sábado, 27 de junio de 2026

El Huracán de la Historia: La Tesis IX de Walter Benjamin a la Luz de Michael Löwy

"Tengo las alas prontas para alzarme, Con gusto vuelvo atrás, Porque de seguir siendo tiempo vivo, Tendría poca suerte". GERHARD SCHOLEM: Gruss vom Angelus.

"Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. En él se representa a un ángel que parece como si estuviese a punto de alejarse de algo que le tiene pasmado. Sus ojos están desmesuradamente abiertos, la boca abierta y extendidas las alas. Y este deberá ser el aspecto del ángel de la historia. Ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde a nosotros se nos manifiesta una cadena de datos, él ve una catástrofe única que amontona incansablemente ruina sobre ruina, arrojándolas a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero desde el paraíso sopla un huracán que se ha enredado en sus alas y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irrefrenablemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras que los montones de ruinas crecen ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso".

Tesis IX. Tesis de filosofía de la historia. Walter Benjamin.

------------------------

El Contexto Crítico de 1940 y la Ruptura del Paradigma del Progreso

La obra Sobre el concepto de historia (o Tesis de filosofía de la historia), redactada por Walter Benjamin en los albores de 1940, representa uno de los testamentos teóricos más deslumbrantes y desgarradores de la filosofía occidental. Emergiendo en un momento de oscuridad histórica absoluta—marcado por el ascenso del fascismo, la derrota de la España republicana y el trauma político-ideológico del pacto Molotov-Von Ribbentrop—, las tesis operan como un "aviso de incendio" que busca despertar a la humanidad de su letargo conformista. 

La genialidad de Benjamin radica en desmontar la colusión secreta entre el historicismo positivista, la fe ciega en el progreso de las miradas políticas de la época y el dogmatismo mecanicista del marxismo de propaganda. Para Benjamin, el fascismo no es una aberración accidental en el camino de la civilización, sino el resultado lógico e íntimo de una modernidad capitalista que concibe la historia como un tiempo homogéneo, vacío y lineal, donde los avances técnicos se equiparan erróneamente con la emancipación social. A través de una lente heterodoxa que amalgama de manera indisociable el materialismo histórico y la mística mesiánica judía, Benjamin propone una mutación radical de la mirada histórica: pasarle a la historia el cepillo a contrapelo para desenterrar la tradición de los oprimidos. El núcleo focal de esta ruptura epistemológica y política se condensa, de forma paradigmática, en la célebre Tesis IX. 


La Deconstrucción Teológico-Política de la Tesis IX: El Angelus Novus y la Alegoría Benjaminiana

La Tesis IX se estructura a partir de un ejercicio exegético y alegórico basado en el cuadro Angelus Novus de Paul Klee, una pintura que Benjamin poseía y que transformó en el símbolo definitivo de su filosofía. Como bien señala Michael Löwy, este texto ha afectado profundamente la imaginación de nuestra época debido a su dimensión trágica y casi profética, que parece anticipar los horrores industriales de Auschwitz e Hiroshima. 

Benjamin utiliza el método de la alegoría barroca, donde los elementos visuales carecen de un significado intrínseco o autónomo, convirtiéndose en cambio en la facies hippocratica—la cara de la muerte o el paisaje petrificado—de la historia que se ofrece a la mirada del espectador. En el texto benjaminiano, las alas prontas del ángel, sus ojos desorbitados y su boca abierta describen la fijeza del espanto ante el panorama del acontecer humano. 

A nivel político y conceptual, se produce una correspondencia exacta entre lo sagrado y lo profano. Mientras que la mirada del observador común (alienado por la ideología burguesa) percibe en el devenir histórico una "cadena de acontecimientos" ordenados cronológica y causalmente, el Ángel de la Historia ve una "catástrofe única". La historia no es una escalera ascendente de realizaciones, sino un proceso acumulativo de devastación que amontona incansablemente "ruina sobre ruina", arrojándolas a los pies del ángel. El ángel, dotado de una pulsión eminentemente ética y reparadora, "querría demorarse, despertar a los muertos y reparar lo destruido" (das Zerschlagene zusammenfügen). Sin embargo, se encuentra paralizado por la impotencia frente a una fuerza ciega. 

Löwy destaca el contraste absoluto entre esta mirada desesperada del ángel de la Historia y las visiones olímpicas y optimistas de la Ilustración burguesa. Por un lado, la estética schilleriana de la historia universal concebía el devenir con la mirada "tranquila y regocijada" del Zeus homérico, capaz de descubrir a la distancia la meta racional hacia la cual la necesidad conducía las guerras y los caos humanos. 

Por otro lado, la colosal teodicea racionalista de G.W.F. Hegel reducía la historia a un "altar" o un "inmenso campo de ruinas" donde se sacrificaba la felicidad de los pueblos en pos de la realización autoconsciente del Espíritu Universal. Hegel exigía superar el "dolor profundo e inconsolable" y desechar las "reflexiones sentimentales" ante las masacres, justificándolas como momentos necesarios del progreso. 

Benjamin invierte drásticamente esta matriz hegeliana: valida políticamente ese dolor inconsolable y esa honda rebelión moral, negándose a aceptar que las víctimas del pasado sean el mero combustible de la locomotora del tiempo. 


El Huracán del Progreso como Catástrofe Continua: De la Teodicea al Infierno Mercantil

El nudo dialéctico de la Tesis IX reside en la resignificación del concepto de "progreso", definido alegóricamente como un huracán o tempestad que sopla desde el Paraíso. Este huracán se ha enredado en las alas desplegadas del ángel con tal violencia que este ya no puede cerrarlas; la fuerza del viento lo empuja irrefrenablemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras el montón de ruinas crece ante él hasta el cielo. "Ese huracán", concluye Benjamin de forma lapidaria, "es lo que nosotros llamamos progreso". 

La procedencia de la tempestad desde el "Paraíso" evoca teológicamente la caída y la expulsión edénica. En términos profanos y materialistas, Löwy argumenta que este Paraíso perdido representa la sociedad sin clases de la prehistoria: aquellas comunidades comunistas primitivas y matriarcales descritas por autores como Bachofen, caracterizadas por una relación armónica y no destructiva con la naturaleza y una organización social igualitaria. El progreso capitalista, por lo tanto, es el vector que aleja violentamente a la humanidad de esa armonía originaria, sumergiéndola en lo que Benjamin denomina en otros escritos el "Infierno" de la modernidad. 

El concepto benjaminiano del progreso como catástrofe se condensa en una de sus notas preparatorias de Parque Central: "Que las cosas 'sigan así', ésa es la catástrofe". 

Retomando ideas de August Strindberg, Benjamin postula que el infierno no es una condena ultraterrena que nos espera en el futuro, sino la textura misma de esta vida bajo el yugo de la producción mercantil. El infierno de la modernidad no se caracteriza por la disrupción caótica, sino por la "eterna repetición de lo mismo" (Immergleichen) disfrazada perpetuamente bajo los ropajes de la novedad, el consumo y la moda. 

Al igual que los castigos mitológicos de Sísifo o Tántalo—o la tortura mecánica del obrero en la fábrica descrita por Friedrich Engels—, la humanidad moderna hace el papel de condenada en un ciclo sin fin de explotación y alienación técnica, donde el desarrollo de las fuerzas productivas no genera emancipación, sino una reificación absoluta del tejido social. 

La ideología conformista de la burguesía y de la izquierda oficial asimilaba el progreso a un fenómeno "natural", regido por leyes científicas inmutables e irresistibles. Benjamin dinamita este naturalismo historicista evidenciando que esta fe ciega desarma políticamente a los oprimidos, haciéndoles creer que "nadan a favor de la corriente" técnica y económica, lo que extirpa de raíz su voluntad de sacrificio y su odio de clase, cualidades que se alimentan de la imagen de los antecesores esclavizados y no del ideal de los descendientes liberados. 


El "Progreso" Contemporáneo como Escombro Histórico: Desigualdad, Tecno-capitalismo y la Barbarie del Siglo XXI

Al trasladar las categorías críticas de la Tesis IX y el marco analítico de Michael Löwy a la realidad del siglo XXI, se revela una alarmante y descarnada vigencia. Las promesas hipertecnológicas de la globalización y el capitalismo tardío han mutado en las formas exactas de desecho, despojo y catástrofe social que el Ángel de la Historia contemplaba con horror. 

Hoy en día, la desigualdad socioeconómica extrema, la emergencia de una nueva oligarquía global de "mil millonarios", la concentración oligopólica de la riqueza, el colapso ecológico, las guerras endémicas y el ascenso global de movimientos de ultra derecha de tintes neofascistas no constituyen accidentes ni retrocesos temporales en el desarrollo de la civilización; bien pueden ser, por el contrario, la realización material y el rostro auténtico del progreso capitalista contemporáneo. 

En primer lugar, la acumulación de capital en manos de una élite corporativa y tecnológica hiper-concentrada representa la reactualización del "cortejo triunfal" descrito en la Tesis VII. 

Los nuevos magnates del capitalismo de plataformas y de la inteligencia artificial marchan sobre los cuerpos de los vencidos de hoy: masas precarizadas, desposeídas de derechos laborales básicos a través de la "uberización" de la economía, y poblaciones enteras del Sur Global reducidas a zonas de sacrificio para la extracción de minerales raros indispensables para la infraestructura digital. 

Benjamin advertía que "jamás se da un documento de cultura sin que lo sea a la vez de la barbarie". Los deslumbrantes avances de la tecnología algorítmica, los dispositivos de última generación y los viajes espaciales privados son los "bienes de cultura" de nuestra era; sin embargo, su origen debe ser examinado con espanto, pues descansan sobre la servidumbre anónima, la explotación de datos biométricos de los usuarios y la alienación del trabajo cognitivo y manual a escala planetaria. 

En segundo lugar, el capitalismo tecnológico ha perfeccionado el infierno mercantil del Immergleichen (la repetición de lo mismo). Bajo la ilusión de una innovación disruptiva constante—nuevos algoritmos, actualizaciones de software, realidades virtuales—, lo que opera es la intensificación perpetua de las mismas relaciones de dominación y extracción de plusvalía. 

La tecnología, lejos de liberar el tiempo humano, ha colonizado la subjetividad mediante la economía de la atención, convirtiendo cada segundo de la existencia en una mercancía. Se trata de una tecnocracia que, tal como Benjamin criticaba en el marxismo vulgar de la socialdemocracia alemana en la Tesis XI, reconoce únicamente los progresos del dominio de la naturaleza pero oculta deliberadamente los retrocesos de la sociedad. 

Esta ceguera voluntaria se manifiesta trágicamente en la destrucción ecocida de los recursos naturales del planeta. El calentamiento global, la pérdida masiva de la biodiversidad y la desertificación son las ruinas materiales que la tempestad del progreso amontona y eleva hasta el cielo. 

El capitalismo contemporáneo opera bajo un concepto corrompido del trabajo y de la producción que concibe a la naturaleza como un objeto de explotación ilimitada que, según la expresión de Dietzgen criticada por Benjamin, "está ahí gratis". Frente a esta concepción positivista y predadora, el progreso tecnológico actual se presenta como un huracán destructor que arrasa las condiciones biofísicas de la existencia humana, confirmando la tesis de Löwy de que la catástrofe no es un evento futuro, sino el presente continuo del modo de producción capitalista. 

Finalmente, las guerras contemporáneas y el ascenso vertiginoso de la ultra derecha neofascista y autoritaria a nivel global demuestran el fracaso absoluto de las ilusiones progresistas liberales. Como bien puntualiza la Tesis VIII, los adversarios del fascismo continúan cometiendo el error histórico de enfrentarlo en nombre de una "norma histórica" o de un progreso lineal inevitable. 

El asombro bienpensante ante el hecho de que la xenofobia, el racismo, el negacionismo climático y el autoritarismo sean "todavía" posibles en pleno siglo XXI demuestra una total incomprensión filosófica de la historia. 

La extrema derecha no es premoderna ni arcaica; es profundamente moderna, un producto genuino del capitalismo tecnológico que utiliza las redes sociales algoritmicamente refinadas para modelar el descontento de las masas y transformarlas en instrumentos de las clases dominantes. 

El neofascismo actual surge precisamente como la respuesta violenta del capital ante las crisis generadas por su propio progreso económico e industrial. 

Si el enemigo triunfa, nos recordaba Benjamin en la Tesis VI, ni siquiera los muertos estarán seguros ante la falsificación de la memoria y la liquidación de las conquistas históricas. Las ruinas que caen a los pies del ángel hoy en día son tanto ecológicas y sociales como políticas y democráticas. 


La Redención Mesiánica y la Interrupción Revolucionaria: El Freno de Emergencia y el Tikkun Profano

Frente a la carrera enloquecida de la tempestad del progreso hacia el abismo, la filosofía de Walter Benjamin no desemboca en un pesimismo pasivo o en una resignación melancólica. Al contrario, exige una acción política definida a través de una doble dimensión: teológica y profana. En el plano religioso, la curación de las heridas, la resurrección de los muertos y la recomposición de lo despedazado constituyen la tarea del Mesías, concepto que Scholem vincula directamente con la doctrina cabalística del tikkun—la restitución de la armonía cósmica originaria rota por la fragmentación del mundo—. 

El equivalente profano, la traducción estrictamente materialista y política de este tikkun, no es otra cosa que la Revolución Social. Benjamin opera una inversión copernicana de la célebre metáfora de Karl Marx: si Marx había afirmado que las revoluciones son la locomotora de la historia mundial, Benjamin propone en sus notas preparatorias que tal vez las cosas se presenten de manera inversa. Las revoluciones son, en realidad, el acto mediante el cual la humanidad que viaja en ese tren desbocado aplica el freno de emergencia. 

La revolución benjaminiana no es el cumplimiento acelerado del progreso técnico ni la culminación de las tendencias intrínsecas del desarrollo capitalista; es la interrupción mesiánica del acontecer, el estallido del continuum de la historia. Detener el tren del progreso es el único medio para evitar que la humanidad se precipite en la barbarie absoluta o en la destrucción ecológica terminal. Esta interrupción destituye el tiempo homogéneo y vacío de los vencedores e instaura el Jetztzeit o "tiempo-ahora", un tiempo pleno cargado de astillas mesiánicas donde el pasado se hace citable y reactivable en la lucha del presente. 

Como concluye magistralmente Michael Löwy, se trata de devolver al concepto de sociedad sin clases su verdadero rostro mesiánico. La política revolucionaria del futuro no es una estación de destino predeterminada por las leyes de la economía, sino una espiral dialéctica que recupera el potencial utópico de las luchas vencidas del pasado—desde Espartaco y los campesinos anabaptistas hasta la Comuna de París y las insurgencias indígenas—para fundar una comunidad humana liberada de la dominación de clase y de la destrucción de la naturaleza. 

La verdadera historia universal, aquella que conmemore a todas las víctimas anónimas de la civilización, sólo será posible cuando el freno de emergencia sea activado de una vez por todas y la tempestad del progreso sea finalmente apaciguada. 


Fuentes Utilizadas:

[1] Walter Benjamin, Tesis de filosofía de la historia (Texto de las tesis I a XVIII, Fragmento Político-Teológico).

[2] Michael Löwy, Walter Benjamin: Aviso de incendio. Una lectura de las tesis "Sobre el concepto de historia" (Fondo de Cultura Económica, comentarios analíticos de las Tesis IV a X).

No hay comentarios:

Publicar un comentario