Chile y Perú y lograr la definitiva independencia.

También la figura de Belgrano presionó para llegar a la declaración de independencia. Lo hizo en una reunión secreta con los diputados del Congreso.

El caudillo salteño Miguel de Güemes desistió de las ambiciones de su provincia que quería colocar el Director del gobierno nacional en aras de la unidad del congreso y de avanzar en plan de liberación. 

Artigas y la Liga, con posiciones revolucionarias e intransigentes, también condicionaron el clima de la época y fortalecieron la ruptura definitiva con la dominación extranjera. 

Sin la obra de todos estos actores, resultaría imposible pensar los resultados finales del Congreso de Tucumán. Todos, despojados de sus intereses sectoriales priorizaron el proyecto del conjunto, el proyecto de independencia nacional.

Luego de la declaración de 1816

Pero el Congreso de Tucumán no resolvería todos los problemas. Jorge Abelardo Ramos, en su genial “Revolución y Contrarrevolución en la Argentina”, detalla que “ni la Asamblea del año XIII ni el Congreso de 1816 habían resuelto el problema cardinal: la cuestión del puerto, la aduana y el crédito público”. Lo que estaba en disputa era el poder político y económico. Si dominaban los intereses de la oligarquía porteña o si primaba el proyecto de la patria grande, de Artigas, San Martín y los caudillos federales.

Después del Congreso de Tucumán se desató una guerra civil que en forma intermitente pero lineal envolvió la política nacional durante casi 60 años de historia, derramando sangre por todos los rincones de la patria. Unitarios contra federales, el puerto contra el interior, pro británicos y pro imperialistas contra quienes defendían la soberanía nacional.

Artigas, Ramírez y López contra el Directorio Porteño, el asesinato de Dorrego, Rosas contra la invasión anglo francesa en la Vuelta de Obligado, la Batalla de Caseros, Mitre y la batalla de Pavón, el exterminio del gaucho y las montoneras federales, la guerra de la Triple Infamia contra el Paraguay son postales de las descarnadas guerras civiles. Algunas gloriosas victorias, otras, la mayoría, lamentables derrotas de la causa popular.

Y en ese idea y vuelta, los proyectos populares fueron derrotados, y sobre el cuerpo lacerado del federalismo se construyo una República sometida política y culturalmente y en el económico dependendiente. El sueño de 1816 quedó trunco. 

9 de julio de 1947: la Independencia Económica de Perón

Creo oportuno, venir más acá en el tiempo y rescatar un hecho que otorga sentido general al homenaje a la Declaración de nuestra independencia y al mismo tiempo nos muestra la real dimensión de la política nacional del peronismo como proceso histórico que hizo posible, en un breve periodo la independencia política y económica real de nuestra Nación.

Juan D. Perón en Tucumán, el 9 de julio de 1947.
En el mismo lugar se concretara la Independencia Política del país, en Tucumán, y como una prueba del espíritu que anima la política económica del gobierno peronista, 131 años después, en 1947, todos sus integrantes reunidos con el presidente General Juan Perón declaran la Independencia Económica de la Argentina.Con Perón, la Nación alcanza un estatus de libertad económica y política sin precedentes, que cristalizó institucionalmente en esta declaración.

Ya lo había adelantado Perón al presentar el Primer Plan Quinquenal: “Aspiramos a una liberación absoluta de todo colonialismo económico, que rescate al país de la dependencia de las finanzas foráneas. Sin bases económicas no puede haber bienestar social: es necesario crear esas bases económicas”.

Para ello es menester ir ya estableciendo el mejor ciclo económico dentro de la nación, y a eso también tiende nuestro Plan. Debemos producir el doble y a eso multiplicarlo por cuatro, mediante una buena industrialización -es decir, enriqueciendo la producción por la industria-, distribuir equitativamente esa riqueza y aumentar el estándar de vida de nuestras poblaciones”, decía Perón.

El 9 de julio de 1947, con gran despliegue oficial, se promulgó en la misma Casa histórica de Tucumán donde se había declarado en 1816 la Independencia Política, el Acta de la Independencia Económica. Esta declaración es uno de los hechos más trascendentes del gobierno peronista. Reflejó la consolidación de la independencia nacional de los poderes fácticos mundiales, en un país sin ligaduras con el capital internacional, desendeudado, con una naciente y creciente industria nacional abasteciendo al mercado interno en expansión y con los principales resortes económicos estratégicos regulados o controlados por el Estado. Todo esto en un marco de ampliación de derechos humanos e inclusión social sin precedentes. Era la patria del pleno empleo y del Estado de Bienestar.

El acta de 1947. A los interesados le recomiendo ver el muy buen sitio de La Baldrich: http://www.labaldrich.com.ar/declaracion-de-la-independencia-economica-2/


En aquella declaración, Perón habla de “reafirman la voluntad de ser económicamente libres, como hace ciento treinta y un años proclamaron ser políticamente independientes”. O sea, luego de la independencia política de 1816, el peronismo construyó la independencia económica del país.
La de Perón fue la etapa siguiente a la de 1816, la que fue frustrada por las guerras civiles y el triunfo de la política de las armas de la oligarquía porteña y el imperialismo.

Perón hablaba de:

- Reafirmar el propósito del pueblo argentino de consumar su emancipación económica de los poderes capitalistas foráneos que han ejercido su tutela, control y dominio, bajo las formas de hegemonías económicas condenables y de los que en el país pudieran estar a ellos vinculados.

- Romper los vínculos dominadores del capitalismo foráneo enclavado en el país y recuperar los derechos al gobierno propio de las fuentes económicas nacionales.

- La voluntad de ser económicamente libres, como hace ciento treinta y un años proclamaron ser políticamente independientes.

- Las fuerzas de la producción e industrialización tienen ahora una amplitud y alcance no conocidos y pueden ser superados por la acción y trabajo del pueblo de la República.

Los eslabones de nuestra línea histórica  

Mirar en retrospectiva el 9 de julio nos permite comprender las claves de nuestro presente. También encontrar un hilo conductor entre las luchas de ayer y las que hoy tenemos. Haciendo un ejercicio de memoria histórica comprendemos que existe una línea histórica que enlaza los proyectos nacionales en la Argentina, de la cual los peronistas y hombres y mujeres del campo popular formamos parte en forma inseparable.

Al igual que las guerras civiles que sobrevinieron al Congreso de Tucumán, el gobierno de Juan Perón sufrió un golpe de Estado en los que los genocidas no dudaron en asesinar, torturar y violar todos los derechos humanos, tanto en 1955 como en 1976.

Mirando hacia atrás comprendemos que la claridad y la pasión revolucionaria de Mariano Moreno y Belgrano, se unen al Federalismo de Artigas, Ramírez y López, a la gesta emancipadora de San Martín, a la declaración de Independencia y a los caudillos federales. Y así, pasando por una dilatada colección de patriotas como Dorrego, Juan Manuel de Rosas, las últimas montoneras de López Jordán y Felipe Varela, el Mariscal Solano López del Paraguay, Yrigoyen, Jauretche, Scalabrini Ortiz, etc., llegamos a Juan y Eva Perón y más acá en el tiempo a la Resistencia Peronista, al 73, a Néstor Kirchner y nuestro presente.

La vigencia del 9 de Julio

¿Qué vigencia tiene el 9 de julio de 1816? ¿O la declaración de Perón en 1947? En pleno siglo XXI, en un presente signado por la caída del empleo, del salario real, la desindustrialización y el empobrecimiento colectivo, el gobierno nacional lleva adelante una agenda de apertura económica muy amplia con acuerdos con la Unión Europea e incluso explora relanzar un acuerdo de libre comercio con EEUU al estilo ALCA. El FMI ejerce un tutelaje político en función de los acuerdos de asistencia financiera que el gobierno firmó con este organismo. En este marco, repensar la independencia, y en especial la económica, tiene una relevancia sustancial.

Los desafíos de hoy encuentran rápidamente un paralelismo con los postulados de la Independencia Económica de Perón de 1947 que en definitiva no es otra que la vocación de independencia que tuvieron aquellos hombres en 1816.

viernes, 21 de junio de 2019

A 131 años del asesinato de López Jordán, una muerte misteriosa en lo más íntimo del poder entrerriano

López Jordán (cuadro salón de los Gobernadores Casa Gris).

Hace 131 años, el 22 de junio de 1889, moría el último caudillo federal en armas, jefe de las últimas montoneras que intentaron fijar un curso nacional la patria, que defendió la soberanía de su provincia, Entre Ríos, y que fue derrotado por fuerzas militares superiormente armadas por el gobierno “civilizador” de Sarmiento. 


Su asesinato es un misterio. El expediente judicial, en especial el dictamen del Fiscal, deja muchas dudas, y allí la sombra del pasado político se erige sobre los hechos y un asesinato por encargo no parece una posibilidad alejada de lo que pudo haber ocurrido realmente. La muerte de López Jordán va más allá de Aurelio Casas, el asesino del caudillo, el autor material.


En 1989, por entonces a 100 años del asesinato de López Jordán, el Gobierno de Entre Ríos, en la primera gobernación de Jorge Busti, se propuso como un acto de estricta justicia histórica que sus restos retornaran a su Patria Chica entrerriana.


Escribe: Dr. Alejandro Gonzalo García Garro


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“Amnistiado por Juárez Celman, se instalará en Buenos Aires en 1888, donde sería asesinado el 22 de junio de 1889 en circunstancias no aclaradas satisfactoriamente”. José María Rosa. “Historia Argentina”. Tomo VII. Pág. 360.

“…los testigos Andrés Pigneto y Luis A. Leompart, que oyeron decir que el procesado (Aurelio Casas) se encontraba en Buenos Aires, porque lo había traído don Justo Urquiza; y por otra parte, José Abella, que declara: que además de tener conocimiento que Justo Urquiza buscaba a Aurelio Casas, afirma que fue visto por el citado Urquiza, para que matara al general López Jordán, y Felipe Limo, que afirma también saber que el citado Urquiza hacía diligencias para dar con el paradero de Aurelio Casas”. Dictamen del Agente Fiscal. Fallos y disposiciones de la Excma. Cámara de Apelaciones de la Capital. Publicados por Luis S. Aliaga y Daniel J Frías, tomo IX. Buenos Aires, 1896.

Últimos días de la víctima

A mediados de agosto de 1888 retorna de su forzado exilio oriental el caudillo entrerriano Ricardo López Jordán. Casi diez años antes, en 1879, López Jordán se fuga de la cárcel en Rosario pidiendo asilo en Uruguay, el que le fue concedido. El sobrino de Francisco Ramirez, había nacido en Paysandú, razón por la cual el presidente uruguayo no le puede negar el derecho de exilarse en su propio país a pesar de los reclamos del gobierno argentino. Le esperan diez interminables años de exilio. El “zorro” Roca lo seduce para sumarlo a su proyecto político, pero López Jordán prefiere aguardar que las condiciones mejoren para volver a su patria.

En 1888 resuelve volver a Buenos Aires luego de la amnistía que le otorga el Presidente Juárez Celman. Se radica en la ciudad puerto dispuesto a vivir con su familia que lo había esperado pacientemente. Está voluntariamente alejado de las intrigas revolucionarias y de la acción política. Sólo aspira a su reincorporación al ejército nacional al que pertenecía y realiza las gestiones necesarias para recuperar su grado de General.

El distrito de Buenos aires ya es la Capital Federal y se debe de haber asombrado el caudillo de los cambios producidos en la “república liberal y mercantil” poblada ahora de inmigrantes y gobernada por el orden conservador. Sorprendido contempla los palacetes de Barrio Norte levantados recientemente por arquitectos italianos y franceses. El “progreso” ha penetrado la ciudad, se inauguran obras monumentales como el Palacio del Congreso y el Teatro Colón. Es la Argentina de los 80, el país de la “gran ilusión” de las élites dominantes, cada vez más ricas y en contraste a una pobreza que también crece.

A mediados de septiembre una noticia conmueve a la ciudad, Sarmiento había fallecido en Asunción del Paraguay. El presidente Juárez Celman decide rendirle honores y organizan sus exequias para el 21 de septiembre. Es la primera vez que en la ciudad se organizará un entierro tan espectacular. El coche fúnebre es majestuoso, lo mismo que el carro que lleva las coronas. El Presidente de la República en carruaje de gala forma parte del cortejo fúnebre y los faroles de las calles hasta llegar a la Recoleta están encendidos y enlutados con crespones negros. A millares de concurrentes les ha atraído el espectáculo y suponemos, que, entre ellos, se encuentra curioso, mirando el paso del cortejo, Ricardo López Jordán.

¿Qué habrá pensado el caudillo cuando vio pasar, frente a él, el féretro con los restos de Sarmiento? López Jordán volvía a Buenos Aires justo a tiempo “para ver pasar el cadáver de su enemigo”, el que le puso precio a su “cabeza”. No podemos saber que meditó el caudillo cuando vio desfilar la cureña lentamente frente a él, pero tal vez lo podríamos suponer: Piensa frente al muerto ilustre en el estado de desolación y ruina en que se encuentra la provincia de Entre Ríos como consecuencia de las intervenciones armadas ordenadas por Sarmiento. Recordará las inútiles y heroicas cargas de caballería, las últimas montoneras precipitándose contra los poderosos cañones Krupp. Sonarán quizás en sus oídos las descargas de los fusiles a repetición Rémington que, el ahora extinto Sarmiento, compró para reprimir la rebelión. Escuchará el grito desgarrador de los heridos. Recordará a sus gauchos muertos en Ñambé o Don Gonzalo. Evocará sus heroicas derrotas, la captura, la cárcel, la fuga y el exilio. Pensará también que el hombre dentro del féretro le imputó hace muchos años una muerte que no cometió, que sigue impune y que, tal vez Sarmiento se lleve el secreto de los verdaderos autores del crimen a la tumba. El asesinato de Urquiza en la Palacio San José no es su responsabilidad. El dió la orden de capturarlo vivo pero, pero quienes fueron a detenerlo lo ultimaron y él carga con la muerte de Urquiza como si fuese un vil asesino cuando quizá la muerte fue consecuencia de la resistencia de Urquiza a su arresto o fue pergeñado por un grupo de porteños, entre ellos, tal vez, “el loco” Sarmiento, que en esos tiempos era Presidente de la República. “Ellos mismos asesinaron a Urquiza y utilizaron el crimen para atribuírmelo e invadir la provincia...” ¿Qué pensó en fin, frente a los despojos del hombre que le tasó su cabeza en 1000.000 pesos fuertes como si fuese un vulgar matrero?

El General camina hacia la muerte

Pasan los meses y el año 1889 lo encuentra al caudillo integrado a la gran ciudad. Siete hijos y su mujer le hacen ahora la vida plena después de tanta ausencia, lucha y sufrimiento. El vencido de “Don Gonzalo” logra por fin arraigarse en su nueva vida.

No participa en política, pero, a través de sus amigos, viejos federales, está informado de las varias conspiraciones que la oposición está planeando para desestabilizar la administración de Juárez Celman.

Junto con los primeros fríos del invierno porteño llega el fatídico 22 de junio. Después de almorzar con su familia sale a la calle y se encamina por la calle Esmeralda hacia la casa de su amigo Dámaso Salvatierra para visitarlo. 

Lo imaginamos caminando lentamente, advierte que en la vereda opuesta el coronel Leyra está cruzando la calle para saludarlo cuando de repente y por detrás es atacado por un desconocido quién le dispara en la cabeza dos tiros de pistola Lafaucheaux del calibre 12, una de cuyas balas, penetra en la parte posterior de la cabeza, cerca de la oreja derecha, atravesando la masa encefálica. El general cae herido de muerte frente el número 562 de la calle Esmeralda, domicilio de uno de los hijos de Urquiza, llamado Diógenes. 

Agonizando es llevado a la farmacia Menier ubicada en la esquina de Esmeralda y Tucumán donde se intenta salvarle la vida, pero es inútil, el general, el caudillo, ha muerto. Así, asesinado por la espalda con alevosía, caía el último caudillo federal, jefe de las últimas montoneras que intentó fijar un curso nacional para su patria argentina, que defendió la soberanía de su provincia, Entre Ríos y que fue derrotado por fuerzas militares superiormente armadas por el gobierno “civilizador” de Sarmiento.

¿Quién mató al Caudillo?


¿Quién es el matador? ¿Quién es el asesino? ¿Quién es “el individuo alto, moreno, de poblado bigote negro” que mató a don Ricardo López Jordán? Se trata de un joven de 27 años de nombre Aurelio Casas que es arrestado y declara en sede judicial haber obrado por venganza: su padre, Zenón Casas, y expresa que el mismo fue fusilado por orden de López Jordán.


Pero el homicida miente. Las noticias de la época y el proceso del imputado dejan muchos cabos sueltos y suspicacias sobre el verdadero móvil del alevoso atentado. Con respecto a la muerte del mencionado Zenón Casas, padre del matador, hay dos versiones: La primera de Fermín Chávez revela que habría sido muerto por orden del comandante oriental Oviedo en el mes de mayo de 1873. Una segunda versión expresa que: “según los datos personales que he obtenido, fue primero partidario de López Jordán y después su enemigo político, y si se tiene presente la versión que corre en Entre Ríos, de que, yendo Casas en viaje al Uruguay, con una partida de diez hombres, estos mismo lo ataron y le dieron muerte para librarse de su mando” (Dictamen del Agente Fiscal. Fallos y disposiciones de la Excma. Cámara de Apelaciones de la Capital. Publicados por Luis S. Aliaga y Daniel J Frías, tomo IX. Buenos Aires, 1896).


La historia oficial insiste en el motivo expresado por el reo en las actas del juicio, lo maté para vengar a mi padre, pero en verdad el asesino estaba encubriendo los motivos del crimen y la identidad de sus mandantes.


¿Asesinato por encargo?

En el dictamen de la Fiscalía citado más arriba encontramos la siguiente afirmación: “…Los testigos Andrés Pigneto y Luis A. Leompart, que oyeron decir que el procesado se encontraba en Buenos Aires, porque lo había traído don Justo Urquiza; y por otra parte, José Abella, que declara: que además de tener conocimiento que Justo Urquiza buscaba a Aurelio Casas, afirma que fue visto por el citado Urquiza, para que matara al general López Jordán, y Felipe Limo, que afirma también saber que el citado Urquiza hacía diligencias para dar con el paradero de Aurelio Casas”.

La familia Urquiza le hace llegar a la familia del matador, que se encontraba en una total indigencia, una fuerte suma de dinero en concepto de “donación”. La gente comenta sobre esta “donación” y en una hoja sin pié de imprenta publicada en Gualeguaychú, lo que hoy llamaríamos un panfleto, se lee la siguiente información: “Se ha promovido una suscripción entre los miembros de la familia Urquiza para regalar 70.000 pesos a la esposa del sujeto Aurelio Casas, el asesino del general Ricardo López Jordán… El doctor Diógenes Urquiza ha suscripto la mitad de esa suma, es decir, 35.000 pesos nacionales. Cuando el criminal conozca esta noticia, se convencerá que su esposa y sus hijos van a salir de la miseria en que han estado hasta ahora” (en este y en todos los puntos recomiendo a cualquier interesad@ que lea el enorme libro de Fermín Chávez, “Vida y Muerte de López Jordán”). 

Ninguno de los miembros de la familia Urquiza fueron citados por la Justicia a declarar sobre una supuesta y posible complicidad en el crimen. El matador Aurelio Casas es condenado a cadena perpetua y en ocasión del 25 de mayo de 1919 es indultado por el entonces Presidente Hipólito Irigoyen. Hecho este muy llamativo y poco investigado históricamente. 

Don Ricardo López Jordán descansa en suelo entrerriano


Mausoleo de Plaza Carbó (Paraná) donde yacen los restos de López Jordán.
Los restos del caudillo entrerriano fueron sepultados en el cementerio Norte (Recoleta) de la ciudad de Buenos Aires hasta que en el marco del año jordaniano y habiéndose cumplido el 22 de junio de 1989 cien años de su muerte, el Gobierno de Entre Ríos, la primera gobernación de Jorge Busti, se propuso como un acto de estricta justicia, que sus restos retornaran a la Patria Chica.  

Provisoriamente, en una primera etapa, los restos del último caudillo federal fueron depositados en el panteón de la familia Pérez Colman en Paraná. Años después fueron trasladados definitivamente hasta el mausoleo erigido en la plaza Carbó de Paraná, detrás de Casa de Gobierno. Por entonces, el gobierno entrerriano afirmó: “tarea cumplida. Los restos del general Ricardo López Jordán descansan en suelo entrerriano y en justicia”.

jueves, 20 de junio de 2019

Manuel Belgrano: un combatiente de la independencia y la unidad nacional


Manuel Belgrano es uno de los prohombres de nuestra historia que mayores desvirtuaciones históricas ha sufrido. Desde su rol como promotor de la educación hasta el color de la bandera nacional, su figura ha sido pieza de manipulación histórica. Fue un intelectual multifacético: abogado, economista, político y general del ejército del Norte. Pero por sobre todas esas cosas fue un patriota que nos ha legado como ejemplo para la acción cotidiana de los hombres una conducta militante al servicio del país. Recordarlo únicamente como creador de nuestra enseña patria es injusto y parcial.


Aquejado por una grave enfermedad (hidropesía), Belgrano viajó desde Tucumán hacia Buenos Aires, donde falleció el 20 de junio de 1820, empobrecido y lejos de su familia.


Cabe una reflexión para pintar de cuerpo entero la figura de Manuel Belgrano. En sus últimos suspiros de vida decide hacer frente a los gastos que le implicaba su enfermedad entregando al médico que lo atendía, su reloj de oro, su última pertenencia.


Cuando Manuel Belgrano falleció la patria atravesaba por momentos muy difíciles, una situación de casi anarquía, por lo que pocas personas se enteraron de que había muerto. Sólo un diario, "El Despertador Teofilantrópico" se ocupó de su muerte. Para los demás no fue noticia. 


Culminaba así la vida de un verdadero prócer, entendido como persona ilustre y respetada por sus meritos, lo que lo vuelven un ser presente en la vida de los pueblos y no inmovilizado en el mármol, que dedicó su vida a la independencia de la Patria y a su desarrollo cultural y económico. 


Escriben: Lic. Atilio Martinez y Dr. Gustavo Gaitán


(NdR: Esta nota tiene más de 10 años, la escribieron mis amigos y compáñeros Gustavo Gaitán y Atilio Martinez como un resumen para un curso de formación política que hacíamos por entonces para les compañeres de la Juventud Peronista).


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"...Nadie me separará de los principios que adopté cuando me decidí a buscar la libertad de la patria amada, y como éste solo es mi objeto, no las glorias, no los honores, no los empleos, no los intereses, estoy cierto de que seré constante en seguirlos". Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano


Una vida al servicio de la patria

Belgrano nació en Buenos Aires, el 3 de Junio de 1770; en el seno de una familia criolla.

Su formación intelectual comenzó en el Real Colegio de San Carlos (actual Colegio Nacional de Buenos Aires). Luego se traslada a España donde estudió Derecho en las universidades de Salamanca y Valladolid. Se graduó con medalla de oro a los 18 años de edad.

Fue un intelectual multifacético: abogado, economista, político y general del ejército del Norte. Pero por sobre todas esas cosas fue un patriota que nos ha legado como ejemplo para la acción cotidiana de los hombres, una conducta militante al servicio del país. 

Recordarlo únicamente como creador de nuestra enseña patria es injusto y parcial. Belgrano es, en muchas cosas para el imaginario popular, una invención de los historiadores liberales, propensos a imponernos un relato con los próceres aislados de su pueblo, retratados en un mármol inmóvil.

 

Memoria militante

A los prohombres, que dejaron todo por el engrandecimiento y la emancipación de la patria, el mejor homenaje que podemos hacerles, además de recordarlos con un día o con actos, es tenerlos presentes de manera permanente, en todas las acciones, en todas las decisiones y en todos los pronunciamientos. 

El primer acto que debemos hacer es desandar la vida de este patriota, que nuestra historia oficial encarnada en "vende patrias" y "civilizadores", trataron de ocultar o deformar, utilizando argumentos pocos serios, insuficientes, para minimizar las ideas y las actitudes de Manuel Belgrano.

 

La generación de la revolución

Él, junto con otros patriotas, representaron una generación que tenía ideales muy claros y un amor por la patria inconmensurables. Un repaso por su vida nos devuelve a un hombre que defendió y luchó por la independencia y la dignidad del pueblo argentino.

Su formación política estuvo influida por el acercamiento a su primo Juan José Castelli, quien lo interesó por el pensamiento de Francisco Suárez Cerutti, el cual se resume en una idea fuerza que no da lugar a las vacilaciones: "el poder de los gobiernos deviene de los pueblos".

 

El creador de la Bandera "Azul y Blanca"

Hasta que Manuel Belgrano enarboló por primera vez la bandera nacional el 27 de febrero de 1812, tanto los ejércitos patriotas como los realistas utilizaban los colores rojo y amarillo de España en sus estandartes. De este modo, creyó conveniente diferenciar el bando patriota de los realistas usurpadores y de esa manera estimular a la tropa con un símbolo que identificaran como propio. 

Los colores de su creación, son una polémica que aún no se ha cerrado. Nosotros adherimos a la teoría que sostienen algunos historiadores revisionistas que afirman que Belgrano es el creador de la bandera "azul y blanca" y no la "celeste y blanca". Esta última fue impuesta por dos oscuros personajes, conspiradores y opositores consuetudinarios de la causa Nacional y Popular: Sarmiento y Mitre. 

El azul y blanco, se inspira en la escarapela azul-celeste del Triunvirato, debido al color de la heráldica, que no es azul-turquí ni celeste sino el que conocemos como azul. Nada tuvo que ver el color del cielo, que tantas veces ha repetido la historia oficial y argumento con el cual nos han querido confundir y convencer.

Otro argumento que se ha utilizado para imponernos el celeste y blanco tiene un antecedente religioso, ya que son los colores de la Virgen María en su Purísima e Inmaculada Concepción, a la que se representa vestida de blanco con un manto celeste. 

Azul y blanca fue la bandera que flameó en el fuerte de Buenos Aires, en Ituzaingo durante la guerra con Brasil, y en la guerra del Paraguay. En 1813, Artigas le agregaría una franja colorada (punzó) cruzada para distinguirse de Buenos Aires sin desplazar la "azul y blanca". La bandera cruzada fue usada en Entre Ríos y Corrientes. La cinta punzó fue adoptada por los Federales, mientras los Unitarios, para distinguirse, usaron una cinta celeste, y no el azul de la bandera.

 

Rosas y la Bandera

Un dato que da veracidad a estos hechos es la carta del Coronel salteño Miguel Otero dirigida a Rufino Guido, hermano de Tomás Guido, el 22 de octubre de 1872. En la misma le expresa, en referencia a la infamia de Lavalle de iniciar la invasión "libertadora" contra su patria (apoyado y financiado por Francia), "...ni siquiera enarbolaron (los libertadores) el pabellón nacional azul y blanco, sino el estandarte de la rebelión y la anarquía celeste y blanco para que fuese más ominosa su invasión en alianza con el enemigo...".

Juan Manuel de Rosas, para evitar que al desteñirse por el sol, se confundiera con la del enemigo, la oscurece más, llevándola a un azul-turquí. ¿Por qué Rosas eligió el azul turquí? Por varias razones: porque el "azul real" es más noble y resiste por más tiempo, al sol, a la lluvia, etc. Él pensó que el color argentino era el azul, porque así lo estableció el decreto de la bandera nacional y de guerra del 25 de febrero 1818, y también porque el celeste siempre fue el color preferido de liberales y masones.

 
Fue la bandera que, sin modificarse la ley flameó en el fuerte, en la campaña al desierto (1833 - 1834) en la Vuelta de Obligado y en El Quebracho en 1845, y la misma que fue saludada en desagravio por el imperio inglés con 21 cañonazos. 

Prueba de esto, es también la carta que Rosas escribió al encargado de la Guardia del Monte, el 23 de marzo de 1846, diciéndole que se le remitiría una bandera para los días de fiesta, agregando que "...Sus colores son blanco y azul oscuro con un sol colorado en el centro y en los extremos el gorro punzo de la libertad. Esta es la bandera Nacional por la ley vigente. El color celeste ha sido arbitrariamente y sin ninguna fuerza de Ley Nacional, introducido por las maldades de los unitarios. Se le ha agregado el letrero de ¡Viva la Federación! ¡Vivan los Federales Mueran los Unitarios!".

 
La misma bandera se izó en el Fuerte de Bs. As. el 13 de abril de 1836 al celebrarse el segundo aniversario del regreso de Rosas al poder. La misma bandera que Urquiza le regala a Andrés Lamas y que hoy se conserva en el Museo Histórico Nacional de Montevideo. 

Rosas quiso que las provincias usaran la misma bandera y evitaran el celeste, y con ese propósito mantuvo correspondencia, entre otros, con Felipe Ibarra, gobernador de Santiago del Estero, entre abril y julio de 1836. "Por este motivo debo decir a V. que tampoco hay ley ni disposición alguna que prescriba el color celeste para la bandera nacional como aún se cree en ciertos pueblos". A su vez, le adicionó cuatro forros frigios en sus extremos, según Pedro de Angelis, en honor a los cuatro acontecimientos que dieron nacimiento a la Confederación Argentina: el tratado del Pilar del 23 de febrero de 1820 (que adoptó el sistema Federal), el Tratado del Cuadrilátero (de amistad y unión entre Bs.As y las provincias), la Ley Fundamental de 23 de enero de 1825 (que encargo a Bs.As. las relaciones exteriores y la guerra) ), y el Pacto Federal del 4 de enero de 1831 ( creación de la Confederación, a la que se adherían las provincias).

 

El celeste de Sarmiento y Mitre

Consumada la traición de Urquiza en Caseros y la caída de Rosas, Sarmiento adopta el celeste unitario en vez del azul de la bandera nacional. En su "Discurso a la Bandera", al inaugurar el monumento a Belgrano el 24 de septiembre de 1873 señaló a la enseña de la Confederación como un invento de bárbaros, tiranos y traidores, y en su Oración a la Bandera de 1870, denigra la "blanca y negra" de la Vuelta de Obligado diciendo además que "la bandera blanca y celeste ¡Dios sea loado! no fue atada jamás al carro triunfal de ningún vencedor de la tierra".

Mitre se basa en el "celeste" apoyándose, fiel a su costumbre, en un argumento poco serio y maniqueo, un óleo de San Martín hecho en 1828, dando por verdad histórica el color adoptado por un artista. 

El general Espejo, compañero de San Martín, en 1878 publicaba sus Memorias, en ellas recordaba como azul el color original de la bandera de los Andes conservada desteñida en Mendoza. Pero Mitre, que siempre interpretó las cosas como le convino, lo atribuyó a una "disminuida memoria del veterano". 

En 1908, ante la confusión existente y a pedido de la Comisión del Centenario, se estableció el color azul de la ley 1818 para la confección de banderas. Sin embargo, siguió empleándose el celeste y blanco, en lugar del la gloriosa "azul y blanca". La misma bandera que acompañó a San Martín en su gloriosa gesta Libertadora y la misma que acompañó los restos del propio Rosas en Southampton.

 

Belgrano, "educador y periodista"

Belgrano fue el promotor de la enseñanza obligatoria que el virrey Cisneros decretó en 1810.

 
Destacamos también la labor que Belgrano tiene como periodista: se desempeñó en el Telégrafo Mercantil, creó el Correo de Comercio, este fue utilizado por Belgrano para militar la idea del desarrollo de la producción, la industria y el comercio en nuestro territorio nacional. 

Dona sus sueldos y premios del ejército para construir algo más de 40 escuelas públicas, su tarea implicó que, además de contribuir a su creación, elaboró el reglamento con que las mismas debían funcionar. 

La historia oficial se ha ocupado de no contar estas actividades realizadas por Belgrano, creer que esto se debe a un error historiográfico es caer en la trampa planteada por aquellos que se creen dueños de la Historia, que se lo disimule y oculte, no tiene otra intención que no sea la de reservarle el sitial del primer educador a Sarmiento.

 

Belgrano: "el economista"

Belgrano presta especial atención a la economía política en su paso por la Universidad. En Salamanca, lugar donde curso sus estudios Universitarios, fue el primer presidente de la Academia de Práctica Forense y Economía Política. Sus ideas sobre economía, se pueden resumir de la siguiente manera:

a) ..."la exportación de lo superfluo es la ganancia más clara que pueda hacer una Nación"...
b) ..."el modo más ventajoso de exportar las producciones superfluas de la tierra es ponerlas antes en obra o manufacturadas"...
c) ..."la importación de las materias extranjeras para emplearse en manufacturas, en lugar de sacarlas manufacturadas de sus países, ahorra mucho dinero y proporciona la ventaja que produce a las manos nativas que se emplean en darles una nueva forma"...
d) ... "La importación de las cosas de absoluta necesidad, no puede estimarse un mal, pero no deja de ser un motivo real de empobrecimiento de una nación"...
e) ..." la importación de mercancías extranjeras para volverlas a exportar enseguida procura un beneficio real".
 

Militante de la independencia

En 1812, Belgrano es nombrado Brigadier del Ejército y tiempo después marcha hacia el Alto Perú con la instrucción de hacerse cargo del Ejército del Norte. Allí choca con el avance del ejército Español, decide iniciar el éxodo del pueblo Jujeño hacia Tucumán. Ya asentado ahí decide presentar batalla al Imperio Invasor, sosteniendo que los enfrentaría"...Sin más armas que unas lanzas improvisadas, sin uniformes, ni otra montura que la silla y los guardamontes...", señalando además que "...no tenían disciplina, ni tiempo de aprender las voces de mando, pero les sobraba entusiasmo...".


Enfrentamiento con Rivadavia

Rivadavia no acepta la decisión tomada por Belgrano y lo invita a que se retire a Córdoba. El General Manuel Belgrano le escribe"...algo es preciso aventurar y ésta es la ocasión de hacerlo; voy a presentar batalla fuera del pueblo y en caso desagraciado me encerraré en la plaza hasta concluir con honor...". 

Rivadavia insiste con la retirada diciéndole "...la falta de cumplimiento de ella le deberá a V.S. los más graves cargos de responsabilidad...".

El hace caso omiso a las amenazas del miserable de Rivadavia, enfrentando y derrotando a los realistas que se retiran, vencidos por los valientes y gallardos gauchos norteños.


Un hijo rosista

Hay una anécdota, que sostienen algunos historiadores, que reza que a pesar de no haberse casado tuvo varios hijos. De sus amores con una joven tucumana nació su hija, Manuela Mónica, que fuera enviada a Buenos Aires, para instruirse. 

A su vez, tuvo otro hijo con la hermana de Encarnación Ezcurra, mujer de Juan Manuel de Rosas; este lo crió y cuando cumplió 18 años le contó quien era su ilustre padre. Estos historiadores recuerdan, que Don Juan Manuel le habrá dicho"...de ahora en mas puede llamarse Pedro Rosas y Belgrano..."


Rivadavia, soldado de la dependencia 

Cabe una reflexión, mientras el crápula de Rivadavia, que sigue siendo presentado por la Historia Oficial como un Patriota, falacia que no estamos dispuestos a seguir tolerando, pensaba en la entrega de territorios y en la claudicación de la emancipación de América, existían a su vez los verdaderos patriotas, como Belgrano, que pensaron en los intereses de todos o no de unos pocos. 

Es decir, que mientras los auténticos patriotas ponían su pellejo en juego por la defensa de la liberación y la independencia, los alabados por los historiadores liberales, como el canalla de Rivadavia estaban ocupándose de esclavizarnos por medio de negociados como la entrega de las minas de Famatina y los créditos a la banca londinense.


Belgrano y una muerte en el olvido.

Después de su entrega sin dobleces ni especulaciones por la patria y las donaciones que hizo de su patrimonio para la educación, Belgrano muere en la pobreza y el olvido.

Aquejado por una grave enfermedad (hidropesía), viaja desde Tucumán hacia Buenos Aires, donde falleció el 20 de junio de 1820, empobrecido y lejos de su familia.

Cabe una última reflexión para terminar de pintar de cuerpo entero la figura de Manuel Belgrano; en sus últimos suspiros de vida decide hacer frente a los gastos que le implicaba su enfermedad entregando al médico que lo atendía, su reloj de oro, su última pertenencia.

Cuando Manuel Belgrano falleció la patria atravesaba por momentos muy difíciles, una situación de casi anarquía, por lo que pocas personas se enteraron de que había muerto. Sólo un diario, "El Despertador Teofilantrópico" se ocupó de su muerte. Para los demás no fue noticia. 

Culminaba así la vida de un verdadero prócer, entendido como persona ilustre y respetada por sus meritos, lo que lo vuelven un ser presente en la vida de los pueblos y no inmovilizado en el mármol, que dedicó su vida a la independencia de la Patria y a su desarrollo cultural y económico.