| Con Ernesto Jauretche -Tarragó Ros foto del medio- en la Cátedra de los Libertadores de América en la Secretaría de Cultura de la Nación. |
Se fue, pero nos queda la certeza de que sus semillas germinaron
en quienes lo conocimos políticamente.
Ernesto fue de esas personas especiales que, en
cada charla extensa, siempre te dejaban una idea o una anécdota que nunca te
ibas a olvidar. Antes de conocerlo, había leído su libro “No dejés que te la
cuenten: violencia y política en los 70”, y tuve luego el honor de
desmenuzarlo en largas charlas en su departamento de Buenos Aires.
Era un militante generoso, de esos que no guardan el
conocimiento bajo llave. Me sugería lecturas con precisión de artesano y me
honraba con la confianza de enviarme sus análisis de coyuntura antes de
publicarlos en los medios, permitiéndome habitar su pensamiento en la trinchera
misma de la idea.
Siempre sentí que la atención y el cariño que nos brindaba a
los más jóvenes nacían de una convicción profunda para él, creo que estaba convencido de que la Juventud
Peronista -y la militancia de la Resistencia- trascendían su propia vida. Su militancia encontraba un sentido vital
e histórico en el acto de trasvasar esas vivencias a las nuevas generaciones;
un vínculo que en mi caso se hacía carne porque conocía a mi padre desde los
años 60 y 70, fortaleciendo esa idea de sentirlo como un verdadero eslabón
histórico entre las generaciones y las luchas que forjaron nuestra identidad y
las batallas de hoy.
Escucharlo era una lección de mística peronista. Sus
anécdotas sobre su tío Arturo, sobre el "Gordo" Cooke, sobre
Scalabrini Ortiz y tantos héroes y mártires de la Resistencia, tenían una
humanidad que no se encuentra en los libros de texto. Ernesto rescataba siempre
esas citas heterodoxas de Gramsci, Bertolt Brecht y el Che, recordándonos que
el peronismo es un movimiento universal que se piensa desde la periferia con
audacia intelectual.
| Con Ernesto en el PJ de Entre Ríos en 2008. En la mesa, Faustino Schiavoni, José Carlos Halle, José Cáceres, Gustavo Osuna, Cristobal Vairetti y yo. |
Pero Ernesto no era un hombre de gestos dóciles ni de
palabras acomodaticias. Jamás conoció la obsecuencia. Fue una voz siempre
crítica, de una honestidad intelectual que a veces incomodaba, porque no le
importaba quedar bien con los poderosos de turno ni buscaba el refugio de un
cargo público. Su único compromiso era con la verdad y con el Pueblo; su
prestigio no nacía de un nombramiento, sino de su coherencia inquebrantable.
Nuestro vinculo político se selló en el territorio y en la
palabra compartida:
| En el salón del HCD en Paraná. Ernesto Jauretche con Julio Solanas, el "Gallego" Esparza y quien escribe. |
- Su primera visita a Paraná fue en el 2003, en plena campaña electoral contra el montielismo. Desde la Juventud Peronista (JP) y la Juventud Universitaria Peronista (JUP) organizamos aquella charla sobre la vigencia del pensamiento de Don Arturo, a la que asistieron el entonces candidato a intendente Julio Solanas y el querido exintendente Juan Carlos "Gallego" Esparza.
- En 2008, desde mi lugar en el Consejo Provincial del PJ de
Entre Ríos, tuve el honor de traerlo a Paraná para que nos iluminara con la
historia de la Resistencia Peronista.
- En 2010, me brindó uno de los orgullos más grandes de mi costado
historiador al invitarme a disertar en la Cátedra de los Libertadores de
América, donde hablamos de Federalismo y de la figura de Artigas bajo el cielo
del Pensamiento Latinoamericano en la Secretaría de Cultura de la Nación. Ese
mismo día nos acompañó Antonio Tarragó Ros.
Ernesto vivió como pensaba y militó como escribía,
encarnando esa definición suya que es un mandamiento para todo aquel que sienta
la causa del pueblo: “El militante” existe únicamente cuando con su acción
completa la identidad histórica, la obligación con el presente y la esperanza
de un pueblo. Se corporiza solamente cuando las mayorías (obvio, siempre
pobres) marchan hacia su destino. Y, entonces, desaparece como personaje. Es
uno más… No hay de él posible definición singular. El militante sólo puede ser
explicado como existencia plural, generosa, hermanada, amistosa, fraternal. El
barrio, la UB, la organización civil, lo conoce como uno más, aunque
circunstancialmente lidera… Lo convocan exclusivamente las grandes gestas, pero
como actor anónimo y, a la postre, decisivo… Laborioso actor del presente y
autor del futuro, humildemente, aunque a veces apenas aparezca en su
omnipresencia: según la ocasión, como soldado, como organizador, como intelectual,
como dirigente social, como creativo, en tanto hombre o mujer en su integridad
productiva en el sublime papel de reproducir militantes cómplices para la
eterna lucha de la humanidad por la libertad, la justicia y la paz. Pero de
ningún modo solo. Nunca independiente de su contexto. Jamás pensado como
individuo… El militante individual, como persona, como líder, como dirigente,
como sujeto individual político, no existe sin la maquinaria mediática: es un
invento de la política liberal. El militante sólo es tal en sacrificio
personal, solidaridad, entrega y servicio social; integra el breve batallón
argentino del ejército universal de los trabajadores y los pobres, la masa
organizada y consciente que en todo el planeta lucha por la justicia social. La
militancia es un héroe colectivo…".
Gracias, Ernesto, por las charlas, por la coherencia y por compartir
con otros toda tu vida militante. El mejor homenaje que se tue puede hacer es seguir
intentando construir la historia con la verdad y la justicia social como
bandera.
¡Hasta siempre compañero Ernesto! ¡Hasta la Victoria!
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