jueves, 20 de junio de 2019

Manuel Belgrano: un combatiente de la independencia y la unidad nacional


Manuel Belgrano es uno de los prohombres de nuestra historia que mayores desvirtuaciones históricas ha sufrido. Desde su rol como promotor de la educación hasta el color de la bandera nacional, su figura ha sido pieza de manipulación histórica. Fue un intelectual multifacético: abogado, economista, político y general del ejército del Norte. Pero por sobre todas esas cosas fue un patriota que nos ha legado como ejemplo para la acción cotidiana de los hombres una conducta militante al servicio del país. Recordarlo únicamente como creador de nuestra enseña patria es injusto y parcial.


Aquejado por una grave enfermedad (hidropesía), Belgrano viajó desde Tucumán hacia Buenos Aires, donde falleció el 20 de junio de 1820, empobrecido y lejos de su familia.


Cabe una reflexión para pintar de cuerpo entero la figura de Manuel Belgrano. En sus últimos suspiros de vida decide hacer frente a los gastos que le implicaba su enfermedad entregando al médico que lo atendía, su reloj de oro, su última pertenencia.


Cuando Manuel Belgrano falleció la patria atravesaba por momentos muy difíciles, una situación de casi anarquía, por lo que pocas personas se enteraron de que había muerto. Sólo un diario, "El Despertador Teofilantrópico" se ocupó de su muerte. Para los demás no fue noticia. 


Culminaba así la vida de un verdadero prócer, entendido como persona ilustre y respetada por sus meritos, lo que lo vuelven un ser presente en la vida de los pueblos y no inmovilizado en el mármol, que dedicó su vida a la independencia de la Patria y a su desarrollo cultural y económico. 


Escriben: Lic. Atilio Martinez y Dr. Gustavo Gaitán


(NdR: Esta nota tiene más de 10 años, la escribieron mis amigos y compáñeros Gustavo Gaitán y Atilio Martinez como un resumen para un curso de formación política que hacíamos por entonces para les compañeres de la Juventud Peronista).


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"...Nadie me separará de los principios que adopté cuando me decidí a buscar la libertad de la patria amada, y como éste solo es mi objeto, no las glorias, no los honores, no los empleos, no los intereses, estoy cierto de que seré constante en seguirlos". Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano


Una vida al servicio de la patria

Belgrano nació en Buenos Aires, el 3 de Junio de 1770; en el seno de una familia criolla.

Su formación intelectual comenzó en el Real Colegio de San Carlos (actual Colegio Nacional de Buenos Aires). Luego se traslada a España donde estudió Derecho en las universidades de Salamanca y Valladolid. Se graduó con medalla de oro a los 18 años de edad.

Fue un intelectual multifacético: abogado, economista, político y general del ejército del Norte. Pero por sobre todas esas cosas fue un patriota que nos ha legado como ejemplo para la acción cotidiana de los hombres, una conducta militante al servicio del país. 

Recordarlo únicamente como creador de nuestra enseña patria es injusto y parcial. Belgrano es, en muchas cosas para el imaginario popular, una invención de los historiadores liberales, propensos a imponernos un relato con los próceres aislados de su pueblo, retratados en un mármol inmóvil.

 

Memoria militante

A los prohombres, que dejaron todo por el engrandecimiento y la emancipación de la patria, el mejor homenaje que podemos hacerles, además de recordarlos con un día o con actos, es tenerlos presentes de manera permanente, en todas las acciones, en todas las decisiones y en todos los pronunciamientos. 

El primer acto que debemos hacer es desandar la vida de este patriota, que nuestra historia oficial encarnada en "vende patrias" y "civilizadores", trataron de ocultar o deformar, utilizando argumentos pocos serios, insuficientes, para minimizar las ideas y las actitudes de Manuel Belgrano.

 

La generación de la revolución

Él, junto con otros patriotas, representaron una generación que tenía ideales muy claros y un amor por la patria inconmensurables. Un repaso por su vida nos devuelve a un hombre que defendió y luchó por la independencia y la dignidad del pueblo argentino.

Su formación política estuvo influida por el acercamiento a su primo Juan José Castelli, quien lo interesó por el pensamiento de Francisco Suárez Cerutti, el cual se resume en una idea fuerza que no da lugar a las vacilaciones: "el poder de los gobiernos deviene de los pueblos".

 

El creador de la Bandera "Azul y Blanca"

Hasta que Manuel Belgrano enarboló por primera vez la bandera nacional el 27 de febrero de 1812, tanto los ejércitos patriotas como los realistas utilizaban los colores rojo y amarillo de España en sus estandartes. De este modo, creyó conveniente diferenciar el bando patriota de los realistas usurpadores y de esa manera estimular a la tropa con un símbolo que identificaran como propio. 

Los colores de su creación, son una polémica que aún no se ha cerrado. Nosotros adherimos a la teoría que sostienen algunos historiadores revisionistas que afirman que Belgrano es el creador de la bandera "azul y blanca" y no la "celeste y blanca". Esta última fue impuesta por dos oscuros personajes, conspiradores y opositores consuetudinarios de la causa Nacional y Popular: Sarmiento y Mitre. 

El azul y blanco, se inspira en la escarapela azul-celeste del Triunvirato, debido al color de la heráldica, que no es azul-turquí ni celeste sino el que conocemos como azul. Nada tuvo que ver el color del cielo, que tantas veces ha repetido la historia oficial y argumento con el cual nos han querido confundir y convencer.

Otro argumento que se ha utilizado para imponernos el celeste y blanco tiene un antecedente religioso, ya que son los colores de la Virgen María en su Purísima e Inmaculada Concepción, a la que se representa vestida de blanco con un manto celeste. 

Azul y blanca fue la bandera que flameó en el fuerte de Buenos Aires, en Ituzaingo durante la guerra con Brasil, y en la guerra del Paraguay. En 1813, Artigas le agregaría una franja colorada (punzó) cruzada para distinguirse de Buenos Aires sin desplazar la "azul y blanca". La bandera cruzada fue usada en Entre Ríos y Corrientes. La cinta punzó fue adoptada por los Federales, mientras los Unitarios, para distinguirse, usaron una cinta celeste, y no el azul de la bandera.

 

Rosas y la Bandera

Un dato que da veracidad a estos hechos es la carta del Coronel salteño Miguel Otero dirigida a Rufino Guido, hermano de Tomás Guido, el 22 de octubre de 1872. En la misma le expresa, en referencia a la infamia de Lavalle de iniciar la invasión "libertadora" contra su patria (apoyado y financiado por Francia), "...ni siquiera enarbolaron (los libertadores) el pabellón nacional azul y blanco, sino el estandarte de la rebelión y la anarquía celeste y blanco para que fuese más ominosa su invasión en alianza con el enemigo...".

Juan Manuel de Rosas, para evitar que al desteñirse por el sol, se confundiera con la del enemigo, la oscurece más, llevándola a un azul-turquí. ¿Por qué Rosas eligió el azul turquí? Por varias razones: porque el "azul real" es más noble y resiste por más tiempo, al sol, a la lluvia, etc. Él pensó que el color argentino era el azul, porque así lo estableció el decreto de la bandera nacional y de guerra del 25 de febrero 1818, y también porque el celeste siempre fue el color preferido de liberales y masones.

 
Fue la bandera que, sin modificarse la ley flameó en el fuerte, en la campaña al desierto (1833 - 1834) en la Vuelta de Obligado y en El Quebracho en 1845, y la misma que fue saludada en desagravio por el imperio inglés con 21 cañonazos. 

Prueba de esto, es también la carta que Rosas escribió al encargado de la Guardia del Monte, el 23 de marzo de 1846, diciéndole que se le remitiría una bandera para los días de fiesta, agregando que "...Sus colores son blanco y azul oscuro con un sol colorado en el centro y en los extremos el gorro punzo de la libertad. Esta es la bandera Nacional por la ley vigente. El color celeste ha sido arbitrariamente y sin ninguna fuerza de Ley Nacional, introducido por las maldades de los unitarios. Se le ha agregado el letrero de ¡Viva la Federación! ¡Vivan los Federales Mueran los Unitarios!".

 
La misma bandera se izó en el Fuerte de Bs. As. el 13 de abril de 1836 al celebrarse el segundo aniversario del regreso de Rosas al poder. La misma bandera que Urquiza le regala a Andrés Lamas y que hoy se conserva en el Museo Histórico Nacional de Montevideo. 

Rosas quiso que las provincias usaran la misma bandera y evitaran el celeste, y con ese propósito mantuvo correspondencia, entre otros, con Felipe Ibarra, gobernador de Santiago del Estero, entre abril y julio de 1836. "Por este motivo debo decir a V. que tampoco hay ley ni disposición alguna que prescriba el color celeste para la bandera nacional como aún se cree en ciertos pueblos". A su vez, le adicionó cuatro forros frigios en sus extremos, según Pedro de Angelis, en honor a los cuatro acontecimientos que dieron nacimiento a la Confederación Argentina: el tratado del Pilar del 23 de febrero de 1820 (que adoptó el sistema Federal), el Tratado del Cuadrilátero (de amistad y unión entre Bs.As y las provincias), la Ley Fundamental de 23 de enero de 1825 (que encargo a Bs.As. las relaciones exteriores y la guerra) ), y el Pacto Federal del 4 de enero de 1831 ( creación de la Confederación, a la que se adherían las provincias).

 

El celeste de Sarmiento y Mitre

Consumada la traición de Urquiza en Caseros y la caída de Rosas, Sarmiento adopta el celeste unitario en vez del azul de la bandera nacional. En su "Discurso a la Bandera", al inaugurar el monumento a Belgrano el 24 de septiembre de 1873 señaló a la enseña de la Confederación como un invento de bárbaros, tiranos y traidores, y en su Oración a la Bandera de 1870, denigra la "blanca y negra" de la Vuelta de Obligado diciendo además que "la bandera blanca y celeste ¡Dios sea loado! no fue atada jamás al carro triunfal de ningún vencedor de la tierra".

Mitre se basa en el "celeste" apoyándose, fiel a su costumbre, en un argumento poco serio y maniqueo, un óleo de San Martín hecho en 1828, dando por verdad histórica el color adoptado por un artista. 

El general Espejo, compañero de San Martín, en 1878 publicaba sus Memorias, en ellas recordaba como azul el color original de la bandera de los Andes conservada desteñida en Mendoza. Pero Mitre, que siempre interpretó las cosas como le convino, lo atribuyó a una "disminuida memoria del veterano". 

En 1908, ante la confusión existente y a pedido de la Comisión del Centenario, se estableció el color azul de la ley 1818 para la confección de banderas. Sin embargo, siguió empleándose el celeste y blanco, en lugar del la gloriosa "azul y blanca". La misma bandera que acompañó a San Martín en su gloriosa gesta Libertadora y la misma que acompañó los restos del propio Rosas en Southampton.

 

Belgrano, "educador y periodista"

Belgrano fue el promotor de la enseñanza obligatoria que el virrey Cisneros decretó en 1810.

 
Destacamos también la labor que Belgrano tiene como periodista: se desempeñó en el Telégrafo Mercantil, creó el Correo de Comercio, este fue utilizado por Belgrano para militar la idea del desarrollo de la producción, la industria y el comercio en nuestro territorio nacional. 

Dona sus sueldos y premios del ejército para construir algo más de 40 escuelas públicas, su tarea implicó que, además de contribuir a su creación, elaboró el reglamento con que las mismas debían funcionar. 

La historia oficial se ha ocupado de no contar estas actividades realizadas por Belgrano, creer que esto se debe a un error historiográfico es caer en la trampa planteada por aquellos que se creen dueños de la Historia, que se lo disimule y oculte, no tiene otra intención que no sea la de reservarle el sitial del primer educador a Sarmiento.

 

Belgrano: "el economista"

Belgrano presta especial atención a la economía política en su paso por la Universidad. En Salamanca, lugar donde curso sus estudios Universitarios, fue el primer presidente de la Academia de Práctica Forense y Economía Política. Sus ideas sobre economía, se pueden resumir de la siguiente manera:

a) ..."la exportación de lo superfluo es la ganancia más clara que pueda hacer una Nación"...
b) ..."el modo más ventajoso de exportar las producciones superfluas de la tierra es ponerlas antes en obra o manufacturadas"...
c) ..."la importación de las materias extranjeras para emplearse en manufacturas, en lugar de sacarlas manufacturadas de sus países, ahorra mucho dinero y proporciona la ventaja que produce a las manos nativas que se emplean en darles una nueva forma"...
d) ... "La importación de las cosas de absoluta necesidad, no puede estimarse un mal, pero no deja de ser un motivo real de empobrecimiento de una nación"...
e) ..." la importación de mercancías extranjeras para volverlas a exportar enseguida procura un beneficio real".
 

Militante de la independencia

En 1812, Belgrano es nombrado Brigadier del Ejército y tiempo después marcha hacia el Alto Perú con la instrucción de hacerse cargo del Ejército del Norte. Allí choca con el avance del ejército Español, decide iniciar el éxodo del pueblo Jujeño hacia Tucumán. Ya asentado ahí decide presentar batalla al Imperio Invasor, sosteniendo que los enfrentaría"...Sin más armas que unas lanzas improvisadas, sin uniformes, ni otra montura que la silla y los guardamontes...", señalando además que "...no tenían disciplina, ni tiempo de aprender las voces de mando, pero les sobraba entusiasmo...".


Enfrentamiento con Rivadavia

Rivadavia no acepta la decisión tomada por Belgrano y lo invita a que se retire a Córdoba. El General Manuel Belgrano le escribe"...algo es preciso aventurar y ésta es la ocasión de hacerlo; voy a presentar batalla fuera del pueblo y en caso desagraciado me encerraré en la plaza hasta concluir con honor...". 

Rivadavia insiste con la retirada diciéndole "...la falta de cumplimiento de ella le deberá a V.S. los más graves cargos de responsabilidad...".

El hace caso omiso a las amenazas del miserable de Rivadavia, enfrentando y derrotando a los realistas que se retiran, vencidos por los valientes y gallardos gauchos norteños.


Un hijo rosista

Hay una anécdota, que sostienen algunos historiadores, que reza que a pesar de no haberse casado tuvo varios hijos. De sus amores con una joven tucumana nació su hija, Manuela Mónica, que fuera enviada a Buenos Aires, para instruirse. 

A su vez, tuvo otro hijo con la hermana de Encarnación Ezcurra, mujer de Juan Manuel de Rosas; este lo crió y cuando cumplió 18 años le contó quien era su ilustre padre. Estos historiadores recuerdan, que Don Juan Manuel le habrá dicho"...de ahora en mas puede llamarse Pedro Rosas y Belgrano..."


Rivadavia, soldado de la dependencia 

Cabe una reflexión, mientras el crápula de Rivadavia, que sigue siendo presentado por la Historia Oficial como un Patriota, falacia que no estamos dispuestos a seguir tolerando, pensaba en la entrega de territorios y en la claudicación de la emancipación de América, existían a su vez los verdaderos patriotas, como Belgrano, que pensaron en los intereses de todos o no de unos pocos. 

Es decir, que mientras los auténticos patriotas ponían su pellejo en juego por la defensa de la liberación y la independencia, los alabados por los historiadores liberales, como el canalla de Rivadavia estaban ocupándose de esclavizarnos por medio de negociados como la entrega de las minas de Famatina y los créditos a la banca londinense.


Belgrano y una muerte en el olvido.

Después de su entrega sin dobleces ni especulaciones por la patria y las donaciones que hizo de su patrimonio para la educación, Belgrano muere en la pobreza y el olvido.

Aquejado por una grave enfermedad (hidropesía), viaja desde Tucumán hacia Buenos Aires, donde falleció el 20 de junio de 1820, empobrecido y lejos de su familia.

Cabe una última reflexión para terminar de pintar de cuerpo entero la figura de Manuel Belgrano; en sus últimos suspiros de vida decide hacer frente a los gastos que le implicaba su enfermedad entregando al médico que lo atendía, su reloj de oro, su última pertenencia.

Cuando Manuel Belgrano falleció la patria atravesaba por momentos muy difíciles, una situación de casi anarquía, por lo que pocas personas se enteraron de que había muerto. Sólo un diario, "El Despertador Teofilantrópico" se ocupó de su muerte. Para los demás no fue noticia. 

Culminaba así la vida de un verdadero prócer, entendido como persona ilustre y respetada por sus meritos, lo que lo vuelven un ser presente en la vida de los pueblos y no inmovilizado en el mármol, que dedicó su vida a la independencia de la Patria y a su desarrollo cultural y económico.

martes, 9 de abril de 2019

El Congreso Nacional de Filosofía de 1949: El Peronismo, Carlos Astrada y la Argentina que reflexionaba sobre su identidad


“A diferencia de los negadores de lo nacional, Astrada ha buscado el ser nacional para el país. En Astrada la realidad argentina está en profundidad. Y lo que es más, la intuición emocional de la tierra nativa”.  
Juan José Hernández Arregui. “La formación de la conciencia nacional”.

Por A. Gonzalo García Garro 

El Primer Congreso Argentino de Filosofía

En el año 1947, por iniciativa del rectorado de la Universidad Nacional de Cuyo, se convocó al “Primer Congreso Argentino de Filosofía”, con participación de todos los países hispanohablantes”. El 20 de abril de 1948 el Poder Ejecutivo lo declaró de interés nacional  y el presidente Perón  dispuso que el Congreso pasara a denominarse “Primer Congreso Nacional de Filosofía”.

El Estado puso a disposición de los organizadores todos los recursos para garantizar el éxito de este primer encuentro internacional. El Congreso se celebró en Mendoza entre el miércoles 30 de marzo y el sábado 9 de abril de 1949. El propio Perón intervino pronunciando una conferencia como cierre durante la sesión de clausura, ceremonia celebrada en el Teatro Independencia de Mendoza en la tarde del sábado 9 de abril de 1949, con la presencia de María Eva Duarte de Perón, todos los Ministros que integraban el Gabinete Nacional, los Rectores de las Universidades argentinas, otras autoridades y los congresistas. Perón ofreció en esa intervención, plena de referencias históricas filosóficas, las principales posiciones ideológicas del justicialismo. Este texto sería difundido posteriormente en forma de libro titulado “La Comunidad Organizada”.

Los años finales de la década del 40 fueron muy ricos para el pensamiento argentino. El gobierno peronista, que logró una democratización social sin precedentes, ofrecía el marco propicio para que se profundicen grandes cuestiones pendientes como el tema de los orígenes y el destino de la nacionalidad argentina.

Juan Perón disertando en el Congreso.
El protagonismo que tuvo Perón en el Congreso con su discurso de cierre, aprovechando para presentar la idea de la filosofía justicialista al mundo, a lo que se le debe sumar el contexto internacional de la posguerra, le dieron al encuentro un carácter político evidente que fue muy criticado por algunos de los “filósofos” afines a las clases dominantes enfrentadas al peronismo que pretendían un encuentro aséptico y apolítico, básicamente para no hablar del peronismo y en términos del pensamiento lo que este expresaba.

Llegaron y/o enviaron ponencias muchos filósofos destacados como Hans Georg Gadamer discípulo del existencialista Martín Heidegger, el tomista francés Jacques Maritain, Julián Marías, José Vasconcelos, Gabriel Marcel, entre otros reconocidos intelectuales del mundo.

Ese Primer Congreso Nacional de Filosofía fue clave, no sólo por las discusiones filosóficas que se realizaron, sino también porque tuvo, reitero, un fuerte matiz político ya que, dos meses antes de la reunión se había reformado la Constitución Nacional, hacía menos de dos años que había concluido la segunda guerra mundial, la humanidad tomaba nota de los Juicios de Nuremberg, Hiroshima y Nagasaki y se advertían los primeros escarceos de la Guerra Fría, que dominaría al planeta, durante más de cincuenta años .

Sobre Carlos Astrada

Carlos Astrada.
En cuanto a los filósofos argentinos, en esos años el existencialismo europeo que lo expresaban Martín Heidegger y Jean Paul Sartre, entre otros, en Argentina era estudiado y difundido por el filósofo Carlos Astrada. Pero también se manifestaba por esa época otra fuerte corriente de pensamiento en nuestro país que era la filosofía tomista católica encabezada por monseñor Nicolás Octavio Derisi. Excedería los límites de esta nota comentar los contenidos de las conferencias y las polémicas desatadas en los diferentes temas filosóficos tratados. Si, entiendo que es imprescindible hacer una referencia mínima en estas líneas a un pensador argentino, que hizo importantes aportes para la comprensión de la argentinidad: Carlos Astrada. 

Si uno atendiera a la simple cronología, a una enumeración de nombres y hechos, el cordobés Carlos Astrada podría aparecer como un pensador agudo pero ecléctico y contradictorio que recorre todo el arco filosófico y político del siglo XX argentino llevado por los aires de la época: heideggeriano en los años 30, peronista en los 40 y tempranos 50, marxista en los 60; hacia el final de su vida maoísta. Mao Tsé Tung lo recibió en China porque el Partido Comunista Chino estaba en conocimiento de la crítica que Astrada le dirigía al PC soviético por su carencia de pensamiento dialéctico.

La biografía que traza Guillermo David en su portentoso ensayo “Carlos Astrada. La filosofía argentina” (2004) lo muestra exactamente al revés: como un intelectual riguroso, por momentos quizá demasiado rígido, para quien la posibilidad de cambiar de perspectiva estaba asociada a la necesidad de mantener su coherencia en la búsqueda de una verdad. Este pensador nacional era un hombre austero, con aspecto aindiado que había nacido en Córdoba en 1894 y murió olvidado en Argentina en el año 1970. En la cátedra de “Pensamiento argentino y latinoamericano”, (obsérvese que casi no existen cátedras de pensamiento argentino en forma exclusiva), que se dictan en las facultades argentinas la inclusión de la obra de Carlos Astrada queda a criterio del docente. Son muy pocas las que lo abordan.

Filósofo peronista, maldito para el pensamiento oficial 

Sujeto a un impiadoso y sintomático olvido, Carlos Astrada, el mayor filosofo argentino, ha permanecido en un cono de sombra del cual es preciso que el pensamiento nacional definitivamente lo rescate.

Astrada convocó a diversas tradiciones filosóficas para articularlas en el “Humanismo de la Libertad”. Al anti-humanismo de Heidegger oponía la vertiente de los humanismos occidentales como condición para reformular una nueva imagen del hombre. 

El ansia que late en la filosofía libertaria de Astrada no es el hombre de la razón, ni el homo economicus del liberalismo, ni el homo faber del pragmatismo sino un hombre centrado en su humanidad como centro de todo valor, rescatado de las alienaciones por la praxis. Este es, en una apretada síntesis, la novedosa propuesta filosófica de Astrada.

El Mito Gaucho

El gran aporte de Astrada al pensamiento nacional lo hace en su libro más conocido, “El Mito Gaucho” publicado en 1948. En su obra dice que todo pueblo tiene un destino histórico fundado en un mito, en una “sustancia mítica” como la denomina. Y en nuestro caso es el mito del Martín Fierro. Esto supone un programa de vida, un trabajo a realizar y una misión que cumplir.

Para Astrada, la “geopisque” hace del hombre argentino un arquetipo germinal, de un origen que olvidó y que, so pena de traicionar o desertar de sí mismo, tiene que retomar para mantener la continuidad y la progresión de su ser. El hombre argentino es el hombre pampeano, es el que nace del mito gaucho plasmado en el poema de José Hernández. 

"Es un ser de lejanía”, una sombra en fuga y dispersión sobre su total melancolía… Este ser argentino, “no obstante a la vertiginosa y avasallante avalancha forastera”, la inmigración, se reveló tan fuerte que no sucumbió al alud colonizador. Atinó a replegarse, a recluirse, a esperar…

Las clases dirigentes durante generaciones traicionaron nuestro mito fundacional e intentaron remplazarlo por el mito europeo. Y, a pesar de esta transgresión, la oligarquía no pudo extirpar el núcleo nacional de un pueblo que aún espera la realización de su destino histórico. En palabras de Hernández Arregui: “Para Astrada, Martín Fierro es la historia nacional en su pasado, en su presente extraviado y en su futuro inconcluso”.

Una raíz del pensamiento nacional

Y, en ese mismo año, 1948, en que Astrada intentaba encontrar el ser argentino en nuestro máximo poema nacional, otro escritor, Leopoldo Marechal, desde la ficción literaria publicaba “Adán Buenosayres”, obra canónica de la literatura nacional, en la que también incursiona en el problema de la argentinidad, sus orígenes y su destino.

Pero no todo era reflexiones sobre el  “ser nacional” o la “argentinidad” en el mundo de la cultura. Por el contrario, la irrupción del peronismo produjo una verdadera crisis en el mundo de las letras especialmente. Muchos escritores miraban con desprecio a los Marechal, a los Manzi, a los Discépolo que habían decidido ir detrás de un “demagogo” como Perón. Me refiero a los literatos de “Sur”, Victoria Ocampo, Bioy Cásares o el mismo Jorge Luis Borges que para esa época publica “La fiesta del monstruo”, metáfora literariamente irrelevante de la “barbarie peronista”.

Le sugiero, al compañero o la compañera que le interese esta temática en especial, recurrir al ensayo de Abelardo Ramos  Crisis y resurrección de la literatura argentina” donde con claridad el autor expone, la relación entre literatura y poder político en el marco de un país dependiente.

viernes, 1 de marzo de 2019

La Guerra del Paraguay: Una lectura histórica, política y jurídica del genocidio ocultado en América Latina

El historiador paraguayo Efraím Cardozo menciona una cifra escalofriante respecto a los números desnudos de la Guerra del Paraguay: “De 1.300.000 habitantes sobrevivieron 300.000, la mayoría mujeres y niños”. George G. Petre, diplomático británico, escribió que la población del Paraguay fue “reducida de cerca de un millón de personas bajo el gobierno de Solano López a no más de trescientas mil, de las cuales más de tres cuartas partes eran mujeres”.  Enrique César Rivera, en “José Hernández y la Guerra del Paraguay” escribe: “Al comenzar esta (la guerra) contaba el Paraguay con 1.500.000 habitantes; cuando concluyó, quedaban 250.000 viejos, mujeres y niños de corta edad, y solo ruinas de una economía floreciente”. Abelardo Ramos sostiene una idea similar: “Si al comenzar la guerra el Paraguay contaba con 1.500.000 habitantes, al concluir la farsa criminal vagaban entre las ruinas humeantes 250.000 niños, mujeres y ancianos sobrevivientes”.


Tan cierta son las cifras indicadas que el Paraguay de la posguerra se reconstruyó con el trabajo de mujeres y niños, estableciendo un sistema social de matriarcado combinado con una funcional aceptación de la poligamia debido al exterminio de la población masculina.


Fue asesinada el 75% de la población. Ante tamaña cifra sólo puedo asociar este hecho a un concepto: genocidio. Son pocos los historiadores que utilizan éste concepto para denominar lo ocurrido con el pueblo paraguayo. Se prefiere hablar de exterminio, eliminación, aniquilamiento, pero poco se menciona la noción de genocidio. Los autores que utilizan el concepto lo hacen como un recurso del lenguaje, como adjetivo superlativo de la masacre ocurrida, sin profundizar en el significado del término.

El extermino del pueblo paraguayo ocurrido durante la guerra de la Triple Alianza puede ser considerado técnicamente un genocidio cometido por las fuerzas aliadas del Brasil, Argentina y Uruguay.


Escribe: Alejandro Gonzalo García Garro


La Guerra de la “Triple Infamia”

Francisco Solano López.
El 1 de marzo de 1870 moría el Mariscal Solano López. Fue prácticamente el final da Guerra del Paraguay ocurrida entre 1865 y 1870. Este proceso histórico ha sido, sin duda alguna, el más funesto y doloroso hecho de la historia de la América hispana. Llamada de la "Triple Alianza", fue un enfrentamiento bélico sin precedentes donde la República Argentina de Mitre, “Su Majestad” el Emperador del Brasil y la República Oriental del Uruguay del mercenario criminal Venancio Flores se aliaron en una guerra fratricida contra el Paraguay del Mariscal Francisco Solano López.

En nuestro país, se ha enseñado dentro del marco de “la historia oficial-escolar” la guerra de la “Triple Alianza” de la siguiente manera: que Argentina se vio obligada a intervenir en el conflicto para lavar su honor nacional lesionado por la sorpresiva invasión de las fuerzas paraguayas. Que se fue a la guerra en defensa de los principios democráticos y civilizadores, contra la barbarie del Dictador Francisco Solano López que tenía sometido y atrasado al pueblo guaraní. Y que, debido a un supuesto altruismo argentino, no obtuvo nuestro país ninguna ventaja material después de la victoria.

Esta versión hoy no resiste análisis. Los cuestionamientos a la historia oficial empezaron contemporáneamente a los hechos con los escritos de Carlos Guido y Spano y las denuncias de Juan Bautista Alberdi. Los estudios revisionistas que se consumaron posteriormente, con investigaciones documentadas, expusieron los intereses económicos, los factores geopolíticos y las líneas ideológicas que se conjugaron para gestar la guerra de 1865-70. En 1954, el historiador José María Rosa publica “La Guerra del Paraguay y las Montoneras Argentinas”, obra canónica del pensamiento nacional y de lectura ineludible para comprender la naturaleza y los alcances de la conflagración. Este trabajo monumental abrió camino para que otros historiadores revisionistas profundizaran el tema.  De allí en adelante, la historia oficial se derrumba y la verdad histórica se abre paso para grabar en la memoria colectiva de la patria grande un genocidio sin paralelo en la vida de América Latina. 
 
La verdad histórica revela que cada uno de los países aliados tuvo en su momento una necesidad interna para entrar en guerra con el Paraguay. Pero, más allá de las razones particulares de los Estados beligerantes, no es difícil encontrar las causas originales del conflicto en los intereses económicos del imperialismo británico en la región del Río de la Plata.

Adhiero a las conclusiones que la mayoría de los estudios revisionistas han arribado luego de investigar la Guerra del Paraguay y sus causas. En síntesis, la mayor parte de esta tendencia historiográfica expresa que, dentro de la estrategia en el Río de la Plata del imperialismo británico, elaborada en Londres con fría deliberación, no podía escapar la necesidad de suprimir el foco de autonomismo y soberanía emplazado entre Argentina y Brasil que incitaba permanentemente a la rebeldía de los caudillos contra los poderes centrales establecidos.

La guerra del la Triple Alianza fue una de las primeras manifestaciones mundiales de la política belicosa del imperialismo capitalista. En este caso, puso a prueba el sometimiento de tres gobiernos políticamente dependientes al obligarlos a aniquilar a un cuarto rebelde. La “Pérfida Albión” (1), abatió la Patria guaraní por manos ajenas.

Luego de cinco años en que tropas de Argentina, Brasil y Uruguay lucharon contra el pueblo paraguayo, éste fue vencido y literalmente aniquilado. Entre las ruinas aún humeantes de Asunción, en medio de la peste provocada por los cadáveres sin sepultura, los aliados impusieron un gobierno títere. “Gobierno Provisorio del Paraguay” que declara libre la comercialización de la yerba mate, el algodón y el corte de madera en los montes fiscales. Se enajena el ramal de ferrocarril Asunción-Villarrica y en menos de un año pasan a manos privadas 29 millones de hectáreas de tierra, simplemente hurtadas a los pocos campesinos que quedaban con vida. Eso fue el motivo del genocidio.

Las cifras del horror


Una cita del historiador paraguayo Efraím Cardozo, contiene una cifra escalofriante, los números desnudos de esta guerra: “De 1.300.000 habitantes sobrevivieron 300.000, la mayoría mujeres y niños”.

En estos números o en las proporciones coinciden la mayoría de los historiadores. George G. Petre, diplomático británico, escribió que la población del Paraguay fue “reducida de cerca de un millón de personas bajo el gobierno de Solano López a no más de trescientas mil, de las cuales más de tres cuartas partes eran mujeres”.  Enrique César Rivera, en “José Hernández y la Guerra del Paraguay” escribe: “Al comenzar esta (la guerra) contaba el Paraguay con 1.500.000 habitantes; cuando concluyó, quedaban 250.000 viejos, mujeres y niños de corta edad, y solo ruinas de una economía floreciente”. Abelardo Ramos sostiene una idea similar: “Si al comenzar la guerra el Paraguay contaba con 1.500.000 habitantes, al concluir la farsa criminal vagaban entre las ruinas humeantes 250.000 niños, mujeres y ancianos sobrevivientes”.

Para que el lector se dé una idea de la magnitud descomunal de la criminalidad de la guerra solo basta con cotejar estos números con el primer Censo Poblacional que se realizó en Argentina, contemporáneo a la guerra en 1869. Nuestro país tenía por entonces 1.877.490 habitantes. En mi provincia, Entre Ríos, vivían 134.271 habitantes. Si trazamos un paralelo con la actualidad, encontraríamos que cerca del 60% de la población argentina sería asesinada por la guerra. Estaríamos hablando de alrededor más de 25 millones de personas. La magnitud y la proporcionalidad de las muertes asustan con solo repasarlas en el papel.

Ni siquiera el gobierno provisional paraguayo títere, impuesto por Brasil después de la guerra, pudo esconder lo sucedido. En un censo parcial que se realizó en el Paraguay, después de la guerra, se concluyó que la población del Paraguay “pasó de unos 500.000 habitantes a 116.351, de los cuales solo el 10% eran hombres y el resto, viejos, mujeres y niños”.  Aunque pueden haber pretendido esconder la dimensión de la masacre no pudieron esconder la proporción, ni las consecuencias. Aun así, los casi 400.000 paraguayos que los vencedores declaran muertos eran más de tres veces la población entera de la provincia de Entre Ríos, que por aquellos días era la tercera más poblada del país.

Un genocidio

 

Tan cierta son las cifras indicadas que el Paraguay de la posguerra se reconstruyó con el trabajo de las mujeres y los niños, estableciendo un sistema social de matriarcado combinado con una funcional aceptación de la poligamia debido al exterminio de la población masculina.

Fue muerta el 75% de la población. Ante tamaña cifra solo puedo asociar este hecho a un concepto: genocidio. Son pocos los historiadores que utilizan éste concepto para denominar lo ocurrido con el pueblo paraguayo. Se prefiere hablar de exterminio, eliminación, aniquilamiento, pero poco se menciona la noción de genocidio. Los autores que utilizan el concepto lo hacen como un recurso del lenguaje, como adjetivo superlativo de la masacre ocurrida, sin profundizar en el significado del término. Entiendo que éste no es un olvido intencional, ocurre que genocidio es un concepto relativamente “moderno” y con ciertos alcances polémicos.

El extermino del pueblo paraguayo ocurrido durante la guerra de la Triple Alianza puede ser considerado técnicamente un genocidio cometido por las fuerzas aliadas del Brasil, Argentina y Uruguay.

Esta es una hipótesis de trabajo que abordo a continuación: La palabra genocidio fue creada por Raphael Lemkin en 1944. Deviene del griego: genos-, genes, raíces, familia, tribu o raza  y –cidio-, del latín-cidere, forma combinatoria de caedere, matar) Lemkin quería referirse con este término a las matanzas por motivos raciales, nacionales o religiosos. Este pensador judío polaco luchó para que las normas internacionales definiesen y prohibiesen el genocidio a partir de las masacres en masa ejecutadas en la segunda guerra mundial.

Desde el punto de vista legislativo, dentro del marco del Derecho Internacional Público, la Asamblea General de las Naciones Unidas confirmó los principios de Derecho Internacional reconocidos por las distintas instituciones que arbitran la justicia a nivel internacional y proclamó la resolución 96 sobre el Crimen de Genocidio, que lo define como "una negación del derecho de existencia a gruposhumanos enteros", entre ellos los "raciales, religiosos o políticos", instando también a tomar las medidas necesarias para la prevención y sanción de este crimen.

Esta resolución se cristalizó en la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su resolución 260 A del año 1948 que entró en vigor en 1951.

Se lo define de la siguiente manera: El genocidio o asesinato de masas es un delito internacional que consiste en la comisión, por funcionarios del estado o particulares, de la eliminación sistemática de un grupo social por motivos de nacionalidad, etnia, raza o religión. Estos actos comprenden la muerte y lesión a la integridad física o moral de los miembros del grupo, el exterminio y la adopción de medidas destinadas a impedir los nacimientos en el grupo.

Una matanza por motivos ideológicos está en debate en los foros internacionales, no está firmemente considerado como genocidio, aunque a veces se aplica el concepto por analogía. Esto es lo que pasó en la dictadura genocida de Videla, Massera y cía. que asaltó el poder en Argentina el 24 de Marzo de 1976.

Ocultado por la historia universal


La memoria colectiva de occidente, los manuales de historia universal y las enciclopedias registran con claridad algunos asesinatos de masas acaecidos a los cuales se los denomina genocidio. Entre los más conocidos están el genocidio Armenio, el sufrido por el pueblo judío durante la Alemania nazi, los progroms realizados en la Rusia zarista y luego por Stalin contra diferentes minorías étnicas y entre lo últimos, el cometido en Ruanda en la década del 90. Más acá en el tiempo, y con procesos judiciales aun en desarrollo, también podemos agregar los casos de la Ex Yugoslavia y Camboya.

Pero, en ésta trágica lista no se menciona al genocidio del pueblo paraguayo, a pesar de que todos los citados, salvo el de Ruanda y los últimos, son anteriores a la creación del concepto y a la regulación legislativa del mismo.

Paralelo con el genocidio armenio

 

Consideremos el genocidio armenio como ejemplo comparativo con el caso paraguayo. Las atrocidades cometidas contra el pueblo Armenio por el Imperio Otomano y el Estado de Turquía desde fines del Siglo XIX, durante el transcurso de la Primera Guerra Mundial y hasta tiempo después de finalizada ésta, son llamadas en su conjunto el “Genocidio Armenio”. La decisión de llevar adelante el genocidio en contra de la población Armenia fue tomada por el partido político que detentaba el poder en el Imperio Otomano, conocido popularmente como los "Jóvenes Turcos”. Está estimado que un millón y medio de armenios fueron exterminados entre 1915 y 1923. La población armenia del Imperio Otomano en la Primera Guerra Mundial era de aproximadamente dos millones y medio.

A pesar de que la Convención de las Naciones Unidas fue adoptada en 1948, 30 años después de perpetrarse el genocidio, los ciudadanos de origen armenio procuran lograr el reconocimiento oficial por parte de los gobiernos donde ellos se han afincado luego de esos atroces episodios. A pesar de que varios países han reconocido oficialmente el Genocidio Armenio, la República de Turquía como política de estado niega sistemáticamente el mismo. La lucha por el derecho, la verdad y la justicia que llevan adelante los descendientes armenios no ha terminado.

Ni los sobrevivientes del genocidio paraguayo ni sus descendientes han optado por esta vía legal. Tal vez hoy ya sea tarde, pero si es preciso al menos llamar a las cosas por su nombre, evitar los eufemismos confusos y, buscando la verdad y la justicia histórica, designar sin ambigüedades a las masacres de la guerra del Paraguay con su preciso nombre: Genocidio.

Contra la nacionalidad paraguaya


Distinguimos que la ejecución de un genocidio puede ser por motivos “de nacionalidadetnia, raza o religión”. En el caso puntual del genocidio paraguayo se consumó por motivos de nacionalidad. El objetivo era eliminar la nacionalidad paraguaya, esa peculiar cultura hispano guaranítica que impedía el libre comercio y era un mal ejemplo para los otros países americanos.

Paraguay era la única ex colonia española que había podido consolidar una verdadera nacionalidad, una identidad que ciertamente aparecía como peligrosa para el imperialismo británico: “Insignificante en sí mismo, el Paraguay podía impedir el desarrollo y progreso de todos sus vecinos. Su existencia (la del gobierno de Solano López) era nociva y su extinción como nacionalidad debía ser provechosa para el propio pueblo como también para todo el mundo”. Este texto pertenece a Mr. Washburn, ministro de los EE.UU en Asunción y no expresa su propia opinión sino que se refiere a los conceptos vertidos por el cónsul inglés Edward Thornton en uno de sus informes al Foering Office.

Testimonio genocida de Sarmiento

 

El genocidio como delito internacional implica la existencia previa de un dolo, de una intención de exterminar, además de una decisión política acompañada de una planificación. En el caso del genocidio armenio la documental existente permite apreciar que hubo decisión política tomada por un Estado (Turquía) y una puntillosa planificación para realizar el exterminio.

Pero en el caso del genocidio paraguayo, tal vez hoy resulte imposible demostrar una planificación por parte de los aliados. Pero, aun así, si se pueden leer cartas como ésta, de Sarmiento, Presidente de la República Argentina durante los últimos dos años de la guerra: “Estamos por dudar que exista el Paraguay. Descendientes de razas guaraníes, indios salvajes y esclavos que obran por instinto o falta de razón. En ellos, se perpetúa la barbarie primitiva y colonial... Son unos perros ignorantes... Al frenético, idiota, bruto y feroz borracho Solano López lo acompañan miles de animales que obedecen y mueren de miedo. Es providencial que un tirano haya hecho morir a todo ese pueblo guaraní. Era necesario purgar la tierra de toda esa excresencia humana, raza perdida de cuyo contagio hay que librarse”.

Esta carta la remite Sarmiento a la pedagoga yanqui Mrs. Mann que desempeñaba un rol de “gurú” moral y educativo del Padre del Aula. Tiene fecha en el año 1877, es decir la escribió siete años después de terminada la guerra (2).

La primera afirmación del texto niega o pone en duda la existencia de la nacionalidad paraguaya: “estamos por dudar que exista el Paraguay”. En los dos párrafos subsiguientes, los vergonzosos calificativos racistas que utiliza para referirse al pueblo paraguayo encuadran perfectamente en la tipificación actual del delito de genocidio en cuanto implica una "una negación del derecho de existencia a grupos humanos enteros”. En este caso, el grupo humano paraguayo, al que Sarmiento no considera humano. El final de la carta es un reconocimiento de los ilícitos cometidos y una franca apología del delito.

La ejecución material


En lo que se refiere a la comisión material del delito, opino que éste se consuma en los tiempos finales de la conflagración. Concretamente el exterminio se produce entre la caída de Humaitá, a principios de 1868, hasta el último combate en Cerro Corá en 1870.

Son durante estos dos años en que las tropas aliadas combatiendo ya casi sin riesgo realizan una acción de persecución y masacre contra el pueblo famélico, apestado e indefenso. Es en éste periodo en que se vio a las “mujeres pelear con los hijos en brazos armadas de lanza y espada... Un suicidio como no se vio nunca”. (O’Leary).

No creo que se haya tratado de un caso de suicidio colectivo sino de guerrear para sobrevivir, de pelear para no ser vejadas, se trataba de matar para no morir, de defenderse, esa es la razón por la cual luchaban las mujeres paraguayas.

La masacre de Acosta Ñú


Hay una batalla de la guerra que grafica como ninguna otra la crueldad genocida desatada. En ese curso de muerte, la última ofensiva de los aliados, se produce la masacre de niños en “Acosta Ñú”, el 16 de agosto de 1869. En Acosta Ñu, en lo se pretendió mostrar como una batalla, alrededor de 3000 niños paraguayos enfrentaron a 20.000 hombres del ejército imperial.

El historiador y periodista Chiavenatto, relata pasajes de la mascare: “Los niños de seis a ocho años, en el fragor de la batalla, despavoridos, se agarraban a las piernas de los soldados brasileros, llorando que no los matasen. Y eran degollados en el acto. Escondidas en la selva próxima, las madres observaban el desarrollo de la lucha. No pocas agarraron lanzas y llegaban a comandar un grupo de niños en la resistencia”……. “después de la insólita batalla de Acosta Nú, cuando estaba terminada, al caer la tarde, las madres de los niños paraguayos salían de la selva para rescatar los cadáveres de sus hijos y socorrer los pocos sobrevivientes, el Conde D´Eu mandó incendiar la maleza, matando quemados a los niños y sus madres”.

El Paraguay, en la actualidad, festeja oficialmente el “Día del Niño” el 16 de agosto en memoria de la masacre de los niños paraguayos.

Responsable material


En cuanto a la responsabilidad material del genocidio juzgo que debe de serle atribuida al ejército brasilero, ya que no hubo soldados argentinos en el desenlace y aniquilamiento final.

La ausencia de soldados argentinos en el escenario de la matanza no libra de la responsabilidad política a Sarmiento, Mitre y a la cúpula dirigencial del liberalismo argentino. Para confirmar nuestra teoría, en mayo 1869 el maestro sanjuanino afirma, profundizando su vocación genocida: "La guerra del Paraguay concluye por la simple razón de que matamos a todos los paraguayos mayores de diez años”.

Pero es un brasilero, el jefe de las fuerzas armadas del Imperio, el que escribe ya sin  eufemismos ni rodeos, el que plantea el genocidio como objetivo militar: “Cuanto tiempo, cuantos hombres, cuántas vidas y cuantos elementos y recursos precisaremos para terminar la guerra. Para convertir en humo y polvo toda la población paraguaya, para matar hasta el feto en el vientre de la madre” (Caxias en informe a Pedro II).

“Hasta el feto en el vientre de la madre”... En esta criminal sentencia encontramos lo propio del genocidio, alcanzar al gen... matar hasta los orígenes mismos de la vida. 

Notas:

1. Pérfida Albión. Expresión anglofóbica que se utiliza para denominar de una manera hostil a Inglaterra. Creada por el poeta hispano –francés Agustín Marie de Ximenez. Albión deriva de “albus”, blanco. Color que tienen los acantilados de Dover cuando se los divisa desde el mar. La expresión “pérfida Albión” fue muy usada por Napoleón y sus oficiales para referirse a su enemigo imbatible: El Reino Unido de la Gran Bretaña.

2. Vocación genocida de Sarmiento. Esa carta puntual que cito es mencionada por algunos historiadores como una carta dirigida a Mitre. Creo, en función de la lectura de diversas fuentes, que eso no es correcto. Son varias las cartas a Mrs. Mann en las que el sanjuanino es explaya sobre el desprecio que siente por los habitantes de nuestros continente. Hay otra carta que Sarmiento sí dirige a Mitre, en ocasión de Pavón, en las que también pone de manifiesto su escaso o nulo respeto por los derechos humanos de nuestros compatriotas: “No trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos”.

jueves, 11 de octubre de 2018

La lucha contra la violencia de género en el ámbito laboral y sus cuatro protecciones especiales

Hace unos días, en la Comisión de Seguridad del Senado provincial, participé de un debate sobre el proyecto de ley de modificación el Código Procesal Laboral provincial (Ley 5315) que incorpora un título especial que aborda la tutela de protección por violencia laboral contra la mujer.

Se produjo un interesante y amplio debate ya que participaron, además de los legisladores, integrantes del Poder Judicial y funcionarios del Poder Ejecutivo. Independientemente de los aportes, cuestiones relativas a técnica legislativa y encuadre normativo en la legislación provincial, estoy de acuerdo con avanzar en una protección especial para la mujer ante casos de violencia laboral.

Acá les dejo el video de la sesión y el debate. Mi intervención comienza aprox. a 1:28:30. Acompañé a la titular del Consejo de Prevención y Diseño de Políticas Públicas contra las Violencias  (COPREV), Mariana Broggi. En la breve intervención, traté de brindar una mirada jurídica más amplia de la cuestión, nutrida de elementos sociológicos y políticos, ya que lo estrictamente normativo ya había sido abordado en el debate y aportes efectuados.




Nota al pie, y aquí va lo que deseo resaltar, es fundamental comprender la protección especial que tiene la mujer en esta problemática. Primero la doble protección constitucional que tiene la mujer en el ámbito del trabajo. Nuestra carta magna nacional dispone de una protección especial para el trabajador, sin discriminación de género, en el Art. 14 Bis “El trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes, las que asegurarán al trabajador:…”. En igual sentido, el Art. 75 inc. 23 establece una protección especial para las mujeres: “Legislar y promover medidas de acción positiva que garanticen la igualdad real de oportunidades y de trato, y el pleno goce y ejercicio de los derechos reconocidos por esta Constitución y por los tratados internacionales vigentes sobre derechos humanos, en particular respecto de los niños, las mujeres, los ancianos y las personas con discapacidad”. La mujer trabajadora entonces, gozarìa de esta doble protección, por ser mujer y por ser trabajadora.

Por otro lado, debemos adicionar la protección internacional establecida en la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer, que tiene jerarquía constitucional en nuestro ordenamiento imperio del Art. 75, inc. 22 de la Constitución Nacional. En lo que a este tema corresponde, la necesaria incorporación de la perspectiva de género en las reformas legislativas es un aporte sustancial que se infiere de este dispositivo protectorio.

Pero también tenemos un mandato constitucional provincial, que garantiza con especificidad la protección a la mujer trabajadora ante casos de violencia.  El Art. 17 de la Constitución de Entre Ríos es una norma de vanguardia que impone un amplio abanico protectorio en favor de las mujeres (que en ocasiones ha sido deficiente y regresivamente reglamentado como el caso del cupo femenino de la Ley provincial Nº 10.012). Su texto dispone: “Se garantiza la igualdad real de oportunidades y de trato para mujeres y varones en el pleno y efectivo ejercicio de los derechos que fueren reconocidos en el ordenamiento jurídico. Una política de Estado prevendrá en forma continua todo tipo de violencia y dispondrá acciones positivas para corregir cualquier desigualdad de género. Adopta el principio de equidad de género en todos los órdenes, eliminando de sus políticas públicas cualquier exclusión, segregación o discriminación que se le oponga. Asegura a la mujer la igualdad real de oportunidades para el acceso a los diferentes estamentos y organismos del Estado provincial, municipal y comunal. Establece y sostiene la equidad de género en la representación política y partidaria y en la conformación de candidaturas con probabilidad de resultar electas. Promueve el acceso efectivo de la mujer a todos los niveles de participación, representación, decisión y conducción de las organizaciones de la sociedad civil. Reconoce el valor social del trabajo en el ámbito del hogar”. Lo singular del caso es que el mandato del constituyente provincial insta a los poderes públicos a tener una política de Estado para prevenir en forma continua todo tipo de violencia contra la mujer. En ese marco se inserta claramente una reforma al Código Procesal Laboral de Entre Ríos, como parte de una política de Estado.

Como vemos, la protección de la mujer en el ámbito del trabajo tiene para nuestro ordenamiento jurídico provincial una protección de cuatro órdenes. Una doble protección de la Constitución Nacional (art. 14 bis y Art. 75 inc. 23), una protección del Derecho Internacional de los Derechos Humanos (Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer, Art. 75 inc. 22 de la CN) y una protección especial provincial, dispuesta en el art. 17 de la carta magna entrerriana. 

Las mujeres trabajadoras entrerrianas están debidamente protegidas en el plano formal de sus derechos, resta a los poderes constituidos hacer efectivo esos derechos y los dispositivos protectorios. 

Alejandro Gonzalo Garcìa Garro